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lunes, noviembre 30, 2015

La barrilla, la invasión de las plantas rodantes

Una invasora rodante
Dos figuras se encuentran frente a frente bajo el tórrido sol de mediodía. Sus sombreros, bien atados para que el aire del Oeste no se los lleve, esconden la fría mirada de odio de los contendientes. Las pistoleras abiertas. Las manos sobre los revólveres. Una planta rodante pasa entre ellos... Esta escena, que bien podría pertenecer a cualquier Western protagonizado por John Wayne, no sería la misma sin esa planta seca dando vueltas por el campo y que da el punto de aridez y soledad a las películas del oeste. No obstante...¿sabe que esa planta icónica, que todo el mundo relaciona con el Oeste americano como un perro de Pavlov (ver Pavlov, sus perros y los violines de las películas de miedo) en realidad es... rusa? Pues, aunque le parezca mentira, es así. Me estoy refiriendo a la barrilla, la invasora rodante.

Barrilla, en verde
La barrilla (Salsola tragus) es una hierba anual que crece en las zonas esteparias, donde hay poca vegetación, llueve poco y hay mucho viento. Hasta aquí todo encaja, por lo que podría ser perfectamente uno de los habitantes habituales de las Grandes Llanuras norteamericanas, y haber hecho de las suyas durante la época de la conquista del Lejano Oeste. Pues si llega a ser un huevo, le da en un asa, porque nada más alejado de la realidad.

Se han naturalizado
Efectivamente, esta planta es típica de los ambientes esteparios y secos... pero de las estepas rusas, de donde provienen y desde donde se ha repartido, primero por toda Eurasia (en las zonas de meseta española, hay especies endémicas del género Salsola) y después, de la mano del hombre, por todo el mundo, aprovechando su gran rusticidad, su capacidad de sobrevivir en climas áridos y su especial forma de dispersión.  Y es que la barrilla ha encontrado una forma extraordinariamente efectiva de esparcir sus semillas: dando vueltas.

Flor de Salsola tragus
Esta planta, de la familia de las remolachas y las espinacas, como ya he comentado anteriormente, tiene un ciclo anual, de tal forma que en un año nace, crece, se reproduce y muere. Ello significa que el crecimiento es muy rápido, de manera que aprovecha las escasas temporadas de lluvias que se producen en su medio ambiente para poder florecer y reproducirse rápidamente.  Es en el momento en que las semillas han madurado, que la planta muere y se seca, dando comienzo a un ciclo que la puede llevar a muchos kilómetros de su punto de nacencia.

Seca pesa muy poco
Al secarse, la barrilla, pierde todo su contenido en agua, combándose las ramas (puede tener más de un metro de altura, aunque no suele pasar más de un par de palmos), haciéndose muy liviana y frágil, permitiendo que los vientos la rompan por la base. Justo en este preciso instante, la planta seca, gracias a la forma que han tomado sus ramas, empieza a rodar empujada por el viento, diseminando  en su viaje todas las semillas que contiene en sus cápsulas. Aunque claro, una cosa es que pase en su ecosistema original, y otra que sea en una tierra en que no había estado nunca. Y esto es lo que pasó en 1874 en Dakota del Sur.

Puede hacer grandes acumulaciones
En esa época, las grandes tierras libres que existían en el Medio Oeste americano atraían a inmigrantes de todas partes del planeta en búsqueda de nuevas oportunidades. En este caso, unos emigrantes de origen ruso importaron semillas de lino para sembrarlas en sus propios cultivos en el Nuevo Mundo. Sin embargo, y como siempre pasa, entre col y col, siempre hay una lechuga, y en este caso, entre linaza y linaza, se escaparon unas pocas semillas de barrilla... y se lió la cosa.

Pueden hacer más de 1 metro
En un medio ambiente calcado al suyo de origen, las plantas rodantes empezaron a desarrollarse de forma tremenda y sin control, habida cuenta que no tenía ninguno de sus depredadores. Además, esta planta solamente es comestible en el momento en que todavía no está madura, porque en el momento en que florece, las ramas se vuelven leñosas, espinosas y tóxicas para el ganado, por lo que ni siquiera las tocan. Ello significó que esta planta invasora se dispersara a todo trapo por todas las zonas esteparias de Estados Unidos y de México, llegando a ser la especie dominante en tierras llanas y con poca vegetación autóctona, llegando a ser icono (tardío) de los paisajes norteamericano. Un auténtico desastre... o no.

Pocos depredadores
La barrilla, aunque tiene la desventaja de ser una especie altamente invasiva fruto de su particular ventilador de esparcir semillas, se ha mostrado altamente eficaz en la regeneración de suelos baldíos o alterados por la mano del hombre. De esta forma, además del uso tradicional que se le ha dado para hacer jabón -debido a su contenido en carbonato sódico (sosa)- su particular capacidad de absorber tóxicos del suelo lo ha hecho apto para eliminar contaminantes de escombreras y escoriales, donde difícilmente se desarrollarían otros tipos de vegetales. Asimismo, debido a su facilidad de reproducción y dispersión se utiliza para regenerar zonas donde se ha eliminado toda la cobertura vegetal y así evitar la erosión del suelo.

En definitiva, que ahora que tanta manía hay con la inmigración y los inmigrantes, haríamos bien de tener en cuenta que buena parte de lo que tenemos como propio y diferenciado proviene la mayoría de las veces de la interacción entre lo autóctono y lo forastero. Así, sabiendo que algo típicamente americano es en realidad ruso, tal vez nos haga pensar que no hay personas de allí o de allá, no hay culturas de allí o de allá, sino, simplemente, personas.

Para reflexionar.

Una planta viajera que ha conquistado todo el mundo

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domingo, noviembre 29, 2015

El persimon, el caqui al que le gusta empinar el codo

Kaki Persimon
El consumir productos de temporada, a quien, como yo, gusta de las frutas y las verduras, es una auténtica gozada. A cada estación -aunque en la actualidad se puedan encontrar todos en cualquier época del año-  los productos que produce la tierra son diferentes, y ello hace que el paladar vaya disfrutando de forma diferente pero continuamente. En otoño, los boniatos, las castañas y las primeras coles hacen su presencia en los estantes de las verdulerías, pero si hay una fruta que marca la entrada del frío, sin duda, ese es el kaki. No obstante, en los últimos años ha aparecido un tipo de caqui que más bien parece una manzana que un caqui, y al que se llama "persimon". ¿Una variedad de kaki? ¿Un alimento transgénico? ¿Un cruce fruto de un injerto raro? Pues no... simplemente es un caqui al que le gusta empinar el codo.

Caqui al natural
El caqui, también llamado kaki o palosanto, es una fruta suculenta de color rojo anaranjado producto del árbol homónimo (Diospyros kaki) que se comercializa habitualmente durante los últimos meses de otoño y primeros del invierno. Esta fruta, de origen asiático, extremadamente dulce y sabrosa cuando está pasada de maduración, tiene el inconveniente que, como le metas un bocado cuando todavía esté dura, te deja la boca como si fuera una auténtica alpargata. Ello es debido a su pulpa altamente astringente que hace que, hasta que no esté al punto de comerse con una cuchara, aquella fruta no se puede casi ni tocar, con los problemas que ello acarrea para su comercialización y su manipulación.

Una fruta de vida corta
Al ser un producto que se ha de consumir en unas circunstancias muy concretas, las ganas de acelerar el tiempo que la fruta tarda en ser comestible, ha hecho que los cultivadores se las hayan inventado todas. Y una de las técnicas que se han utilizado tradicionalmente en las zonas productoras para poder disfrutar de los palosantos antes de tiempo, ha sido lavarlos con brandy (ver El Jeriñac, el loco nombre oficial del brandy llamado coñac) y dejarlos dentro de una olla. Este baño alcohólico hace que, a los 3 o 4 días, los caquis, que aún se mantienen más duros que los pies de Cristo, ya se puedan comer porque han perdido su astringencia característica. El único inconveniente es que, si bien funciona a nivel artesano, para sacar una producción a nivel comercial se queda excesivamente corto... había que mejorarlo. Y se hizo.

La tecnología hace el persimon
El desarrollo de las nuevas técnicas de maduración a base de cámaras a partir de los años 90, permitieron conseguir llevar el método del coñac y la olla a su nivel industrial. Es decir, los kakis, cogidos en un punto de maduración en el que todavía están incomibles, se meten en cámaras herméticas en los cuales se mantienen a unos 20ºC, con un 90% de humedad, pero en las que el aire se sustituye por una atmósfera saturada de alcohol etílico (etanol, dicho en fino) en la que se mantienen hasta cinco días... y ¡voilá! ya tenemos el persimon listo para ser comido.

