Publicidad

jueves, marzo 06, 2014

Gracias, Correos, gracias.

El 25 de febrero de 2011, la oficina que Correos tenía en la Plaza del Repartidor de L'Hospitalet cerró sus puertas para desplazarse a unas instalaciones situadas en la calle Mestre Candi. El traslado, según se informó por los medios de comunicación de la ciudad y con un llamativo cartel ubicado en la puerta de la estafeta del Repartidor, estaba motivado por las obras de remodelación que se tenían que llevar a cabo en el edificio histórico las cuales durarían unos cuatro meses. Pues bien, nos encontramos en marzo de 2014 y las instalaciones de Correos en el Repartidor, tres años después, siguen cerradas. Un profundo sentimiento de estafa embarga al vecindario.

Si bien es cierto que las instalaciones del edificio de la Plaza del Repartidor estaban muy mal -afectando al servicio y a los que en él trabajaban- y ello justificaba desde mucho tiempo atrás una remodelación a fondo de la estafeta, lo que no justificaba en ningún modo es el engaño que el vecindario ha sufrido respecto su arreglo y retorno del servicio al barrio. 

Vender a bombo y platillo una reparación en un término relativamente corto de tiempo y el retorno del servicio, cuando realmente no había -como se ha visto posteriormente- ninguna intención de hacerlo, es cuando menos tomar el pelo a los usuarios. Usuarios que si bien pudieran tomar el hecho de tener que desplazarse casi dos kilómetros para llevar sus cartas y paquetes a la nueva ubicación como un sacrificio meramente temporal, resulta que se han encontrado, por una traidora política de hechos consumados, con el sentimiento de que alguien les ha tomado el pelo y los ha tratado poco menos que de tontos.

Las intenciones de Correos de levantar el vuelo de la Plaza del Repartidor ya se remontan al 2002, pero la oposición vecinal que no veía con buenos ojos que desapareciera este servicio de su ubicación histórica -recordar que el edificio está protegido- y que, aún peor, demandaba más estafetas para atender la población hospitalense chocaban de frente con las intenciones de la empresa de reducir el servicio a lo mínimo imprescindible. 

Tras haber pedido explicaciones oficiales al Ayuntamiento, resulta que nos enteramos que Correos ha renunciado a seguir en Repartidor por no estar dispuesto a pagar el montante de la reparación del edificio. Montante que se ha disparado, todo sea el decirlo, fruto de no haber invertido en él más que lo justo y necesario desde su inauguración en 1925 pese a ser instado insistentemente a rehabilitarlo desde la ciudadanía. El Ayuntamiento, efectivamente, es el propietario, pero Correos era el usufructuario desde su construcción y no está exento de culpa.

Ahora, la ciudadanía se encuentra con que se ha dejado sin servicio de Correos en el barrio y la parte de Hospitalet que vive al límite con Cornellà nos tenemos que desplazar casi dos kilómetros a hacer los trámites en nuestra población o, directamente, irnos a la comarca de al lado -aún más lejos- simplemente porque se nos ha mentido vil y descaradamente.

Posiblemente a la administración de Correos -a la cual se tendría que recordar que aún es un servicio público a pesar de estar participada- nuestras quejas le entren por una oreja y le salgan por la otra, habida cuenta que si es capaz de tener tan solo 4 estafetas para una población de 250.000 habitantes (¡cuando en 2008 se les consiguió forzar a abrir la quinta!), es que pocos escrúpulos mercantiles le quedan.

Ahora que Correos no pretende volver (¿Invertir en una nueva estafeta? ¡Sí, hombre!) no queda otra que esperar que el Ayuntamiento apruebe el cambio de usos y un presupuesto de reforma con la máxima urgencia posible, para que el edificio pueda ser utilizado de nuevo y no tengamos que esperar que se hunda para poder actuar en él, como tantas otras veces nos hemos encontrado con nuestro patrimonio.

Gracias, Correos, por los 86 años de servicio. Gracias por habernos mentido. Gracias por habernos tomado el pelo.

Gracias.


Gracias, Correos, gracias.

No hay comentarios: