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domingo, noviembre 07, 2010

Tal día hizo un año.

He de reconocer que el hecho de estar acostumbrado a utilizar el aislamiento informativo cuando existe peligro de "sobrecarga" culé, ayuda a mejorar la calidad de vida en el caso de otros eventos igualmente taladrantes, tal como la visita del Papa a Barcelona. Si a eso le sumamos mi total pasotismo por la figura papal (pronúnciese al estilo Chiquito de la Calzada), y el hecho de que me encuentro lejos del meollo vaticano, he de confesar que lo de la vueltecita pontificia no ha dejado de ser más que una noticia en los medios que ha durado el tiempo justo de cambiar de canal. Y es que hay eventos y personajes, a los cuales se ha de dar poca importancia, y estos son un claro ejemplo.

La Sagrada Familia, sea un templo, una basílica o un lupanar, es una auténtica obra de arte en forma de edificio que cuando se acabe será una de las maravillas del mundo. Ello significa que el hecho de que vaya el Papa (esta vez pronúncielo al estilo gitano) a santificarla, no deja de ser más que un acto de marketing, ya que lo que realmente llama la atención no es el Papa, sino el edificio, aprovechándose de la tirada para marcarse una medallita ante el mundo. Si hubiese sido una iglesia hecha de tochos y vigas como una casa normal, la hubiera "dedicado" desde el trono papal en un momento de solaz intestinal, pero ésta es espectacular y la foto bien vale un viajecito relámpago.

Las declaraciones de principios de una Iglesia que ha dado la espalda a la realidad de la sociedad actual, simplemente porque no le gusta, no merecen mayor rebate por repetido y cansino. Simplemente remarcar que en esta tierra, no es que esté creciendo el laicismo y el anticlericalismo como en los años 30, sino que hemos tenido que esperar 70 años para retomar el nivel de libertad religiosa y ateísmo que había en los años 30 después de que la bota reluciente de Franco apisonara a golpe de bala, palio y decreto cualquier atisbo de reacción anticlerical. Aunque, claro, este sutil detalle no es de importancia para nadie.

En definitiva, 250.000 personas por la calle cuando el ayuntamiento esperaba 400.000, el hastío de la gente de las restricciones de tránsito, y la idea general de que su visita molesta más que otra cosa (una gran cantidad de los "fans" papales que se han visto hoy pululando por Barcelona ayer estaban en Santiago de Compostela, no nos engañemos), hablan a las claras de que la gente está por otras cosas más importantes: La crisis no se arregla rezando, y los trabajos no vienen poniendo una vela a Santa Rita.

El Papa ha venido y se ha ido. Tal día hizo un año.

¡Ah! ¿Pero ha venido?