Se usa como una manzana
Efectivamente, tras este periodo en un ambiente emborrachado, el kaki aún no maduro pierde su astringencia al reaccionar con el alcohol. Ello hace que, aún manteniendo su textura dura, tenga el sabor típico de un kaki, pero pudiendo ser pelado y consumido como si fuera una manzana. Toda una ventaja, ya que el producto tiene una vida útil de hasta 3 semanas, lo que permite una comercialización y manipulación que sería imposible con unos kakis normal y corrientes.

La producción se ha disparado
Esta tontería ha hecho que las producciones se hayan disparado -de 5 millones de kilos a 240 millones en 15 años-, sobre todo en las orillas del río Júcar, donde los productores de caquis, desde 1998, se han reunido bajo la  denominación "Kaki Ribera del Xúquer" y comercializan estos kakis borrachuzos con la marca registrada de "Persimon". Nombre con el cual, a nivel de calle, se conocen para diferenciarlos de los kakis sin tratar y que se han de comer con cuchara.

Valencia es un gran productor
En definitiva, que el persimon no es más que un kaki tratado de forma más o menos artificiosa con alcohol (aunque en la actualidad se están imponiendo técnicas que lo sustituyen por CO2), para aumentar su vida comercial sin afectar a su sabor. El truco de birli-birloque funciona, y cada día gana más adeptos, tanto por parte de los productores como por parte de los consumidores. Yo, por mi parte, permítanme seguir disfrutando de la dulzura de un kaki con cuchara y del riesgo de dejarme la lengua como un esparto. Cuestión de tradiciones.

Naturales y ecológicas tradiciones.

La variedad "Rojo Brillante" es la más usada en los persimones

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viernes, noviembre 27, 2015

El Krak de los Caballeros, el espíritu de los cruzados en Siria

El Krak de los Caballeros
El conflicto de Siria, si bien ha cogido una extraordinaria dimensión en las últimas fechas (ver ¿Qué está pasando en Siria? Síntesis de un conflicto armado) en realidad es la muestra de que el conflicto armado es un mal endémico en el Próximo Oriente desde hace milenios. Y es que, si bien la memoria histórica es absolutamente necesaria para que la sociedad no vuelva a repetir los fallos cometidos anteriormente, cuando esta memoria está sesgada por los intereses de unos y otros, y fundamentada en capas y capas de odio y sangre, tal vez no vendría mal un poco de reconfortante amnesia. En el caso de Siria, el Daesh, en un claro ejemplo de este mal uso de la memoria histórica, está arengando a sus fanáticos partidarios contra los "cruzados" que quieren atacarlos, tratando a todos los países que luchan contra ellos como si fueran los caballeros francos que hace 900 años luchaban por el control de Tierra Santa. Salvando los paralelismos que la geopolítica mundial ha repetido una y otra vez en la zona, se ha de reconocer que de todos los conflictos que ha habido en aquellas tierras, las Cruzadas han sido las que más señal han dejado. Y una de estas señales indelebles al paso de los siglos que los cruzados dejaron en Siria, y que hoy, talmente como en la Edad Media, ha sido foco de batallas, es la imponente fortificación del Krak de los Caballeros.

Ubicación en Siria
A unos 30 kilómetros de la costa mediterránea y a unos 10 escasos de la frontera con el Líbano, en un estratégico otero, encontraremos el llamado Krak de los Caballeros, una de las múltiples edificaciones que durante la Edad Media construyeron los soldados europeos que lucharon por mantener los Santos Lugares bajo control cristiano. Sin embargo, este castillo es especial, ya que, además de su fama de inexpugnable, es uno de los mejores ejemplos de construcciones militares medievales que se conservan en la actualidad... y un auténtico símbolo de la convulsa época de las Cruzadas.

Foso entre las dos murallas
La historia del Krak de los Caballeros (del siriaco "karak", fortaleza) arranca desde la más lejana antigüedad, habida cuenta que la colina, de unos 750 metros de altura, se encuentra en una zona estratégica que comunica el interior de Siria con la costa y el Líbano. Esta situación clave hizo que desde antiguo sirviera como vigía fortificado de la zona, siendo ampliado hacia el año 1033 para dar cabida a una guarnición de origen kurdo, recibiendo el nombre de "Hisn al-Akrad" (Fortaleza de los Kurdos). Con todo, la llegada de los Cruzados haría cambiar las cosas radicalmente.

Podia albergar 2000 soldados
En 1099, en la Primera Cruzada, las tropas francas de Raimundo IV de Toulouse expulsan a la guarnición kurda, pero no sería hasta el 1110, en que Tancredo de Galilea (regente de Antioquía) la toma finalmente e instala una guarnición franca a las órdenes del Conde de Trípoli. Tras rechazar diversos ataques musulmanes, en el 1142, Raimundo II de Trípoli cede la fortificación a la Orden de los Hospitalarios, la cual se encarga desde entonces de su mantenimiento y de una serie de impresionantes reformas a raíz de dos terremotos (1157 y 1170) que le confieren su forma actual.

Plano de la fortificación
El Krak, ocupando una superficie de 8,8 hectáreas, fue pensado como cuartel fortificado y está formado por una edificación amurallada interior, donde los muros de hasta 25 metros de espesor protegían el complejo donde vivía la guarnición de monjes-soldado. Esta guarnición, que podía llegar a ser de 2.000 personas, disponía de una capilla y unos almacenes excavados en la roca que le permitía -al menos en teoría- resistir un asedio de hasta 5 años.

Una mole inexpugnable
A esta primera edificación, posteriormente se le añadió un anillo exterior de sólida muralla de 9 metros de alto y que, separada entre 15 y 20 metros de la edificación principal, hacía las veces de foso e impedía la acción de las catapultas y otras armas de asedio de la época. Esta sensacional fortificación aguantó todos los ataques de las tropas musulmanas durante más de un siglo.

Arte gótico cristiano en Siria
A finales del siglo XIII, los condados cristianos que aún resistían las acometidas musulmanas en Tierra Santa estaban en franca decadencia si bien se defendían cual gato panza arriba y con sanguinarios métodos, lo que llevaba a los musulmanes a temerlos por el extremado fanatismo religioso que ponían por defender su fe. O dicho de otro modo, que para los musulmanes de la época, los cruzados eran los ISIS del momento. En este contexto, el Krak de los Caballeros no quedaba al margen y la pérdida de los territorios de los cuales cobraba tributo debilitó su poder económico, político y, por tanto, el militar.

En 1271, el sultán Baibars I se presentó ante el Krak y lo puso en asedio. Tras 30 días de luchas, en las que si bien consiguió abrir una brecha en la muralla exterior, no pudo hacer rendir a los 300 cruzados que en ella se parapetaban, decidió usar -por una vez y sin que sirviera de precedente- la inteligencia.

Vista desde las murallas
Para conseguir que la guarnición cristiana se doblegase, redactó una carta falsa en que el Gran Maestre de los Templarios conminaba a los asediados a rendirse. Curiosamente, la estratagema funcionó, y los cruzados, tras negociar con el líder mameluco que les perdonaría la vida a cambio de volver a sus países de origen, entregaron la plaza a las tropas musulmanas. La rendición, en la cual tanto los cristianos como Baibar cumplieron su palabra, significó el final de la ocupación cristiana de aquella emblemática edificación.

Podían resistir un asedio de 5 años
A partir del fin de las cruzadas, el castillo va perdiendo su importancia progresivamente, quedando al margen de todas las confrontaciones posteriores, siendo utilizado para ubicar una serie de viviendas y como residencia del gobernador. Ello permitió su perfecta conservación hasta 1920 en que la zona pasa a control francés y los arqueólogos lo recuperan como patrimonio histórico, siendo uno de los principales sitios turísticos de Siria. Ello hizo que fuera declarado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2006.

Bombardeo del Krak (2013)
En la actualidad, debido a la Guerra Civil de Siria, el Krak de los Caballeros no es un sitio excesivamente fácil de visitar. A parte del problema de encontrarse en medio del "fregado" sirio, el castillo ha sufrido la guerra en sus propias piedras, debido a que entre 2012 y 2013 la zona fue campo de batalla de las tropas de Baishar Al-Asad y los rebeldes del Ejército Sirio Libre. Esto significó que el Krak, al estar ocupada una guarnición rebelde, fuera bombardeado por tierra y por aire, produciendo serios desperfectos en su estructura gótica.

