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viernes, julio 10, 2015

El insólito peligro de extinción de las ladillas y el vello púbico

Las ladillas, una especie en extinción
¿Conoce a alguien que en la última temporada tenga ladillas? ¿Si? Pues si conoce a alguien que tenga este parásito, felicítelo efusivamente, ya que ha tenido la tremenda suerte de tener en su cuerpo una auténtica especie en peligro de extinción. Tal vez le parezca una broma, pero no lo es tanto, y más si pensamos que el 99.90% de los que lean este artículo seguro que no tienen a nadie que, en su entorno social, haya sido infestado últimamente de estos incómodos bichejos; así de mal lo están pasando las ladillas. Sin embargo, esto, que pudiera dar la impresión de ser una victoria más de la medicina, resulta que tiene poco de sanitario y mucho de moda: la depilación brasileña y la serie "Sexo en Nueva York" parece que tendrían la clave de esta pérdida de biodiversidad.

Pediculosis (que tiene ladillas, vaya)
Que el cuerpo humano es un auténtico ecosistema en sí mismo lo sabemos desde el momento en que los microscopios electrónicos nos permitieron ver que bajo cada escama de piel se esconde una flora y una fauna que ríase usted de la de Parque Jurásico. Ácaros, bacterias de mil tipos y formas, hongos... ocupan de forma más o menos discreta nuestro cuerpo, y uno de los ecosistemas más ricos es el del vello púbico, donde podemos encontrar hasta "megafauna", formada por las siempre incómodas ladillas.

Endemismo del ser humano
Las ladillas (Pthirus pubis) también conocidas como piojos púbicos, son unos pequeños animalejos que recuerdan a arañas aplanadas de entre 1 y 3 milímetros, que viven enganchados de los gruesos pelos del pubis tanto masculino como femenino. En ese particular "Mato Grosso" corporal -al cual llegan normalmente por contacto sexual- las ladillas se alimentan de la sangre de sus hospedadores produciendo un intenso picor, llegando hasta tal punto de especialización que su hábitat principal es única y exclusivamente el pubis del ser humano. Bueno... para ser exactos, también son capaces de habitar en las barbas, aunque mejor no me pregunten por como llegan hasta allí. Tampoco quieran saber la cara que pusieron los científicos cuando adivinaron que el pariente más cercano de las ladillas humanas resulta que son las ladillas de los gorilas. Eso sí, no se me escandalicen antes de tiempo, ya que el linaje entre ambas estirpes de ladillas se separó hace 3 millones de años; no se si les habrá tranquilizado, pero el dato sirve para saber de donde venimos... y que, en cuestión de escrúpulos, seguimos con los niveles muy bajos desde entonces.

La moda afecta a las ladillas
Así las cosas, resulta que en nuestro cuerpo, como parásito engorroso (de hecho sólo molestan, ya que no transmiten enfermedades), tenemos un auténtico endemismo que vive únicamente en el hombre y en un medio ambiente en concreto: el vello púbico. Ello significa que cualquier cosa que afecte a ese ecosistema en concreto afectará indefectiblemente a la vida de estas criaturas y, aunque durante millones de años no ha tenido ningún problema en hacer su ciclo vital entre nuestros pelillos, insospechadamente se ha descubierto su némesis en forma de una simple moda estética: la depilación brasileña.

Una serie influyente
Efectivamente, a partir del año 2000 se puso de moda entre las mujeres el dejar el vello púbico reducido a un simple bigotillo -cuando no directamente depilado del todo- apoyado en el éxito de la serie "Sexo en Nueva York", en la cual se hacía apología de la depilación del pubis. Esto y la generalización del uso de tangas y strings cada vez con menos ropa entre el público femenino hacía que, si querías estar a la moda, te tuvieras que depilar las ingles y lo que no eran ingles. Y es que un diminuto tanga sobre una selva púbica virgen, otra cosa no sé, pero espectáculo seguro que daría.

Bosque primario en desaparición
De esta forma, los "felpudillos" empezaron a menguar por todo el mundo, pero no solo los femeninos, sino que empezaron a hacerlo los masculinos por imitación, por lo que las ladillas, no solo fueron expulsadas de su ecosistema natural, sino que, encima, las posibilidades de reproducirse se veían seriamente afectadas. Hemos de contar que las pinzas con las que se agarran a los pelos están adaptadas a la forma y grosor de los vellos humanos, de tal forma que o es en ese tipo de pelos o, simplemente, no pueden sobrevivir. Y la cosa se está poniendo realmente dura (no me malinterprete) para las ladillas.

Los hombres han entrado en la moda
En el Reino Unido, en 1964 había una incidencia de ladillas del 3.2%, cantidad que se había reducido en 2003 a un 0.17%, a pesar de que el resto de enfermedades sexuales se habían disparado en el mismo periodo. Por su parte, en Australia, en 2013, pasaba tres cuartos de lo mismo, con el añadido de que muchas clínicas de salud sexual no habían visto a ninguna mujer con pubis a lo salvaje como mínimo desde el 2008, e incluso los hombres habían aumentado en un 80% las veces que iban totalmente depilados a las consultas. La catástrofe medioambiental para estos pequeños seres es solo comparable a la del retroceso de los hielos para los osos blancos... pero no se preocupe, hay quien se ha puesto en lucha para salvar la ladilla de la extinción.

Save the Crab Louse
La polémica artista sueca Frida Klingberg propuso en una entrevista a raíz de una de sus obras llamada "Save the Crab Louse" (Salvar la Ladilla) que hubiera toda una serie de voluntarios y voluntarias que, por turnos de 15 días, llevaran en sus cuerpos una colonia de ladillas con el fin de asegurarles la existencia, habida cuenta que estos animales, a parte de picar, no transmiten ninguna otra enfermedad al ser humano. Según contaba, el problema lo tenían para encontrar ladillas que compartir, ya que en Suecia cada vez eran más raras. Por algo será que el Museo de Historia Natural de Rotterdam (Holanda) ha adquirido unos cuantos ejemplares para la posteridad.

¿Millones de años perdidos?
En conclusión, que podemos ver todo el asunto de las ladillas como una simple curiosidad -cuando no un chiste- en tanto y en cuanto la erradicación de un parásito no puede ser más que una cosa buena. Sin embargo, la cuestión que queda sobre la mesa es bastante más seria de lo que parece, ya que si ponemos tanto empeño en salvar al lince, al oso panda, al tigre, a las selvas o las sabanas... ¿quienes somos para decidir que éste se salva y éste no? ¿Es nuestra idea de ecologismo una simple fachada con la que salvamos al koala porque nos cae simpático pero al escorpión lo eliminamos porque nos da miedo? ¿Realmente es válido nuestro criterio cuando vemos con ojos raros que se salven las ladillas, pero vemos que hay gente que se tiene que inyectar parásitos porque se muere de asma? (ver Una medicina llamada porquería)

Piense lo que quiera, pero recuerde: el reloj de la cuenta atrás para las ladillas está en marcha.

Igual, después, las echaremos en falta.


La deforestación púbica está afectando a la biodiversidad

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