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lunes, febrero 13, 2006

Productos patrios

El miedo a un atentado aéreo, tras los atentados del 11-S, ha hecho que toda la gente que toma aviones comúnmente tenga que pasar por todo un calvario de controles de seguridad para poder embarcarse – y si salen de la T4, ya ni les cuento. Te lo venden como si fuera un beneficio para el usuario, y resulta que en el aeropuerto de Málaga, los verdaderos terroristas eran ¡las mismas fuerzas de seguridad!. 19 guardias civiles detenidos por cobrar sobornos a ciudadanos extranjeros para hacer la vista gorda y saltarse trámites aduaneros. ¿Cómo podemos confiar que nuestra seguridad está en buenas manos si salen continuamente ejemplos de este tipo? Porque no es uno o dos los guardias implicados, sino diecinueve. ¿Estaríamos equivocados si pensáramos que si hay tal cantidad de guardias civiles corruptos en un solo aeropuerto, pueden haber otros tantos en cada aeropuerto español, solo que no se han descubierto? El asunto es más grave de lo que parece.

Conocidas son el goteo de noticias que denuncian continuamente malas artes y abusos de los cuerpos de seguridad del estado, que normalmente son silenciadas con la mayor celeridad posible por los mismos órganos de gobierno, a los cuales no les interesa hacer públicos los trapos sucios de sus “perros” de presa, ya que –evidentemente- si das bien de comer a tu perro, difícilmente lo tendrás en tu contra. Las cosas buenas se airean a los cuatro vientos en un efecto megafónico que tiende a tergiversar el alcance verdadero de la noticia, mientras que las malas –por graves que sean- tienen un alcance mínimo y reducido en el tiempo.

La democracia tiene armas legales para controlar las acciones de sus propias policías, pero en la realidad se acaban por diluir en intereses de gobiernos y poderes económicos, dando una sensación de indefensión al ciudadano de a pié que le hace desconfiar de la presencia de un uniforme. Y en España, con los ejemplos vividos en propia piel de golpismos, corrupciones, terrorismo de estado y picarescas, aún más.

En España, lo primero que choca al visitante europeo es el auténtico caos de organizaciones policiales que existe. En Catalunya, por ejemplo, coexisten en un mismo espacio físico, Guardias urbanas, los Mossos d’esquadra, la Policía Nacional y la Guardia Civil, amén del Ejército. ¿A cuento de qué estar pagando los sueldos a cinco cuerpos diferentes que en muchos caso se pisan las competencias, y llegado el caso actúan tarde, mal y nunca?

Si pusiéramos un poco de juicio en el asunto, vemos que lo suyo sería una sola policía para cada territorio y una policía de proximidad que serían las policías locales. Pero, como siempre, la política define la locura legal a seguir, y al ciudadano a padecer las arbitrariedades de esta política. ¿Porqué no se disuelve la Guardia Civil? ¿Acaso no hay bastante con la Policía Nacional para el trabajo que hace? Y si existen los Mossos d’Esquadra... ¿qué pinta la Policía Nacional y la Guardia Civil con ella? ¿Es que acaso no se fían unas policías de otras de los pasteles mafiosos que se han de repartir y se han de vigilar ente ellas? Realmente, no tiene sentido por muchas vueltas que le den a la historia

En fin, estos ejemplos no son más que un reflejo del esperpento nacional que nos invade en el día a día. Sin embargo, lo que es verdaderamente triste es el llegar a la conclusión que de este país muchos Einsteins no saldrán, pero que pícaros, chorizos y gente de mal vivir, hasta para exportar, oigan...



Tantos hay, que hasta los ponemos a vigilar.

1 comentario:

Galufante dijo...

La picaresca nacional no entiende de fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado...Lo peor de todo es la aceptación social respecto a este fenómeno de honda raigambre ibérica...Siempre ha sido bien visto el defraudador que consigue engañar a la maquinaria estatal...Y esta es la raíz del problema...nos quejamos de la cantidad de chorizos que medran a la sopa boba...pero sólo si esos chorizos no son de los nuestros...así nos va...

Agur.