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martes, octubre 30, 2012

Capelines o la pesca más fácil

Por estos lares la afición por la pesca se relaciona con una actividad relajada y sosegada. Simplemente acercándonos a cualquier playa veremos que la actitud de cualquiera de los pescadores de caña que hay dispersos por el litoral está más cerca de la de un monje benedictino en proceso de oración que de una actividad excitante. Y no es para menos, porque ante la sobreexplotación de los recursos pesqueros del Mediterráneo, es estadísticamente más probable que te toque una lotería que sacar un pez con el anzuelo. Esto es así aquí, pero no seria lo mismo si estuviera en las playas del Quebec, en Canadá, entre mayo y julio.

Efectivamente, durante esa época simplemente con una sacadera o un cazamariposas, un niño puede llenarse un cubo de delicioso pescado y de un tamaño de más de 20 cm. Y es que en ese momento, los peces no los has de ir a buscar, si no que ellos solitos vienen a las playas y nada más hay que cogerlos. No, no es que se vuelvan locos los peces, ni nada parecido, sencillamente los capelines se están apareando y poniendo los huevos en la mismísima arena de la playa. Y lo hacen por millones.

Capelín (Mallotus villosus)
El Capelín o Capelán (Mallotus villosus) es un pez de las frías aguas árticas similar a los arenques que vive en bancos igual que ellos y que migran desde su zonas de puesta en Quebec y Terranova durante el invierno hasta las aguas polares en verano, donde se alimentan de plancton y krill. Es un tipo de pez muy importante a nivel ecológico debido a que es alimento base de focas, ballenas, calamares, orcas y todo tipo de aves marinas.

La profusión de esta especie es tal que se utiliza extensivamente en la pesca comercial, ya sea como alimentación humana, para harinas de pescado o para la industria del aceite de pescado, lo cual los ha llevado a una pesca extensiva desde mediados de los 60 que los ha puesto en serio riesgo de desaparición debido a las exageradas capturas que se realizaron durante los 70 y que han hipotecado las capturas posteriores. Con todo no se ha llegado a los límites de, por ejemplo, el bacalao (ver artículo que le dediqué).

Los capelines, llegada la época, se abalanzan hacia las playas por millones donde depositan sus huevos (de 6000 a 12000 por hembra) en zonas de aguas de menos de 10 cm de profundidad. En ese momento, tanto las hembras como los machos se entregan a un frenesí de golpes contra el suelo para dejar ir el esperma y los huevos de cara a que sean fertilizados, creando una masa gelatinosa que se engancha a los granos de arena o de grava de la playa. Los huevos así fecundados permanecerán, al estar en agua tan somera, a salvo de depredadores hasta que salgan las larvas, las cuales darán lugar a la nueva generación de capelines.

Sin embargo, no todo iba a ser gratuito, y el hecho de tener que frezar en aguas tan poco profundas -o directamente sobre la playa- produce que haya una mortandad terrible de capelines, llegando a morir hasta el 90% de los individuos, sobretodo los machos, los cuales se hieren gravemente al golpearse continuamente con la grava y la arena. Éstos acaban por morir dejando una gran cantidad de cadáveres en las playas que son aprovechados por los carroñeros en un gran festín de vida y muerte.

El desove de los capelines se convierte cada año en una auténtica fiesta para los niños y los pescadores que quieren unas capturas fáciles, disfrutando de un espectáculo natural que, por suerte, aún no ha sido finiquitado por la mano humana.

Capelines desovando en una playa de Canadá

lunes, octubre 29, 2012

El espectáculo de la nieve en el Sahara

Argelia 2012
A mediados de los 90 hizo fortuna una canción de Anggun que se llamaba "Snow on the Sahara", y aunque pudiera parecer que este título simplemente expresa una representación onírica y poética de una maravillosa utopía, la verdad es que esta circunstancia se ha producido (y de hecho se produce) en la realidad. Una de esas pocas y extraordinarias veces en que se ha podido constatar este fenómeno de la naturaleza fue el 18 de febrero de 1979 en Ghardaïa, Argelia.

Argelia 2012
Asociamos la idea de desierto a un sitio donde nunca llueve y con mucho calor, pero en realidad los desiertos, debido a su alejamiento del mar y su falta de cobertura vegetal, igual que suben mucho de temperatura, también son capaces de bajarla mucho. De esta forma, por el día se pueden alcanzar temperaturas rayanas los 50 grados y, por la noche, llegar a temperaturas cercanas a los cero grados. La falta de cobertura de ningún tipo hace que las piedras o la arena absorban y dejen ir toda la energía que reciben, produciendo un gran contraste.

