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lunes, septiembre 04, 2006

Que aprendan.

Al fin los devotos del trapito rojigualdo ya han tenido oportunidad de ondearlo al viento con todo el orgullo -tonto, sin duda- de quien se encuentra necesitado de esta expresión patriótica. En fin, allá cada uno con sus sentimientos de grupo, pero lo que no se puede negar es que los chicos de la selección española de baloncesto se han currado a base de bien el ganar este campeonato mundial y lo han conseguido. ¡Felicidades, chicos!

Gasol, Garbajosa y compañía han conseguido hacer vibrar a toda la afición baloncestística española con su buen hacer, pundonor y entrega en todos los partidos que han concurrido en la consecución de este título tan esperado. Lástima de la lesión en el último momento de Pau Gasol, que puso el corazón en un puño de cara a la final, y que posiblemente sirvió de acicate al resto de compañeros que dieron el do de pecho ridiculizando a Grecia en la final. Encomiable igualmente la entereza del Seleccionador José Vicente Hernández a pesar de la muerte de su padre pocas horas antes de la final.

Ya quisieran para ellos esta copa los jugadores de la selección española de fútbol, pero, mientras les pesen tanto los bolsillos que se crean que ganan los partidos sin bajar del autocar, si quieren copas, las van a tener que comprar en el chino de la esquina. Sólo la humildad, trabajo y constancia dan resultados y los balompedas ibéricos, de eso, bien poco.

El baloncesto español ha dado un paso de gigante para alcanzar por méritos propios a la supuesta categoría del fútbol.

Que aprendan.

Estos no son unos mantas.

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