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sábado, marzo 17, 2007

Vivir para entender.

Si hay algo en lo que se ha empecinado el nacionalismo español, ha sido en denigrar sistemáticamente todo lo que venga de Catalunya, y en especial lo concerniente a la lengua. La imagen que ha querido dar a toda España es la idea de que por estas tierras hay una SS que persigue a todo el que habla en castellano y que te encuentras cohibido a expresarte en castellano en cualquier ámbito. La mala folla que se ha de tener para decir esto es increíble, pero ya sabemos que siempre hay ojos que se enamoran de legañas y que hay mucha gente que quiere creerse lo que esos profetas de lo falso quieren vender a todo el mundo. No hay peor ciego que el que no quiere ver, ciertamente.

Yo, debido a mi profesión de tendero, muevo una base de clientes que ronda las 500 personas que me da una visión estadística bastante objetiva de la situación lingüística de esta parte de la zona metropolitana de Barcelona.

Para empezar, hemos de contar que cada persona que tengo registrada acostumbra a ser un único representante de la familia, ya que debido a que los productos que ofrezco son dedicados mayormente al público infantil, son los padres los que constan como clientes, estaríamos por tanto hablando de una población potencial de alrededor de 2000 personas. Pues bien... ¿se pueden creer que de estos 500 clientes hablo en catalán con ellos con unas 5 personas? Pues créaselo.

En esta Catalunya que reprime el castellano con penas de cárcel y garrote vil, el uso del catalán en esta tienda se equipara al uso del rumano, el francés, el chino o el ruso, y está muy por debajo incluso del árabe. El rey sin discusión alguna, es el castellano, con un abrumador 95% de hablantes ¡Pues vaya mierda de inmersión lingüística! ¿No les parece?

Eso sí, como me muevo en el ámbito educativo, cuando trato con responsables de centros, la lengua vehicular acostumbra a ser en catalán, pero tampoco es la regla general, ya que en los centros del ámbito metropolitano el 50% de ellos se dirigen a ti en castellano. No hay que olvidar que más de la mitad de la población catalana se concentra en Barcelona y alrededores.

La realidad es la que es, y buscar la confrontación en Catalunya trasladando un frente de buenos y malos tan típica de una cerrada y orgullosa mentalidad castellano/madrileña, es simplemente energía perdida, que se traduce en votos en otras partes del país.

Aquí, por nuestra parte, hacemos tirabuzones con las bombas que tiran los fanfarrones, porque nadie con una visión centralista de España podrá comprender jamás cómo una sociedad que en su mayoría se expresa en castellano no se “levante” en respuesta a la supuesta explotación lingüística catalanoparlante. Si a esto añadimos que el segundo y el tercer partido más votado en la zona metropolitana que estoy hablando son nacionalistas catalanes, es de entender que estallen de gozo y satisfacción los que querrían que se produjera una ruptura social entre los catalanoparlantes y castellanoparlantes en un vano intento de buscar remover el río para sacar réditos electorales rápidos. Se ha de vivir aquí para entenderlo.

No en vano somos la puerta de Europa y destino prioritario de los guiris: Por Catalunya se pasa; a Madrid se va.
Nuestro pan con tomate gusta más.

6 comentarios:

Sergio Fidalgo dijo...

diablos... ese pan con tomatito me apetece!

Sergio Fidalgo dijo...

diablos... ese pan con tomatito me apetece!

Anónimo dijo...

pues si que...

se te trasluce tanto odio y prejuicios como el que criticas :(

malaputa dijo...

Si respondes ante las agresiones rezumas odio y tienes un problema. La política de esta gente es:
si te pegan es porque lo mereces, si respondes a la hostia, rezumas odio y/o coartas sus derechos (!) y tienen una pataleta.
Están pervirtiendo el derecho a disentir, lo están convirtiendo en su derecho a ser maltratadores de los que piensan diferente, en maltratadores de la democracia.

Anónimo dijo...

Tens rao. S'hauria de prohibir del tot l'idioma que escrius... i fer fora de Catalunya a la gent que no utilitza el catala a internet.

Ireneu dijo...

Uf... quina flaireta botiflera que desprens, anònim!
A veure si ens rentem més sovint, joer!