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miércoles, octubre 20, 2010

Las mustias rositas de Laporta.

Un ejemplo claro de la política de inmersión deportiva a favor del Barça que se produce en estas tierras es el hecho que, a pesar de ser del Espanyol y que lo que hagan "los otros" me la trae al pairo siempre y cuando no me afecte, me he enterado con pelos y señales de lo que está pasando en Can Barça en relación a la "due diligence" -la auditoría de toda la vida, vamos- que se le ha hecho a la gestión de Laporta y de la consiguiente denuncia aprobada por la asamblea de compromisarios. Pero es más, incluso he conseguido hacerme una opinión... lo cual ya es el colmo.

Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible, como dijo aquel. No puede ser que un presidente de un club de futbol -sea el que sea- utilice el club y sus recursos para beneficio propio y encima pretenda quedar impune, y en esto Laporta tiene la mano rota de hacerlo con el Barça. Una cosa es que el club sea literalmente tuyo, en cuyo caso tendría su razón de ser, ya que al fin y al cabo son recursos propios y no deja de ser más que una propiedad privada, pero en el caso del Barça, si hay algo de lo que se jactan es de que el club no ha entrado en las sociedades anónimas deportivas y por tanto es de los socios. O dicho de otra forma, que el F.C. Barcelona no es más que una ONG.

En una ONG, el hecho de que un presidente haya malgastado - por incompetencia o malévolamente- una parte de los presupuestos es una cosa grave, pero si encima se ha aprovechado de la imagen del club para crecer en popularidad hasta permitirle incluso poder formar un partido político, ya es rayar la indecencia. Laporta ante todo es imagen personal, y que tuviera como tesorero de su junta a alguien que viste como el abogado de Los Manolos (Xavier Sala i Martín), ya es muy sintomático de la idiosincrasia del personaje: todo payaso Blanco necesita su Augusto para poder destacar por contraste.

Sea como sea, la Asamblea de Compromisarios decidió por un estrecho margen que el anterior presidente debía rendir cuentas con la justicia de todo el malgasto de recursos detectado por la "due diligence" durante su mandato. Tanto jet privado para "quedar bien" y en mor de "la apretada agenda" del presidente, resulta como mínimo sospechoso, y más cuando se vendió que había un superávit de 10 millones de euros y tras la auditoría resulta que era un déficit de 70 millones. Están en su derecho y, si como parece, hay muchas irregularidades, están en su obligación en pedir explicaciones legales: los éxitos deportivos no han de ser la gran excusa para dar carpetazo a según qué desmanes económicos de sus dirigentes.

Ahora Laporta y Sala i Martín se quejan de que no pudieron defender sus números en la Asamblea de Compromisarios, sabedores de que ante una audiencia ignorante una buena oratoria -Laporta es abogado- y una buena ingeniería financiera -Sala Martín es economista-, la mayoría de las veces hace blanco lo que es evidentemente negro oscuro, y hubieran eludido cualquier responsabilidad ante la Justicia, saliendo de rositas del embrollo.

Sean de un equipo u otro, sean de una ONG u otra, los responsables económicos de estas entidades parece que tenían derecho de pernada ante las malas gestiones, las pérdidas y los derroches de sus dirigentes, pero por lo visto, la tradición del que venga detrás que arree y el todo vale mientras que entre la pelotita -al menos en lo que concierne a Can Barça- ha llegado a su punto final. Ahora toda la Junta de Laporta y compañía tendrán la oportunidad de explicarse largamente ante la Justicia, y tendrán que ser convincentes con algo más que con una buena oratoria y goles.

Esperemos que la Justicia por una vez ponga en su sitio a estos personajillos que, como diría Jose María García, se comen el niño Jesús, se beben el Ebro y son el cáncer del fútbol español.


Ahora Laporta cogería a Rosell de un poco más abajo.