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viernes, diciembre 20, 2013

Columbretes: la ignota joya volcánica de la Isla de las Serpientes

Illa Grossa
Cuando hablamos de archipiélagos volcánicos en España, la mente se nos va casi obligatoriamente a las islas Canarias, ya que son el paradigma de este tipo de formación geológica. Sin embargo, no son las únicas islas de origen volcánico que existen en este país. Hay otras que también lo son, pero son absolutamente desconocidas para el gran público a pesar de que están en el Mediterráneo y a muy poca distancia de las turísticas playas de Castellón. Estamos hablando del archipiélago de Las Columbretes.

El Carallot
Las Columbretes es un pequeño archipiélago formado por una veintena de islas e islotes reunidos en cuatro grandes grupos (Isla Grossa, Ferrera, Foradada y Carallot) y que se encuentra a unas 30 millas -56 kms- de la costa del cabo de Oropesa, en la provincia de Castellón. En total tienen una superficie emergida de unas 19 hectáreas, de las cuales 14 corresponden a la Columbrete Grande o Illa Grossa, y que es la única habitada en la actualidad.

Origen volcánico
Este archipiélago, conocido desde la antigüedad tanto por íberos, como griegos y romanos, recibe el nombre de Columbretes (o Columbrets en catalán) de los romanos, los cuales la denominaron Colubraria -isla de las serpientes-, debido a la gran cantidad de serpientes que había en ellas, sobretodo en la isla Grossa. El nombre íbero de Moncolober y el griego de Ophiusa, atenderían al mismo origen reptiliano.

La Foradada
El origen de las Columbretes, lo hemos de encontrar en las erupciones volcánicas que hubieron en la zona hace entre 300.000 y un millón de años, que acabaron por provocar la emergencia de diversos conos volcánicos desde el fondo marino, precursores del actual archipiélago. Estos volcanes, al ser de erupción muy discontinua, no formaron grandes islas volcánicas al uso, por lo que los materiales depositados en la superficie fueron rápidamente erosionados por la acción del mar (ver Surtsey, el nacimiento de una isla), quedando reducidos a pequeños promontorios aislados, que son las islas. A pesar de ello, aún hoy día la isla Grossa destaca por su forma en herradura, como testimonio de lo que fue un cráter volcánico que debido a la erosión ha sido invadido por el mar.

El faro de la isla Grossa
Justamente esta forma de la Columbrete Grande es lo que la convierte en un perfecto fondeadero, que fue utilizado desde antiguo por contrabandistas y piratas. No fue hasta 1860 en que se construyó el faro que existe actualmente en la Illa Grossa a 67 metros de altura, que las Columbretes fueron habitadas permanentemente como forma de control del archipiélago. Ello, por desgracia, significó un auténtico desastre natural para las islas, ya que se quemó intencionadamente la densa maquia de lentisco, zarzaparrilla y palmito que ocupaba la isla Grossa con el fin de proveer de leña y para eliminar las incómodas serpientes a sus habitantes. Por si fuera poco, introdujeron cabras, cerdos y conejos para asegurar un cierto aporte alimentario a los fareros,  lo que significó acabar con la poca vegetación que aún sobrevivía en la isla. 

Arco dinamitado
No obstante, esta vigilancia no eliminó del todo el contrabando, ya que encontraban en la isla Foradada un arco natural donde meter los barcos y escapar a los prismáticos de los vigilantes de la Columbrete Grande. ¿Solución? Dinamitamos el arco y muerto el perro, muerta la rabia. El arco fue dinamitado, y si bien no cayó del todo, los cascotes cegaron el acceso marítimo y dañó el rico fondo marino de la isla. 

Plano de las Columbretes
No fue hasta 1975 en que el faro se automatizó, que la isla Grossa dejó de tener habitantes permanentes, pero pasó a ser durante un tiempo campo de tiro de la Marina. En 1982 se prohibieron las maniobras gracias a la presión popular y debido a las peculiaridades biológicas del archipiélago -en el cual se pueden encontrar diversas especies de insectos y lagartijas endémicos, coral rojo y halcones de Eleonor, entre otros-, en 1988 fueron declaradas Parque Natural y Reserva Marina por la Generalitat Valenciana, la cual se encarga desde entonces del control de sus 4.400 ha y de mantener un asentamiento permanente de vigilantes y naturalistas en las instalaciones del antiguo faro de la Illa Grossa

Las Columbretes, gracias a su aislamiento y alejamiento del conocimiento de la gente, son un auténtico santuario marítimo, tanto por su especial formación geológica como por su incomparable riqueza biológica. Maravilla natural isleña, una de las pocas joyas ecológicas que aún mantenemos en el Mediterráneo, y que vale la pena conocer y conservar para la posteridad.


Fondos marítimos de una riqueza excepcional


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