Béchar (Argelia) 2012
En el caso del Sahara, hemos de contar que es el desierto más grande del mundo con más de 9 millones de kilómetros cuadrados (9.400.000 para ser exactos, ver El insólito fertilizante del Amazonas llamado polvo del Sahara), ocupando una parte muy importante del continente africano por encima del ecuador, limitando al norte con el Mediterráneo, al este con el Océano Atlántico y al oeste con el Mar Rojo, con lo cual hay zonas de una extrema continentalidad y sequedad (ver La increíble supervivencia de los cocodrilos del desierto).

Sin embargo, cuando decimos que "nieva en el Sahara", tenemos tendencia a pensar que lo ha hecho en el centro del desierto a miles de kilómetros del mar más cercano cuando, en realidad, lo ha hecho relativamente cerca de la masa húmeda más cercana, es decir, el Mediterráneo. Y es que hasta el rabo todo es toro... que diría algún castizo.

Béchar (Argelia) 1948
Sea como sea, el Sahara está ubicado en pleno hemisferio norte, y como tal, hay zonas que están más al norte que otras, que no por ello son menos áridas, tal es el caso de zonas tierra adentro de los países del Magreb. En este caso, la proximidad relativa al Mediterráneo hace que, en algunas excepcionales circunstancias, las bajas presiones que circulan por Europa puedan enviar oleadas de aire frío continental europeo hacia el Magreb, llegando a afectar el norte del desierto del Sahara.

Estas oleadas de aire frío, sumadas a la inyección de aire húmedo procedente del Mediterráneo pueden provocar las condiciones que hagan nevar en pleno desierto, en una zona en que ya de por sí difícilmente veríamos llover, y es lo que pasó en Ghardaïa, a 500 km en línea recta de la costa mediterránea más cercana.

Mapa isobárico del 16/2/79
En aquellos días de febrero del 79, un potente anticiclón ubicado en la vertical de la península escandinava obligaba a que las borrascas circulasen de oeste a este por encima de Europa Central y el Mediterráneo, provocando que éstas insuflaran aire frío desde la estepa rusa en una típica "siberianada". Esta oleada de aire frío provocó muchos problemas por nieve y frío intensos en toda Europa, incluso llegando a temperaturas de -14ºC en la estación de esquí pirenaica de La Molina y a mínimas, en la misma ciudad de Barcelona, de +1.8ºC el día 17 de febrero.

Mapa isobárico del 17/2/79
Si bien este tipo de entradas de aire frío son habituales durante el invierno en el Mediterráneo Occidental, tuvo una situación excepcional en que durante tres días, una potente borrasca con centro sobre la antigua Yugoslavia, se movió de este a oeste, contrariamente a la circulación general que lo hace de oeste a este. Este movimiento "retrógrado" hizo que el centro de la borrasca se moviese en días sucesivos, desde Yugoslavia, hasta Sicilia y posteriormente remontara el mar Tirreno hasta el Golfo de Génova inyectando una prolongada e inusual cantidad de aire frío continental a esta parte del Mare Nostrum.

Mapa isobárico del 18/2/79
En el norte de África, la costa mediterránea se vio afectada por la invasión de aire frío, como tantas otras veces, pero el establecimiento de un anticiclón muy potente en el Atlas marroquí, entre la frontera de Marruecos y Argelia, hizo que éste soplara todo el aire frío acumulado durante días entre la península Ibérica y Cerdeña hacia el interior del Magreb Argelino. 

Mapa de Tª a 850 hPa 18/2/79
La lengua de aire frío fue de tal potencia que llevó la isoterma de 0ºC a 1.500 metros (850 hPa) hasta tocar la mismísima línea del Trópico de Cáncer, a más de 1000 kilómetros en el interior del continente africano. Esta situación provocó que llegaran los vientos fríos y cargados de humedad del Mediterráneo hasta el Sahara siendo documentadas nevadas en zonas tan al sur como Ghardaïa (32º 29' N), a 572 m. sobre el nivel del mar.

En definitiva, las nevadas en el norte de África son frecuentes (como lo demuestran la existencia de las estaciones de esquí de Michlifen y Oukaïmeden, en Marruecos) y las incursiones del blanco meteoro en zonas desérticas no son tan raras estadísticamente hablando, tal como se pudo ver en Béchar (Argelia) -ver vídeo en francés y árabe- el 17 de enero de 2012, ciudad argelina cercana a la frontera marroquí, que si bien está más al sur que Ghardaïa con sus 31º37' N, está más alto -747 m- y está más cerca de la costa mediterránea (390 km).

Sea como sea, el ver la nieve sobre la arena del desierto será siempre uno de los espectáculos más bellos que nos pueda deparar nuestra maravillosa naturaleza.

Cada uno hace los muñecos de nieve según sus tradiciones.