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jueves, diciembre 10, 2015

La modorra que acabó con los guanches canarios

Pastor guanche
Durante siglos, la idea de progreso de las potencias mundiales se basó, casi exclusivamente, en la conquista de nuevos territorios de los cuales sacar el máximo de materias primas y, en el mejor de los casos, comerciar con ellos. No obstante, esta conquista se hacía a expensas de los habitantes indígenas de aquellas tierras, los cuales se tenían que doblegar ante el invasor, ya fuera por las malas o por las peores. España no ha sido una excepción a esta regla y, cuando era algo en el panorama político mundial, hizo lo propio durante la conquista de América, arrasando de forma contundente con todos los pueblos aborígenes que se le puso por delante. Pero no solo en el Nuevo Mundo. Un territorio tan español como son hoy día las Islas Canarias estuvieron en su momento pobladas por indígenas que se opusieron a Castilla con uñas y dientes. La conquista duró casi un siglo, y posiblemente hubiera durado más si los aborígenes canarios no se hubieran visto afectados por una extraña enfermedad: La modorra guanche.

Alonso Fdez. de Lugo
En 1495, tres años después del descubrimiento de América, las islas Canarias aún no estaban enteramente bajo el dominio de la corona de Castilla. De todo el archipiélago, el cual empezó a ser conquistado en 1405 con la ocupación de El Hierro, tan sólo quedaba la isla de Tenerife (la mayor de todas) fuera del control castellano. Los guanches, los indígenas de probable origen bereber que habitaban la isla, habían obtenido en 1494 una sonora victoria sobre las tropas de Alonso Fernández de Lugo, al acabar con un 80% de los 2.000 soldados y 200 caballos que los castellanos habían presentado a la batalla. Fernández de Lugo, visto el descalabro y los dientes que le habían saltado al recibir una pedrada guanche, decidió salir pies-para-qué-os-quiero de la isla, buscar refuerzos, y rehacer sus fuerzas para volverlo a intentar. El hecho quedó para la posteridad como "La Matanza de Acentejo" y la cosa pintaba bien para los valerosos guanches, pero la cosa iba a tomar un giro dramático durante el invierno de 1495.

Tenerife en las Islas Canarias
Entre 1495 y 1496, los guanches se vieron afectados por una enfermedad muy rara que afectaba a todos los sectores de la población aborigen. Esta afección cursaba con fiebres altas, moquillo, dolores musculares, respiratorios y derrames internos, para acabar con una fortísima somnolencia (modorra) que acababa con la muerte del afectado en muy pocos días. Tal era la virulencia de esta epidemia que se estima que de los casi 20.000 habitantes indígenas, más de la mitad se vio afectado por la enfermedad, comportando la muerte de más de 4.000 personas.

Valle de la Orotava
Semejante grado de mortandad supuso un varapalo social tremendo para la población autóctona, la cual se vio debilitada en sus efectivos y en la capacidad de oponer resistencia a los invasores castellanos, mucho mejor preparados tanto táctica como técnicamente, los cuales, en diciembre de 1495 le devolvieron la pelota a los guanches. Esta vez, la matanza fue por el bando guanche, al morir unos 1.700 indígenas en lo que se llamó "Victoria de Acentejo", en el actual valle de La Orotava. La diferencia entre "matanza" cuando la padeces y "victoria" cuando la infliges, resulta cuando menos curioso.

Rendición de los menceyes
A partir de aquí, la población guanche ya no levantó cabeza. La epidemia, que para unos parecía que era un castigo divino para los guanches por la oposición, mientras que para otros era fruto del ambiente insano de tantos miles de cuerpos pudriéndose a la intemperie, junto con una epidemia de rabia entre los perros, la hambruna subsiguiente y las razzias de los castellanos contra los pocos grupos que aún batallaban, hizo que la isla prácticamente quedara despoblada de aborigenes. Esta situación provocó que los menceyes (reyes o cabecillas) guanches se rindieran en marzo de 1496, dando por terminada la conquista total de las Canarias.

Menceyatos de Tenerife
Según estudios actuales, la tal "modorra guanche" pudo haber sido un episodio de gripe especialmente virulenta transmitida por las tropas españolas para la cual, los indígenas tinerfeños estaban totalmente desprotegidos tal y como pasaba en otras partes del planeta donde los europeos entraban en contacto con aborígenes (ver Fort Pitt o la guerra biológica contra los indios). Esta gripe, además de su acostumbrada rapidísima dispersión, se habría complicado con neumonía y encefalitis letárgica, lo que producía el amodorramiento hasta llegar a la muerte posterior del individuo contagiado.

Estatuas de menceyes guanches
En definitiva, la "modorra guanche" fue uno de los "regalitos" que hicieron los europeos a los primigenios habitantes de las Islas Canarias y que, a modo de caballo de Troya, hizo las veces de improvisado ejército castellano. Tan solo así, los españoles consiguieron acabar con una cultura, la guanche, que había permanecido aislada durante siglos y sobre la que, a día de hoy, hay más preguntas que respuestas. Preguntas que, perdidas en el baúl de la estulticia humana, difícilmente llegaremos nunca a responder.


Beneharo, uno de los últimos reyes guanches

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