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martes, noviembre 23, 2010

Libertad, bloques y periodistas.

Si hay algo que me llama poderosamente la atención estos días, es la casi obsesiva fijación de los periodistas de TV3 en mostrar continuamente su repulsa contra el sistema de bloques electorales que en los espacios de noticias ha obligado a organizar la Junta Electoral. ¿Porqué tanta insistencia en un tema que al grueso de la población le trae al pairo? Pues no lo se realmente.

Los periodistas aducen que los criterios que se han de implementar no siguen criterios periodísticos ni de importancia noticiable sino simplemente de propaganda electoral. Posiblemente tengan razón, pero llámenme malpensado si dentro de esta pataleta, simplemente creo encontrar el reflejo de un cuarto poder que no se puede expresar como él quiere.

Si partimos que la tele, actualmente, tiene una capacidad de modificar opiniones impresionante, resulta lógico que todas las formaciones políticas intenten manipular su tiempo en la pantalla. Es en este caso hasta cierto punto equitativo, que se produzcan bloques en proporción de su representación, pero es que con estos bloques, también están controlando a los periodistas que, con su subjetiva visión de lo que es noticiable y lo que no, simplemente estarían decantando la balanza hacia aquella formación o formaciones que les interesara beneficiar. Y, hombre, si tienes un cierto poder, es normal que cuando te lo controlen, te quejes.

Porque si tuviesen total libertad de "informar" en una campaña electoral -cuando una campaña sencillamente es propaganda por un tubo-...¿qué seguridad tenemos el pueblo llano de que esos periodistas no van a promocionar meramente a quien les interese a ellos? ¿Darán tanta importancia a los partidos minoritarios como a los encargados directos de que cobren a fin de mes?¿Será menos justo un bloque fijo que un periodista interesadamente subjetivo?

Personalmente creo que los bloques no sólo están pensados para los partidos políticos, sino para atar en corto también a los periodistas, ya que son los encargados de hacer llegar la propaganda electoral al espectador. Ahora son los periodistas de los medios públicos los que se quejan, pero próximamente es posible que sean los de los medios privados los que se quejen y ya están temblando. Y es que, actualmente, tras la bandera de la libertad de información, no pocas veces se esconde un servilismo económico y no una verdadera opción personal del periodista.

Es posible que los bloques no sean tan malos.

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