Daños infligidos por la guerra
Sea como sea, el Krak de los Caballeros aún continua en pie, a pesar de todas las vicisitudes habidas durante los siglos. Hubiera estado bien que, en un contexto de guerra moderna, en que las fortificaciones de hace 1.000 años no son defensa alguna para las armas de hoy en día, los contendientes hubiesen dejado al margen un tesoro arquitectónico como éste, pero pedir al ser humano que reflexione, tal vez sea lo más parecido que hay a pedir peras al olmo. Con todo, y si lo pensamos bien, tal vez no haya nada más congruente para un patrimonio militar que ser destruido en un ambiente bélico, ya que al fin y al cabo, para eso fue construido. Al menos su final es más digno que el de ser destruido ignominiosamente por un ayuntamiento por pura corrupción urbanística.

El que quiera ver, que vea.

Estancia en la que estaban los monjes-soldado

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jueves, noviembre 26, 2015

La amenazadora espada de Damocles del Cráter Vredefort

Cráter Vredefort
Cuando echamos una mirada a la Luna, lo primero que nos llama la atención es la cantidad de cráteres que tiene en su superficie. Impactos grandes, medianos, pequeños... toda la superficie, a excepción de los llamados "mares" están llenos de estructuras redondas fruto del impacto de asteroides de todo tipo y tamaño. Aquí abajo, en la Tierra, el paisaje es totalmente diferente, y aunque también caen meteoritos a cascoporro, la atmósfera es capaz de desintegrar la mayoría de ellos. No obstante, nuestro particular escudo protector no es capaz de evitar el impacto de los cascotes más gordos, aunque sí es capaz de borrar en muy poco tiempo las pruebas de que tal choque haya existido. Ahora bien...¿se imagina un impacto de tal magnitud que ni la erosión de 2.000 millones de años haya sido capaz de borrarlo? Pues este impacto existe y se llama el Cráter Vredefort.

Área afectada
Sudáfrica es conocida, a parte de por ser el sitio donde España ganó su primer Mundial, por ser una zona especialmente rica en minerales valiosos de todo tipo y rareza (ver El Cullinan, el diamante más grande del mundo).  Esta particularidad no es casual, debido a que la corteza terrestre de esta zona es, con más de 3.000 millones de años, una de las más antiguas del planeta... con toda la historia geológica que significa que lleva a sus espaldas. Es en este contexto que, a 100 km al suroeste de Johannesburg que se encuentra Vredefort, un pequeño pueblo agrícola de 3.000 habitantes que no llamaría demasiado la atención si no fuera por su particular topografía. Y es que en sus inmediaciones, hay toda una serie de colinas con forma de semicírculo que han llevado de cráneo a los geólogos durante años.

Cráter Tycho en la Luna
Al encontrarse en una zona tan interesante para la minería, Sudáfrica ha sido extensamente estudiada por los geólogos con el fin de buscar los yacimientos minerales más cotizados, por lo que las estructuras cercanas a Vredefort no pasaron desapercibidas.

El paisaje de Vredefort destaca por una serie de anillos concéntricos de montañas metamórficas, en cuyo centro destacan una serie de yacimientos de rocas graníticas. Esta particular disposición hizo pensar, en un primer momento, que una intrusión de magma procedente del manto terrestre había levantado la corteza terrestre, provocando esta forma circular tan característica. Sin embargo, a mediados de los años 90, la cosa dio un vuelco espectacular.

Roca astillada por una explosión
A raíz del descubrimiento de rocas en forma de cono astillado, solo conocidas en zonas de impacto meteorítico y explosiones nucleares, los geólogos empezaron a juntar las piezas y descubrieron que aquellos relieves que tenían ante sus ojos, no eran una erupción volcánica más o menos fuerte, sino el cráter de impacto más grande encontrado hasta la actualidad, y uno de los más antiguos con 2.023 millones de años.

Corte geológico
El cráter de Vredefort, a pesar de la erosión sufrida durante 2.000 milones de años (que ya es decir) tiene la friolera de unos 300 km de diámetro, estimándose que el asteroide que impactó debía de tener unos 10 km de largo. Un granito de arena, vaya.

La corteza respondió como un líquido
Tal fue el impacto que la superficie terrestre respondió como si fuera una gota cayendo en el agua, hundiéndose unos 24 km en la corteza y rebotando a continuación, produciendo la salida al exterior de magma fundido directamente desde el manto. Esto habría dado origen a las montañas graníticas centrales (llamadas el Domo de Vredefort) y a todo el conjunto de montañas semicirculares que se extienden mucho más allá de Johannesburg. Hoy, poco queda de aquella estructura, pero las consecuencias del choque fueron globales y se especula que fue decisivo para el desarrollo de la vida en el planeta.

