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viernes, julio 31, 2015

El rancho más grande del mundo: Anna Creek Station

Anna Creek Station.
Cuando oímos hablar de latifundios y terratenientes, lo más normal es que, en España, venga a la memoria la imagen de la Duquesa de Alba. Sus impresionantes fincas y cortijos en Andalucía, Extremadura y Castilla, de hectáreas y hectáreas sin fin -hoy heredadas por su hijo Carlos- serían el arquetipo de lo que vendría a ser una "gran finca". Sin embargo, y a pesar de las 34.000 hectáreas que -según parece- posee la Casa de Alba, cualquiera de sus fincas se queda a la altura de cualquier piso "ideal parejas" cuando se compara con la finca de Anna Creek Station. Y es que este rancho es, nada más y nada menos, que la finca privada más grande del mundo. Si viaja a Australia, le invito a visitarla.

Territorio de Anna Creek Station
Anna Creek Station (Station es el equivalente australiano de "rancho") es simplemente inabarcable. Este pequeño terrenito, que deja en ridículo a cualquiera de los inmensos ranchos tejanos, tiene la friolera de 24.281 km2 (2.428.000 ha). Superficie que, si la traducimos a alguna medida más reconocible para nosotros, sería más grande que toda la Comunidad Valenciana y casi tan grande como Galicia entera. Ahí es nada.

Caballos para el ejército de la India
Este rancho, dedicado exclusivamente a la ganadería, se encuentra en el corazón de Australia, en el estado de South Australia (Australia del Sur) y desde 1934 pertenece enteramente a los descendientes de Sir Sidney Kidman, un comerciante australiano que, a finales del siglo XIX y partiendo de un jamelgo tuerto (no es coña), se hizo rico vendiendo vacas a su hermano, que tenía un matadero, y caballos al ejército hindú.

Sir Sidney Kidman
Este pariente lejano de Nicole Kidman, tenía un especial olfato para los negocios y aprovechó su profunda amistad con un aborigen -en un momento en que eran considerados peor que los perros- para adquirir toda una serie de terrenos que le podían ser interesantes para sus finanzas. Así, de esta manera, fue amasando una gran fortuna y acumulando ranchos inmensos -de los cuales, Anna Creek Station es el mayor-, hasta llegar a controlar una superficie total de más de 100.000 km2 (mayor que Portugal). Los duques de Alba, al lado de las tierras de la familia Kidman, tienen un huertecillo. Definitivamente.

Soledad y ganado
No obstante estas grandes posesiones, hemos de tener en cuenta que Australia es inmensa y que está prácticamente despoblada, por lo que Anna Creek Station, a pesar de tener una superficie como la de Israel y tener incluido en su territorio un pueblo entero -Coober Pedy- de 1.695 almas, simplemente está trabajado por 17 personas (la mitad aborígenes) y maneja unas 17.000 cabezas de ganado. Y es que la sequía, desde el 2001, está haciendo estragos.

La inmensidad hecha rancho
En términos geológicos, Anna Creek Station se encuentra en una de las zonas más áridas del continente-isla, ocupando en parte el fondo del lago Eyre, un lago endorreico de poca profundidad que se llena una vez cada 10 años cuando las lluvias son excepcionalmente abundantes. Lago que proporciona un auténtico espectáculo de vida cuando se llena y que sirve para tener una buena temporada ganadera en el rancho, el cual, en las temporadas malas como en 2008, puede llegar a tener tan solo 1.500 vacas. Detalle que puede hacer temblar cualquier economía por potente que sea.

Cría de vacas brahman
Anna Creek Station, a pesar de su inmensidad, en la actualidad no es un gran negocio. Los descendientes de Sir Sidney Kidman tienen el control desde que éste murió en 1935, pero los tiempos -y la climatología- han cambiado y se hace imperiosa una reorientación del negocio familiar. Tal vez por eso estén buscando comprador para este terreno que, tan bello como descomunal, es en sí mismo un país dentro de otro país.

El imperio Kidman está valorado en 175 millones de libras esterlinas... 

¿Se atreve a hacer una oferta?


