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sábado, enero 30, 2016

¿Qué es la aluminosis?

Aluminosis
Cuando durante los 70 y los 80 iba a casa de mi abuela materna (ver ¿Sabes determinar tus 8 apellidos?) en el Turó de la Peira de Barcelona, la sensación que tenía era que estaba en un barrio viejo, como de una época muy alejada históricamente a los ojos de un niño. Aquellos edificios de interiores oscuros, amarillentos, de arquitectura desfasada y olores característicos, no despertaban en mí una sensación agradable, aunque no llegaba a comprender porqué. La respuesta la obtuve el 11 de noviembre de 1990, cuando las portadas de todos los noticiarios abrían con la noticia de un edificio que, cercano a casa de mi abuela, se había venido abajo matando una vecina. La aluminosis hacía su puesta de largo en los titulares.

Turó de la Peira, años 60
Resulta curioso como, a pesar de tener pocos años, la apariencia de aquel barrio ya me ponía en alerta de forma inconsciente. Y es que, en absoluto aquel barrio tenía la apariencia de los poco más de 20 años que en realidad llevaba construido: parecía que tenía 50 o 60 años. Estaba enfermo,  enfermo de aluminosis, y todo él lo reflejaba. Lo peor fue saber que miles de edificios de Barcelona padecían el mismo mal, y que el peligro lo teníamos en nuestras propias casas. Pero... ¿qué es la aluminosis? ¿Porqué se produce? Si tiene un ratillo, miro de explicárselo de forma fácil.

Vigas con aluminosis
Durante el franquismo, Barcelona fue el centro de recepción de una gran cantidad de gente que, procedente del campo español, veía en la capital catalana una tierra de oportunidades donde poder prosperar. Este gran flujo de inmigración, hizo que la demanda de vivienda se multiplicara enormemente, hasta el punto que las constructoras no daban abasto a tanta demanda, por lo que construir rápido se convirtió en objetivo prioritario. ¿Y qué mejor que utilizar un cemento que fragua en pocas horas? Ese era el caso del llamado cemento aluminoso, un cemento especial al cual se le añadía mineral de aluminio (bauxita básicamente) para aumentarle la resistencia y reducirle el tiempo de secado, y... ¡ahí que empezaron a utilizarlo como si no hubiese un mañana!.

El fraguado era muy rápido
Al contrario de lo que pueda parecer, el cemento aluminoso no era un mal producto. A las características de fraguado rápido -en 24h casi alcanzaba su máxima resistencia-, se le tenía que añadir que era capaz de aguantar hasta 1500 ºC  (lo que lo hacía idóneo para la construcción de hornos) y, debido a que al fraguar provocaba una reacción que alcanzaba los 35ºC de temperatura, era muy utilizado para construir en zonas frías donde la congelación del cemento podría ser un problema. Todas estas ventajas hacían que fuera muy útil en la construcción de vigas y piezas prefabricadas, donde servir rápido era vital. Hasta aquí, el cemento aluminoso era una auténtica maravilla, pero pronto empezó a enseñar cual era su talón de Aquiles: la humedad.

De hexagonal a cúbico
Efectivamente, si bien el cemento no tenía ningún inconveniente en sí mismo, en situaciones de temperatura elevada y humedad aún más elevada, como es el caso de Barcelona y zonas costeras (ver Ande yo fresquete y quéjese el dirigente), la estructura mineralógica del cemento aluminoso cambiaba peligrosamente.

Cristales hexagonales en el cemento
En el momento de fraguado del hormigón, la mezcla de cemento y agua, hace que se combinen generando una serie de cristales de mineral (en el caso del cemento aluminoso, de CaH10) que creciendo entre la arena de la mezcla es lo que le da rigidez. Estos cristales tienen forma hexagonal (seis lados), pero en condiciones de alta humedad ambiental, el CaH10 absorbe el agua y se convierte en C3AH6, pasando de tener una forma hexagonal a una forma cúbica, que si bien es más estable que la anterior, produce una reducción del volumen del cemento de hasta un 40%. Reducción que se convierte en desastroso en tanto que, cualquier cosa que esté hecha con ese cemento, se resquebraja, desmenuza y, en el caso de hormigones armados, pierde la adherencia a las viguetas de hierro de su estructura, perdiendo hasta el 75% de su resistencia. Y cuanta más humedad, peor. Es lo que se llama aluminosis.

