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sábado, febrero 21, 2015

Montjuïc 1641. La chapuza militar española y las escalas que nadie trajo

Castillo de Montjuïc
Si hay algo que detesto profundamente son los ejércitos y cuerpos armados de todo tipo, ya que soy de la opinión que todo este tipo de organizaciones no dejan de ser más que cuerpos que simplemente están al mando del poder establecido. Soy pacifista convencido y las armas, excepto para hacer diana en una feria, creo que no debieran ni de existir y ni mucho menos los ejércitos de cualquier país y adscripción. Si a eso añadimos que en este país, el ejército ha dado más disgustos que motivos de orgullo, y que es más conocido en todo el mundo por sus soberanas cagadas, que por sus mínimos éxitos, comprenderán que no pueda por menos que esbozar una sonrisa cuando escucho a algún exacerbado aquello de "glorioso ejército español".

Montjuïc y Barcelona
Y es que si para algo sirve la memoria histórica es para ser conscientes de lo bueno, de lo malo y de lo curioso de nuestras raíces, y una de estas cosas, por poco conocida, es la batalla de Montjuïc de 1641 en que los españoles, superiores en número, fueron derrotados por las tropas catalanas y francesas. Los historiadores aún no se explican la chapucería demostrada por las fuerzas españolas en aquella batalla.

Conde-duque de Olivares
26 de enero de 1641. La conocida como Guerra dels Segadors, ya hacía 7 meses que funcionaba como respuesta a los excesos de las tropas españolas en las tierras catalanas con la excusa de atacar a los franceses. El Conde-duque de Olivares, con sus tropas, había decidido "allanar" Catalunya para gozo del rey de España, Felipe IV, y se había dirigido de forma sangrienta desde Tortosa  hacia Barcelona avanzando con sus 23.000 infantes, 3.100 caballos y 24 piezas de artillería. La cosa no pintaba bien.

En vistas de la merienda de negros que se avecinaba, las Cortes Catalanas y el Consell de Cent, astutamente aconsejadas por los asesores franceses, habían decidido ceder la soberanía de Catalunya al rey francés Luis XIII el cual había prometido el mantenimiento de todos los fueros, usos y privilegios del principado.

Pau Claris
Catalunya se había convertido de facto en una república al repudiar la soberanía del rey de España, pero sus fuerzas militares no eran suficiente para parar el rodillo del Conde-duque de Olivares, por lo que el ofrecimiento francés de refuerzos por soberanía era en aquellos momentos un mal menor. El hecho de que Portugal, simultáneamente, se hubiera revuelto contra España, dio confianza a los resistentes catalanes para seguir adelante con la separación de España y su adscripción al reino de Francia.

Francia envió sus refuerzos y las tropas españolas llegaron a Barcelona, donde la población se preparó a resistir con la ayuda de tropas de caballería francesas apostadas en el interior de las murallas de la ciudad. A partir de aquí los historiadores no se explican la táctica que utilizaron los españoles, porque no tiene ni pies ni cabeza.

Murallas de Barcelona
Las tropas españolas atacaron con la caballería las murallas de Barcelona con el Duque de San Jorge al frente pero, incomprensiblemente, se apostaron demasiado cerca de las murallas y los resistentes -con Pau Claris a la cabeza- les dieron más que lentejas dan por un euro. La caballería española sufrió muchísimas bajas, entre ellas el mismo Duque de San Jorge, y se tuvo que batir en retirada debido al acoso de la caballería franco-catalana. Pero no se relaje, aún hay más.

¿Escalas? ¿Para qué?
Por su parte, el Marqués de Torrecusa (padre del deceso Duque de San Jorge) se encargaba de tomar la fortaleza de Montjuïc, donde se apostaban unos 500 soldados entre catalanes y veteranos franceses. En un momento dado, Torrecusa envía a sus tropas al asalto del castillo y cuando, después de un penoso avance con muchísimas bajas, los españoles llegan al pie de las murallas, resulta que... ¡se habían olvidado las escalas! En esa situación, las tropas de Olivares se tenían que esperar a que llegaran las escaleras, en desventaja y apostados bajo un auténtico avispero de fuego de los defensores, los cuales aprovecharon para hacerlos batir en retirada mientras llegaban los refuerzos desde la ciudad.

Vista aérea del castillo
Después de esta chapuza militar, las tropas del Conde-duque de Olivares se retiraron a Sants, donde tenían su cuartel general, y de aquí retrocedieron hasta Tarragona. No se sabe porqué se hicieron tan mal las cosas, pero se especula que la prepotencia y el exceso de confianza en su potencia militar les hicieron bajar la guardia a los Torrecusa y atacar auténticamente a lo loco, con el resultado obtenido.

Sea por lo uno o por lo otro, quedó muy patente que unos ineptos vestidos de profesionales pueden hacer arruinar la vida al más potente de las tropas, dejando muy evidente que para mandar no todo el mundo sirve so pena de encontrarte vendido por los mismos que han de gestionar tu vida.

¡Ah! ¿Que como acaba la cosa? Pues mire... la guerra continuó por 11 años. Catalunya vio que Francia no se diferenciaba en nada de los españoles y acabó haciendo las paces -momentáneamente- con España. España, por su parte, hizo las paces con Francia y firmaron el Tratado de los Pirineos. ¿De qué sirvió toda esta movida? Para nada: se volvió a la misma situación de antes de la guerra (para este viaje no hacían falta alforjas, realmente), el país arruinado y Catalunya perdió el Rosellón y la Alta Cerdanya por el "santa rita, rita..." de los franceses.

