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jueves, noviembre 14, 2013

De cómo Nick Alkemade cayó 5500 metros sin paracaídas y sobrevivió para contarlo

Nicholas Alkemade
Hace unos meses saltó a la palestra informativa la muerte del paracaidista y aventurero Álvaro Bultó, al estrellarse contra el suelo después de un fallo en su paracaídas. Este desgraciado final es el que acostumbra a pasar cuando hay algún problema que impide el correcto funcionamiento del paracaídas cuando te lanzas desde miles de metros de altura. Y si esto es así... ¿qué no pasará si, directamente, saltas sin paracaídas? Acabar hecho un montón de mermelada de fresa parece la respuesta evidente, pero no lo tenga tan seguro, ya que hay quien ha vivido para contarlo. Esta es la historia del sargento Alkemade.

Nicholas Stephen Alkemade, Nick para los amigos, era un joven de 21 años que durante la Segunda Guerra Mundial se enroló en la RAF. En principio estuvo destinado a la sección de salvamento marítimo, pero a Alkemade el cuerpo le pedía marcha, y pidió traslado a las fuerzas que combatían en aquel momento contra la Alemania Nazi, donde fue aceptado con el cargo de sargento artillero.
Antigua base Witchford
A principios de marzo de 1944, los aliados realizaban bombardeos aéreos masivos nocturnos sobre los centros neurálgicos alemanes, Berlín incluído. En una de estas incursiones sobre la capital alemana, se encontraba Nick Alkemade, el cual formaba parte de la tripulación de un bombardero Avro Lancaster de los 577 que, despegando de la base aérea de Witchford, fueron destinados a aquella operación. Su puesto, sargento artillero encargado de los cañones de cola, el peor puesto de todos.

Bombardero Avro Lancaster
La noche del 24 de marzo, volando destino Berlín, el viento racheado jugó una mala pasada a los bombarderos aliados desviándolos de su rumbo original, y haciéndolos pasar justo por encima de las defensas aéreas del Rhur, lo cual equivalía a meterse en la boca del lobo, como así fue. A pesar del fuego enemigo, el avión de Alkemade logró llegar a su objetivo y dejar su mortífera carga de 4000 libras (1814 kilos) de bombas. Sin embargo, al iniciar el regreso, se encontraron con la desagradable sorpresa de toparse con un escuadrón de cazas nocturnos Junkers JU-88.

Caza alemán Junkers JU-88
En el fragor de la batalla, el avión de Nick fue alcanzado, rompiendo el plexiglás de la cabina del artillero de cola, causándole diversas heridas. A pesar de ello, continuó disparando hasta derribar a uno de sus oponentes, pero su avión estaba seriamente dañado, por lo que el piloto ordenó abandonar la nave. Alkemade, lo intentó, pero para ello tenía que ir a buscar el paracaídas al interior del aparato, ya que su sitio era tan estrecho que ni tan siquiera cabía en ella.

Artillero de cola
Al abrir la portezuela para entrar en el casco, una bola de fuego y humo le impidió acceder a él. El avión entró en barrena y a Alkemade tan solo le quedaron dos opciones: o morir a l'ast como Juana de Arco o saltar sin paracaídas. Ante la perspectiva de una muerte carbonizado, prefirió la más limpia e instantánea: tirarse. Aprovechando el hueco en el plexiglás, saltó al vacío desde 18000 pies (unos 5500 metros) en busca de una muerte segura.

Según cuentan las crónicas, Nick bajó plácidamente, pero a toda velocidad, en medio de la noche estrellada, acordándose de su novia y de sus seres queridos, cuando, llegado un momento, Alkemade perdió el conocimiento debido al cambio de presión derivado de la caída y la velocidad.

Vista de la cabina de cola
Al rato, despertó, y pensando que estaba muerto, se encontró estirado en el suelo sobre un manto de 2 palmos de nieve y bajo unos pinos. Tras comprobar que lo único que tenía de gravedad era un esguince en su rodilla derecha, acompañado con diversas contusiones y quemaduras, y que no era un ectoplasma, intentó levantarse, pero la rodilla no le acompañaba. Ante la evidencia de que había sobrevivido y necesitaba ayuda, no dudó en hacer sonar su silbato de emergencia para alertar sobre su presencia. Un granjero cercano hizo acto de presencia, dando aviso a la Gestapo, la cual detuvo a Alkemade.

Lancaster cargando las bombas
Interrogado por la policía alemana, Nick explicó su increíble aventura, pero, lógicamente, no fue creído en ningún modo por los alemanes ¿cómo podía haber sobrevivido a una caída a pelo desde casi 6 kilómetros de altura? Sin duda, tenía que ser un espía. No obstante, alguien dio aviso de que se habían encontrado los restos de un Lancaster británico.

Sargento Nick Alkemade
Alkemade convenció a sus captores de ir a ver los restos, dado que cabía la posibilidad de que fuera el suyo, y, por tanto, podría probar su fantástica aventura. La Gestapo no tuvo inconveniente, y tras llegar al lugar del siniestro, comprobaron que, efectivamente, el avión era el Lancaster de Nick y que en él se encontraban aún los restos semicarbonizados del paracaídas que no pudo tomar. Los alemanes fliparon en colores, al ver que los enganches de su traje correspondían con los del arnés del paracaídas y que, por tanto, todo lo que había explicado era cierto. Hasta tal punto el asunto sorprendió, que cuando Alkemade se recuperó y fue enviado a un campo de concentración, la misma Gestapo expidió un certificado conforme Nicholas Alkemade había sobrevivido a semejante caída, siendo considerado un auténtico héroe, tanto por los germanos como por los aliados.

No se sabe a ciencia cierta qué es lo que pudo pasar para que semejante milagro sobreviniera. Se supone que la caída libre se vería frenada por la densa copa de los pinos y que, finalmente, la capa de nieve acabaría por absorber la energía que llevaba, pero todo es simple especulación. Sea cual sea la causa, lo que si es verdad es que Nick Alkemade vivió hasta 1987 para poder contarlo y que aún hoy día, se conserva en el museo militar de Witchford el silbato que utilizó para dar aviso y que en su momento dio al granjero que lo recogió.

Toda una demostración de que nada (¡pero nada!) es imposible en esta vida.


Silbato testimonio de la aventura de Alkemade

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