Áreas magnéticas concéntricas
Hace 2.000 millones de años el planeta era bastante diferente al actual. El agua cubría el planeta, pero los continentes -rejuntados en un único continente llamado Nuna- no tenían nada que ver con la actual disposición, mientras que la vida se reducía a pequeñas bacterias anaeróbicas pululando por las someras aguas costeras. Fue entonces que el impacto del asteroide Vredefort vaporizó unos 70 km3 de roca, repartiendo los escombros y el polvo por todo el planeta y, de rebote, una inyección de oxígeno a la atmósfera. Un aumento súbito que provocó una mortandad de bacterias anaeróbicas (a las cuales el oxígeno es tóxico) y forzó la selección natural de las bacterias aeróbicas -a las que no molesta el oxígeno- que habrían de ser la base de la vida tal y como la conocemos hoy en día.

Terrorismo planetario
En definitiva, que el Cráter Vredefort (que fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 2005) nos demuestra que, por mucho que estemos obsesionados en nuestra seguridad y que busquemos la estabilidad ante todo, la vida en este planeta ha sido, desde siempre, de todo menos estable y segura. Ahora que la gente tiene miedo hasta de salir de casa por si acaso es uno de los elegidos por los terroristas para conocer de cerca a San Pedro, haríamos bien en pensar que, por mucho que nos escondamos, por mucho que temamos, la espada de Damocles de una piedra kilométrica pululando por el espacio, siempre nos estará apuntando.

Y contra eso, no hay nivel 5 que valga.

Una cicatriz terrestre ciertamente inquietante

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miércoles, noviembre 25, 2015

El mito no tan mito del suicidio masivo de los lemmings

Lemming
El Ártico ha sido desde siempre una tierra inhóspita, fría y oscura que ha atraído y repelido al ser humano a partes iguales. El desconocimiento de esta zona del planeta y las especiales características de los paisajes boreales, han hecho de ellos una fuente de misterios y leyendas para todas las culturas que han osado transitar por sus fríos parajes. Fenómenos como el del Maëlstrom (ver Maëlstrom, el torbellino del infierno) o el de las Aguas Muertas (ver El curioso efecto de las aguas muertas) llenaban de inquietud a propios y extraños por la ignorancia de los fenómenos físicos que en ellos concurrían. Sea como sea, con el tiempo y el desarrollo de la ciencia estos focos de misterio se han ido desvaneciendo y se han llegado a comprender. Tal es el caso de los lemmings, una especie de pequeño roedor que vive en aquellas tierras, que también participaba del misterio generalizado de las zonas árticas, al creerse que se suicidaba en masa llegado el momento, aunque con el tiempo ha acabado por desmentirse. Sin embargo, reduccionistas como somos a que todo lo que no es blanco, es negro, tal vez no debiéramos ser tan categóricos negando el suicidio de los lemmings.

Lemmings, el videojuego
A los que ya tienen cierta edad, seguro que les sonará un videojuego que se llamaba Lemmings. Este juego de la época antediluviana (principios de los 90) era un arcade en el cual se tenía que evitar que unos seres antropomorfos llegasen a caer por un precipicio, y estaba basado en la creencia generalizada en que, los lemmings de verdad, se suicidaban cuando se producía una superpoblación en su medio ambiente. Esta creencia, se hizo viral a raíz de un documental hecho por la factoría Disney en 1958 (White Wilderness) en que se veía a unos pequeños lemmings saltando en masa al agua. El único inconveniente es que, según parece, dicha escena fue forzada por el equipo de filmación, pero la idea del suicidio en masa caló con fuerza en el público. La realidad es que no todo era mentira.

Arquetipo de un lemming
Los lemmings (Lemmus lemmus) son una especie de cobayas -aunque esté más relacionado con los topillos y los hamsters- de un tamaño de entre 7 y 15 cm, de pelo corto, y eminentemente herbívoro que tiene como medio ambiente principal las tierras boreales, tanto de América como de Europa y Asia. Sin embargo, tiene la particularidad que, al contrario de otros mamíferos árticos, el lemming no hiberna, por lo que se mantiene activo durante el invierno haciendo galerías en la nieve para alcanzar las plantas y bulbos de los que se alimenta. Y no es la única particularidad.

