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miércoles, octubre 09, 2013

Rahima y Ali, los últimos afectados de viruela

Afectado de viruela (1912)
Ser el último en alguna cosa, a ojos de esta sociedad no acostumbra a ser una cosa muy positiva, ya que se corre el riesgo de quedar encasillado en el pelotón de los torpes, ser tachado de gafe o, incluso, que se tome como ejemplo de lo que no tiene que ser. Sin embargo, a veces, al hecho de ser el último y tener que padecer las consecuencias de ello, se le contrapone la extrema alegría que despierta en el mundo entero el hecho de que aquella persona sea la última. Y eso mismo fue lo que le pasó a Rahima Banu y a Ali Maow Maalin, los dos últimos casos de viruela documentados del mundo.

La viruela fue una enfermedad vírica de las más letales que han azotado la humanidad desde antiguo, siendo una auténtica plaga allí por donde pasaba. Extremadamente contagiosa y virulenta, esta enfermedad exclusivamente humana se caracterizaba por llenar todo el cuerpo de los afectados de pústulas, llegando a deformar la apariencia física de quien la padecía. Sin embargo lo más peligroso de esta enfermedad eran las altas fiebres, las pústulas (que en caso de salir en los ojos, llegaban a dejar ciego al afectado) y las complicaciones de todo tipo que se producían, que disparaban la mortalidad de los enfermos hasta el 30% (ver Fort Pitt o la guerra biológica contra los indios)

Anuncio español de 1940
Durante el siglo XX, el desarrollo exitoso de las vacunas para reducir su incidencia, hicieron organizar a la OMS (Organización Mundial de la Salud) campañas de vacunación masiva en las zonas más proclives a padecerla, lo que hizo que desapareciera en buena parte del planeta. A principios de los 70, ya solo quedaban zonas donde la viruela era endémica en Bangla Desh y en el Cuerno de África, ya que debido a las guerras y a las hambrunas, Etiopía y Somalia aún las padecían.

Rahima Banu
Conforme avanzaron las campañas, cada vez se daban menos casos, pero había que erradicarla y para que la gente informase de los casos, se llegó a dar recompensas por cada caso detectado. El 16 de octubre de 1975 se daba la alerta en Bangla Desh del caso de Rahima Banu, una pequeña niña de 2 años que se había infectado con la cepa más mortífera del virus de la viruela, la Variola major. Los expertos de la OMS se desplazaron a la isla de Bhola donde vivía y cuidaron a la niña, la cual se recuperó totalmente, siendo la última afectada documentada de esta variedad tan peligrosa.

Ali Maow Maalin
Por su parte, el 22 de octubre de 1977, un cocinero de 23 años que colaboraba en las campañas de vacunación en Somalia, llamado Ali Maow Maalin, daba la alerta por un caso de viruela, pero en este caso de la cepa más benigna -solo mataba al 1% de los infectados- llamada Variola minor. En este caso, lo grande fue que, a pesar de ayudar en las tareas de vacunación, Ali no se había vacunado, ya que le tenía miedo a las inyecciones, ya que para él era peor que un tiro. Sea como sea, fue atendido y se recuperó correctamente, constando también como el último contagiado de la viruela.

Miembros de la OMS celebrando la erradicación
Después de estos dos últimos casos, ya no se encontraron más casos espontáneos de viruela, por lo que, en 1980, los técnicos de la OMS dieron oficialmente la enfermedad por erradicada, quedando dos únicas muestras en la actualidad, una en Rusia y otra en Estados Unidos. El debate sobre si estas muestras se han de destruir o no está abierto en la comunidad científica y choca contra las reticencias de rusos y americanos a destruir sus muestras, conocedores como son de las posibilidades como arma biológica de dichos virus.

Rahima Banu en 2002
Respecto los dos últimos afectados, Ali murió en 2013 ayudando en las tareas de erradicación de la poliomielitis en Somalia, donde éste había sido reintroducida; Rahima, madre de 4 hijos, declaró en 2009 que ha tenido que arrastrar el estigma de la viruela durante toda su vida, y que, incluso, cuando se casó a los 18 años, su familia política la rechazaba por el hecho de haber padecido la enfermedad.

Sea como sea que estas personas tuvieron que padecer la enfermedad y sus consecuencias, no podemos, por menos, que alegrarnos porque hayan sido las últimas. A ellos no les hizo demasiada gracia, porque la linea de corte les quedó demasiado cerca, pero el resto del mundo nos podemos congratular de que así lo fueran. Y es que, ya lo dice el refrán: no hay mal que por bien no venga.



La vacuna contra la viruela salvó millones de vidas


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