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jueves, octubre 13, 2016

El Coro, el edificio donde la Historia está en extinción

Fachada de El Coro
Por mucho que moleste al actual consistorio, si en algo destaca la ciudad de L'Hospitalet de Llobregat es por ser la ciudad con mayor densidad de Europa (y casi mundial, ver Una lata de sardinas llamada Hospitalet) y por ser el paradigma de la especulación urbanística, con la brutal destrucción de patrimonio cultural e histórico que ello ha comportado. No por nada de las más de 300 masías que había en el territorio de Hospitalet hasta bien entrado el siglo XX, a día de hoy, tan solo quedan 25; del resto de patrimonio, créanme, mejor ni hablar. Es por esta obsesión “patrimonicida” que ha invadido constante y reiteradamente esta ciudad hasta la actualidad que choca al propio y al extraño el ver cómo el ayuntamiento intenta “vender la moto” de hacer de L'Hospitalet el centro de producción cultural metropolitano, cuando no es capaz ni de proteger -y ni mucho menos promocionar- su propio patrimonio cultural e histórico. Y como ejemplo, vivo, real y actual del nulo interés por conservar el legado de nuestros antepasados, tenemos un edificio que, inmerso en la ciega cotidianidad del día a día de una ciudad tan atolondrada como L'Hospitalet, parece que tiene sus días contados: El edificio de El Coro.

Ubicación del inmueble
En el número 24 de la muy céntrica calle de Baró de Maldà, al lado del solar que ha quedado después del derribo de la antigua sede de Aguas de Barcelona, se puede observar una fachada de una planta de altura que destaca por su arquitectura peculiar, sus ventanas enrejadas, su gran persiana metálica roñosa y desvencijada, por su solitario mástil que corona el tímpano de la fachada y porque en la parte de arriba pone 1925, su año de construcción. Hasta aquí puede parecer un edificio antiguo cualquiera, y para los miles de personas que pasan por delante diariamente así es, ya que, de tan visto, es prácticamente invisible para todos ellos. Sin embargo, pocos pueden imaginarse que, tras esa gris fachada, la Historia que esconde este edificio es simplemente brutal.

Año de fundación: 1925
La historia de El Coro se inicia en 1925 cuando la Sociedad Coral “La Campestre” -asociación creada en 1882 que se dedicaba a la promoción del canto coral y de la cual recibe el nombre de “El Coro”- decide construir su nueva sede en el solar que había entre la calle Barón de Maldà y la Riera de la Creu. En este espacio, que era propiedad de La Campestre, se construyó un edificio de unos 50 metros de largo por unos 12 de ancho rematado por un tejado a doble vertiente con varias alturas, el cual, levantado por albañiles del pueblo que voluntariamente aportaron su mano de obra, fue inaugurado el 23 de mayo de 1926, con la asistencia de todas las fuerzas vivas de la ciudad.

Vista aérea antes del derribo parcial
El edificio, construido en estilo Noucentista popularista, estaba formado por una amplia cafetería ubicada en la entrada del local, seguida de las dependencias en donde vivía la familia que regentaba el bar de la asociación. Una vez traspasada esta zona, se daba acceso a un teatro con un escenario que era donde hacían los ensayos y los conciertos de la coral o de otras agrupaciones de Hospitalet que encontraban en este espacio social un lugar para sus ensayos. Destacar que los altos techos estaban adornados con motivos florales modernistas y que el del escenario era más alto que los demás a fin de ubicar las tramoyas. El escenario estaba rematado con diversas florituras en yeso con el escudo de La Campestre en su parte superior.

Compartimentación interior
De esta forma, los socios y sus familias encontraban en El Coro un espacio social donde pasar los ratos de asueto, siendo el primer sitio de la ciudad donde se proyectaron películas. Desgraciadamente el convulso periodo de entreguerras iba a alterarlo todo.

Fachada posterior (2011)
En 1928, La Campestre, sin solución de continuidad, pasó de ser una sociedad recreativa a una asociación política que se inscribió en la Unión Patriótica, el partido de derecha tradicionalista dirigido por el dictador Miguel Primo de Rivera y al cual pertenecía también el alcalde de aquel momento, Tomás Giménez. Ello significó que, con la caída de la dictadura en 1930 y la destitución de Primo de Rivera, el partido por él fundado se disolviera, dispersándose todas las agrupaciones que la integraban y con ellas, los más de 200 integrantes de La Campestre.

