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jueves, septiembre 24, 2015

Puerto Rico, la decimoctava Comunidad Autónoma española

El Morro, San Juan de Puerto Rico S.XVI
El independentismo catalán, desde 2010, está siendo un serio dolor de cabeza para el gobierno español. Los independentistas, que quieren la separación del territorio catalán de la corona española y establecer una república independiente, por un lado, y los unionistas, que propugnan que Catalunya es más española que las castañuelas, por otro, mantienen un pulso político y mediático de resultados impredecibles. Dentro de este juego de poderes en que el Estado, curiosamente, busca la opinión de todo el mundo menos el de la población afectada, la internacionalización del conflicto se ha convertido en una baza propagandística que tanto el movimiento independentista como el aparato estatal están jugando fuertemente, sumando apoyos de aquí y de allá. Sin embargo, el gobierno y los unionistas se han encontrado, sin esperarlo, con un apoyo a la unidad de España cuando menos incómodo: los portorriqueños que quieren la reunificación con España.

Ubicación de Puerto Rico
Puerto Rico, isla un poco más grande que Asturias que se halla en el Caribe fue, para el que no lo sepa, una de las primeras colonias que España tuvo en el Nuevo Mundo. Conquistada en 1493 durante el segundo viaje de Colón a América, Puerto Rico mantuvo una relación colonial con España que duró más de 400 años, hasta que en 1897 se constituyó como la primera comunidad autónoma del Estado Español. No obstante, este privilegio no pudo ser llevado a cabo debido a que, a consecuencia de la Guerra de Cuba (ver El negado derecho a decidir que independizó a Cuba) y la subsiguiente derrota ante el ejército estadounidense, España se vio obligada a cederla a los Estados Unidos (junto a Cuba y Filipinas) en 1898 tras la firma del Tratado de París, tratado que marcaría el punto final al Imperio Español.

Desembarco yanqui en 1898
A partir de entonces, Estados Unidos intentó "desespañolizar" la isla prohibiendo el castellano, pero al ser los lazos culturales tan fuertes con España -más del 50% de la población era de origen español, de los cuales una gran parte eran canarios- no obtuvo demasiado éxito a pesar de los denodados intentos de imponer el inglés: incluso los profesores, que tenían prohibido dar las clases en español, sólo las daban en inglés cuando tenían los inspectores yanquis delante. En la actualidad, de los 3.700.000 portorriqueños, el 80% son monolingües de español y tan solo el 20% domina el inglés.

Obama, presidente de Puerto Rico
Con todo, el Tío Sam jugó como quiso con los destinos políticos de la isla, hasta el punto de dejar a Puerto Rico en un limbo jurídico en que ni es un estado de Estados Unidos, ni abiertamente una colonia, en que recogen sus impuestos, pero todo deben comprarlo a Estados Unidos y donde, a pesar de tener nacionalidad estadounidense, solo tienen un representante -sin voto- y no pueden escoger el presidente de la unión. Es lo que llaman "Estado Libre Asociado"; eso si, para ir al ejército y para mandarlos a la guerra a que les peguen un tiro, no tienen ningún inconveniente. Curioso cuando menos.

Debido a esta indefinición meramente especulativa de Estados Unidos, la vida política de la isla ha pasado entre los que quieren estar como están (Partido Popular Democrático), los que quieren integrarse de pleno derecho en la Unión (Partido Nuevo Progresista) y los independentistas (Partido Independentista de Puerto Rico), moviéndose el poder continuamente entre los estadistas -aunque EE.UU. pase de ellos completamente- y los que quieren que nada se mueva. Los independentistas, no pasan del 5%.

Mapa de Puerto Rico 1886
Esta inquietud política se ha materializado en que se han celebrado diversos referéndums (no vinculantes para el Congreso estadounidense, claro) en que los puertorriqueños han expresado su nivel de enfado del momento, aunque en el último, efectuado en 2012, entre unos y otros, el 54% del electorado se declaró estar en contra de la situación de limbo actual. Puerto Rico, en buena parte pidió cambios, hacia un lado o hacia otro, pero no quedarse como están; más que nada porque la deuda de más de 73.000 millones de dólares que arrastran es acuciante en una economía cautiva... y aquí es cuando saltó la sorpresa.