¿Me comprende ahora porqué soy pacifista?


La Batalla de Montjuic de 1641, por Pandolfo Reschi
Art. Rev. 06/06/13 20.32 94v

lunes, febrero 16, 2015

Cuando los pedos se volvieron arte: Le Pétoman

Joseph Pujol
En esta vida que nos ha tocado vivir, cada uno intenta ganarse el sustento como mejor puede. Carteros, comerciales, tenderos, conductores, modistas, pescadores... cada persona aplica sus cualidades personales para llevar cada día un plato de lentejas a la mesa, aunque tal los tiempos que corren, no son pocos los que, por muchas aptitudes que tengan, no son capaces de encontrar su hueco en el mercado laboral. Es en esta situación que las personas agudizan el ingenio para desmarcarse de los demás y destacar en algo que no lo hace nadie, aunque en algunos casos no llegue a ser demasiado decoroso. Tal fue el caso de Joseph Pujol, un curioso personaje el cual llegó a ser estrella principal del Moulin Rouge durante varios años por imitar voces, instrumentos e interpretar La Marsellesa con una flauta... a base de pedos.

Los catalanes, de por sí, ya tenemos una cierta fama de escatológicos que venimos arrastrando desde la Edad Media (ver El Cagalell, una marisma a pie de Colón) y que parece que llevemos clavado en nuestra impronta genética por generaciones. Y Joseph Pujol no iba a ser una excepción.

Puerto de Marsella
Joseph Pujol (1857-1945) era un francés de Marsella hijo de una pareja de catalanes de Mataró que había emigrado hacia el conocido puerto mediterráneo galo a mediados del siglo XIX, y fue tomando unos baños en el mar durante su adolescencia, cuando vio que tenía un "don" ciertamente particular: Aquel día, al taparse la nariz para bucear, notó que una gran cantidad de agua fría le entraba por el culete, lo que le permitió descubrir que podía abrir y cerrar el esfínter a voluntad. El asunto le causó tanto miedo que, eso sí, fue al médico de inmediato por si acaso.

El arte de un cuesco
La capacidad de Joseph era ciertamente peculiar. Al ser capaz de abrir y cerrar el ano a voluntad, era capaz de tomar aire o agua a su conveniencia y, posteriormente, con la fuerza de los músculos rectales, expulsarlo violentamente. Ello le permitía, entre otras cosas, emitir ventosidades -aunque no eran pedos en sí, sino aire absorbido y por tanto no olían- en todas las notas posibles, apagar velas a unos 50 cms o, en el caso de absorber líquidos por su puerta trasera, lanzarlos a 4 o 5 metros de distancia. Todo un portento que un buen día decidió que sería su forma de ganarse la vida, dejando su trabajo de panadero.

Moulin Rouge de París
En 1887, Joseph Pujol decidió hacer su propio número de "pedomanía" presentándose como "Le Pétomane" (el pedómano) y tanto éxito tuvo tirándose pedos imitando todo tipo de instrumentos que, en 1890, el propietario del Moulin Rouge de París -el catalán de Terrassa, Josep Oller- decidió incluirlo en su espectáculo. Obvia decir que, a base de las carcajadas que despertaba en el público, el pedómano causó sensación.

Cartel anunciador
Le Pétomane alcanzó el estrellato artístico y todas las celebridades del momento se peleaban por ver el show pedorro del marsellés. Sigmund Freud,  Eduardo VII de Inglaterra o el rey de Bélgica, Leopoldo II, estuvieron entre la selecta audiencia que pudieron ver a Joseph Pujol interpretando el "O sole mío" o "La Marsellesa" con un tubo de goma incrustado en el culo y conectado a una flauta, entre otras "exquisiteces" artísticas.

En 1894 el dueño del Moulin Rouge llevó a Joseph Pujol a los tribunales, debido a que, teniendo un contrato de exclusividad con la sala, Le Pétomane había actuado gratuitamente para un amigo suyo que se encontraba en apuros económicos. El juicio salió a favor de Oller, castigando a Pujol con 3.000 francos de indemnización... aunque tampoco fue el acabose: teniendo en cuenta que su caché era de 25.000 francos (el caché en aquel momento de la actriz Sarah Bernhardt era de 6.000 francos), ello no significaba mucho. 

Un éxito absoluto
No obstante, aquel pleito significó desligarse del Moulin Rouge y ponerse por su cuenta con el Teatro Pompadour con el cual empezó una gira por toda Francia e incluso yendo de gira por España y por el norte de África. Todo ello con gran éxito de público aunque, claro, no todo el mundo se tomara demasiado bien el hecho de ver su sacrosanto himno nacional interpretado a ritmo de cuesco.

Joseph Pujol siguió con su espectáculo hasta 1914, cuando la 1ª Guerra Mundial le afectó especialmente a un par de hijos suyos. El varapalo bélico junto a un cambio de gustos del público y una cierta decadencia física (tanto tirarse pedos al final pasa factura) hicieron que el pedómano se retirara de los escenarios, volviera a su Marsella natal a volver a ejercer de panadero y desapareciera totalmente del imaginario popular hasta el momento de su muerte en 1945.  Momento en el cual, la universidad de La Sorbona pretendió comprarle el cuerpo a la familia, aunque sin éxito.

Resulta cuando menos curioso el inusitado éxito que un "friki", que se dedicaba a tirarse ventosidades de forma armónica y disparatada, tuvo en la Europa de finales del siglo XIX y principios del XX. La risa pueril y la distracción transgresora eran síntomas de un cambio social muy profundo que se truncó, igual que el arte de Le Pétomane, tan pronto empezaron a caer las primeras bombas de la Gran Guerra. Un arte extravagante y escatológico que, guste o no, tuvo un éxito sin precedentes.

Joseph Pujol, apagando velas a golpe de pedo

Webgrafía

domingo, febrero 15, 2015

El arma de los indígenas bolivianos contra los españoles: la altitud

Indígenas bolivianos
Llama mucho la atención Bolivia por la gran cantidad de indígenas que tiene a pesar de la conquista española. Cualquier reportaje de aquellas tierras presenta sus típicas mujeres bajitas y rechonchetas, vestidas con colores abigarrados y su tradicional bombín de paño. No es el único lugar de América donde subsisten, ciertamente, pero acostumbran a ocupar las zonas más pobres y que difícilmente interesan a nadie, por lo que quedan arrinconados, aislados y lejos de la influencia exterior. Sin embargo, Bolivia era la joya del imperio español por sus casi inagotables minas de plata, lo cual atraía a los extranjeros en tropel y, no obstante, no se ha producido la asimilación masiva ni la mezcolanza que se ha dado en otras partes. ¿A qué ha sido debido?

Un país de gran altitud
Bolivia es un país que se reparte entre el llano amazónico y la montaña andina, que es donde se acumula la gran mayoría de la población boliviana al estar aquí ubicadas las grandes instalaciones mineras de todo tipo que explotan las riquezas naturales del país. La zona andina destaca sobretodo por su gran altitud, que provoca que las grandes ciudades bolivianas se encuentren a alturas dignas de récord: La Paz (la capital), 3.650 m; Sucre, 2.800 m.; Cochabamba, 2.570 m. o Potosí, a nada menos que 4.067 metros sobre el nivel del mar.

Al ser una zona minera, los españoles no dudaron en utilizar mano de obra indígena para trabajar en sus minas, lo cual, ya de por sí, produjo un gran acúmulo de población nativa y pudiera ser la clave del asunto, pero no es este el caso, máxime porque la vida de los mineros era durísima (caían como moscas) y se importaba mano de obra africana para reforzarla, por lo que tendría que haber habido cierta mezcla. Sin embargo si tomamos el caso de la ciudad de Potosí, tal vez se nos desvele el misterio.

Cerro Rico y Potosí
Potosí fundada en 1545 a los pies del Cerro Rico -la mina de plata más grande que había en el mundo-, creció de una forma tan acelerada, que en 1570 ya disponía de 50.000 habitantes, y 160.000 en 1625, siendo mayor que Sevilla, París o Londres. No obstante, el primer hijo de españoles no nació hasta 1582, a lo que los Padres Agustinos de la zona dieron a llamar el Milagro de San Nicolás. Que una ciudad de casi 100.000 personas, llena de familias españolas hasta la bandera, tarde 37 años en concebir su primer hijo no indígena, resulta cuando menos curioso.

Los forasteros eran estériles
Efectivamente, doña Leonor de Guzmán dio a luz a su hijo Nicolás el día de Navidad de 1582 después de seis embarazos frustrados. Y no es que los demás no intentaran reproducirse -que a eso, los españoles siempre le han puesto mucha "afición" y poco racismo-, sino que a todos los extranjeros les afectaba una extraña esterilidad que les impedía reproducirse con normalidad. Tiempo a venir la ciencia descubrió que era debido a los efectos de la altitud: los indígenas estaban totalmente adaptados genéticamente y lograban reproducirse con normalidad, no así los europeos y otros habitantes provenientes de otras zonas más bajas que, debido a la falta de oxígeno permanente de la zona, sufrían daños irreversibles de los sensibles tejidos germinales.

Así, de esta forma, la población predominante en las zonas más altas es la autóctona, ya que ha sido la única que puede mantener su fertilidad al 100%, mientras que, aún hoy día, el grado de infertilidad en la población no autóctona es altísima. De esta manera es fácil de entender que, junto al mal de altura, ésta esterilidad forzosa fuera la principal razón de que, con el tiempo, los españoles prefirieran vivir en Sucre, y que los barrios ricos de las ciudades andinas no se encuentren en las partes más altas, sino en las más bajas.

Y es que, en el fondo, con la Naturaleza, o te adaptas a ella o acaba contigo. No hay más.

El arma boliviana contra los forasteros: la altitud.
Art. Rev. 20/12/10 00.15 100v

viernes, febrero 13, 2015

Pedro Serrano o los ocho años de náufrago del Robinson español

Arenal Serrana
Seguro que más de una vez habrá respondido a la pregunta "¿qué te llevarías a una isla desierta?" y seguro que la respuesta será de lo más variopinta según los gustos, vicios o inteligencia del que tenga que responder. Aunque, claro, una cosa es teorizar sobre una situación y otra encontrarse en ella. Daniel Defoe, en su novela "Robinson Crusoe" ya elucubró lo que podría ser la vida de un náufrago en una isla desierta, pero... ¿conocía que este relato se basó en las peripecias reales de un marinero español que se pasó 8 años perdido en un islote en el Caribe? Se trataba de Pedro Serrano y, ya les adelanto, Robinson Crusoe estaba de vacaciones en Cancún en comparación con lo que tuvo que pasar el español.

Durante la historia de la humanidad han habido infinidad de naufragios e infinidad de náufragos que las han pasado peor que el que se tragó las trébedes, pero, finalmente, sobrevivieron. Igualmente numerosas son las crónicas al respecto de estas vacaciones costeras improvisadas y, en el caso de Pedro Serrano, la más importante nos ha llegado de la mano del Inca Garcilaso de la Vega. No, no es que Garcilaso fuera inca de golpe y porrazo, como pudiera pensarse, sino que corresponde a un sobrino-nieto del legítimo Garcilaso de la Vega, el cual, medio español (el padre), medio inca (la madre) y como hombre de letras que era, tomó el nombre de su tío-abuelo escritor. Con todo, no es la única referencia, y si bien hay algunas diferencias, todas son consistentes en el relato.

Inca Garcilaso de la Vega
La historia empezaría en 1528 cuando navegando por las aguas del Caribe, procedentes de San Juan de Puerto Rico, un barco mercante español, debido a haber padecido una tempestad en pleno viaje y a la impericia de su piloto, encalló a medianoche en unos bajíos en medio del océano. En esta circunstancia el tal Pedro Serrano (aunque hay relatos que lo llaman Maestre Juan), como buen nadador que era, salva la pólvora y a otros cinco marineros, los cuales quedan en la isla sin más equipamiento que lo puesto. Para más cachondeo, no pueden salvar nada del barco y no tienen nada con que hacer fuego, lo cual les hace la estancia la mar de "agradable".

La isla era simplemente un bajío de arena blanca más o menos extenso que sobresalía un poco por encima del agua, sin vegetación y sin agua dulce, aunque con muchas tortugas y lobos marinos (focas). Este aporte alimenticio les permitió cazar tortugas y focas, comer su carne -cruda, claro- y beber su sangre a modo de agua. Sin embargo, el tiempo pasaba y por allí no pasaba ni el obispo.

Mar Caribe
En agosto (el naufragio tuvo lugar a finales de marzo- principios de abril), la desesperación hizo que tres de los náufragos, con las pieles de las focas, palos  y alguna cáscara de tortuga, se montaran una balsa y salieran a mar abierto a una muerte más que segura. En la isla quedaron Pedro, un malagueño y un mozo... aunque pronto quedaron solo Pedro y el mozo, ya que el malagueño por la locura de estar sin agua ni fuego se empezó a comerse su propio brazo. Al pobre hombre por lo visto no le engordó el otro brazo (desmintiendo lo que dicen muchas madres) sino que. bien al contrario, acabó muriendo como rabioso.

Pedro y el muchacho, tras quedar solos, decidieron recoger agua de lluvia con las cáscaras de tortuga y las pieles, aprovechando las lluvias de octubre, e intentar procurarse una mísera piedra (por no haber, no había ni piedras) con las cuales hacer fuego. Finalmente, buceando en las cercanías del barco hundido encontró una piedra que utilizaron convenientemente y, haciendo una hoguera con algas secas y maderas traídas por la marea -protegida con una cabaña hecha de caparazones de tortugas-, llegaron hasta enero, época en que parían las focas y podían comer tierno. Con esto y los huevos de tortuga que pillaban, pasaron tres años sin ver un alma. Bueno, sí, algún barco vieron en lontananza, pero a ellos no los vieron, a pesar de hacer la fogata para que los vieran.

Un Robinson español
Uno de los días, recibieron la visita de dos náufragos que estaban perdidos en otra isla cercana, los cuales, al ver la humareda a lo lejos, decidieron ir a buscar la compañía de Pedro Serrano y el muchacho, habida cuenta que es más fácil sobrevivir en grupo que en solitario... y más si estabas absolutamente falto de todo, como era el caso.

Pasado un tiempo, decidieron hacer con pieles y palos (al menos pieles no les faltaban) una balsa grande con la cual poder llegar a las costas de Jamaica. Empezaron a hacer una visita a las islas cercanas a la suya, pero viendo que la barca podría hacer aguas en cualquier momento, decidieron volver a la isla. Ello no dejó muy contento a los más jóvenes, los cuales decidieron lanzarse a la aventura con la balsa, dejando en tierra a Pedro y al otro compañero... y hasta la fecha.

Los años pasaron como buenamente pudieron pasando sed y más hambre que un caracol en un espejo, y cuando hacía 8 años del naufragio del barco de Pedro, finalmente, un barco divisó la humareda y envió un bote a reconocer el origen del fuego. 

Los hombres, prácticamente desnudos, y con unas melenas y barbas que les llegaban hasta la cintura, cuando llegaron los marineros, se arrancaron a orar el Credo ante ellos para que -debido a lo supersticiosos que son los marinos (ver El mar situado entre el mito y el miedo)- no pensasen que en vez de náufragos eran diablos y salieran remando a toda castaña en dirección contraria. Una vez comprobado que eran gente cristiana, los subieron y dieron por finalizada la aventura y volvieron hacia Europa.

Felipe II
Pedro Serrano se dirigió hacia Alemania a ver al rey Felipe II para darle razón de su aventura caribeña y, para que quedase constancia, ni se cortó el cabello ni la barba. La guisa del hombre era tal que el rey, impresionado, le dio una renta de 4.000 pesos que decidió gastarse en Panamá, aunque murió en aquel país sin haber disfrutado de su compensación.