Edificios de trabajo de Anna Creek Station

Webgrafía

viernes, julio 24, 2015

El curioso trampantojo biológico de la pata de un caballo

Caballo al galope
Si hablamos de animales elegantes, el número uno de la lista será, sin riesgo a equivocarnos demasiado, el caballo. Este animal estilizado, alto -siempre que no sea un poni, claro-, corpulento y de patas finas, ha llamado la atención del hombre desde antiguo, hasta el punto que lo domesticó hace unos 3.600 años y se convirtió en un perfecto medio de transporte y una inestimable herramienta para el campo. De hecho, sorprende la fuerza corporal que despliegan en las carreras de caballos, con velocidades impresionantes, o bien la capacidad de acarreo que pueden llegar a demostrar los potentísimos percherones en las competiciones agrícolas tradicionales. Sea uno o sea otro, las patas de los caballos, se perfilan como unas auténticas columnas todopoderosas capaces de transmitir toda la energía del animal a la tierra. No obstante, como muchas de las cosas que vemos a nuestro alrededor, lo que vemos no es exactamente lo que es y, en el caballo, lo que consideramos una pata, resulta que no es tal, porque el caballo corre, literalmente, sobre la uña de su dedo corazón. ¿Lo sabía?

Patas, no; dedos y uñas
Efectivamente, la tornadiza evolución de los seres vivos ha hecho que lo que hoy vemos claramente como una pata de caballo con su casco y todo, en realidad sea un trampantojo (ver El arte de engañar con las apariencias: La Perspectiva Borromini) en la que buena parte de lo que vemos está formado por un dedo y una uña. Pero...¿cómo se puede haber producido semejante modificación? Si tiene un poco de curiosidad, siga leyendo y se lo explico.

Para entender la historia de la pata del caballo (quien dice caballo, dice caballos, asnos y cebras) nos hemos de remontar a principios de la Edad Terciaria, hace unos 60 millones de años. En esta época, los dinosaurios hace un poco de tiempo ya que desaparecieron y, pasada la convulsión planetaria del "meteoritazo", los mamíferos se han hecho los amos del mundo. Esta nueva situación permitió que, entre todas las nuevas especies que se habían desarrollado, haya un pequeño animal omnívoro que vagabundea en búsqueda de comida por lo que hoy sería Norteamérica. Se trataba del Hyracotherium, aunque si tiene una cierta edad, el nombre de Eohippus igual le sonará más.

Eohippus o Hyracotherium
El Hyracotherium, de tamaño y complexión de un perro mediano actual, tenía cuatro patas -cojos aparte- que disponían de cuatro dedos (y restos de un quinto) en las patas delanteras, y tres dedos (y restos del cuarto y el quinto) en las patas traseras, siendo considerado por los científicos el primero en la linea evolutiva de los équidos.

Evolución de una mejora
A partir de este momento, sus descendientes comenzaron a crecer poco a poco en tamaño y a especializarse en una dieta básicamente vegetariana. Esta nueva ubicación en la pirámide alimentaria hacía que estos caballos primigenios fueran presas interesantes para los depredadores, contra los que la estrategia que se mostró más eficaz -a falta de otra mejor- fue la de pies-para-qué-os-quiero. Correr o morir, la opción estaba clara (ver El misterioso exceso de velocidad del antílope americano).

Evolución de frente y perfil
Al convertirse en animales corredores, los pies y manos se tuvieron que adaptar a la carrera en campos abiertos; una carrera que hizo que las patas sufrieran una especial evolución que le llevara a perder los dedos que no necesitaba: menos es más. Y es que la física, en estos casos, resulta inapelable.

Cuanta más superficie de contacto haya entre dos cuerpos, más fricción se produce y más energía se necesitará para moverse uno respecto otro. Si traducimos esto a algo conocido, por ejemplo las ruedas, significará que se necesitará menos fuerza para mover un neumático de una bicicleta de carretera que una rueda de una motocicleta de gran cilindrada. A los pies, les pasa lo mismo, con la diferencia de que a los pobres caballitos terciarios, las décimas de segundo de más que tardaran en ponerse en movimiento, eran posibilidades de menos de seguir viviendo.

La misma estructura básica
De esta forma, la tendencia fue a reducir la superficie plantar para tener menos resistencia, suprimiendo progresivamente los dedos que no eran útiles y dando el protagonismo a uno de los dedos -el que correspondería al del medio-, el cual fue el encargado de transmitir toda la potencia del cuerpo a un único punto de la superficie, para conseguir una aceleración explosiva que le permite alcanzar velocidades de hasta 65 km/h.

