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martes, diciembre 09, 2008

Patriotas anónimos.

Aún habrá que hacer mucho trabajo para mantener viva la memoria histórica de la Guerra Civil Española en esta sociedad, y evitar que el denso telón de miedo y olvido endosado al pueblo a machacamartillo por las altas esferas franquistas con el fin de salir impunes durante la transición, tape toda una verdad, que no por dolorosa y lejana es menos real. Solamente recordando las vivencias de una gratuita época sangrienta de la historia de España, se entiende que alguien como el alcalde de Getafe llame "tontos de los cojones" a los votantes del PP. Y tal vez se quede corto.

Dentro de estas vivencias de la gente que vivió en directo la guerra y la posguerra y que parecen haber desaparecido del imaginario colectivo, encontramos el caso de los maquis. Mi padre me contó una historia relacionada con el maquis que pudo ver él mismo.

Era el principio de los años 40, y el maquis, los guerrilleros ex-combatientes que luchaban por los montes todavía contra Franco y que esperaban -dentro del contexto antifascista de la Segunda Guerra Mundial- que los aliados derrocaran el régimen franquista, estaban en plena ebullición sobretodo en el entorno rural. En este caso, en Los Hinojosos (Cuenca).

Según me contó, un guerrillero contactó con un pastor del pueblo llamado El Cuco, al cual inquirió a que por la noche le llevara un cesto de comida, quedando ambos en encontrarse en un cierto punto a las afueras del pueblo. Al pastor, posiblemente presa del pánico, le faltó tiempo para delatarlo a la Guardia Civil, y ésta, le obligó a que fuera al punto a la hora convenida, para poderle preparar una encerrona al guerrillero.

Tal como quedaron, El Cuco se presentó a la cita, y en el momento de que el maquis salió de su escondrijo para tomar el cesto con la comida, la Guardia Civil, que se había apostado en los alrededores, abrieron fuego contra él. El pobre guerrillero intentó repeler el ataque como buenamente pudo con una metralleta que llevaba encima y disparó una ráfaga contra la Guardia Civil, pero se le encasquilló y las fuerzas del régimen aprovecharon para dejarlo como un colador disparando sus "naranjeros" contra el cuerpo inerte prácticamente hasta el alba, del pavor que los propios guardias tenían de los maquis.

Mi padre, que era un crío entonces, se acuerda de que por la mañana llevaban el cuerpo en un carro de varas hacia el cementerio, que estaba en lo alto de una colina, y que se entretuvieron a llevarlo a lo alto de la cuesta y cuando llegaba, levantaban el carro y hacían rodar el cuerpo del muerto toda la cuesta abajo. Y así una y otra vez. Esta imagen de humillación inhumana y gratuita se le quedó grabado al fuego.

Cuando se cansaron, se le enterró al pobre desgraciado en un rincón del cementerio, de cualquier manera, ya que dijeron que como era "rojo", no era cristiano. La sorpresa se la llevaron después, cuando trajinando su zurrón descubrieron que lo único que llevaba era unas alpargatas nuevas, un poco de munición y un colgante con la imagen de la Virgen del Carmen. El Cuco murió tiempo después loco por los remordimientos.

Son estas historias reales las que mantienen la memoria viva, memoria de un tiempo que ni podemos ni debemos olvidar, ya que de aquellos fuegos vienen estas cenizas y no se puede entender la actualidad sin tener en cuenta aquellos hechos. Y ello, por mucho que haya gente a la que moleste recordarlo ya que se beneficiaron de aquella oligarquía impuesta a golpe de terror y bombas.

Demasiada ignorancia hay todavía en este país.

Bandoleros, no: Patriotas anónimos.

3 comentarios:

cosmofonio dijo...

Tremenda historia...

Vanessa dijo...

Qué dura historia, y a la vez, qué bella. Sí, realmente son héroes anónimos los que intenta recuperar la memoria histórica de este país, aunque muchos se emperren en taparla.
Gracias por recordar para todos esta parte de nuestra historia, de los recuerdos de familia. Gracias al tío Mariano por sacarla a la luz y hacerla brillar, y a tí, por escribirla.

Xavi dijo...

Com que els que manen ja està més que comprovat que mai faran l'exercici de preservar la memòria del que va passar durant la postguerra, hem de ser els que coneixem aquestes petites (però grans alhora) històries els que les divulguem abans no sigui massa tard. Moltes gràcies, Ireneu, per deixar escrit un episodi que de ben segur aviat s'hagués perdut.

Per altra banda, l'assassinat d'aquest anònim guerriller m'ha recordat molt al de Vila Capdevila (Caracremada). Després de ser tirotejat per la Guàrdia Civil, van esperar a que es fes clar per acostar-se al cadàver ja que aquest havia quedat assegut i arrepenjat a la motxilla. El trasllat al cementiri va ser similar: ple d'insults i humiliacions... I com a punt final, també fou enterrat a l'exterior del cementiri de Castellnou de Bages. Molts anys després, quan es va ampliar el cementiri, la tomba de Vila Capdevila va quedar en un lloc preferent del cementiri. Potser això és allò que en diuen "justícia poètica"...