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viernes, julio 30, 2010

El miedo al camino abierto.

Hoy el PP ha presentado al Congreso de los Diputados su iniciativa para blindar los toros como "bien de interés cultural" para que de esta forma evitar que puedan ser prohibidos en todo el territorio nacional. Hasta tal punto temen la iniciativa catalana, que antes que otras comunidades periféricas osen seguir el camino de Catalunya y lleven la democracia allí donde no le interesa al nacionalismo español, han corrido a poner un torniquete legislativo para intentar parar la sangría que se avecina y que se intuye durísima. Lo curioso es que las comunidades autónomas tienen traspasadas todas las competencias sobre espectáculos públicos, por lo que no se podría actuar globalmente. Lo indignante es que los populares reclamen "libertad" y "democracia" pasándose la democracia por el forro. ¿Hipócritas?...¡no, que va!

Galicia y el País Vasco están moviéndose para la prohibición, y aunque las tradiciones taurinas tanto de unos como de otros no es que sean muy destacables -son incluso menores que en Catalunya-, la simbología españolista no puede permitir que las "colonias" se deshagan de uno de los símbolos más netamente españoles. Por lo visto, ya tuvieron bastante con que Argentina prohibiera las corridas de toros cuando se independizó de España, y no están dispuestos a que ello vuelva a ocurrir. Harán lo que sea para ello.

A todo ello, algo que está pasando inadvertido es el papel de las entidades antitaurinas y de defensa de los animales en todo este embrollo. En su obsesiva lucha contra lo taurino y el maltrato que ello comporta, han encontrado el filón de aprovechar el debate identitario para su provecho. Si existe la más mínima posibilidad de poder avanzar por aquí, no dudarán en aprovecharse e intentarán atiar las hogueras de las pasiones nacionalistas para, como pescador en aguas revueltas, conseguir una abolición que llevan ansiando desde hace mucho tiempo. El objetivo es loable, pero los métodos harían las delicias de Maquiavelo.

El próximo objetivo de estos grupos son los "correbous", pero aquí van a picar en hueso debido a que no pueden hacer servir el nacionalismo como herramienta para conseguir sus objetivos. A excepción de los toros embolados, los "correbous" son incruentos y en ninguno de los casos se pone en peligro la vida del animal, por lo que la prohibición estaría fuera de lugar. Además, son fiestas populares muy arraigadas, que difícilmente movilizarán a los políticos y la sociedad de la misma forma que lo hacen las corridas, lo cual dificultará enormemente la progresión de las entidades abolicionistas en estos espectáculos.

Sea como sea, los toreros profesionales están que trinan ya que ven en la prohibición el fin de su bien pagada forma de vida. Forma de vida que, al mejor estilo de los futbolistas, han podido desarrollar sin tener necesidad de formarse lo más mínimo y que ahora, si se prodigan las prohibiciones, van a echar en falta. Personalmente no me imagino a Jesulín de Ubrique trabajando de administrativo en una empresa como no pueda vivir de los toros. Normal que duela.

Sin embargo, lo que no es nada normal es la actuación de Enrique Guillén, el torero badalonés, que con la rabia en el cuerpo, no se le ocurrió mejor cosa que ir ayer a la sede de Esquerra en el ensanche barcelonés con su mujer y un par o tres de personas más, y liarla parda. Guillén y sus acólitos, al grito de "por vuestra culpa me voy a quedar sin trabajo" han empezado a agredir a los presentes y a destrozar la sede con vuelo de sillas y un herido incluido. Si los 1400 despedidos de Viajes Marsans hicieran lo mismo por haber perdido su trabajo, las hordas de Atila y los Hunos hubieran sido monjas carmelitas a su lado.

En definitiva, lamentable espectáculo el que ha dado el torero catalán, que si pretendía de esta forma defender los toros, lo único que ha hecho ha sido dejar en evidencia su chulesca y escasa cultura, dar pruebas de su violencia innata y dar argumentos a espuertas a los que piensan que las corridas son una barbarie retrógrada que han de desaparecer cuanto antes mejor.

Amén.

"Neanderthalito de Atapuerca", después de una buena faena.