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domingo, julio 18, 2010

Deriva de principios.


Por si hubiera alguna duda, Zapatero, en su discurso de apertura del Congreso Federal del PSOE, ha dejado claro que el federalismo en España está finiquitado. En él, el presidente del gobierno, con el fin de buscar el punto medio entre las tesis más jacobinas de los socialistas, representadas por Bono, y los imprescindibles escaños de los socialistas catalanes, ha dicho que entiende y apoya las reclamaciones de autogobierno de los catalanes pero... dentro del marco constitucional del 1978. ¡Toma castaña!

Más de uno, y más de dos, seguro que pensarán... ¡Pues claro!¿Qué esperas?, pero no está tan claro puesto que esta “inocente” declaración, cuya única intención ha sido la imposible tarea de nadar y guardar la ropa, ha dejado, por un lado, a Montilla en “renuncio” tras negarle la mayor de la posibilidad de modificar la Constitución para permitir un mejor encaje de Catalunya en España, y por otro, sin ninguna expectativa de futuro a los que pensamos que España tendría que ser una república federal. Raso y conciso.

Si por miedo a perder unas elecciones que los socialistas no van a ganar -no porque las gane el PP, sino porque los votantes de izquierda van a preferir ir a la playa antes que ir a votar- le está haciendo el juego a los conservadores renegando de uno de los principios fundadores del partido al que representa, flaco favor le está haciendo a este país.

Flaco, porque ante esta situación, la radicalización de las posturas y el crecimiento de las tendencias separatistas en Catalunya van a ser la norma. Por de pronto, en el sondeo de La Vanguardia por primera vez la gente que prefiere la independencia (47%) es mayor que la que quiere la unión (36%), síntoma evidente de esta radicalización. Y es que si encima de que el 68% de la gente se siente en contra de la sentencia del Tribunal Constitucional, no dejamos espacio representativo a las tesis moderadas, es normal que la gente tienda hacia uno de los dos polos.

CiU se ha dado cuenta de este sutil detalle y Mas está lanzando el “y más allá” con el fin de captar el voto del catalanista radicalizado, habida cuenta que su votante sigue esa tendencia. El hecho de que entre sus filas, gente tan “separatista” como Duran i Lleida hayan abrazado esta línea de pensamiento no deja de ser significativo; que las previsiones sean de casi doblar la representación del PSC en las encuestas, también.

Y de mientras, en La Noria se entestaban en tildar de “extraterrestre” el hecho de que casi se simultaneen en espacio-tiempo una concentración catalanista de 1.100.000 personas, con una españolista de 100.000 personas, vendiéndola como el vivo ejemplo de la manifiesta compatibilidad entre dos sentimientos nacionalistas opuestos. Sin embargo, parece que nadie se ha dado cuenta del pequeño detalle sin importancia de que las fuerzas catalanistas del Parlament son 115 diputados y los españolistas son 18, con proporciones muy similares de representación, y que el hecho de que haya pasado con tan poco lapso de tiempo y de espacio ha sido meramente circunstancial.

Sea como sea, la realidad sigue su camino, y sólo los políticos que sean capaces de atinar con los sentimientos de la gente podrán salir airosos de esta confrontación de porvenir incierto. Zapatero, una vez más, va a la deriva.


Es peligroso ir a la deriva.

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