Cristales con aluminosis (cúbicos)
En estas circunstancias, cualquier estructura hecha con cemento aluminoso -sobre todo en el caso de vigas y cubiertas- que esté sometida a altas humedades relativas, ya sea medioambientales o por causa de actividad humana (por ejemplo en baños, cocinas, fregaderos...), se convierte en un peligro, tanto más probable cuanto menos cuidado esté el inmueble y más filtraciones duraderas haya. De hecho, en un ambiente seco como Madrid, los casos de aluminosis son escasos (excepto el caso del estadio Vicente Calderón, por su proximidad al río Manzanares), mientras que en Barcelona es una auténtica plaga.

El cemento se separa del acero
En el Turó de la Peira, el problema no fue solo la aluminosis, sino que el ahorro ilícito de todo tipo de materiales por parte de la inmobiliaria Sanahuja -la promotora del barrio- junto al haber utilizado arenas graníticas -que se desintegran con el tiempo- para hacer el cemento, hicieron que se tuvieran que derribar 54 edificios y se tuvieran que rehabilitar 100 más, entre ellos el de mi abuela. No en vano, cuando nos juntábamos la familia, nos decía que no nos acumulásemos en un punto, ya que el riesgo de venirnos abajo era, por desgracia, real. La aluminosis tenía parte de culpa, pero la corrupción institucionalizada durante el franquismo, tuvo un peso aún mayor.

Casa con aluminosis en Alicante
La cosa era tanto más sangrante en cuanto que se conocía el punto débil del cemento aluminoso desde mucho tiempo antes. Por ejemplo, Francia prohibió este tipo de cemento en 1943, el estado alemán de Baviera hizo lo propio en 1960, mientras que en España, no fue prohibido hasta el 1977, tras haber sido utilizado de forma masiva entre 1950 y 1970. No obstante...¿qué hacer con los más de 300.000 edificios que fueron construidos con ese cemento durante esa época? ¿Cómo solucionar el problema?

Perfiles de acero inoxidable
Para empezar, hay que decir que no todas las construcciones efectuadas con cemento aluminoso desarrollan aluminosis, ya que tan solo las condiciones de humedad sostenidas durante largos periodos de tiempo son los que provocan el desarrollo de la "enfermedad". De hecho, este problema se puede producir incluso en vigas construidas con cemento no aluminoso (cemento Portland, por ejemplo) la cual cosa da una idea de la gravedad del asunto.

El perfil asegura la viga dañada
Cambiar las vigas afectadas o reforzarlas convenientemente mediante perfiles en acero inoxidable que soporten la estructura, o inyección de cemento epoxi en las zonas afectadas, es la única opción para eliminar el riesgo de colapso de las estructuras. En algunos casos graves, esto no es viable, y tan solo queda el derribo total del edificio. Una salida que, por su alto coste, no siempre está al alcance de los afectados, a pesar de que la Administración ofrece hasta un 65% de subvención de la obra de reparación de aluminosis en el caso de propietarios con rentas bajas, y un 25% en obras de rehabilitación (solo para propietarios, no a la comunidad, claro).

Es difícil que se vuelva a repetir
Por suerte, que se repitan casos como lo del Turó de la Peira, a pesar de tener los edificios construidos total o en parte con cemento aluminoso, es muy difícil. La concienciación al respecto de la problemática ha hecho que la Administración haya puesto énfasis en el control de este tipo de edificios, convirtiendo el problema de la aluminosis más que en un problema de seguridad de los bloques, en un problema económico para sus propietarios.

Un problema que no es culpa directa de los propietarios (excepto si es fruto de un mal mantenimiento), pero a los cuales, como siempre, son a los que le toca pagar el pato.