Un cambio de millones de años
Así las cosas, el Mesohippus (40 millones de años) ya tenía 3 dedos; el Merychippus (30 m.a.) tenia 3 dedos también pero reducidos a un dedo principal y dos espolones; el Pliohippus (10 m.a.) un único dedo principal y hasta llegar al caballo moderno, en el cual, los dedos primitivos se hallan reducidos a dos meros huesos planos enganchados al único dedo que ha sobrevivido, cuya uña, endurecida, ha acabado por formar el conocido casco de los caballos.

Estructura ósea de las patas
En definitiva, los caballos, burros y cebras -únicas especies actuales de équidos- poseen en sus patas delanteras y traseras los mismos huesos que puede tener en sus piernas o brazos (a excepción de los dedos desaparecidos, claro), pero puestos de forma diferente. Ello significa que lo que parecen los codos o las rodillas de los caballos, en realidad son sus tobillos y sus muñecas. Un ejemplo claro de que, por mucho que seamos diferentes por la evolución, por mucho que las apariencias engañen a la vista, por mucho que nos creamos cínicamente superiores, todos los seres vivos del planeta formamos parte de la misma familia.

Tal vez fuera tiempo de cuidar más de ella.



Eohippus y un caballo actual, 60 millones de años de evolución

Webgrafía

viernes, julio 17, 2015

La milagrosa medicina llamada trasplante de cacas

¿Un posible centro de salud?
Pocas cosas hay más repelentes que ver los excrementos acabados de hacer de un perro en medio de la calle, aunque ya llega al paroxismo de la repelencia si dichas "alegrías" son humanas. Por suerte, estas últimas son menos usuales de ver, pero imagínese que ese mismo "adabelardo" humano, lo licua con suero fisiológico, lo mete en una jeringuilla de medio litro  y que, mediante una sonda que lleve desde la nariz a los intestinos, descarga su contenido directamente en el duodeno. ¿Asqueroso, verdad? Pues bien, esto, que pudiera parecer sacado de una película gore, resulta que se ha definido en los últimos tiempos como una medicina más eficaz que los antibióticos. Se trata del trasplante de heces.

Crohn: diarreas y dolores de estómago
Tomarse un jarabe que tenga mal gusto no es un trago fácil de pasar, pero los beneficios que nos reporta valen la pena el mal rato pasado. Justamente el mismo pensamiento puede tener quien, debido a padecer la enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa o incluso esclerosis múltiple, le toca tragar con una medicina poco grata, pero que en vez de ser un jarabe al uso, resulta que son los excrementos de otra persona. Pero... ¿excrementos humanos como medicina? ¿Nos hemos vuelto locos? Pues no, el asunto por más repulsivo que le pueda parecer tiene su lógica... y, lo que resulta más sorprendente, da unos resultados apabullantes.

Imagen de flora intestinal
Hasta hace poco tiempo, a la flora intestinal no se la tenía en demasiada estima. El hecho de tener las tripas llenas de hasta dos kilos de bacterias de todo tipo -con los efectos gaseosos consecuentes- era poco menos que un foco de infección sin límite. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, los estudios científicos detallados de esta particular comunidad que habita en nuestro interior, han sacado a la luz que estos microbios, lejos de ser los agentes nocivos que se creía, en realidad son un factor vital para la salud del individuo (ver El no tan inútil apéndice humano). Y hasta tal punto es cierto que algunos científicos ya llegan a considerar a esta comunidad microbiana como un órgano más del cuerpo humano. Ahí es nada.

Clostridium, el malo de la película
En el caso de los afectados de enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa, enfermedades que provocan diarreas y deshidratación continuas, los intestinos están colonizados por Clostridium difficile, una bacteria dañina que provoca la inflamación de la membrana intestinal, impidiendo la absorción de nutrientes y pudiendo llevar al afectado a la muerte. En los casos más benignos, un antibiótico es suficiente para superar la infección, pero entre el 20 y el 30% de los casos, los antibióticos no hacen ningún efecto y sufren continuas recaídas, con el riesgo de sufrir complicaciones graves por ello. Y no estamos hablando ni de uno ni de dos afectados graves, sino más de 3.000 afectados anuales tan sólo por el hospital Gregorio Marañón o más de 500.000 afectados en todo Estados Unidos, con el resultado de más de 14.000 muertos por efecto de estas enfermedades. Para tenerlo en cuenta.

Crohn y Colitis ulcerosa
En esta situación, los científicos decidieron estudiar las diferencias microbióticas entre la flora intestinal de un paciente afectado de Crohn y uno sano y vieron que, en realidad, el Clostridium era una de las más de 2.000 tipos de bacteria que viven en nuestro interior. No obstante, mientras que en un intestino enfermo los Clostridium se habían hecho los reyes, en el caso de gente sana, el equilibrio existente entre los distintos tipos de microbios mantenía a raya los microorganismos dañinos como el Clostridium. La solución, por tanto, se presentaba evidente: se tenía que restaurar el "equilibrio ecológico" de la flora intestinal del afectado. ¿Y qué mejor forma de restaurarla que "trasplantar" la flora bacteriológica de un paciente sano a uno enfermo?

Trasplante de heces en acción
Efectivamente, la introducción mediante cánulas nasogástricas de las heces (la caca, vamos) de una persona sana directamente en el duodeno o mediante enemas por el ano, obraban el milagro. La flora intestinal trasplantada comenzaba a reproducirse como quien repuebla un bosque tirando semillas, restableciendo el equilibrio microbiano de las tripas y metiendo en vereda a los Clostridium, que dejaban de dar por saco, curando en más del 94% a los pacientes de Crohn resistentes a los antibióticos. Pero los beneficios del trasplante fecal no paraban aquí.

Exceso de "fofisalud"
Los estudios de las interacciones de la flora bacteriana con el cuerpo dieron como resultado que la microbiota (la comunidad microbiana, dicho en fino) interactúa con la mucosa intestinal, segregando una hormona, el péptido YY, que, absorbida por los intestinos, regulaba la sensación de saciedad ante la comida. Ello significaba, por tanto, que desequilibrios en la flora intestinal podían estar detrás de episodios de obesidad mórbida; particular que fue demostrado en estudios por la Universidad de Washington en ratones normales, a los cuales se les trasplantó heces de ratones delgados y de ratones obesos y, sometidos al mismo régimen alimentario, los sometidos a heces de ratones obesos aumentaron notablemente de peso.

Trasplante fecal en esquema
Sea como sea, y aunque se vean los beneficios inmediatamente (se está usando con éxito en casos de esclerosis múltiple y síndrome de colon irritable) y resulta muy barata -al contrario de los caros tratamientos con antibióticos-, aún resulta repulsiva para gran número de pacientes y facultativos, por lo que no se está implementando con la rapidez que debiera.

El ser humano, por mucho que nos entestemos, forma parte de un equilibrio precario entre todos los seres que viven en la Tierra y la Tierra mismo. Nuestros intestinos, no dejan de ser una parte más del todo que es este planeta y, una vez superada la lucha contra los patógenos a base de cañonazos, hemos de darnos cuenta que ese equilibrio medioambiental también tiene lugar sobre (ver El insólito peligro de extinción de las ladillas y el vello púbico) y dentro (ver Una medicina llamada porquería) de nuestro cuerpo, demostrando una vez más que sólo conociendo y respetando nuestro entorno, nos conoceremos y nos respetaremos a nosotros mismos.

Nos va la salud en ello.


Heces humanas como medicina

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viernes, julio 10, 2015

El insólito peligro de extinción de las ladillas y el vello púbico

Las ladillas, una especie en extinción
¿Conoce a alguien que en la última temporada tenga ladillas? ¿Si? Pues si conoce a alguien que tenga este parásito, felicítelo efusivamente, ya que ha tenido la tremenda suerte de tener en su cuerpo una auténtica especie en peligro de extinción. Tal vez le parezca una broma, pero no lo es tanto, y más si pensamos que el 99.90% de los que lean este artículo seguro que no tienen a nadie que, en su entorno social, haya sido infestado últimamente de estos incómodos bichejos; así de mal lo están pasando las ladillas. Sin embargo, esto, que pudiera dar la impresión de ser una victoria más de la medicina, resulta que tiene poco de sanitario y mucho de moda: la depilación brasileña y la serie "Sexo en Nueva York" parece que tendrían la clave de esta pérdida de biodiversidad.

Pediculosis (que tiene ladillas, vaya)
Que el cuerpo humano es un auténtico ecosistema en sí mismo lo sabemos desde el momento en que los microscopios electrónicos nos permitieron ver que bajo cada escama de piel se esconde una flora y una fauna que ríase usted de la de Parque Jurásico. Ácaros, bacterias de mil tipos y formas, hongos... ocupan de forma más o menos discreta nuestro cuerpo, y uno de los ecosistemas más ricos es el del vello púbico, donde podemos encontrar hasta "megafauna", formada por las siempre incómodas ladillas.

Endemismo del ser humano
Las ladillas (Pthirus pubis) también conocidas como piojos púbicos, son unos pequeños animalejos que recuerdan a arañas aplanadas de entre 1 y 3 milímetros, que viven enganchados de los gruesos pelos del pubis tanto masculino como femenino. En ese particular "Mato Grosso" corporal -al cual llegan normalmente por contacto sexual- las ladillas se alimentan de la sangre de sus hospedadores produciendo un intenso picor, llegando hasta tal punto de especialización que su hábitat principal es única y exclusivamente el pubis del ser humano. Bueno... para ser exactos, también son capaces de habitar en las barbas, aunque mejor no me pregunten por como llegan hasta allí. Tampoco quieran saber la cara que pusieron los científicos cuando adivinaron que el pariente más cercano de las ladillas humanas resulta que son las ladillas de los gorilas. Eso sí, no se me escandalicen antes de tiempo, ya que el linaje entre ambas estirpes de ladillas se separó hace 3 millones de años; no se si les habrá tranquilizado, pero el dato sirve para saber de donde venimos... y que, en cuestión de escrúpulos, seguimos con los niveles muy bajos desde entonces.

La moda afecta a las ladillas
Así las cosas, resulta que en nuestro cuerpo, como parásito engorroso (de hecho sólo molestan, ya que no transmiten enfermedades), tenemos un auténtico endemismo que vive únicamente en el hombre y en un medio ambiente en concreto: el vello púbico. Ello significa que cualquier cosa que afecte a ese ecosistema en concreto afectará indefectiblemente a la vida de estas criaturas y, aunque durante millones de años no ha tenido ningún problema en hacer su ciclo vital entre nuestros pelillos, insospechadamente se ha descubierto su némesis en forma de una simple moda estética: la depilación brasileña.

Una serie influyente
Efectivamente, a partir del año 2000 se puso de moda entre las mujeres el dejar el vello púbico reducido a un simple bigotillo -cuando no directamente depilado del todo- apoyado en el éxito de la serie "Sexo en Nueva York", en la cual se hacía apología de la depilación del pubis. Esto y la generalización del uso de tangas y strings cada vez con menos ropa entre el público femenino hacía que, si querías estar a la moda, te tuvieras que depilar las ingles y lo que no eran ingles. Y es que un diminuto tanga sobre una selva púbica virgen, otra cosa no sé, pero espectáculo seguro que daría.

Bosque primario en desaparición
De esta forma, los "felpudillos" empezaron a menguar por todo el mundo, pero no solo los femeninos, sino que empezaron a hacerlo los masculinos por imitación, por lo que las ladillas, no solo fueron expulsadas de su ecosistema natural, sino que, encima, las posibilidades de reproducirse se veían seriamente afectadas. Hemos de contar que las pinzas con las que se agarran a los pelos están adaptadas a la forma y grosor de los vellos humanos, de tal forma que o es en ese tipo de pelos o, simplemente, no pueden sobrevivir. Y la cosa se está poniendo realmente dura (no me malinterprete) para las ladillas.

Los hombres han entrado en la moda
En el Reino Unido, en 1964 había una incidencia de ladillas del 3.2%, cantidad que se había reducido en 2003 a un 0.17%, a pesar de que el resto de enfermedades sexuales se habían disparado en el mismo periodo. Por su parte, en Australia, en 2013, pasaba tres cuartos de lo mismo, con el añadido de que muchas clínicas de salud sexual no habían visto a ninguna mujer con pubis a lo salvaje como mínimo desde el 2008, e incluso los hombres habían aumentado en un 80% las veces que iban totalmente depilados a las consultas. La catástrofe medioambiental para estos pequeños seres es solo comparable a la del retroceso de los hielos para los osos blancos... pero no se preocupe, hay quien se ha puesto en lucha para salvar la ladilla de la extinción.