La historia de Pedro Serrano (o Maestre Juan) en las islas que se bautizarán posteriormente como Banco Serrana en su honor,  y que se encuentran a 300 km de la costa de Nicaragua aunque son de soberanía colombiana, fue conocida posteriormente por Defoe y le sirvió como base -junto a otros náufragos conocidos- para escribir su famoso Robinson Crusoe. Un Robinson español que fue capaz de vivir 8 años en las condiciones humanamente más duras posibles, demostrando una capacidad de resistencia brutal. 

¿Y aún alguien se extraña que este país no salte con la crisis?

Aquí se aguanta lo que sea, oiga. Lo que sea.


Pedro Serrano, la increíble aventura del Robinson español


Webgrafía

miércoles, febrero 11, 2015

Las Amazonas de Dahomey, el temible ejército de mujeres soldado

Amazona de Dahomey
Frecuentemente, sobre todo desde el punto de vista de los hombres, tendemos a pensar que las mujeres son alguna cosa tierna y delicada para las que la rudeza del ejército y la guerra es algo que no va con ellas. Ello, a parte de ser un prejuicio machista y una falacia transmitido de generación en generación, implicó, por ejemplo, que cuando se admitió a las mujeres en el ejército español se levantara una agria polémica al respecto de la conveniencia de que la féminas pudieran hacer la guerra igual que los hombres. Sin duda, los que pusieron reparos a este ingreso no conocían ni por asomo a un ejército formado exclusivamente por mujeres que fueron capaces de poner en un brete a todo un ejército francés. Me refiero a las temibles Amazonas de Dahomey.

Ubicación de Benín
Durante los últimos siglos -personalmente ignoro porqué- se ha producido una oposición a que tanto el colectivo gay como el de las mujeres participaran de ninguna forma en el ejército, dando por sentado que el "arte" de la guerra era exclusivo de los hombres heterosexuales, aunque ejemplos históricos hay que demuestran lo contrario (ver La temida y épica bravura de un ejército gay). En el caso de las mujeres, un mayor tamaño y capacidad física de los hombres podría tener cierta lógica en un combate cuerpo a cuerpo, pero seguro que no era eso lo que pensaba, en 1890, el ejército francés que estaba en la costa de lo que hoy en día es Benín.
Soldados de Dahomey

A finales del siglo XIX, África se había convertido en un pastel que ansiaban todas las potencias (y no tan potencias) europeas y cada cual luchaba por hacerse con trozo de este continente. La mayoría de las veces, la conquista de grandes territorios no era demasiado problemático habida cuenta la brutal diferencia militar entre las tribus nativas y los colonizadores europeos. No obstante, en el golfo de Guinea había un reino llamado Dahomey cuyos habitantes eran famosos por su bravura y sus pocas consideraciones para con sus vecinos, con una particularidad especial: su ejército estaba formado casi en una tercera parte por un regimiento exclusivamente de mujeres, que se destacaban por su especial fidelidad, bravura... y crueldad.

Amazonas de Dahomey
El insólito grupo armado femenino -llamadas "amazonas" por los occidentales y "mino" por los nativos- estaba formado por hasta 6.000 mujeres perfectamente equipadas y entrenadas para enfrentarse cuerpo a cuerpo contra los peores enemigos, armadas con sus mosquetes y, sobre todo, con sus afiladas espadas de doble filo con las cuales no dudaban en rebanar el gaznate de cualquier enemigo que se le pusiera por delante. Tal era el grado de confianza en este batallón que los reyes de Dahomey las tenían como un cuerpo de élite dedicado a su defensa personal desde principios del siglo XVIII.

Guardiana del rey
El sistema de reclutamiento era bastante particular. Por un lado, lo más normal era que fueran voluntarias, deseosas de dejar su sangre en esas selvas de Dios por el rey del momento; por otro lado, se escogía entre las mujeres menos agraciadas del harén del rey -como no fueras muy guapa y no tuvieras hijos, lo llevabas crudo- y, para acabar, se obligaba a enrolar en este grupo -a modo de correccional- a las mujeres demasiado rebeldes y que daban problemas a sus familias y maridos, los cuales habían llevado su queja al rey. Un elenco de dulces e indefensas féminas, definitivamente.

Comandante mino
El entrenamiento a que estaban sometidas era exactamente igual al de los hombres pero, encima, se les adiestraba especialmente para eliminar cualquier atisbo de piedad y humanidad que fuera un contratiempo en su ataque. Para empezar, en las maniobras que hacían en presencia del rey, se les hacía saltar por encima de barricadas hechas con ramas de acacia -que eran peor que las concertinas actuales por sus espinas de un palmo- pasándolas como si fueran por la rambla. Para seguir, se les hacía tirar con sus manos a los prisioneros desde una plataforma a varios metros de altura para estamparlos contra una peña y, como colofón, a las amazonas que no habían matado a nadie, les obligaban a matar a machetazos a un prisionero y, acto seguido, cortarle la cabeza; afición esta última que tenían muy arraigada cuando entablaban batalla con sus enemigos.

Las mino eran un grupo de élite
En esta situación, cuando el rey de Dahomey, Behanzin, declaró la guerra a los franceses en 1890, el ejército galo, formado por unos 800 hombres -sobre todo fusileros de Senegal y Gabón (llámalos tontos a los europeos)- creyó tener la partida ganada contra 8.000 soldados mal equipados de los de Behanzin.