En casos graves de aluminosis, solo queda el derribo

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jueves, enero 21, 2016

La insólita estafa oficial de los falsos duros sevillanos

Duro sevillano
Una lengua -sea la que sea- es un ente vivo que, en tanto se utilice, va evolucionando y adaptándose a los tiempos que corran entre sus hablantes. Ello hace que un idioma se enriquezca continuamente de refranes, giros y dichos que hacen referencia a la realidad del momento, quedando muchas de las veces fosilizado dentro del uso habitual de esa lengua a pesar del tiempo que haya pasado desde su "acuñación". Y hablando de acuñación, seguro que habrá oído aquello de ser "más falso que un duro sevillano" -actualizado a "más falso que un euro de plástico" (lo que decíamos)- como forma de expresar la falsedad más que evidente de algo. Pero... ¿de dónde sale lo de "duro sevillano"?¿A qué se refiere? Pues para su información, este dicho lo hemos de ir a buscar a finales del s.XIX en un momento en que el mismísimo Estado Español se dedicó a estafar a los propios españoles y éstos le pagaron con la misma moneda... pero falsa.

A finales del siglo XIX, tanto la política como la economía de España eran un auténtico caos. La pérdida de las colonias americanas, las Guerras Carlistas, la inestabilidad política y la conflictividad social hicieron que el país, en vez de un país moderno, fuera la casa de tócame Roque (ver La Corbeta Narváez, el barco español que se comieron las termitas).

Duro de plata oficial
En esta espiral de caída de la economía, en 1876 se decretó que las monedas más importantes se acuñasen en plata, habida cuenta la dificultad de acuñarlas en oro. Cabe señalar que, en aquel momento, las monedas tenían que tener el valor nominal respaldado por la cantidad de metal de la propia moneda. Es decir, que una peseta tenia que estar hecha con una peseta de metal, ya fuera oro o plata. Como oro no había suficiente (so riesgo de colapsar la economía del país) se decidió hacerlas en plata y se acuñaron diversos tipos de monedas, entre ellas las de 5 pesetas, llamadas "duros" popularmente. 

Mina de plata mexicana
Paralelamente, el descubrimiento de nuevos yacimientos de plata en México y en Estados Unidos hicieron que hubiera una sobreproducción de este metal, el cual tuvo su salida hacia los países europeos y, entre ellos, España. No obstante, como ocurre en toda economía de mercado, un exceso de oferta implica que la demanda no sea suficiente para absorberla y provoca, por tanto, una bajada considerable de los precios, por lo que comprar plata era cada vez más barato.

En España, aprovechando la caótica situación político-social, el gobierno -alternado entre los liberales y los conservadores (el PP y el PSOE del momento, no hemos cambiado nada desde entonces)- empezó a gastar descontroladamente, lo que le llevó a endeudarse hasta las cejas y a intentar sacar dinero de las piedras (léase, de los españoles).¿Les suena de algo?

Colección de duros sevillanos
A pesar de todo, el precio de la plata seguía bajando, hasta el punto que el metal que formaban las monedas valía menos de la mitad de lo que ponía. Esta circunstancia beneficiaba -¡y mucho!- a las arcas públicas, ya que hacer una moneda le costaba la mitad o menos que lo que podía comprar con ella. Como en realidad esto era una estafa al españolito de a pie -el cual hacía las transacciones confiando en que las monedas tenían su valor real-, el Gobierno vio la oportunidad pintarla calva para inyectar liquidez en el sistema económico español y no dijo ni pio de este desfase, emitiendo moneda con valores que nada tenían que ver con el valor del metal con que estaban hechas. 

Los duros falsos eran indistinguibles
A pesar de que el Gobierno se calló como un puta, hubo gente que se dio cuenta enseguida y vio la posibilidad de hacer un negocio redondo haciendo monedas falsas de 5 pesetas de plata que, teniendo exactamente la misma cantidad de plata que las oficiales, costaban menos de la mitad. Al fin y al cabo, si el Gobierno estaba engañando al ciudadano de una forma tan flagrante ¿porqué no hacerlo desde fuera? Dicho y hecho. Las máquinas privadas de hacer duros de plata empezaron a sacar humo.

