Publicidad

domingo, febrero 13, 2011

La perdida duda de una calle.

En las grandes ciudades los cambios se producen a una velocidad vertiginosa. Nuevas calles se abren, los edificios caen y se vuelven a levantar, las aceras se ensanchan, se actualiza la trama urbana continuamente, de tal forma que en pocos años las ciudades cambian de forma radical y tan solo la memoria retiene una fotografía de aquel momento que ya no existe. Barcelona, no es ajena a esta dinámica, y algunas calles que hasta hace muy poco estaban vivas, ahora han desaparecido dejando tan solo exiguos rastros de otros tiempos. Tal es el caso de la calle del Dubte.

El Carrer del Dubte (Calle de la Duda, hasta el año 1900) estaba situada en el barrio del Raval de Barcelona, inmediatamente detrás de la Ronda Sant Antoni, entre las calles Riera Alta y Príncipe de Viana, muy cerca del Mercado de Sant Antoni. Pero... ¿qué tenia de especial esta calle? La respuesta es contundente, amén de sencilla: nada. Nada, literalmente.

Efectivamente, la antigua calle de la Duda era un callejón de unos 20 metros de largo por unos 2'5 metros de anchura, en la que no había ninguna puerta, ni portón, ni similar, ya que hacía de separación entre un edificio del siglo XIX que tenía fachada a las calles Riera Alta, Príncipe de Viana, Cendra y la citada del Dubte y la isla de casas ubicada entre este punto y la calle Requesens. Solamente había en ella una fuente de dos caños empotrada en una de las paredes. Resulta hasta cierto punto normal que se le pusiera el nombre de "Calle de la Duda" dadas las dificultades para determinar si era o no una calle. Sin embargo, no parece que fuera ese el origen de su nombre.

Según Joan Amades y recoge el nomenclátor oficial de Barcelona, el origen del nombre provendría de las disputas de tres labriegos de la zona por saber de donde venía el chorro de agua que salía de la fuente que había en ese lugar, ya que según cada uno de ellos era igual a la vena de agua que pasaba por sus campos y que sacaban con su noria. Al no poder aclarar el "misterio", llamaron a la fuente como "de la duda", dando nombre tiempo más tarde a la calle donde se ubicaba dicha fuente y que aguantó durante siglos hasta el 1995.
El estado decrépito de los edificios de la zona, algunos de los cuales eran anteriores a la demolición de la muralla de Barcelona -que dio origen a la Ronda de Sant Antoni-, condujo al derribo de varios inmuebles y, entre ellos, el edificio que generaba la calle del Dubte. Este edificio, de una superficie muy pequeña, ya no fue reedificado, dejando en su lugar un solar que fue urbanizado de nuevo dando forma a la actual Plaça del Dubte y permitiendo que la fachada que aún quedaba en pie, y que era una de las aceras de la antigua calle de la Duda, se abriera a la nueva plaza y aprovechara sus bajos para el comercio. 

Lamentablemente, ahora, ya no hay nada que recuerde la existencia de lo que fue durante muchos años la calle más corta de la Ciudad Condal. Pero no, todo no ha desaparecido, ya que con un poco de perspicacia aún podemos ver una placa callejera de finales del siglo XIX, que nos informa que en ese lugar existió una calle que nunca se supo si lo era o no lo era y que ahora ya tan solo existe en nuestra memoria. 

Otros tiempos, otras realidades.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El nostre barri no pertanyia al Rabal(aquest començaba darrera del gran portal de forja del carrer de l'Hospital), però fins i tot gaudia de dues cases de cites, cases de barrets o Meublés com se'ls anomenava llavors. L’un, el més carrincló, estava situat en una illeta, entre, el carrer del Príncep de Viana i el carrer de la Cendra, a l'alçada de la Riera Alta, i atenia pel simptomàtic nom de “El Ràpid”. S'entrava pel carrer del Príncep de Viana i s’en sortia per darrera, pel carrer del Dubte, el carrer més curt de Barcelona, per una escala amb portes envidades de vaivé, sempre il·luminada per dins de vermell, just a la dreta d'una tosca font pública encastada en la paret de l'edifici, on els seus dos sortidors de pinya amb comandament de palanca abocaven les seves aigües sobre una allargada pica. Anys més tard, quan l'edifici es va enderrocar, l'espai que ocupava es va convertir en una petita placeta, La Plaça del Dubte, i del Meublé i la font pública mai més s’en va saber res més.
L'altre Meublé, més modern, luxós i discret, estava situat al carrer de Sant Erasme cantonada a Nova de Dolç, que llavors es deia Nueva de Dulce, portava el pompos nom de “El niu d'or” i les seves façanes ocupaven una respectable quantitat de metres d'ambdos carrers. Pel que llavors vaig saber, només es podia arribar i sortir d'ell amb cotxe. S'entrava per la cantonada que donava a la plaça del Pes de la Palla, per un fosc túnel a mig camí del qual s'obria la porta d'accés a l'interior de l'establiment. Dos paravents de cortina que s'estenien fins a la portella de l'automòbil, atenien al discret pas dels clients. El túnel finalitzava a mig carrer Nova de Dolç. Molts anys més tard el complex es va convertir en l'Hotel Ronda.
Tots dos edificis lluïen, penjades en el seu terrat i durant tot el dia, un bon velam de tovalloles, apòsits i llençols blancs recent rentades, tremolant al vent.