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lunes, agosto 25, 2014

El sorprendente e insólito Ciclón Catarina

Ciclón Catarina
Los avances tecnológicos y el estudio de las dinámicas que mueven la atmósfera han hecho que cada día que pasa ahondemos más y más en el conocimiento del clima y su evolución a medio y corto plazo. No obstante, y desde un punto de vista de alguien de la calle, sorprende que, a pesar del imparable desarrollo en las investigaciones atmosféricas, los hombres (y mujeres, claro) del tiempo acierten menos que usted a la lotería. La realidad es que -más allá de lo que piensen los hosteleros en vacaciones- las predicciones meteorológicas cada vez son más certeras y ajustadas, pero lo que el ciudadano de a pie no tiene en cuenta es que, la brutal cantidad de parámetros diferentes que interfieren en la atmósfera, hacen que llegar a su pleno conocimiento se convierta en un inalcanzable horizonte que se aleja tanto más nos acerquemos a él. O si no, que se lo pregunten a los científicos cuando, de repente, salió un huracán de donde nunca se había producido ninguno. Es el caso del inesperado Ciclón Catarina.

Medicane en el Mediterráneo
A orillas del Mediterráneo, si algo sabemos es que el tiempo va por un lado y las previsiones van por otro, y que raras veces llueve cuando se anuncian o bien se pone a llover sin haber ningún aviso al respecto. El colmo llega cuando, de vez en cuando se generan auténticas tormentas tropicales llamadas "medicanes" (del inglés "mediterranean hurricane", huracán mediterráneo) fuera de su zona habitual de formación oceánica, cogiendo en bragas a todo el mundo. Esto, es muy raro, pero puede ocurrir en el Mediterráneo debido a su particular geografía de olla de agua caliente prácticamente cerrada, sin embargo, esto mismo, en Atlántico Sur, es prácticamente imposible... o eso se creía.

Corrientes del Atlántico Sur
Los huracanes o tifones se producen en las zonas tropicales de la Tierra debido a la mayor insolación ecuatorial, la cual calienta y evapora el mar que, ayudado por las corrientes atmosféricas, hace que se desarrollen tormentas que acaban transformándose en devastadores huracanes. Esto, que funciona en todas las áreas tropicales del planeta, en la parte del Atlántico al sur del Ecuador no lo hace, debido a la peculiar forma de sus corrientes marinas que hace que las aguas sean más frías. Esto, sumado a que a unos 10 km de altura, la atmósfera tiene corrientes de aire demasiado fuertes, hace que cualquier tormenta no pueda desarrollarse en demasía y, ni mucho menos, se generen huracanes. No obstante, la atmósfera, en 2004 hizo de su capa un sayo y, para sorpresa de la comunidad científica, generó un huracán allí donde en 100 años no se había observado ninguno: al sur de Brasil.

Trayectoria de ida y vuelta
Todo empezó a principios de marzo de 2004 (finales de verano en el hemisferio Sur) como una borrasca normalita originada ante la costa brasileña que, debido al calor del verano, creció y se fue moviendo hacia el interior del Atlántico, en dirección sudeste, donde presumiblemente se desharía. Nada hacía presagiar lo que se vendría después.

De repente, después de estarse alejando de la costa hasta el día 22, el núcleo tormentoso dio media vuelta y, deshaciendo el camino andado, fue creciendo más y más, tomando una fuerza increíble fruto de las aguas progresivamente más calientes que se iba encontrando en su viaje de vuelta a las costas cariocas. Este aporte de energía extraordinaria hizo que, en vez de disiparse, la borrasca se profundizara y se convirtiera en una auténtica tormenta tropical. Y no se quedaría aquí.

El ciclón Catarina, tocando tierra
El día 26, la velocidad de los vientos continuó aumentando, compactando la tormenta y llegando a rachas de 180 km/h, que hicieron que se formara un ojo nítido que se observaba desde el espacio. Los meteorólogos mundiales fliparon en colores, ya que se había superado el umbral que lo convertía en huracán de grado 2 en una zona donde nunca jamás se había producido ninguno y donde, para más inri, no existía ninguna agencia oficial que supervisase el desarrollo de este tipo de fenómenos.

40.000 hogares afectados
El "huracán", por llamarlo de alguna manera, ya que los científicos no se ponían de acuerdo, tocó tierra en la costa brasileña entre el 27 y el 28 de marzo, afectando de pleno la ciudad de Torres (Río Grande del Sur), con lluvias intensísimas, que produjeron amplias inundaciones y vientos sostenidos de más de 150 km/h que mataron a 3 personas, 75 fueron heridas, destruyeron 1500 casas y afectaron a 40.000 hogares más, obligando a abandonarlos a 10.000 personas. Asimismo, destruyó la práctica totalidad de las cosechas de plátanos y el 40% de las de arroz... y aún se quedó corto, dado que las autoridades brasileñas, como en una mala película de catástrofes cualquiera, subestimaron el fenómeno y se negaron a reconocer oficialmente que "aquello" era un auténtico huracán, lo que produjo que mucha gente no tomara las medidas de seguridad oportunas, colaborando al caos posterior.

La tormenta, la cual no tiene ningún nombre oficial, pero llamada extraoficialmente "Ciclón Catarina" por su proximidad al estado brasileño de Santa Catarina, acabó disipándose rápidamente tras entrar en el continente, tal y como hacen los huracanes en otras zonas y latitudes, dejando todo un rastro de destrucción por allí por donde pasó.

Ciertamente no se sabe cual fue el origen de este fenómeno atmosférico, habida cuenta que nunca se había detectado antes, ni tampoco se ha detectado después. Los científicos suponen que la combinación de una temperatura del agua del Atlántico sur (24-25ºC) anormalmente por encima de la habitual, con una anomalía en los vientos en altura, habrían propiciado el crecimiento descontrolado de una borrasca "doméstica" hasta llegar al nivel de un huracán. No falta quien lo atribuye al calentamiento global.

Un huracán subestimado
Sea como sea, el caso del Ciclón Catarina ha dejado claro que lo que ignoramos respecto la atmósfera y su dinámica es muy superior a lo que sabemos de ella y que, en cualquier momento, la naturaleza puede salir por peteneras y dejarnos a la altura del betún (ver El Efecto Ártico). En esta situación, si no recapacitamos y actuamos con humildad, cualquier previsión e intento de control se puede ir al traste debido a que, como el trabajador incompetente, nos creamos que sabemos más de lo que realmente sabemos y suframos en nuestras propias carnes los efectos de nuestra petulante ignorancia.

La Tierra, nos guste o no, siempre manda.




El Ciclón Catarina, único en la historia formado en el Atlántico Sur

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