Save the Crab Louse
La polémica artista sueca Frida Klingberg propuso en una entrevista a raíz de una de sus obras llamada "Save the Crab Louse" (Salvar la Ladilla) que hubiera toda una serie de voluntarios y voluntarias que, por turnos de 15 días, llevaran en sus cuerpos una colonia de ladillas con el fin de asegurarles la existencia, habida cuenta que estos animales, a parte de picar, no transmiten ninguna otra enfermedad al ser humano. Según contaba, el problema lo tenían para encontrar ladillas que compartir, ya que en Suecia cada vez eran más raras. Por algo será que el Museo de Historia Natural de Rotterdam (Holanda) ha adquirido unos cuantos ejemplares para la posteridad.

¿Millones de años perdidos?
En conclusión, que podemos ver todo el asunto de las ladillas como una simple curiosidad -cuando no un chiste- en tanto y en cuanto la erradicación de un parásito no puede ser más que una cosa buena. Sin embargo, la cuestión que queda sobre la mesa es bastante más seria de lo que parece, ya que si ponemos tanto empeño en salvar al lince, al oso panda, al tigre, a las selvas o las sabanas... ¿quienes somos para decidir que éste se salva y éste no? ¿Es nuestra idea de ecologismo una simple fachada con la que salvamos al koala porque nos cae simpático pero al escorpión lo eliminamos porque nos da miedo? ¿Realmente es válido nuestro criterio cuando vemos con ojos raros que se salven las ladillas, pero vemos que hay gente que se tiene que inyectar parásitos porque se muere de asma? (ver Una medicina llamada porquería)

Piense lo que quiera, pero recuerde: el reloj de la cuenta atrás para las ladillas está en marcha.

Igual, después, las echaremos en falta.


La deforestación púbica está afectando a la biodiversidad

Webgrafía

viernes, julio 03, 2015

El problemático lodazal de los sedimentos de los embalses

Embalse colmatado de Valdeinfierno
Que el agua es un bien escaso, es uno de aquellos mantras que la gente, sobre todo en el área mediterránea, conocemos bien. La calor y esas sequías veraniegas que muchas de las veces acaban por afectar el suministro de agua corriente, nos hacen tomar conciencia de la necesidad de valorar el agua y es por ello que, cuando vemos que se producen grandes crecidas en los ríos debido a una temporada de lluvias extrañamente alta, no son pocos los que se lamentan de que ese agua se vaya directa al mar. Pantanos, azudes, represas... los ríos cada vez están más explotados fruto de la exagerada necesidad de agua corriente de la sociedad moderna y, si no fuera por la presión popular, estaría tan aprovechada que no llegaría ni una gota al mar, como de hecho pasa en no pocos ríos pequeños...o no tan pequeños. Sin embargo esta política de hacer presas a diestro y siniestro para retener el agua -por mucho que haya gente a la que le guste- tiene doble filo y, justamente, esta obsesión acaparadora está provocando el fenómeno contrario: que nos quedemos sin agua. Estoy hablando de la colmatación de los embalses.

Bajíos del Segre en Riba-roja
Un río es, por definición, el desagüe natural de las aguas que caen en el continente. Ello significa que, además de su papel de acequia natural dando vida allí por donde pasa, esa agua lava, a la vez, el producto de la erosión del continente: los sedimentos. En una situación normal, el cauce de los ríos, transporta los sedimentos generados en su cuenca y los deposita en el mar, donde forma deltas y llena los fondos marinos que, con el tiempo, acabarán formando nuevas montañas. ¿Y donde van todos estos sedimentos si los ríos no son capaces de llevar su carga hasta el mar? Efectivamente, quedan retenidos en los embalses que hay en medio.

