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miércoles, enero 29, 2014

La historia de cuando llovieron codornices en Bilbao

Codorniz  (Coturnix coturnix)
Cuando se produce una tormenta fuerte no es extraño escuchar a alguien diciendo que están cayendo chuzos de punta, como forma de expresar la violencia de los meteoros en ese momento. Este dicho, como es fácilmente comprensible, es una exageración ya que no acostumbra a ocurrir en realidad... aunque con el cambio climático tendremos que estar atentos. Sea como sea, ver caer cosas diferentes al agua, como mínimo nos llena de inquietud... nieve, granizo, piedra, barro, codornices... Efectivamente, codornices. Imagínese como se quedaron en Bilbao el 24 de septiembre de 1906 cuando vieron que del cielo caían gran cantidad de estas pequeñas aves. Que caigan chuzos no hace gracia a nadie; que te pegue una codorniz en la cabeza, tampoco.

Vista de Bilbao
La crónica cuenta que por la noche del 23 al 24 de septiembre se abalanzó sobre la capital vizcaína una lluvia de codornices que sorprendió a propios y extraños. Estas aves cayeron sobre las calles, el río y muchas quedaron enredadas sobre los cables de telégrafo y teléfono, de donde fueron recogidas con cierta profusión por los bilbaínos. Sin embargo, aquella lluvia de codornices no fue la única y tan solo tres días después se produjo una nueva lluvia de estos plumíferos bichos. Es de suponer que a la gente le faltaría tiempo para recogerlas y llenar los pucheros con ellas, habida cuenta que las condiciones de vida de la época no eran exactamente las actuales.
Turbulencias otoñales

Tras leer este relato, más de uno podrá pensar que esta noticia, que salió en los periódicos de la época, fue simplemente un invento de alguna mente periodística calenturienta y ociosa, pero por extraño que parezca, este tipo de "lluvia emplumada" existe. Y no solo existe, sino que tiene su explicación científica y todo.

Codorniz común
Efectivamente, las codornices (Coturnix coturnix), ahí donde las ven pequeñas, pesadas y rechonchetas, es un ave migrador que recorre dos veces al año las distancias que separan sus lugares de anidamiento en Europa Central, sur de Escandinavia, Islas Británicas y Mediterráneo de las de invernada en el norte del continente africano. 

Estas pequeñas aves, parientes de los faisanes de poco más de 15 cms de largo, tienen la costumbre de hacer los viajes de migración en bandadas bastantes numerosas en primavera y en otoño, y aquí el quid de la cuestión.

Atmósfera contra codornices
Durante finales de verano y principios de otoño, la atmósfera en el área mediterránea se comporta de una forma muy violenta y extrema debido a la entrada de las primeras masas de aire frío provenientes del norte y su choque con la poco menos que olla hirviendo del cálido Mediterráneo. Este choque de masas de aire tan dispares, acostumbra a provocar grandes tormentas sobre la península Ibérica que pueden llegar a ser muy violentas, provocando destructivas inundaciones (ver La tempestad que consiguió provocar un terremoto).

Inundaciones mediterráneas
En esta situación de inestabilidad atmosférica, cualquier bicho viviente que se atreva a levantar el vuelo, puede verse inmerso en las tempestuosas turbulencias de aire, viéndose arrastrado por las potentísimas corrientes que se producen en el interior de las nubes. Tornados, mangas marinas o corrientes fuertes de aire, pueden sacudir a las pequeñas aves como las codornices (cuyo peso ronda los 100 gramos) como si fueran auténticas plumas, llevándolas muy lejos de sus rutas y haciéndolas caer pesadamente al suelo una vez que la corriente que las sustentaba ha perdido fuerza. Se dice entonces que "llueven" codornices, para alegría de las ollas de los carpantas de turno.

Se tienen noticias de otras lluvias de codornices en Madrid y Valencia en años anteriores y posteriores, y todas curiosamente coinciden con la época de migración de estas pequeñas gallináceas. Si tiene suerte de presenciar una lluvia de estas aves, aproveche para preparar la olla: unas buenas codornices en escabeche es toda una bendición, y tal como está la cesta de la compra, no se puede desperdiciar este maná de los cielos... para desgracia de las pobres codornices, claro.

Codornices en escabeche

Webgrafía

1 comentario:

Laura Avila dijo...

Todos los días se aprende algo nuevo, yo soy de Bilbao y nunca había oído lo de la lluvia de codornices!!
Un saludo