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miércoles, julio 24, 2013

Amar Bharti: 40 años con el puño en alto

Si hay algo especialmente respetables son las costumbres religiosas de cada uno. Las hay de todo tipo y colores, desde las peregrinaciones a pie, los ayunos prolongados o los atuendos diversos, todas ellas respetables, siempre y cuando no sean impuestas por un tercero. Sin embargo, hay algunas de estas costumbres que a pesar de ser opciones plenamente personales, no puedes, por menos, evitar de dudar de la cordura de quien las lleva a cabo. Tal es el caso de los shadus o santones hindúes que pueden dejarse las uñas largas, el pelo largo, permanecer de pie o con las piernas cruzadas durante largas temporadas como símbolo de respeto a una deidad. No obstante, la palma de los casos extremos entre los extremos se lo lleva Amar Bharti, un shadu hindú de Nueva Delhi que un día decidió ponerse con el puño en alto y ahí sigue. ¿El problema? Que se puso en 1973.

Resulta hasta cierto punto habitual que los santones como Mahant Amar Bharti Ji, hagan penitencias muy largas como resultado de su dedicación a la vida ascética que llevan. Los shadus, en su intento de separar su alma de su parte terrenal y abstraerse a las necesidades de la vida material, no dudan en ponerse pruebas a nivel físico muy duras como las que he comentado anteriormente. Incluso lo de mantener el puño en alto, ya sea el brazo izquierdo o el derecho, no es una cosa demasiado excepcional... siempre y cuando estés iniciado en estas prácticas, claro.

Detalle del puño
En el caso de Amar Bharti, lo que es verdaderamente excepcional es la duración de la penitencia, ya que se acostumbran a hacer durar un par de años o como máximo un ciclo de 12 años -que es lo que tarda en hacer su ciclo el planeta Júpiter-,  pero en este caso, se ha prolongado mucho más de lo que indica la tradición -por no decir del sentido común. Pero...¿qué fue lo que indujo a este hombre santo a hacer semejante martirio?

Según parece, en 1973, viendo la situación de guerra del mundo -estábamos en plena guerra de Vietnam- decidió dedicar esta mortificación a la Paz. Ni corto ni perezoso, este hombre que en 1970 pasó de tener una vida normal de clase media -casado y con tres hijos- a dedicarse a honrar a la diosa Shiva, levantó el brazo derecho, cerró el puño y así se quedó. Y tan se quedó, que en la actualidad el brazo ha pasado a ser un pedúnculo momificado compuesto de hueso y pellejo atrofiados que ha perdido totalmente su función. 

Según su propio testimonio, pasó cierto tiempo con dolores muy intensos, pero superado ese período, desde entonces no ha vuelto a tener ningún dolor. Ahora, sin embargo, si quisiera hacer servir de nuevo su brazo en alto, tampoco podría hacerlo dado el grado de degeneración del mismo.

Desde un punto de vista occidental, el hecho de que una persona decida por convicciones religiosas mortificarse hasta el punto de inutilizarse uno mismo un brazo teniéndolo 40 años en alto, son difícilmente comprensibles. No obstante, hemos de contar que estamos enfrente de una manifestación de una realidad espiritual que poco o nada tiene que ver con nuestra percepción del mundo por lo que, además de nuestra sorpresa, merece, como mínimo, nuestro respeto.


Amar Bharti, 40 años con el puño en alto... y sigue




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