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viernes, noviembre 18, 2005

La droga de la bajeza personal.

Desde hace unos meses, cada miércoles a eso de las 8 de la tarde, una serie de vecinos del barrio de Horta-Guinardó, se entretienen a cortar la Ronda de Dalt para obligar al ayuntamiento de Barcelona a que quite la narcosala que les instaló a finales de julio. El atasco que forman es monumental, y pobrecillo del incauto conductor al que enganche. Pero por encima de las molestias que puede ocasionar la protesta de los vecinos, lo que realmente es abominable de esta actuación es el trasfondo de soberano egoísmo que destila esta movilización.

Una narcosala, por si alguien no lo sabe, es el nombre vulgar de lo que se suele llamar un Centro de Asistencia y Seguimiento (CAS), un recinto especializado en el que se sigue y se controla a la población drogadicta para dignificar en lo posible su enfermedad. En los CAS -entre otras acciones médicas- se suministra metadona sustitutiva, se recoge las jeringuillas usadas y se suministra todo tipo de material quirúrgico higienizado para disminuir los riesgos de infección de enfermedades tan letales como la hepatitis o el sida, tan comunes entre los drogadictos al compartir las jeringas y las agujas sin ningún control. En los CAS, asimismo, tienen una zona de “venopunción” en el que los propios afectados pueden pincharse con cierta intimidad y en condiciones higiénicas decentes.

Pero mira por donde, los vecinos del Valle de Hebrón, cómo -según ellos- no tienen ningún problema con la drogadicción en su barrio, dicen que no la quieren porque significaría la llegada del problema a su “inmaculado” barrio, cuando resulta que hay controlados más de 250 drogadictos que acuden diariamente a narcosalas del resto de la ciudad. La mierda, si la puede tener otro, ¿para qué tenerla yo?. Muy bonito.

Gente que escupe en la calle, que deja la basura fuera de los containers, que fuma porros compulsivamente, que deja los muebles tirados por las aceras y que dejan la mierda de sus perros en medio de la acera tienen la desfachatez de exigir al ayuntamiento que quite un equipamiento -que para más INRI se encuentra dentro del recinto hospitalario de Vall d’Hebrón- por problemático, cuando lo único que hace es bien tanto para la sociedad como para los propios afectados del barrio. A ellos les importa un rábano los afectados, como si quieren morir todos de sida y lo transmitan a decenas de personas. Ellos simplemente, no quieren ese equipamiento. ¿Miedo? ¿Ignorancia? ¿Manipulación pretenciosa de unos pocos?

La razón que esgrimen es la del problema de la drogadicción y los problemas de seguridad ciudadana derivados de esta, pero resulta que en Barcelona, a parte de este CAS, hay 12 más, y en ninguno de ellos se han producido una alteración remarcable del orden público, bien al contrario. Paradójicamente, los disturbios los están produciendo los vecinos “afectados” que en su obstinada oposición irracional han producido daños en los aledaños de la Ronda e incluso han llegado a atacar la propia narcosala produciendo daños al equipamiento que suman unos 23000 euros.

Este rechazo frontal y sin sentido es un ejemplo más de la sociedad egoísta y “lucrópata” que se está creando, en la cual lo único importante es lo que podamos sacar de beneficio económico y personal de nuestro entorno, sin importarnos las consecuencias o nuestra propia responsabilidad. La política del avestruz ante estos duros problemas sociales no es ninguna solución, porque el problema está ahí y cualquiera puede estar afectado. Cualquiera.

Alguien podrá reprocharme que hable así por que no tenga un CAS cerca, y tendrá razón. Yo solo sé que a escasos 100 metros de mi domicilio tengo un centro de acogida de indigentes y que en 20 años que lleva funcionando los vecinos no hemos tenido ningún problema -si acaso el problema que puede suponer un pobre hombre pidiendo pitillos a todo el mundo que se encuentra. También sé que en mi familia tuvimos una pariente drogadicta que murió ya hace más de 10 años de sida al contagiarse por intercambio de jeringas.

Pero eso, a ellos, no les importa.

4 comentarios:

scape95 dijo...

Miedo a lo que se ignora. Supongo que "sólo" es eso.

Aldebarán dijo...

Una cosa es protestar por pasiva y cerrar la calle y otra peor es pasar a dañar el CAS. La ignorancia, como dice Scape95, juntada con el egoísmo son poderosos móviles para los crímenes y el fanatismo.

Scratty dijo...

Todos somos solidarios, pero de lejos. Ese es el trasfondo del humano "civilizado", que se compadece del que no tiene, pero es incapaz de ayudar realmente. supongo que también me inquietaría un centro así cerca de mi casa, pero si los antecedentes, como dices, son positivos (sin alteraciones en las proximidades de otros), sólo queda la ignorancia y el miedo a lo desconocido.

chin dijo...

Sí, pues ahora no sé qué harán. He leído en la prensa que además les van a meter un centro de rehabilitación de delincuentes juveniles y un albergue de indigentes. Yo también tengo cerca un comedor y un refugio. Cap problema.
Ah ! y un vecino que duerme hace años al lado de mi portal. Entre toda la calle le echamos una mano. Yo para tabaco y café y otros le bajan caldo, bocadillos, etc... ..es un tipo curioso. Los domingos se pone traje, corbata y va a misa.