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jueves, octubre 14, 2010

Temporales de impaciencia.

El temporal de Levante que se ha abatido contra el litoral catalán en los últimos días, ha dado como resultado que la mayoría de las playas hayan desaparecido. El embate contra la costa de olas de hasta ocho metros en esta balsa que acostumbra a ser el Mediterráneo ha hecho que toda la arena que se había puesto en las playas cercanas a Barcelona haya que buscarla dentro del mar, justamente allí de donde se había sacado. Ahora, todo el mundo se estira de los pelos.

En los últimos cinco años, en las costas del bajo Maresme, entre la Generalitat y el Gobierno central se han gastado la friolera de 23 millones de euros en la restauración de las playas con arena extraída del fondo marino. El problema estriba en que se ha visto que estos trabajos se han convertido en un auténtico e inútil  barrido del desierto, ya que a cada temporal de mar que se cierne sobre el litoral tira por tierra todo el esfuerzo efectuado anteriormente. En el episodio actual, las playas fueron rellenadas en julio pasado y ya no queda nada.

Múltiples causas actúan sobre el litoral, pero una de las que más daños ha producido ha sido la construcción durante los años ochenta de toda una serie de puertos deportivos en las poblaciones costeras más o menos cercanas a Barcelona. En una costa rectilinea y con unas corrientes redistribuidoras de arena de norte a sur, cada puerto que se construyó fue un atentado a las playas circundantes. Tantos más puertos deportivos, tantos más atentados, con el añadido que empezó toda una carrera portuaria entre las poblaciones, ya que el hecho de no disponer de su "pijo-puerto" implicaba quedar en inferioridad de condiciones turísticas que su vecino. Ahora, la cazurrería de los consistorios está matando la gallina de los huevos de oro del turismo de playa de proximidad porque, simplemente, no hay playas donde estirarse.

La única solución que han encontrado es la de regenerar las playas con aportaciones submarinas, pero que no hacen más que agravar el problema, porque generan un talud a unos cuantos metros delante de las costas que a las primeras de cambio provocan que desaparezca todo rastro de arena depositada anteriormente. Para más INRI, esto genera una erosión añadida de la costa que pone en grave riesgo las infraestructuras que corren paralelas a la costa (tren, carreteras, paseos marítimos, etc...).

Ahora han salido voces que reclaman la construcción de espigones submarinos paralelos a la costa, que servirían para evitar el embate de las olas los días de temporal e impedirían que la arena regenerada se perdiera mar adentro a cada reposición. El inconveniente es que no hay dinero y se depende de Madrid para dar el visto bueno y para la financiación de la obra, en un momento de crisis y de recortes presupuestarios. Se exige "hacer algo", cuando curiosamente la solución estriba en "no hacer nada".

Las corrientes que actúan en la costa barcelonesa, en realidad lo que hacen es redistribuir la arena sobrante de allí donde se acumula, hacia las zonas donde falta, pero para que la corriente, de forma natural pueda hacerlo, los sitios donde se acumula la arena han de estar completamente llenos. Es a partir de ese momento que la corriente transportará la arena sobrante hacia los lugares donde falta, procediendo a su rellenado. En nuestro caso, los puertos generan una gran acumulación de arena en la parte norte, mientras que generan  zonas de erosión en las partes sur.

En este caso, no se tendría que hacer nada más que esperar que las zonas de acumulación se colmatasen y hacer que las corrientes redistribuyeran los excedentes de arena, pero...¿qué político se arriesga a perder el turismo de sus playas durante unos pocos años con el fin de que las playas se regeneren por sí solas? En una sociedad en que prima el ahora y el ya, tener paciencia no interesa electoralmente, porque lo que interesa primordialmente son los votos... y el dinero.

En conclusión, el problema no es de la costa, sino de los hombres, como tantas otras cosas en esta vida. Si nos obstinamos en escupir contra el viento, es normal que nos caiga encima, y en el asunto de los puertos, no hacemos más que complicar constantemente el problema cuando buscamos soluciones rápidas. La mejor es la lenta, la que nos da la propia naturaleza, pero la visión "inmediatista" de nuestros políticos actuales, hace que no se quiera ver más allá de nuestras narices.

Al final destrozaremos nuestro litoral -aún más si cabe- para evitar que lo destroce un temporal, y al final, o convertiremos las playas en piscinas al aire libre o tendremos que rendirnos y dejar que la naturaleza siga su curso porque nos habremos quedado sin un euro para invertir en la playa.

Sea como sea habremos demostrado que, inteligencia, la justa.

Si quieres playa, la arena te la tendrás que traer de casa.

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