Banco de España (Madrid)
Conforme que las cantidades de moneda falsa comenzaron a circular, el Gobierno español se fue encontrando cada vez más entre la espada y la pared. Por un lado, seguir con el desfase de precios entre el valor nominal y el real le iba de coña pero, por otro lado, la gente, conforme se iba dando cuenta de la presencia de las falsificaciones, le iba pidiendo responsabilidades y, sobre todo, explicaciones. Explicaciones que no podía dar porque si las daba, se vería la estafa oficial, la moneda dejaría de circular y se colapsaría la economía española. Patada adelante y que el siguiente gobierno se las apañase. Typical Spanish.

Ceca decomisada en Barcelona
La policía, para cubrir el expediente, de vez en cuando detenía grupos de falsificadores, siendo bastante sonado el descubrimiento de una ceca ilegal (un taller de moneda falsa, vaya) en una fábrica de camas en Sevilla. La realidad es que cecas había por todos lados, sobre todo en capitales como Barcelona, por el intenso trajín de comercio e industria que permitía su puerto, pero Sevilla se llevó la palma y los duros falsos empezaron a llamarse "sevillanos".

Viñeta satírica
El descontrol fue in crescendo hasta llegar al punto que ni el mismo Banco de España era capaz de distinguir los duros legítimos de los falsos, pero no solo eso, sino que incluso algunas falsificaciones...¡tenían más cantidad de plata que las propias oficiales!. La gente, ante tal desbarajuste, desconfiaba de todas las monedas, lo que llevó al Gobierno, en 1899 a dejar de acuñar oficialmente las monedas de 5 pesetas. No obstante, no acabó aquí el embrollo.

Antonio Maura
El mercado estaba absolutamente saturado de duros sevillanos y, lo que era peor, indistinguibles los unos de los otros. Ello hacía que los mismos bancos dispensaran monedas falsas entre las buenas, lo que ponía en un brete a más de un comerciante que veía que sacaba dinero para sus transacciones y en una proporción altísima era dinero falso... sin posibilidad de reclamación, claro. Ante la situación que de los 1500 millones de monedas de 5 pesetas que circulaban por España, casi 400 eran falsos, el 6 de julio de 1908 el gobierno de Antonio Maura decidió retirar todas las monedas de duro y canjearlas, primero por un recibo con su valor en plata y, después, por otras monedas de curso legal. Fue la única forma de acabar con aquella locura.

Canjeando duros sevillanos
A partir de entonces, el Gobierno español decidió regular las importaciones y el mercado interior de la plata para evitar que se repitiera la picaresca tanto por parte de las autoridades como de los falsificadores. Los ciudadanos, por su parte, tan solo canjearon unos 2,7 millones de piezas (como era plata buena, mantenía su valor a peso y la gente se las quedó) perpetuando su desconfianza y acuñando para la lengua castellana el dicho de "más falso que un duro sevillano". Un ejemplo más de cómo, en España, premios Nobel, poquitos, pero pícaros, corruptos y espabilados tenemos, si quisiéramos, como para llenar petroleros.



Gente en espera de canjear sacos enteros de monedas

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martes, enero 19, 2016

Atlantropa, el insensato proyecto para desecar el Mediterráneo

Proyecto Atlantropa
Uno de los inconvenientes que se presentan ante el cambio climático que estamos padeciendo, es el progresivo deshielo de los casquetes polares. El aumento de las temperaturas del planeta hará -y digo hará, porque antes reventaremos todos que ponernos en serio a atajar el problema- que el nivel de los mares suba de manera descontrolada. Ante esta amenaza, la solución para las poblaciones costeras pasará por "holandizar" todas las zonas afectadas metiendo diques a cascoporro para controlar el nivel del agua. A grandes males, grandes remedios; sin problemas. No obstante, hay veces que los ingenieros y arquitectos se exceden un pelín en idear "grandes remedios", con el riesgo de crear proyectos como el del alemán Herman Sörgel, el cual pretendía desecar el Mediterráneo a base de hacer una presa en el Estrecho de Gibraltar. ¿Lo peor? Que era factible.