¿Dulces damiselas?
No obstante, cuando se encontró cara a cara con el ejército de Dahomey, se encontró con que, a parte de los fieros soldados varones, se enfrentaban a algunos grupos de mujeres armadas que no dudaban a enfrentarse cuerpo a cuerpo contra las bayonetas francesas, haciéndolos retroceder constantemente; según cuentan los cronistas, los franceses -acostumbrados a luchar únicamente contra hombres- se paralizaban ante el ataque de las mujeres, ya que no esperaban el ataque de "dulces damiselas".

Finalmente, tras cuatro años de luchas, Dahomey cayó en poder francés. Sus ejércitos, especializados en el cuerpo a cuerpo letal pero mal preparados en la batalla armada (los franceses disparaban desde el hombro, mientras que los Dahomey disparaban desde la cintura) cayeron como moscas ante el fuego galo, siendo las Amazonas las últimas en rendirse.

El rey Behanzin, capturado
Behanzin fue capturado y con él se disolvió el regimiento de mujeres, las cuales, acostumbradas a la vida guerrera, se adaptaron mal a la vida civil, con episodios de depresión, alcoholismo o directamente locura, similar a lo que vivieron muchos años después los veteranos de Vietnam. Aún así, algunas adolescentes mino, aún vivieron lo suficiente para ver cómo su país obtenía la independencia de nuevo en 1960, esta vez bautizado como Benín. Con todo, la última Amazona de Dahomey, llamada Nawi, murió en 1979.

Todo un ejemplo de cómo, cuando se lo proponen, las mujeres nos superan a los hombres en todo.

Incluso en lo malo.
 
Veteranas de las Amanzonas de Dahomey
Webgrafía

martes, febrero 10, 2015

El Tessarakonteres, el barco a remos más grande de la Historia

Trirreme griego
Cuando estamos en cualquier puerto (de mar, me refiero), no podemos dejar de maravillarnos por el ciclópeo tamaño de los grandes cruceros y buques que allí podemos encontrar. Maravillas de la técnica de la actualidad que convierte en auténticos cascarones de nuez a cualquier barquito de madera de la antigüedad... aunque tampoco se lo crea demasiado. Hubo un barco egipcio que, según las crónicas, podría competir perfectamente con cualquier ferry actual de la Trasmediterránea: el Tessarakonteres, el barco de los cuatro mil remeros. 

Ptolomeo IV Filopátor
Quien sea lector habitual de Memento Mori, conocerá la historia de los grandes barcos que Calígula mandó construir en el lago Nemi (ver Calígula y los desaparecidos barcos gigantes del Lago Nemi), unos barcos de tamaño colosal que con sus 73 metros de eslora dejaban a la carabela Santa María reducida a la categoría de colchoneta de playa. Pues bien, durante el siglo III a.C., el faraón egipcio de la dinastía helenística (de cultura griega, vamos) de los Ptolomeos, Ptolomeo IV Filopator, decidió mandar construir una galera de nada más y nada menos que 128 metros de largo y 17,5 m de ancho. Medidas que la han llevado a ser considerada por el Libro Guinnes de los Récords como el barco de tracción humana más grande de la Historia.

Como los actuales, pero más grande
El Tessarakonteres (que en griego significaría algo así como "de 40 remos") se conoce sobre todo por las crónicas que han llegado hasta nosotros de Calixeno de Rodas, Ateneo y Plutarco, en que se hace referencia a un inmenso barco construido por Ptolomeo IV y cuyas medidas llamaron la atención de todo el mundo.

Vista cenital
Sea como sea y aunque no ha quedado ni registro arqueológico ni gráfico del mismo, los especialistas consideran que el Tessarakonteres era, en realidad, un catamarán formado por dos galeras trirremes unidas por una plataforma que, a modo de cubierta de portaaviones, sería capaz de transportar casi 3.000 soldados -de hecho en su botadura, Ateneo dice que fueron 2.850. Todo ello sin contar los 400 marineros que la comandaban con sus cuatro remos timoneles de 45 metros de largo, ni los 4.000 galeotes que, con toda la ilusión del mundo -eran prisioneros-, se dedicaban a dar tracción a semejante mamotreto con sus remos de entre 13 y 18 metros de largo.

Vista frontal. Los números indican los remeros
Las crónicas cuentan que el Tessarakonteres tenía 28 metros de alto desde el nivel del agua a la cubierta en la zona de popa, que estaba profusamente adornado con figuras  y Plutarco comenta, además, que al ser tan grande era muy difícil de maniobrar, por lo que el barco era más de exhibición que de un uso efectivo... y poco más se conoce de él. De hecho, incluso se desconoce porqué se le llama "de 40 remos", por lo que los estudiosos han hecho diversas especulaciones al respecto.

Corte de un "12" y un "16"
La opción que más visos de verosimilitud tiene es que, al estar formado por dos cascos unidos, estos fueran de 20 remeros cada uno. Este numero "20", por su parte, definiría la cantidad de remeros que se necesitan para accionar un par de filas de remos. O dicho de una forma más gráfica: si una barca tiene dos remos y cada uno es movido por un remero, sería un "uno"; si se mueve cada uno por 4, sería un "4" y así sucesivamente hasta 8, que es el máximo eficaz de boga. En el caso del "20" se piensa que, al ser un trirreme, los tres remos de cada lado se consideran uno, por lo que la suma de los galeotes que moverían esos tres remos serían 20. Una curiosa forma de definir el "cubicaje" de las galeras movidas a base de potaje de garbanzos.

