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lunes, abril 24, 2006

Cuestión de números.

Que hay elementos muy interesados en que el proceso de paz de Euskadi saltara por los aires era evidente, y que era simple cuestión de tiempo que entraran en actuación, más. Hoy ha sido en Getxo y en Barañain donde en uno le han metido fuego a una agencia de seguros y en el segundo a la ferretería de un concejal de UPN. Pero… ¿Por qué esta obstinación en romper el frágil equilibrio de paz que se ha conseguido?

De la extorsión de ETA, aunque parezca mentira, vivía mucha gente y lejos de las cúpulas que de una forma más o menos “romántica” -aunque no sé que romanticismo puede tener un charco de sangre- defendían un ideal político, por debajo había toda una pléyade de vagos, ociosos y gente de mal vivir a quien la política y la libertad del pueblo vasco le importaba lo más mínimo. Éstos -usualmente jóvenes entre 17 y 25 años-, con tal de no dar un palo al agua y vivir del cuento del “impuesto revolucionario”, no dudaban en meter fuego aquí o allá haciendo el trabajo “diario” a la banda y asegurándose el sustento fácilmente y una cierta cuota de “heroicidad” dentro de la sociedad vasca.

¿Qué ha pasado ahora? Pues, que si la cúpula, ha decidido dejar de luchar, toda esta gente, se ha encontrado, de golpe, en el paro y sin el sustento asegurado. O dicho de otra forma, que tendrán que ponerse a currar, porque la excusa del movimiento de liberación nacional, se les ha acabado. Y eso de doblar las bisagras cada mañana duele no poco.

¿Van a aceptar que así, por las buenas, les supriman su cómoda y “aventurera” vida? No, hombre, no. Darán coletazos mientras que los órganos de seguridad del estado y de dentro mismo de entorno Abertzale intenten controlarlos, buscando joder la marrana, reventar el alto el fuego y volver a un estatus anterior que ya estaba bien para unos cuantos y que bien mantenido podía ser una fuente de financiación que durara por siglos.

El impuesto revolucionario sostenía no pocas actividades de los familiares de presos etarras, los cuales, al estar dispersos se gastan lo que tienen -y lo que no- en visitarlos, y la supresión de esto será un duro golpe, por lo que si la hoja de ruta del plan de paz se mantiene, los presos serán “repatriados” a tierra vasca, con el fin de reducir la sangría económica a las familias y de esta forma suprimir uno de los agujeros económicos que obligaban a ETA a mantener la extorsión a los empresarios vascos.

El resto, por una vez en su vida, se tendrán que poner a currar por mucho que les pese. La policía por su parte ha de mantenerles el cerco, porque quienes queman un cajero o un autobús, no son ni activistas, ni terroristas, ni independentistas, sino simples gamberros de poco pelo.

Siempre es lo mismo. Cuestión de números.