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miércoles, agosto 07, 2013

La impresionante ola de marea del río Qiantang

El macareo del Qiantang
Cuenta el dicho que la marea, en el Mont Saint Michel, sube a la velocidad de un caballo al galope, y doy fe que si no lo hace, poco le falta. El espectáculo de ver una ola de medio metro que avanza sobre la arena hasta dejar la conocida abadía bretona envuelta de agua es digno de ver, realmente, pero... ¿se imagina esa misma ola, pero de 9 metros? Sería terrible. Pues esas olas se dan en realidad y son todo un espectáculo que se puede ver en el río Qiantang, en el este de China.

Ocupa todo el ancho del estuario
La Luna, al ejercer su fuerza gravitacional sobre la Tierra, comba la superficie del océano acumulando más agua en la zona que se ve afectada por ella. Por lógica, si en una parte hay más agua, ello significa que hay otra que tiene menos, por lo que si tenemos en cuenta que la Luna gira sobre nosotros, así, sencillamente, podremos entender el mecanismo de funcionamiento de las mareas. Pues bien, cuando la topografía, la forma de la costa y del fondo marino se ponen de acuerdo con las mareas más potentes, lo que sería una pequeña ola de marea como la del Mont Saint Michel, se convierte en un verdadero monstruo destructivo. Unas veces las mareas generan turbulencias como las del Maëlstrom (ver Maelstrom, el torbellino del infierno), y otras generan olas tremebundas, que es lo que pasa en el río Qiantang. Por suerte para sus habitantes son predecibles y ya están preparados para estos auténticos tsunamis mareales.

Estuario del río Qiantang
En este río se juntan una serie de características que lo hacen especialmente proclive a que este fenómeno llamado macareo (o mascaret en catalán y francés) sean de proporciones gigantescas. Por un lado, en la zona se dan una de las mareas más altas del mundo, y por el otro la desembocadura del Qiantang, la cual se produce en un inmenso estuario con una forma de embudo muy marcado.

Surfista sobre el Dragón de Plata
En el momento de la pleamar (marea alta), la cantidad de agua que se acumula por efecto de la Luna, al acercarse a la costa, acaba por romper y crear una ola de poco más de un metro que viaja por encima del agua subyacente. Al llegar a la costa, la ola se encuentra con que la embocadura del estuario del Qiantang tiene unos 100 km de ancho, pero conforme avanza -a una velocidad de entre 20 y 30 km/h-, el estuario se va estrechando progresivamente, y tras 89 km avanzando, se encuentra con una anchura de 20 km. La energía que lleva la ola se ve entonces encorsetada por las paredes del valle, y dada la imposibilidad de expandirse hacia los lados, se ve obligada a tomar altura, llegando a los 9 metros antes mencionados.

Impactando contra la orilla
A partir de este punto, el estuario se estrecha aún más y se topa con un fondo arenoso procedente de la deposición de sedimentos del río, que provoca que la enorme ola rompa sobre sí misma y avance de forma estruendosa y caótica remontando el cauce del Qiantang e impactando violentamente contra las orillas. Este impacto genera grandes olas contra las escolleras y son un espectáculo que de septiembre a octubre se produce dos veces al día y acumula a miles de curiosos en las riberas para contemplarlo.
La energía que lleva es tremenda

Más allá del espectáculo visual -que los chinos llaman "Dragón de Plata", aunque el agua sea claramente terrosa- este macareo es una auténtica bendición para la fauna acuática de la zona, ya que infinidad de organismos que habitan esta zona a medio camino entre el río y el mar se benefician de la energía de esta oleada, al remover los sedimentos del fondo y liberar las partículas alimenticias que en él se encuentran. Ello hace de el "Dragón de Plata", uno de los principales agentes ecológicos del estuario del río Qiantang y uno de los mayores espectáculos que las mareas ofrecen a nuestros siempre curiosos ojos.

La curiosidad por este espectáculo puede ser peligrosa

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