Herman Sörgel
Acabada la 1ª Guerra Mundial, las ganas de olvidar la gran matanza inundaron toda la sociedad europea. El ocio y el vivir la vida se convirtieron en un espejismo que ayudaba a mitigar la dureza de la posguerra. Por su parte, las élites intelectuales intentaron buscar las razones del conflicto mundial, llegando a la conclusión de que era un problema de superpoblación y de falta de recursos del continente europeo que lo ponían en desventaja respecto América y Asia. Europa no podía crecer debido a sus limitadas fronteras, por lo que necesitaba imperiosamente obtener más territorios que explotar. Y...¿cual era el patio de atrás de Europa? Efectivamente: África. Solo que tenía el inconveniente de estar separada por un incómodo Mar Mediterráneo. El arquitecto Herman Sörgel tenía un solución fácil y, lo mejor para el momento, pacífica.

Se unía África y Europa
Sörgel, conociendo esta falta de tierra productiva, propuso crear una gigantesca presa que yendo desde la costa española de Tarifa hasta la costa marroquí, cerrara el acceso del agua del Atlántico al Mediterráneo y uniera África con Europa, creando un nuevo continente que se llamaría Atlantropa. El arquitecto sabía que el Mare Nostrum tiene un balance hídrico negativo, por el cual evapora mucha más agua de la que recibe de los diversos ríos que abocan a su cuenca y que, además, esto había ocurrido de forma natural en épocas anteriores (ver La historia de los cíclopes fosilizados). Y es que, para Sörgel, el proyecto eran todo ventajas.

Idealización del dique
El dique, que estaría a unos 20 km al oeste de Gibraltar para aprovechar las aguas más someras, tendría unos 30 kms de largo, y permitiría hacer que, en pocos años, el Mediterráneo bajase hasta 200 metros. Ello dejaría al descubierto una gran cantidad de tierras actualmente sumergidas (se estima que unos 233.000 km2) que podrían ser colonizadas por los diferentes países ribereños y usadas para el cultivo. Asimismo, las distancias entre África y Europa se habrían reducido notablemente y las comunicaciones serían mucho más fáciles al poderse construir dos nuevos diques, uno en el paso de los Dardanelos y otro entre Túnez y Sicilia. Lo gracioso es que permitirían el paso de buques por sus esclusas y, a la vez, permitirían la generación de 110.000 MW de energía eléctrica (50.000 MW la de Gibraltar ella sola). Presentado el proyecto en 1929, y pese al inicial entusiasmo general, el proyecto tenía serios inconvenientes.

Se ganaba terreno al mar
A las dificultades técnicas derivadas de la construcción de semejante dique (se considera que habrían tenido que estar trabajando 200.000 personas durante 10 años para levantarlo, y que no habría suficiente producción de cemento en el mundo para construirlo) y el riesgo sísmico de una zona como el Estrecho de Gibraltar, el hecho de un descenso de 200 metros del nivel del mar significaba la muerte de todas las ciudades costeras mediterráneas. 

Una nueva Génova se construiría
Las ciudades pasarían a estar tierra adentro y muy lejos del mar, y habrían tenido que erigirse otra vez en las nuevas zonas entre la antigua costa y la real. Para ello se idearon nuevos proyectos urbanísticos para ciudades como Génova, Marsella o Nápoles, aunque en otros casos, como el de Venecia, ello era absolutamente imposible, ya que la práctica desaparición del Adriático habría dejado la costa a 465 km del lugar original. ¿La solución? Más cemento: Un dique que, desde las afueras de la laguna, mantuviera de forma artificial el antiguo nivel de agua y no afectara al atractivo acuático de la ciudad. Aunque no solo eran problemas logísticos, los problemas medioambientales habrían sido desastrosos.

Se inundaba África
A principios del siglo XX, la conciencia medioambiental de la sociedad era nula, hasta el punto que el proyecto Atlantropa observaba represar los grandes ríos africanos para convertir amplias zonas de África en lagos -total, eran simples selvas improductivas- con los cuales convertir el Sahara en una zona de regadío. Obvia decir que informes de impacto ambiental ni se planteaban, ya que todo se concebía desde el punto de vista de productividad humana. El equilibrio ecológico ni se conocía, ni importaba lo más mínimo.