Remeros griegos
El Tessarakonteres fue el barco más grande de la antigüedad del que se tiene noticia y del que se ha podido conocer fehacientemente sus medidas, sin embargo, fue una más de las excentricidades del faraón Ptolomeo IV. Éste, reinó entre el 221 a.C. y el 204 a.C. más pendiente de sus orgías (religiosas, eso sí), sus artes -escribió una tragedia- y de eliminar a su competencia (nada más entrar se "pulió" a su madre, a su tío y a su hermano menor) que de la política estatal de Egipto, la cual quedó a manos de sus más incompetentes ministros y casi envía al país de los faraones al garete. Tal vez, por eso, cuando murió, el gobierno ocultó su muerte durante casi un año, cuando ya tenían todo atado y bien atado. 

En definitiva, un barco superlativo -aún comparándolo con los de hoy en día-, pero totalmente infrautilizado, para recordar un mandatario que no vale la pena recordar demasiado.

¿Porqué me recordará tanto al Aeropuerto de Castellón?

El Tessarakonteres, el barco a remos más grande de la Historia


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domingo, febrero 08, 2015

Los cangrejos Heike o el pudor de meter un samurai en la olla

Cangrejo Heike
Si alguna serie de televisión me ha influenciado profundamente esa ha sido "Cosmos", de Carl Sagan, ya que me proporcionó una visión diferente del mundo que me rodeaba. Podría dedicarle un montón de artículos a este divulgador científico de primera categoría especial, pero hoy me he acordado de uno de los capítulos, en que explicaba un curioso fenómeno, el de los cangrejos Heike del Japón.

El parecido es asombroso
Cuenta la historia que hacia el siglo XII el clan de los Genji se enfrentó en batalla naval contra el clan de los Heike. Los Genji ganaron la batalla, y los Heike supervivientes, viéndose derrotados, no dudaron en suicidarse lanzándose al mar. A partir de entonces, se reencarnaron en cangrejos, y estos cangrejos tienen, en su caparazón, la imagen de la cara de un samurái.  Tales cangrejos -los Heikeopsis japonica- existen en realidad, pero...¿cómo es posible que un bicho tenga una cara encima de su concha? Aunque parezca mentira, tiene su explicación.

Imagínese -¡venga!¡haga el esfuerzo!¡que usted puede!- que tiene un corral de pollos y que cada día tiene que matar uno de ellos para comer. Ahora, imagínese que hay algunos pollos que tienen la cara parecida a alguien apreciado por usted, pero no se distinguen a primera vista, sino hasta que los tiene en la mano. Mientras que no coja el que se parece, todo irá bien -mal para el pollo, claro-, pero si coge el que se parece, dudo mucho que tenga el valor para cortarle el cuello y hacerlo en pepitoria, por lo que le perdonará la vida. Más o menos es el caso de los cangrejos antes nombrados.

Pareidolia de sus músculos
Los pescadores japoneses que han pescado secularmente en la zona de la batalla -totalmente real- cuando pescaban los cangrejos para comer, en el momento en que cogían alguno de ellos que se parecía, aunque fuera ligeramente, a una cara humana, lo devolvían al mar, ya que les daba apuro el comérselos. Evidentemente, si no se parecían, no dudaban en meterlo en la olla. Este criterio del pescador hacía que los cangrejos que tenían esta cara humana tuvieran más posibilidades de reproducirse que los que no la tenían, por lo que el ser humano mismo iba sacrificando (comiéndose)  los que no tenían la imagen, y respetando los que sí la tenían. Dicho efecto se ha dado a conocer como selección artificial, ya que el hombre ha ido seleccionando -aún sin darse cuenta- los cangrejos que más se parecían a la cara de un ser humano. Para el cangrejo, el parecerse o no era una mera cuestión de supervivencia.

Una reencarnación de los samurais
En realidad, la cara del samurai de los cangrejos Heike no es más que una pareidolia de los abultamientos que producen las inserciones de los músculos del cangrejo en su caparazón, y tan solo con la selección humana ejercida durante siglos ha sido posible llegar a tal grado de perfección en la imagen. En el caso de dejar de pescarse, si tal forma no fuese determinante para la vida del cangrejo Heike, pasadas unas cuantas generaciones se habría perdido volviendo a su estadio natural.

El ser humano interactúa constantemente con su medio ambiente, a veces conscientemente, a veces inconsciente, pero no podemos aislarnos de nuestro entorno. Un entorno que el gran Carl Sagan nos puso al alcance de la mano.


 El alma de los guerreros samurái  en un cangrejo.
Art. Rev. 4/1/11 23:58 181v

viernes, febrero 06, 2015

Speculum al foder, el olvidado Kamasutra catalán

El Kamasutra catalán
El Kamasutra ha sido, desde hace mucho tiempo, la "biblia" erótica por antonomasia. Cualquiera que tenga la hormona un poco alborotada habrá ojeado, leído o -los más osados o inconscientes- practicado cualquiera de los consejos sexuales que este libro escrito en la India durante los siglos III al VI d.C. y reeditado hasta la nausea, propone a los lectores y lectoras. No obstante, como suele ocurrir demasiadas veces, encumbramos a los altares a lo que viene de fuera y enviamos al ostracismo más absoluto lo que tenemos en casa. Tal es el caso de un libro medieval catalán, el cual ha acabado por ser el primer manual erótico-festivo europeo, y sin tener nada que envidiar al Kamasutra: el Speculum al foder.