Bandera autonómica
En el mismo 2012, y a través de las redes sociales, se propuso una solución que nadie había observado hasta entonces: reunificar Puerto Rico con España. La idea puede parecer una locura... o no tanto.

Según esta iniciativa, la isla -que no fue conquistada por los yanquis, sino cedida por España- era una provincia española, primera comunidad autónoma, con representación en Cortes y voto de pleno derecho, que no renegó en ningún momento de su españolidad. Esto se representa en toda una serie de lazos culturales mantenidos gracias a que una gran parte de la población actual desciende de españoles, los cuales tendrían que tener el derecho a la nacionalidad española al estilo de los que tienen los judíos sefardíes. Descendientes de españoles, que se sienten españoles de Puerto Rico, que reclaman volver a ser españoles tal y como lo fueron durante 405 años; y es que, para ellos, ser la decimoctava Comunidad Autónoma española son todo ventajas.

Reclaman sus raíces
Volver a ser española, con un estatus similar al de las Islas Canarias -con las cuales comparten unos lazos estrechísimos- significaría volver a tener vida propia más allá de los Estados Unidos. Pertenecer de nuevo a un país europeo significaría poder comerciar con quien quiera, moverse con una moneda que es más fuerte que el dólar, convertirse en un puerto clave para el comercio de la península con América, tener una democracia real más allá de una simple representación sin voz y casi ni voto, a parte de los sentimientos de volver a pertenecer culturalmente a una comunidad que no debieron de dejar de pertenecer en ningún momento. Es por ello que movimientos como el APR (Autonomía para Puerto Rico) y el MRE (Movimiento de Reunificación de Puerto Rico y España) han ido ganando miles de apoyos tanto en Puerto Rico como en España, incluso el de partidos nacionalistas españoles como VOX. No obstante, el gobierno del Partido Popular español no ha sido tan pródigo en apoyos.

Se sienten muy españoles
Efectivamente, los contactos que han mantenido con el gobierno español no han tenido más respuesta que la callada, habida cuenta que dar un apoyo abierto supondría poner en peligro las relaciones diplomáticas con Estados Unidos. Y más en un momento en que Rajoy está buscando con ahínco una declaración institucional de la Casa Blanca por la unidad de España que tape la boca al independentismo catalán. Por otro lado, recuperar un territorio con una deuda tan alta, por muy español que se sienta (el MRE y el APR han hecho declaraciones contra la posible independencia de Catalunya y a favor de la unidad de España), hace que los españolismos pesen mucho menos que el pragmatismo político.

En conclusión, que mientras unos desean irse de España ante el inmovilismo del gobierno español a sus aspiraciones, resulta que hay otros que se quejan también del gobierno español porque ni los escucha, ni se pronuncia, porque ellos quieren formar parte de España y ser una comunidad autónoma española. Justamente la comunidad autónoma española que no quiere ser Catalunya.

Definitivamente, el mundo está muy mal repartido.



¡Qué mal está repartido el mundo!

Para saber más

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Debo aclarar que los puertorriqueños no tenemos nacionalidad estadounidense, tenemos ciudadanía estadounidense, diferente a la nacionalidad que emana de la constitución. Los puertorriqueños son ciudadanos por una ley del congreso (Ley Jones 1917) y puede ser revocada por el congreso o por un cambio de estatuto político.

Gillie Willy dijo...

Irónico también que los Catalanistas hayan escogido el triángulo azul para su bandera asemejándola a la de Puerto Rico que desea lo opuesto, la unión.

Fabian Gonzalez Gutierrez dijo...

Pues puerto rico deberia tomar su propias desisiones de lo que max le convenga sabiendo que fue lo ultimo que quedo del inperio español y usa deberia respetar sus decisiones.