Sería un desastre ecológico total
Hoy en día, y tras la experiencia de la desaparición del Mar de Aral (ver Réquiem por un mar: El pavoroso desastre ecológico del Mar de Aral) en los últimos 30 años, se sabe que detrás de una súbita desaparición del mar, simplemente va un desierto de arena y sal tóxica en suspensión, totalmente imposible de colonizar, pero no solo eso. 

El Mediterráneo, una charca
El agua que quedase, aumentaría su temperatura y salinidad, acabando con buena parte de las especies vivas que en ella viviesen, lo que sería un auténtico descalabro para el equilibrio ecológico del Mediterráneo y para la industria pesquera. Por otro lado, la desaparición del mar de amplias zonas provocaría una reducción de las lluvias en Europa y norte de África, comportando un aumento de la aridez de toda el área mediterránea. Y, por si no fuera suficiente, al cortar el ramal de la Corriente del Golfo que accede al Mediterráneo a través de Gibraltar podría provocar un Efecto Ártico (ver El Efecto Ártico) en el Atlántico Norte, llevando una nueva glaciación a Europa. Para no tener ningún miramiento con el medio ambiente, la carambola estaba asegurada. Por suerte, el proyecto no se llevó a cabo, aunque si algo se puede asegurar es que por Sörgel no quedó.

Una vez presentado el proyecto y no encontrar muchos apoyos más allá de un éxito inmediato en las portadas de los medios de comunicación, Sörgel no cejó en el empeño de llevarlo a cabo.

Se idealizaban las ventajas
Al pasar el tiempo, la situación política de Alemania en los años 30 no era muy propicia a estas ideas paneuropeas, ya que Hitler tenía su propio proyecto megalomaníaco. Sörgel, a pesar de ser pacifista y su mujer ser de origen judío, presentó su proyecto a los nazis, los cuales poco menos que se rieron de él. No obstante estos reveses, la obsesión en el proyecto -estaba convencido de que era una solución real a todos los problemas de Europa- le llevó a seguir trabajando en él durante la guerra y presentárselo a los aliados una vez acabada la 2ª Guerra Mundial. El desarrollo de la energía nuclear (que hacía innecesaria una infraestructura mastodóntica para obtener energía hidroeléctrica) así como el inicio de la Guerra Fría, hicieron que el proyecto de Atlantropa fuese inviable, aunque jamás fue olvidado por Sörgel, el cual estuvo promocionando su sueño hasta su muerte en un accidente de bicicleta (fue atropellado por un coche que se dio a la fuga) en 1952.

Proyecto de Nueva Génova
Al final, el proyecto Atlantropa quedó en el baúl de los olvidos como testimonio mudo de una época en que se creía que el hombre tenía el mundo a su entera disposición sin importarle lo que en él pasase. Posteriormente, la Segunda Guerra Mundial, las bombas atómicas y el desarrollo sin control de la tecnología nuclear dieron el mazazo de gracia en la conciencia de la sociedad mundial, la cual, finalmente, pudo ver el límite real entre lo que puede y lo que debe hacer si quiere continuar viviendo en este planeta. Un límite que, oculto tras utópicos Atlantropas, aún hay demasiada gente que piensa que no existe.

Demasiada.

Atlantropa, un proyecto (afortunadamente) olvidado

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miércoles, enero 13, 2016

Crónica y presentación de un libro particular: "Cròniques d'una Catalunya desconeguda"

Cuando en el ya lejano febrero de 2005 empecé este blog, una de las motivaciones que encontré para escribir prácticamente cada día fue el hecho de explicar la realidad que me rodeaba. Una realidad que era totalmente diferente de la que se estaba vendiendo desde los mentideros más agrios de la caverna mediática de Madrid. Este choque brutal entre lo que se decía que pasaba en Catalunya y lo que yo mismo estaba viviendo en primera persona, me indignaba de manera bestial y me daba alas para, en estas páginas cibernéticas, expresarme libremente y, por qué no, hacer un poco de didáctica de la realidad que se estaba viviendo por aquí.

Esta situación hizo que, como quería que el mensaje llegara más allá de lo estrictamente catalán (total, nosotros ya sabíamos lo que teníamos por casa), decidiese que Memento Mori! tenia que estar escrito en castellano, por lo que abría nuestra problemática y mi indignación al mundo entero. De hecho, en la actualidad, el 35% de las visitas son de fuera del estado español.