Biblioteca Nacional de Madrid
Speculum al foder (que podía traducirse al castellano como Espejo del joder o, más propiamente, Manual del joder), es un pequeño manuscrito de finales del siglo XIV o principios del XV, escrito en catalán por un autor o autores anónimos, en el cual se dan toda una serie de consejos relacionados con la vida sexual, y del cual sólo se conservan dos ejemplares (uno entero, el manuscrito 3356, y otro fraccionario, el 10162 -perteneciente en su momento al Marqués de Santillana) depositados ambos hoy en día en la Biblioteca Nacional de Madrid.

Galeno de Pérgamo
Este tratado, que bebe en las fuentes de otros manuales sexuales anteriores escritos en latín (De coitu o Liber minor de coitu) y de los tradicionales árabes e hindúes -el Kamasutra entre ellos- , se puede entender como un manual divulgativo de prácticas sexuales saludables encaradas al gran público. Un manual que llama mucho la atención por tratar la sexualidad y su psicología, de una forma totalmente desinhibida y sin tapujos, en contraste de la férrea moral cristiana del momento.

Catálogo de posturas
El hecho de que tal obra esté escrita en catalán no es casual. Si a la fama de escatológicos que tenemos los catalanes (ver El Cagalell, una marisma a pie de Colón) y el benigno clima mediterráneo que -quieras que no- siempre ayuda a la libido, sumamos el hecho de estar en una zona de paso entre la cultura árabe de Al-Andalus y la europea, se entiende que Catalunya fuera una puerta de entrada -ayer, igual que hoy- a todo tipo de novedades e influencias. Y el Speculum al foder, no deja de ser más que una de ellas.

Este pequeño libro, si bien está dividido en capítulos, se podría dividir en tres partes generales. En la primera, el autor propugna toda una serie de consejos dedicados a la salud e higiene sexual de los hombres, cuando hacer el amor, en qué condiciones, como espesar el esperma, cómo aumentar la libido..., muy ligado todo ello a la teoría de Galeno sobre los "humores" y su equilibrio (traduzco el original catalán al castellano, aunque recomiendo su lectura en su lengua original).

"Ahora hablaré, al principio de este libro, de los peligros que pueden ocurrir y ocurren, a fin de que lo que no debe practicar se abstenga para evitar todo riesgo, y el que pueda no se prive."

En esta primera parte, también se presentan toda una serie de recetas de la época para mantener el tono físico general y el del miembro viril en particular, algunas de las cuales son, como mínimo, curiosas...

"Otra lavativa muy buena: tomar una libra de aceite de nuevo, añadir una libra de cardos, tres libras de leche fresca, una onza de jengibre y una de alfenidio. Dejar sobre el fuego hasta que hierva. Colar, tomar dos onzas, con media onza de aceite común y una de aceite de bayas de laurel. Hacer la lavativa durante diez noches sin hacer el amor: notará maravillas."

o bien esta otra...

"Para favorecer la erección: cazar gusanos que se encuentran en los huertos, en la tierra. Hacer secar, picar y mezclar con aceite de azufaifo. Untar la verga, frotar bien y quedar así toda una noche. Por la mañana, lavar con agua tibia."
 
Versión castellana (1978)
La eficacia de semejantes recetas, es más que dudosa, pero era lo que se estilaba por aquel entonces y, la verdad, igual no funcionaban mucho, pero tenías que tener una salud de hierro para no pillar una triquinosis del quince a las primeras de cambio.

Con todo, el relato continua con una segunda parte, en la que de una forma inédita para la época, entra en detalle de la psicología de la mujer en relación al sexo, incluso dando consejos para darles el mayor placer por parte del hombre. Como curiosidad, también hace mención al uso de primitivos consoladores por las mujeres especialmente calenturientas...

"Algunas mujeres sienten tan fuerte el deseo que no pueden unirse al hombre. Algunas utilizan un consolador, de cuero suave embutido de algodón, en forma de pene: se lo meten en el sexo hasta que estén satisfechas."

Y para acabar, como el Kamasutra hindú, el Speculum al foder presenta un auténtico catálogo de 24 posiciones a cual más imaginativa y acrobática para conseguir el máximo placer sexual de la pareja, aunque a veces el autor reconoce la dificultad de la posturita de marras...

"Otra forma: la mujer se sienta y el hombre se pone de rodillas entre sus piernas tomándole las ancas. Ella ha de apretarlo fuerte, sino es imposible." 

Todo ello explicado con tal lujo de detalles y de desinhibición que sorprende por su modernidad, demostrando una libertad de expresión inédita en una Europa que tardaría muchos siglos en tratar así el tema de la sexualidad humana.

En definitiva, un libro innovador, original y transgresor, único en Europa, totalmente olvidado y oculto, en que el follar se trata con la tranquilidad y la naturalidad de quien intenta divulgar de manera sencilla y directa un saber milenario que, guste o no guste a según qué almas cándidas, está en la base misma de cualquier sociedad humana.

¡Ah!... y, aunque joda a alguien, en catalán.

Por algo será.

Speculum al foder, el olvidado Kamasutra catalán


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