Rara foto del Ebro llevando tierra al mar
Conocido es el efecto que tiene sobre los deltas la retención de la tierra que hacen las presas y, en su momento, ya le dediqué un artículo al brutal retroceso del delta del Ebro debido a ello (ver El Faro de Buda o la crónica de la muerte de un delta), sin embargo, resulta muy poco conocido el efecto que estos sedimentos tienen en los pantanos, los cuales pierden capacidad a marchas forzadas y a velocidades endiabladas. Pero claro... como el problema está bajo el agua, nadie lo ve y nadie le hace caso. El problema es mucho más serio de lo que pueda parecer y de una solución prácticamente imposible.

Embalse de Cordobilla
En el año 1953 se inauguraba el pantano de Cordobilla en el cauce del río Genil. Con sus 34 hm3 (3 veces el pantano de Flix), este embalse permitía el riego de más de 15.000 hectáreas de cultivos del campo andaluz.¿Sabe cual es su capacidad a día de hoy? Unos paupérrimos 0'5 hm3. O lo que es lo mismo, que en este período de tiempo el pantano ha perdido el 98.5% de su capacidad. Y no piense que es una cosa extraordinaria: el de Doña Aldonza (23 hm3) ha perdido el 96%, el de Pedro Marín (19 hm3) ha perdido el 95% y a ellos tendríamos que sumar infinidad de pequeños pantanos que han quedado absolutamente colgados de tierra, produciendo enormes pérdidas a los regantes y propietarios de las represas. Y esto solo son los que vemos.

Efectivamente, los embalses más grandes, en tanto que son más grandes, acumulan más agua y, por tanto, son una trampa más grande para unos sedimentos que no pueden superar la presa por finos que sean. El ejemplo más claro es el del pantano de Mequinenza, que con 1.533 hm3 de capacidad, es el más grande de la cuenca del Ebro. 

Terradets del 1957 al 1982
Este embalse, construido en 1964 en el cauce del río Ebro contiene en su interior la nada despreciable cantidad de 200 hm3 de sedimentos acumulados por el río en poco más de 50 años. ¿Le parece poco? Pues sepa que con este volumen de gravas, arenas y lodo robados al delta del Ebro se podrían llenar hasta el ras dos embalses como el de Oliana o cuatro veces el embalse de Riosequillo. E igual que este, los más de 200 pantanos que retienen la cuenca del Ebro o los más de 1.000 que hay repartidos por toda la geografía española, algunos de los cuales, como el de Terradets, han llegado a formar auténticos sistemas deltaicos (con su flora y fauna correspondiente) en el interior del embalse, reduciendo su volumen de agua en más de un 30%. Nada lo del ojo y lo tenía en la mano.

Delta del Noguera Pallaresa en Terradets
La solución a este problema no es ni fácil, ni sencilla y, ni mucho menos, barata, aunque seguro que a alguno se le habrá ocurrido la genial idea de dragar los pantanos y, así, fuera el problema. Pues bien...¿sabe usted cuantos camiones de 25 toneladas de carga se necesitarían para sacar los lodos del pantano de Mequinenza? pues tan solo 13.600.000...y si cada minuto se cargase uno, lo tendríamos vaciado en unos breves 25 años. ¡Facilísimo!

Nada de este barro llegará al mar
La problemática no es baladí, y si bien existen posibilidades de dragado o recuperación de capacidad en el caso de embalses pequeños, la solución efectiva pasa por reducir la erosión de la cuenca -disminuyendo los cultivos y la desforestación- y por el vaciado periódico de los embalses utilizando las compuertas de fondo, que arrastrarían buena parte de los sedimentos y los volverían a poner en movimiento. El inconveniente es que, por un lado, dejar los cultivos no es una opción, la reforestación de las cuencas es una utopía, y el vaciar los embalses -con lo que implica de dejar de producir electricidad o dejar de tener agua para regar, la industria, el turismo, beber, etc.- una auténtica misión imposible.

En definitiva, el hombre ha pensado que los ríos son su grifo particular y no ha tenido en cuenta el hecho de que es un sistema natural, con sus dinámicas particulares totalmente al margen de los intereses humanos. Esto significa que si no hacemos las cosas jugando a favor de la naturaleza (dejando caudales libres, retirando presas obsoletas y racionalizando el consumo de agua), la propia naturaleza acabará por quitárnoslo.

...y lo está haciendo.

El Relleu (Alicante) colmatado. El fatal destino de todos los embalses

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