Así las cosas, durante los primeros años, empecé a dar rienda suelta a mi vena escritora indignada explicando las contradicciones y las mentiras que se vertían hacia nosotros, las cuales, para mi asombro veía que iban calando fuertemente entre la gente que no conocía Catalunya y ni tampoco lo que realmente se cocía en este rincón de la península Ibérica. De esta forma, me encontré explicando en lengua española lo que estaba pasando en el día a día de esta tierra, pero también sus curiosidades, sus anécdotas y su historia.

Al pasar de los años, el hastío de ver que no había peor ciego que el que no quiere ver, me hizo cambiar el inicial enfoque indignado, pero mantener el didáctico, por lo que los artículos se dedicaron a explicar las cosas que yo, por uno u otro canal, almacenaba en mi cerebro y que parecía que gustaba a mi cada vez más nutrida audiencia. Evidentemente, muchas de ellas eran de temática catalana, por lo que se empezaron a acumular en la medida que se acumulaban los artículos en mi blog.

Cuando a principios de 2015, el editor mallorquín Miquel Deya me propuso hacer un recopilatorio de artículos para Editorial Foc, no dudé en proponerle por mi parte, justamente uno que recogiese los "mementos" que tocaban temas catalanes. Y no solo eso, sino que, además, fuera en catalán.

Efectivamente. Aunque acostumbre a escribir mis relatos en castellano, soy bilingüe y domino tanto la lengua de Cervantes como la de Ramon Llull (la de Shakespeare y la de Voltaire me cuestan un poco más) por lo que me apetecía publicar una obra en catalán. Y dicho y hecho.

Editorial Foc, por su parte, es una editorial joven radicada en Barcelona que usualmente publica en castellano, para la cual también suponía un reto, ya que ésta sería su primera obra publicada íntegramente en lengua catalana. Asimismo, su juventud implica que, como los jóvenes de hoy en día, conozca las nuevas tecnologías al dedillo y no esté anquilosada en formas de hacer y de publicar, herederas de otros tiempos -tal vez gloriosos- pero totalmente al margen de las tendencias de los nuevos tiempos que corren. Como no podía ser de otra forma, el nuevo libro tenía que ser digital.

Y aquí tenéis "Cròniques d'una Catalunya desconeguda". Un recopilatorio de 50 artículos de temática catalana donde podréis encontrar un montón de curiosidades y peripecias relacionadas con Catalunya y sus habitantes que, explicadas a mi estilo, he podido recopilar en este libro electrónico. Relatos que espero os gusten y diviertan tanto como lo han hecho los 1.100 artículos anteriores a este publicados en mi blog "Memento Mori!"

Con todo, no quería, por menos, que agradecer...

  • A Editorial Foc, y a Miquel Deya en particular, las facilidades para publicar este eBook.
  • A la Gemma Aguilera, por haber tenido la gentileza (¡y el tiempo!) de haber escrito el simpático prólogo de "Cròniques d'una Catalunya desconeguda".
  • A Anna Simó, a la cual conozco desde los lejanos años de instituto (inolvidable Hurtado ¿ein?), por haber podido dejar la dura vida política catalana por un rato y haber aceptado el siempre difícil reto de introducir la obra de un amiguete poco habitual.
  • A la biblioteca Tecla Sala por permitir organizar este acto en este magnífico equipamiento.
  • A mi familia, en especial a Sònia, por su continuo apoyo a mi carrera de escritor -en una sociedad donde parece que el leer está sobrevalorado- y a mi tío Manolo, recién operado de cierta envergadura, que se ha tenido que perder esta presentación por prescripción facultativa.
  • Y, en definitiva, a todos vosotros, por el honor de querer acompañarme en estos momentos y por seguirme habitualmente.
 Muchas gracias.