Así las cosas, acabó por desaparecer la actividad asociativa de El Coro, pero no la política, ya que en él pasaron a celebrarse reuniones del sindicato anarquista CNT, el cual pasó a tener el local como lugar de reunión y solaz de los jóvenes anarquistas del pueblo (recordar que Hospitalet tenía poco más de 25.000 personas por aquel entonces). Sea como sea, no ha quedado constancia en qué momento, ni en qué términos cambió la titularidad del inmueble de una sociedad a otra.

Quico Sabaté
A raíz de este cambio de titularidad, la vida social y política de El Coro, durante la II República, se disparó, convirtiendo el local en uno de los focos más importantes de actividad ácrata de la zona. Por él pasaron personajes tan conocidos posteriormente como el maqui Quico Sabaté o su compañera Leonor Castells, siendo éste el lugar donde se conocieron.

Durante la Guerra Civil, El Coro también jugó un papel importante, ya que desde aquí, por ejemplo, el 19 de julio del 1936 salieron columnas de cenetistas hacia Barcelona para parar el golpe de Estado y, más tarde, fue la oficina donde se apuntaban los jóvenes de Hospitalet para ir a luchar al frente. Aunque, claro, las cosas no salieron como se esperaban.

Foto aérea de 1947
La victoria del bando franquista y su durísima represión eliminó de raíz todo atisbo de actividad subversiva que pudiera existir en la ciudad, y El Coro, como foco central de ella, sufrió las consecuencias, siendo expropiada por el régimen para, durante los años 40, ser vendido a una empresa que se dedicaba a una nueva industria muy novedosa: el plástico. Para ello, fue remodelado el interior y convertido en nave industrial, aunque la sensibilidad de quién hizo la reforma hizo que se preservasen algunos elementos. El escenario fue tapiado respetando las decoraciones y el escudo  y el espacio de las tramoyas fue utilizado para hacer diversas habitaciones. La empresa, llamada SAPLAS (Sociedad Anónima de Plásticos) mantuvo su actividad hasta bien entrados los 80, momento, a partir del cual, El Coro cierra sus puertas definitivamente, utilizándose su interior como parking de las contiguas oficinas de Aguas de Barcelona.

Parte derruida en 2015
En la actualidad, el local está medio derruido después de que en 2015 se derribara el techo del escenario por -supuestamente- presentar ruina (a pesar de que, al menos desde fuera, no fuese evidente), la cual cosa ha dejado al edificio histórico en muy mal estado. Un estado que aún podría empeorar definitivamente si prospera la intención de los actuales propietarios de tirarlo abajo y levantar un bloque de pisos “alto standing” (faltaría más, que estamos en L'Hospitalet y en pleno centro), cosa que parece lo más probable dado el secretismo y la obstinada negativa de los propietarios a permitir su visita pese a las reiteradas solicitudes efectuadas por las entidades patrimonialistas de la ciudad (Museu de l'Hospitalet, Perseu, etc...). Y es que, en sus bajos, se sospecha que puede haber restos de un refugio antiaéreo de la Guerra Civil, ya que se han encontrado restos de una de estas defensas pasivas en los subterráneos de edificios adyacentes.

Aún resiste el escudo
En definitiva que, pese a la notable importancia de este edificio para entender la Historia de la ciudad de L'Hospitalet, los intereses especulativos de unos pocos pasarán al galope por encima de los intereses de la comunidad, como tantas otras veces ha pasado por estos lares. Cosa tanto más grave en tanto y en cuanto que fue un edificio levantado por y para la comunidad, actualmente en manos privadas de alguien cuya titularidad es, cuando menos, discutible, al ser fruto de una expropiación por derecho de conquista.

Estructura interior
Esperemos que la cordura lleve al consistorio de Núria Marín a mover ficha en beneficio de la conservación y restauración de El Coro, y no, como siempre ha pasado, a girar la cara a las reclamaciones de la sociedad civil (ver Cal Trabal: el fin de L'Hospitalet?). Una sociedad civil que pide, simplemente, que la Historia y la memoria de la gente que ha levantado esta ciudad con sus propias manos, no sea borrada vilmente a golpe de excavadora y bloques de pisos.

¿Tanto cuesta entenderlo?


Historia en extinción. Fachada 2016

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