Pequeños pero testarudos
Estos pequeños y simpáticos roedores destacan por la excepcional capacidad de reproducción, que si ya de por sí es alta en este tipo de mamíferos, en los lemmings alcanza cotas nunca vistas, ya que los machos alcanzan la madurez sexual a las dos semanas de nacer. Las hembras, por su parte, alcanza la madurez a las tres semanas, siendo capaces de tener hasta 8 camadas anuales de más de una docena de crías.  Si tenemos en cuenta que pueden vivir hasta 3 años, significa que, si fueran personas, serian maduras sexualmente al año y medio de vida. Ahí es nada.

Esta capacidad de reproducción es tan bestia que agotan los recursos de su ecosistema, llegándolo a hacer colapsar como si fueran los Renos de Saint Matthew (ver El inquietante caso de los renos de Saint Matthew) por lo que sólo tienen la opción de morir o marcharse a buscar nuevas tierras. Obvia decir que los depredadores (sobre todo armiños, zorros polares y buhos nivales) hacen el agosto cuando los lemmings llegan a la superpoblación. Y aquí es donde comienza el equívoco del suicidio masivo de estos pequeños ratoncillos.

Zorro ártico buscando comida
En el momento en que parece claro que los lemmings han de coger el hatillo (ocurre cada 4 años más o menos), éstos empiezan a viajar en busca de otras zonas más propicias. No obstante no piense en una migración como la de los ñus, sino que cada uno, a su forma, se busca su camino. Eso sí, a testarudos y valientes no les gana nadie, con funestas consecuencias para ellos mismos.

En esta "migración" sin rumbo definido, cuando un lemming coge una dirección, no la deja ni que lo maten, atravesando sin dudar tantos ríos, lagos o carreteras como se encuentre en su camino. Y, en esto, sí que es un auténtico suicida.

Lemming ahogado
Tal es el afán para seguir con su camino que no duda a tirarse a ríos cuyo caudal es imposible de vadear para un animalito de menos de 100 gm, atravesar lagos inmensos -agotando sus exiguas fuerzas- o, lo que es más fuerte, a llegar a tirarse al mar con una obsesiva intención de atravesarlo cual arroyo en el camino fuera. No en vano se han llegado a encontrar lemmings en trozos de hielo marino flotante a más de 50 km de la costa.

Esta cabezonería por migrar produce una cantidad de bajas impresionante, hasta el punto que la población de lemmings llega a  bajar de tal forma, que acaba por poner en peligro la propia continuidad de la especie. Los biólogos no se ponen de acuerdo en la finalidad de semejante escabechina, pero se especula con que sea una forma de selección genética de los ejemplares más capaces de soportar los rigurosísimos inviernos polares.

Los lemmings no hibernan
En definitiva, que los lemmings, si bien no se suicidan en masa como cuenta la leyenda urbana, la realidad es que toman una serie de riesgos que, vistos desde la perspectiva humana son un verdadero suicidio. Sin duda, no es un mecanismo buscado, ni consciente como se nos ha querido dar a entender, pero la combinación de depredadores, la falta de recursos, un medio ambiente durísimo y la necesidad de nuevos territorios hacen que los lemmings acaben muriendo en masa cerrando, cual derviches giróvagos animales (ver El hipnótico ciclo eterno de los derviches giradores) el eterno y misterioso ciclo de la vida.

Lemmings atropellados en una carretera noruega


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martes, noviembre 24, 2015

Los Kaiten, los kamikazes submarinos japoneses

Torpedo Kaiten
Una de las mayores amenazas para cualquier policía o ejército, debido a la dificultad evidente de evitarlos, son los ataques suicidas contra cualquier objetivo. El hecho de que sean personas cuyo fanatismo hace que no duden en sacrificarse por una causa que ellos creen superior, hace que sea prácticamente imposible negociar o llegar a un acuerdo con ellos para impedir el ataque. Sea como sea, los ataques suicidas no son cosa nueva, ya que los japoneses, durante la 2ª Guerra Mundial, ya hicieron famosos a los kamikazes al estrellar letalmente sus aviones contra los barcos americanos. No obstante, los ataques suicidas de los japoneses no se circunscribieron solamente a los famosos pilotos de aviones. ¿Conocía que también existieron torpedos humanos suicidas? Efectivamente, estoy hablando de los Kaiten, los kamikazes submarinos.

