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miércoles, diciembre 08, 2010

El sexto sentido de los caníbales con cara de perro.

Uno de los acontecimientos más luctuosos de los últimos años fue el terremoto que se produjo en el océano Índico el 26 de diciembre de 2004. Este terremoto, y el posterior tsunami que afectó buena parte de la cuenca del Índico produjeron una auténtica matanza. Las cifras, como siempre en estos casos, son contradictorias, pero las víctimas humanas se estimaron entre 230.000 y 300.000 personas en los 14 países ribereños. Sin embargo, resulta curioso que en una de las zonas más pobladas del mundo, en medio del meollo de uno de los terremotos más devastadores, un pequeño grupo humano no sufrió ni una sola baja.

Las islas de Andamán son un archipiélago que se encuentra en el Golfo de Bengala, en el océano Índico a 193 kms de Birmania y 547 de la isla indonesia de Sumatra, el cual pertenece administrativamente a la India. En este territorio, plagado de pequeñas islas de origen volcánico viven una serie de pequeñas tribus que han sido transportadas directamente desde el paleolítico hasta la actualidad, hasta el punto que se considera que no han sufrido mezclas genéticas desde hace 50000 o 70000 años.

Estas tribus cazadoras-recolectoras (no conocen el trabajo de los metales) de origen incierto, tienen rasgos típicamente negroides, y si bien muchas de ellas están muy influenciadas por los extranjeros que desde antiguo han ocupado los mejores terrenos (fue colonia británica hasta la independencia de la India en el 1947), han logrado subsistir mal que bien gracias a su aislamiento y a su ancestral animadversión contra los forasteros.

Tal es el grado de inquina contra los visitantes que tienen estas tribus, que el propio Marco Polo los describió como caníbales con cara de perro. A partir de aquí, todo tipo de acercamiento más o menos amistoso ha sido infructuoso, por lo que han sido continuamente diezmados para poder ocupar sus tierras, y han sido arrinconados en ciertas islas que se han convertido, de facto, en territorios autónomos, ya que no hay ni Dios que se atreva a acercarse. No hace mucho (2006), en la isla que ocupan los Centineleses, un par de pescadores furtivos osaron pescar en sus aguas, apareciendo al poco tiempo muertos. Lo mejor es que cuando un helicóptero fue a recoger los cuerpos, no pudo aterrizar debido a la lluvia de flechas que recibió. Aún a estas alturas, no hay constancia de que se hayan recuperado los cuerpos. ¡A ver quien es el guapo!.

Es gracias a este grado de primitivismo, que estas tribus -que en el mejor de los casos no superan los 250 individuos- poseen un gran conocimiento del medio natural que les envuelve. Conocimiento natural que han conservado intacto desde la época paleolítica mientras que el resto de la humanidad lo ha perdido progresivamente en el camino de la civilización.

Cuando en diciembre de 2004 se produjo el gran tsunami, un sexto sentido -y las indicaciones del jefe tribal, claro- hicieron que, momentos antes de la llegada de la gran ola, los 42 componentes de la tribu de los Gran Andamaneses se subieran todos a las palmeras más altas. Este hecho propició que se se salvaran todos y cada uno de los habitantes de esa comunidad mientras que, no muchos kilómetros más allá, los muertos se contabilizaban por miles. Estudios a vista de pájaro de los Centineleses han determinado que no se vieron tampoco demasiado afectados, aunque su negativa al contacto exterior, y las leyes de aislamiento promovidas por el gobierno indio, tampoco ha permitido investigar a fondo los posibles daños.

¿Qué fue lo que les hizo tomar semejante decisión? ¿Qué sintieron que los demás no vieron? ¿Fueron los pájaros, los animales, la tierra...? ¿O fue el agua? ¿O el aire? Sea como sea, la sabiduría que estos primitivos grupúsculos humanos han conservado y que nosotros no llegamos a comprender, les ha servido para subsistir allí donde todos los demás conocimientos han perecido. Bien haríamos el resto de la humanidad de aprender a mirar un poco atrás, bajar nuestros niveles de soberbia para con el planeta y sus habitantes, y reconocer que mucho es lo que sabemos, pero que infinitamente más es lo que ignoramos.

Situación de las Islas Andamán

2 comentarios:

dezaragoza dijo...

Se han estudiado otras tribus con rasgos parecidos respecto a su "sexto sentido". Como muchos animales, advierten cuando viene tormenta y buscan refugio antes de que ocurra o huyen de terremotos o cosas por el estilo. Se ha descubierto que la diferenciación entre mesotálamo y el córtex no es la nuestra ni mucho menos, sino que tienen una conexión entre ambas capas cerebrales por cierto bastante determinada. De esa manera son conscientes de las señales subconscientes del mesotálamo, hipotálamo y resto del cerebro primitivo mientras que nosotros hemos perdido esa conexión y hemos perdido la percepción de las señales que esas partes del cerebro nos envían.

No es tampoco imposible volver a recuperar esa conexión para nosotros, si bien tenemos que usar caminos indirectos ya que neurológicamente carecemos de ese puente que ellos han conservado a través de los milenios.

Jaume dijo...

Interesante artículo, muy curioso la capacidad de supervivencia.