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sábado, julio 10, 2010

Alto y claro.

El 10 de diciembre de 1898 España perdía Cuba. Los cubanos habían pedido una autonomía que desde Madrid se negó sistemáticamente, llegándose al enfrentamiento armado. Cuando estaban a punto de perder la que fue durante siglos la joya de la corona del imperio español, el primero de enero de 1898, se les dio un estatus de autonomía que no sirvió de nada, ya que los años de guerra larvada ponían a tocar de la mano la independencia. Los cubanos sólo querían algo de rienda suelta, pero la cerrazón centralista negó la mayor y provocó que el sentimiento independentista se disparara, con los resultados de todos conocidos. Hoy, entre un millón y millón y medio de personas se han manifestado en Barcelona a favor de la nación catalana. Parece que no hay forma de aprender de los errores anteriores.

Tal como escribí hace unos días, la sentencia del Tribunal Constitucional con el Estatut y la irresponsable actitud de Zapatero habían hecho desaparecer de un plumazo el futuro de las posiciones moderadas federalistas, de tal forma que hacían decantar a la población o hacia un regionalismo de perfil bajo (autonomía) o hacia la secesión y, visto lo visto, las cosas se están desarrollando exactamente así.

Hoy, lo que tenía que ser una manifestación a favor de la dignidad de Catalunya se ha convertido en una auténtica manifestación independentista, donde la ciudadanía ha dado un paso más allá de lo que se solicitaba con el Estatut y que el Tribunal Constitucional había negado en redondo. El negar la existencia de Catalunya como nación, ha provocado que la gente, en masa y de forma inesperada, haya salido a reclamar, ya no un Estatut, sino una Catalunya como estado. Los políticos han sido desbordados, hasta tal punto que no han podido ni concluir el recorrido fijado, teniendo que abandonar la concentración sin haber llegado ni a la mitad, debido a la cantidad de gente acumulada en todo el centro de Barcelona.

El Tribunal Constitucional, con su actuación tan denigrante, ha provocado que gente de toda lengua, raza e ideología se haya unido para reclamar cívica y masivamente la dignidad de Catalunya. Las cifras bailan entre 1'1 y 1'5 millones, y aunque haya quien diga malintencionadamente que han sido 56.000 personas, quien conoce Barcelona sabe que esa "marea" humana no eran exactamente cuatro y el cabo.

¿Cual es el futuro? ¿Tomarán nota los políticos centralistas de lo que significa esta concentración masiva? ¿Harán oídos sordos a cualquier demanda de autogobierno, dando alas a las tesis separatistas hasta que la cosa se desmadre? El tiempo lo dirá pero, por de pronto, mañana es posible que una buena parte de los que estaban hoy solicitando un estado propio, salten de alegría y satisfacción porque España haya ganado el Mundial. Mundial ganado gracias a un equipo nacional español formado irónicamente en su mayoría por jugadores del F.C. Barcelona, paradigma del soberanismo catalán.

El pueblo catalán, unido, ha hablado alto y claro. ¿Seguirán negándose a escucharlo?

Más claro, imposible.

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