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martes, septiembre 12, 2006

Rejas líquidas.

Hoy, después de un fin de semana largo propiciado por una descafeinada Diada -en la que a parte de cuatro grupúsculos concienciados con el significado del 11 de septiembre en Catalunya y los políticos, la mayor parte de la sociedad ha tomado como día de asueto generalizado- al final está lloviendo con ganas.

Y la cuestión es que me gustan estas tormentas en las cuales parece que el cielo se parte en mil pedazos y provoca avenidas y riadas. La ciudad se paraliza, se atasca, no sabe qué hacer bajo estas cortinas de agua que ponen en peligro el funcionamiento propio de la urbe. Bajo una tormenta, la ciudad y su frenético hormiguero humano, claudican. Tal vez por eso me guste.

Cuando llueve con esta intensidad, tengo la sensación de que la misma naturaleza toma el mando de la situación, pone en su sitio la prepotencia humana y le hace tragar aunque sea por un rato su falta de humildad y exceso de egoísta ambición, buscándole todos y cada uno de los fallos que comete.

Sólo es agua, si, pero nadie quiere mojarse. Toda la población queda encerrada tras unas rejas liquidas. Ya no se escucha ni esa lavadora a toda castaña, ni el reguetón tonto del vecino, ni la televisión a volúmenes exagerados. La tormenta impone su ley y solo se le oye y ve a ella. La tememos y nos hemos de callar humillados e impotentes.

Es en esa tormenta bajo la cual la ciudad pierde su sentido, y que hace que montañas, valles, ríos y árboles recobren su protagonismo, es justamente en esos momentos en que me siento vivo. Me siento ser humano.

Ese olor a tierra mojada me indica que aunque no la veamos, bajo esa capa de negro y viscoso asfalto, la Tierra aún existe.

Por suerte.


¡A callarse todos! ¡joer!

5 comentarios:

SantiNoBrain dijo...

Antes, al menos, llovía de una manera continuada y progresiva, comenzaba poco a poco, alcanzaba su máximo caudal y dejaba de llover despacito, uno, dos días de lluvia.
Ultimamente, cae todo en unas horas. Las alcantarillas no dan abasto. Asusta salir a la calle.
La torrencialidad impide el aprovechamiento. Los caudales se desbordan.
A mi, cada vez me gusta menos que llueva, aunque lo deseo todos los días.

Anónimo dijo...

Las alcantarillas no dan abasto. Umm puede... por mi tierra no caen esas burradas de litros, pero a mi me da que tiene mas que ver que suelen estar sucias, y aunque por estas fechas en la zona del mediterraneo se dan todos los años estas situaciones, los que tienen que encargarse de limpiarlas no lo hacen.

Oceanida dijo...

No me extrana que te sientas vivo con las lluvias y la fuerza de la naturaleza, que una vez mas nos demuestra que somos muy pequenos aunque pretendamos ser sus amos...

Nunca , afortunadamente , nunca lograremos eso...

La Tierra seguira latiendo, incluso despues de que nosotros, sus barbaros hijos hallamos desaparecido matandonos unos a otros de su faz.

Un gran abrazo.

Oceanida dijo...

"hayamos"...nada que no aprendo

Sergio Fidalgo dijo...

De acuerdo... pero si algunos ayuntamientos se gastarán los dineros, se podrían evitar muchas catástrofes "naturales".