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martes, diciembre 28, 2010

Inocencia en peligro.

Hoy, día 28 de diciembre, se celebra la festividad de los Santos Inocentes, en la que la comunidad cristiana conmemora el pasaje bíblico del asesinato por parte de Herodes de todos los niños que tuvieran menos de 2 años con la intención de eliminar a Jesucristo, ya que le podía quitar el poder, y ya se sabe que para un político la poltrona está muy cotizada. Sea como sea, por estas tierras este día se caracterizaba por el hecho de que la gente se hacía bromas los unos a los otros, los niños colgaban monigotes en la espalda de la gente y los medios de comunicación publicaban noticias más falsas que un duro sevillano y que los incautos lectores creían a pies juntillas, para sorna de todos los que sabían que no eran verdad. Sin embargo, ahora todo esto está desapareciendo.

Yo me acuerdo de ver, ya hace bastantes años, al hombre del tiempo de TV3 -por aquel entonces Alfred Rodriguez Picó- soltar un entre resignado y divertido "¡vaaa, hombreeee!", porque en una de las pantallas los soles salieron corriendo y en otra, las nubes cayeron al suelo. Esta broma totalmente inocente y que hacía al personaje aún más cercano si cabe, ya no se ha vuelto a ver.

Antaño, todos los diarios publicaban su noticia de mentirijillas, y la gracia estaba, en este día, en buscar el fallo y no dejarte enredar por la redacción. Ahora, has de buscar y rebuscar para encontrar una publicación que lo haga. ¿Tanto cuesta? ¿A la gente le molesta? No lo entiendo.

La sociedad, por lo visto, cada vez tiene menos sentido del humor y más sentido del ridículo pero, a pesar de ello, todos los programas de la televisión dedicados al humor y en los que sale gente más ridículamente "friki" tienen unas audiencias bárbaras, lo cual quiere decir que el substrato existe.

Con todo ello, sólo puedo llegar a pensar en que la gente, ahora, se ha convertido en un mero espectador de la vida diaria, en un simple consumidor que trabaja para pagar al banco y para consumir productos. No hay ningún tipo de compromiso con lo que te rodea, y ni mucho menos responsabilidad con lo que hacemos. Nadie quiere que le pongan el muñequito en la espalda, porque creemos que hemos de ser responsables de que no se nos rían de nosotros, y nadie hay quien quiera la responsabilidad de poner un sencillo muñeco de papel para evitar que alguien se enfade con nosotros. Sentados en nuestro sillón, queremos que nos lo den todo hecho, hasta las tradiciones más irreverentes. Algo no funciona.

En esta cultura en que estamos instalados, en que nadie es responsable de nada, no queremos ser capaces de ponernos nosotros mismos los límites. Una cosa es hacer una gamberrada, y otra tomar el pelo venialmente un día en concreto, pero parece que no sepamos diferenciar lo uno y lo otro, y para evitar el ridículo prefiramos obviar la tradición convirtiéndonos en meros espectadores de un espectáculo de varietés en que alguien le toma el pelo a otro.

Los medios, por su parte, obvian la noticia falsa de este día posiblemente porque la realidad supera con creces cualquier ficción y la imaginación que pide la popularidad del medio, no es barata ni fácil de obtener. Hoy, por ejemplo, un diario digital ha puesto que Belén Esteban promocionaría la comarca del Maresme como inocentada a sus lectores, cuando el personaje posiblemente no tendría ningún inconveniente en hacerlo y la noticia sería perfectamente válida. Y es que de noticias verdaderamente falsas, vienen los teletipos llenos cada día.

En definitiva, que una tradición simpática se perderá irremisiblemente, simplemente porque la tradición pide que sepamos, durante un sólo día, ser traviesillos sin malicia, responsables de nuestros actos y suficientemente humildes para perdonar sin rencores las travesuras que de los demás recibamos. Por lo visto, ni sabemos, ni queremos seguir estas sencillas reglas. No nos interesan.

Esperemos que con los tiempos duros que nos van a tocar pasar de ahora en adelante, al menos no perdamos el sentido del humor. Si durante la posguerra no se perdió, ahora no tendríamos porqué perderla, porque ya se sabe... una sonrisa es una luz que ilumina la noche de nuestras preocupaciones.

¡A reír todo el mundo!

2 comentarios:

Sergio Martínez dijo...

Gran verdad! Los inocentes somos los ciudadanos de a pie manipulados por este sistema corrupto. Quizas estamos insensibilizados despues de tantas atrocidades que vemos y sufrimos cada dia. Pero tienes toda la razón, no hay mejor medicina que reírse un poco.

Yolanda dijo...

Pues es verdad, cómo echo de menos las inocentadas de los medios de comunicación, pero sobretodo porque seguramente eran reflejo de otro estilo de vida basado en otros valores, aquí aplica aquello de cualquier tiempo pasado fue mejor