Kamikaze en acción
A finales de 1943, Japón empezaba a darse cuenta de que las cosas se estaban poniendo muy negras para poder ganar la guerra. Las continuas bajas, el bloqueo naval de los aliados y la imposibilidad de suplir al ritmo deseado el material de guerra perdido hizo que los mandos decidiesen poner en marcha un desesperado plan de ataques suicidas que ayudase a dar la vuelta a la tortilla. Los más conocidos y que infligieron más daño a los Aliados fueron los kamikazes, los cuales, cual misiles humanos, no dudaban en estrellarse sobre los barcos enemigos y, así, acabar con ellos. Sin embargo, no fueron los únicos.

Promoción de nuevos kaiten
La guerra en el Pacífico era durísima (ver Ramree o el batallón japonés devorado por los cocodrilos), pero los Aliados no hacían más que ganar terreno, por lo que el Alto Mando japonés decidió que, dada la relativa baja efectividad de los torpedos de los submarinos, una forma de aumentarla era que fueran comandados por soldados suicidas. De esta forma, los torpedos impactarían contra las naves enemigas, produciendo los daños con total seguridad y con un ahorro significativo de material de guerra. El inconveniente era que se perdía el soldado pero, por suerte para ellos, el fanatismo de las tropas niponas era tal que no faltaba quien ponía su vida al servicio de su país. ¿Se tenía que ir a pegar tiros a la Conchinchina? Se iba. ¿Se tenía que servir de torpedo humano? Se servía. Sin problemas.

Prueba de uno de los torpedos
En este contexto, los astilleros japoneses empezaron a desarrollar una versión de los torpedos Tipo-93 que ya utilizaban en sus submarinos, en los que se cambiaba el giroscopio neumático que utilizaban para guiar el torpedo a distancia por una cabina de mando. De esta manera, y ayudado con un periscopio, el piloto suicida de turno (llamado kaiten -retorno al cielo, en japonés-) controlaba totalmente la dirección del torpedo, impactando bajo la linea de flotación de los navíos aliados.

Estructura interior de un torpedo humano

Modelo de cómo los llevaban
Estos torpedos, que no tenían ni radio ni sonar, medían unos 15 metros de largo por 1 metro de ancho, pesaban unas 8 toneladas y transportaban una carga explosiva de 1.500 kilos a una velocidad máxima de 75 km/h. En los primeros modelos, los kaiten entraban en el torpedo desde la superficie, pero en las últimas versiones ya se podía entrar en ellos desde el submarino en inmersión. Los últimos modelos iban equipados con un botón de autodestrucción que activaba el suicida en el caso de que no se hubiese producido la explosión a la primera. La teoría decía que tenía que funcionar, pero la práctica, como suele ocurrir en estos casos (ver Los indignantes perros-bomba sovieticos), demostró lo contrario.

USS Underhill, una de las pocas bajas
Entre 300 y 400 torpedos Kaiten se produjeron durante los últimos años de la 2ª Guerra Mundial, pero tuvieron una efectividad muy baja. Según las fuentes, tan solo un petrolero, un destructor y un pequeño transporte de tropas (con menos de 200 víctimas entre los tres) fueron hundidos por acción directa de estos torpedos humanos, mientras que los japoneses, por el contrario, sufrieron bajas mucho más cuantiosas al hundir los americanos 8 submarinos que los transportaban, con más de 800 víctimas en total. Los japoneses sostuvieron que fueron mucho más efectivos de lo que cuentan los americanos, pero sea uno o sea otro, la verdad es que no fueron en absoluto decisivos.

En definitiva, que la desesperación del ejército japonés hizo que enviase a sus tropas a inmolarse por el Emperador y que estas, imbuidas en un fanatismo ciego, no dudasen en poner su sangre y su vida en manos del Alto Mando nipón. El terror y la destrucción de los kaiten no tuvo nada que ver con el efecto psicológico y visual de los kamikazes, pero unos y otros demuestran que, cuando la cordura falla y el espíritu crítico de una sociedad desaparece, quien tiene más a perder es la misma humanidad.

Ayer fueron los japoneses, hoy los del Daesh. Visto está que la locura humana ni se crea, ni desaparece, simplemente se transforma.

Kaiten interceptado por la Armada estadounidense

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