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lunes, julio 08, 2013

El último soldado de la 2ª Guerra Mundial

Isla de Morotai
Isla de Morotai, en el archipiélago indonesio de las Molucas. Un avión militar del ejército indonesio con base en aquella isla, en un vuelo de reconocimiento divisa, en medio de la selva, una cabaña y un mínimo campo cultivado por un hombre semi-desnudo. Semanas después, un reducido grupo de soldados, rodean la cerca de aquella cabaña cantando viejas canciones militares. Eran las 8.15 h del 18 de diciembre de 1974. Había sido detenido finalmente, 29 años, 3 meses y 16 días después de finalizada la 2ª Guerra Mundial, Teruo Nakamura, el último soldado al servicio del emperador del Japón.
 
Teruo Nakamura
 Cuando el soldado raso Nakamura se encontró rodeado por aquel batallón de soldados extranjeros, cantando algo tan conocido para él como el Kimigayo (el himno del ejército imperial japonés) el pobre hombre quedó petrificado ya que, según explicó posteriormente, temía por su vida. En 30 años en medio de una selva hostil, en ningún momento tuvo noticia de que la Segunda Guerra Mundial había acabado, por lo que a falta de otras noticias, él seguía siendo un soldado en pie de guerra. Lo que pasa es que en esos 30 años, el mundo había cambiado tanto que ya no lo conocía ni la madre que lo parió -parafraseando a Alfonso Guerra.

Nakamura había llegado a la isla de Morotai a principios de 1944, dentro de los movimientos del ejército nipón para asegurar el control de esta isla estratégica para la defensa de las bases japonesas en Filipinas. Sin embargo, entre agosto y septiembre de aquel mismo año, el avance de los aliados llegó a la isla, bombardeando, ocupando y eliminando las bases japonesas. Sin embargo, y debido a la frondosa selva que albergaba, dos batallones japoneses que no habían sido eliminados se escondieron en el bosque, luchando hasta 1945 con refuerzo aéreo de la aviación japonesa para expulsar a los aliados, sin mucho éxito.

Capitulación de Japón en el Missouri
Fue, justamente, el bloqueo de suministros a las tropas japonesas y el acoso militar de las fuerzas aliadas lo que obligó a sus comandantes a dividirse en pequeños grupúsculos con el objetivo de buscarse las algarrobas cada uno como pudieran y luchar en forma de guerrillas. En esto, llegó la capitulación de Japón tras los dos bombazos atómicos (ver La extraordinaria suerte (o no) del hombre que nació tres veces y El árbol del cielo que sobrevivió al infierno) y con ella, la rendición de 660 combatientes del ejército imperial destinados a Morotai. No obstante, debido a la dispersión de las fuerzas japonesas, no todos se enteraron del alto el fuego y como a cabezones y disciplinados no les gana nadie, con la última orden recibida, siguieron.

Diversos grupos fueron detenidos por las fuerzas aliadas durante los años posteriores, y finalmente el grupo de Nakamura fue arrestado en 1956. El único inconveniente es que Nakamura se había escindido de aquel grupo unos meses antes de que los descubrieran ya que -según él- sus compañeros lo habían traicionado y temía por su vida, por lo que decidió separarse y crear su cabaña y su campo para asegurarse la supervivencia. Cuando lo descubrieron en 1974 tenia un fusil y cinco balas -que no había utilizado para no llamar la atención y desvelar su posición al enemigo-, estaba demacrado y con síntomas de haber padecido malaria. Un ecce homo, vamos, pero el verdadero problema vino después.

Voluntarios Takasago
Nakamura (perteneciente al grupo de voluntarios Takasago) en realidad, no era japonés, sino un aborigen Amis de la antigua colonia japonesa de Taiwan. Ello causó muchos recelos en la sociedad japonesa ya que, lejos de despertar la admiración de otros "rezagados" anteriores -a los cuales se les hizo todo tipo de honores-, éste lo que despertaba eran los fantasmas de una terrible época colonial japonesa que el gobierno quería olvidar cuanto antes. Pero claro... con los otros no había habido ningún problema porque eran japoneses y con una repatriación ya tenían suficiente, pero es que Nakamura se sentía plenamente japonés de un lugar que ya no era japonés y que, para más inri, ponía en un brete al gobierno nipón porque tocaba el conflicto entre la China comunista y la isla rebelde de Taiwan (antigua Formosa). Todo un papelón.

Al final, la sangre no llegó al río. El gobierno japonés se lo quitó de encima llevándolo desde Jakarta directamente a Taiwan sin pasar por suelo japonés, escudado en que Nakamura simplemente quería "volver a casa" y dándole una mísera compensación económica de 68.000 yens (unos 857 euros de hoy en día) en concepto de los 30 años de servicio militar y por la repatriación. Esta actuación levantó una polémica muy fuerte en la sociedad civil japonesa que acusó al gobierno de ser más agarrado que un chotis, lo que llevó a diversos colectivos a hacer colectas que recaudaron 3.250.000 yenes para Nakamura. La vergüenza hizo que el gobierno se lo pensara dos veces y aprobara una compensación de 2 millones de yenes más para el antiguo soldado.

Teruo Nakamura murió en 1979 afectado de un cáncer de pulmón, con un nombre chino -Li Kuang Hwei- impuesto por el gobierno de Taiwan para asimilar la minoría étnica Amis pese a no hablar chino (hablaba mejor el japonés que su propia lengua amis), con un nombre amis que no había utilizado nunca (Attun Palalin), honrado por unos, defenestrado por otros, pero con el -dudoso- honor de haber sido el último soldado en rendirse de la Segunda Guerra Mundial.

Teruo Nakamura

Fuentes consultadas

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