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miércoles, enero 16, 2008

La derrota de la derecha.

Hace unos años, a principios de los años 80, la revista Interviu publicó en portada que la derecha se había tragado al centro, en referencia al descalabro de UCD y al aumento de votos de Alianza Popular (el antecesor directo del PP actual). El miedo a una nueva confrontación y la inquietud respecto el futuro, hicieron moderar a los españoles durante la Transición, haciendo que la gran mayoría del voto tendiera al centro: centro-izquierda con el PSOE y al centro-derecha con la UCD. De mientras, las opciones más extremistas, tales como la Falange Española de Blas Piñar, el Partido Comunista de Carrillo y la Alianza Popular del incombustible Manuel Fraga sufren descalabros considerables, no llegando a alcanzar las expectativas. Aquella España no quería saber nada de macarras ni de vendettas.

Después del 23-F, el centro-derecha se destruye víctima de luchas intestinas que hacen que las facciones más conservadoras, ubicadas entre Falange y UCD abandonen a Suarez a su suerte y pasen a formar parte de Alianza Popular, refundándose a sí misma creando primeramente Coalición Popular y posteriormente el actual Partido Popular. Pasada la primera época de miedo, las aguas vuelven a su cauce, es decir, la derecha nacionalista española "sale del armario", y aunque no quiere saber nada de Ynestrillas y Piñares varios (sus métodos violentos ya no son "guays") la tendencia al extremismo es evidente, ya que deja únicamente un partido de derechas "de toda la vida" con representación parlamentaria. Por el contrario, en la izquierda, el hundimiento -pero no destrucción- del PCE relega a éstos como facción extremista de la izquierda y al PSOE como moderada.

Esta unificación de la derecha provoca que se encuentren mezclados en un mismo partido los de la derecha "de toda la vida" (es decir, adictos al franquismo "reeducados") y los conservadores al más puro estilo europeo. Aznar, Aguirre, o Acebes por un lado, y por el otro Gallardón o Piqué. El pulso ha sido fuerte, pero la vuelta de rosca de la derecha episcopal y extremista, aún más fuerte. Primero fue Piqué el que salió del PP en beneficio de posiciones más radicales (Sirera) y ahora, ha sido Gallardón, el que ha salido escaldado.

El propio Fraga ha dicho que es una mala noticia para el PP, y creo que tiene razón. La extrema derecha se ha tragado la derecha, o lo que es lo mismo, la derecha autoritaria y carrinclona, base en su día del franquismo, ha destruido la derecha conservadora, moderna y europea que encarnaba Gallardón, y eso, en una democracia libre siempre es deleznable.

Si hay algo que no se puede negar es que el actual alcalde de Madrid es un político como hay pocos. Se puede estar o no de acuerdo con sus posturas políticas -desde mi punto de vista inaceptables-, pero al César lo que es de César: la calidad personal de Alberto Ruiz-Gallardón es innegable. O si no, simplemente hay que compararlo con el impresentable de Martinez Pujalte. El uno, diputado por Valencia, portavoz adjunto del partido, reprendido repetidamente y expulsado del congreso de los diputados por "broncas"-amén de doble de "Martinez El Facha", el personaje de El Jueves- y en el otro lado, Gallardón, al cual le niegan agriamente el derecho a ser diputado, se declara derrotado y entristecido y, encima, no duda en pedir el voto para Rajoy. Todo está dicho ya.

Rajoy no es más que un "Don Tancredo", un pelele del bando más españolista y cerril dentro del Partido Popular, que viste de "independencia" la servidumbre más indigna a unos "jefes" que han sido los que le han puesto en el cargo. Eso si, a Pizarro, de segundo de a bordo; los servicios prestados se han de pagar.

Animalejos.

¿Adivinan quien será diputado? Increible.