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jueves, julio 13, 2006

Cabezazos de injusticia.

Si hay algo que ha revolucionado el mundo en estos días ha sido el cabezazo propinado por Zidane al jugador italiano Materazzi en la final del mundial de fútbol de Alemania. La expulsión fue justa, en tanto y en cuanto fue una agresión a un jugador, pero lo que no me ha parecido tan justo es que, a estas alturas, el jugador italiano no haya sido ni mínimamente amonestado por los insultos racistas que profirió a Zidane. El jugador (o exjugador, según se mire) del Real Madrid es el malo de esta película mientras que el otro parece que sea totalmente inocente, y va a ser que no.

Todo el mundo coincide en que Zidane, ante los agravios e insultos del defensa italiano debiera haberse callado, pero con la tensión que se respiraba en aquella final, tras 120 minutos de partido, y el cansancio demoledor de todos los jugadores, era evidente que las malas artes serían las que decantarían el partido. Y en eso los jugadores italianos son los reyes. Simplemente es cuestión de ver los continuos escándalos de corrupción que se producen en el fútbol de aquel país.

Zidane no tenía que haber abierto boca, pero el que seguro tenia que habérsela cosido con grapas era Materazzi. No hay derecho que alguien quiera buscar brega para hacer sacar de sus casillas a un jugador y no dude en hacer servir insultos hirientes, racistas, que sobrepasan el ámbito del juego y entran de lleno en la vida privada con el único fin de herir agria y cruelmente, para con él obtener una clara ventaja deportiva.

En aquella situación, hasta la mente más entera cede cuando siente decir "eres el hijo de una puta terrorista" (tal como aseguraron varios expertos en lectura de labios a diferentes medios británicos). Un cabezazo al tórax del agresor, era poca cosa para lo que podía haberse producido. La posterior hiperactuación teatral de Materazzi lo hacen merecedor de un premio Tony como mínimo: nadie cae de aquella forma ante un golpe como aquel.

Sin embargo la agresión aún no acaba ahí, porque declarar a la prensa que él es un ignorante y no sabe que es un islamista ni un terrorista, no es más que una muestra de cinismo y mala leche en estado puro del defensa italiano. Por su parte Zidane, encomiablemente no ha querido ni abrir la boca para revelar lo que le dijo en espera de que las cosas vuelvan a su cauce, aunque el mal ya está hecho.

Es posible que le quiten el título de mejor jugador del Mundial, pero si es así, será una injusticia total si al supuesto jugador italiano no se le suspende la ficha federativa por una larga temporada por incitación a la violencia, racismo y malas artes. Por no mentar la posibilidad de repetición de los últimos minutos de la final, dado el beneficio directo que obtuvo el equipo del jugador agresor tras la expulsión de Zidane que le permitió obtener el campeonato del Mundo -fallo de Trezeguet a parte, claro.

¿Se dará el caso que por una vez, la justicia deportiva actúe como debiera? Evidentemente no, y de esto no quedará más recuerdo que en las hemerotecas, como tantas otras veces ha pasado. Por suerte, el juego que nos ha ofrecido Zinedine Zidane durante este mundial permanecerá en nuestras retinas durante mucho tiempo.

Otros estarán en segunda por marrulleros.

4 comentarios:

Haters dijo...

"Simplemente es cuestión de ver los continuos escándalos de corrupción que se producen en el fútbol de aquel país."

Si quitas "el fútbol de aquel", la frase sigue teniendo sentido.

Oceanida dijo...

Para mi Zidane ha sido el mejor jugador del mundial.

Lo demas no tiene nada que ver co eso.

Ya ha pedido perdon aunque dice que no se arrepiente y lo veo bien, yo personalmente volveria a hacerlo.

El jugador italiano una piltrafa de persona.
En mi opinion claro...

Un abrazo fresquito Ireneu, que me han dicho que pasais mucho calor...

malaputa dijo...

Lo que tiene perderse este tipo de cosas es que luego no se puede comentar...

Anónimo dijo...

Por supuesto que el italiano es un impresentable, pero Zidane no es ningún santo. Ha sido expulsado decenas de veces por agresiones (algunas brutales) a lo largo de su carrera. Algo no funciona bien en su cabeza, está claro. Por mucho que le hagan embajador de la ONU y trabaje con niños, no es un buen ejemplo más que por su fútbol.