-Ireneu Castillo-


martes, enero 12, 2016

Fernando VII, el Borbón que competía con el negro del Whatsapp

Fernando VII no le envidiaba
Durante estas Navidades, además de las típicas fotos cursis y azucaradas hasta la diabetes con las que nos hemos felicitado las fiestas, ha corrido como la pólvora entre los usuarios de las redes sociales, el llamado "Negro del Whatsapp". Este negro, que seguro conocerá perfectamente a no ser que aún se encuentre en el paleolítico inferior de la tecnología, destaca por tener un auténtico "problema" entre las piernas en forma de pene de a metro, formando parte de multitud de "memes" y fotos jocosas a cuenta del dichoso negro superdotado. Vista la foto, no hay duda de que dicho "especimen" es producto de la tecnología del Photoshop, por lo que sería una simple ficción. Sin embargo, este "problema " existe en realidad y, sin ir más lejos, Fernando VII, uno de los reyes españoles más conocidos, disponía un aparato genital de tal magnitud que, según las crónicas, no desmerecía en nada al de tan mediático negro.

Fernando VII (sin paquete)
"Según la dama que me contó la historia, su miembro viril era delgado como un bastón de cera de lacrar en la base y grueso como un puño en la extremidad, además de largo como un taco de billar", así explica Próspero Merimée en sus "Siete cartas de Merimée a Stendhal" el chafarderío que le había llegado del monstruoso rabo del llamado Rey Felón. No obstante, y a pesar de las habladurías, que siempre tienden a caricaturizar aquello que comunican, la realidad es que el monarca tenía un serio inconveniente, al tener un pene que sobresalía la media de la población. Bueno... de hecho no era él el que tenía el problema, sino sus parejas de cama.

La primera duró poco
Efectivamente, la mitología popular machista acostumbra a decir que tener un gran pene es una cosa buena e incluso admirable. La lástima es que la realidad dice totalmente lo contrario y si no, que se lo digan a cualquiera de las cuatro esposas que tuvo Fernando VII, ya que si bien la "espada" puede ser grande y larga, también es verdad que  ha de estar en condiciones (necesita mucha más sangre para despegar) y necesita de una "funda" que dé la talla para envainarla correctamente y más si tenían que tener descendencia. Y no era el caso.

La segunda, casi, pero no
Así las cosas, la primera, Maria Antonia de Nápoles -prima suya- tuvo dos abortos y murió en 1806 tras 4 años de matrimonio, sin descendencia. La segunda, María Isabel de Braganza (sobrina de Fernando VII), dio a luz a una niña que murió a los 4 meses; volvió a quedar embarazada y murió durante la gestación, posiblemente debido a una negligencia médica.

La tercera corría mucho
La tercera, María Josefa Amalia de Sajonia -otra sobrina-, era una niña de 15 años (ver Las "fogosas" noches de boda de los reyes europeos) criada en un convento y obligada a casarse en 1819 con un vejestorio de 35 más salido que el pico de una plancha, que al ver "aquello" que el rey tenía entre las piernas, se negó en redondo a tener sexo con él, hasta el punto que tuvo que mediar el mismísimo Papa para convencerla de tener relaciones . Murió de fiebres 10 años después sin haber tenido descendencia.

María Cristina, la más lista
Y, para acabar, la cuarta, Maria Cristina de las Dos Sicilias -otra sobrina, y ya iban 3, ésta de 23 años- de la cual se cuenta que, para hacer el amor con su marido (el cual, enfermo de gota y obeso, tenía 45), se hizo confeccionar un almohadón con un agujero en medio, para poder modular el descomunal tamaño del sexo del rey. Fruto de esta relación in extremis -el rey ya empezaba a estar mayor para según qué cosas- tuvo dos hijas, la mayor de las cuales fue la conocida Isabel II (ver El rey de España llamado Paquita), y sin conseguir obtener el deseado hijo varón. Inconveniente que hizo cambiar a Fernando VII de ser un misógino rematado a un claro defensor de los derechos sucesorios de las mujeres al trono; más que nada porque si no, en vez de su hija, sería su queridísimo (oigase un grillo de fondo) hermano Carlos el que lo haría.

Así, de esta forma, los inconvenientes sexuales de un rey excesivamente dotado para unas cosas, pero demasiado poco para otras (cosas de la endogamia) desembocaron en una cinta continua de reinas pasando por el arco de triunfo real, en la derogación de la Ley Sálica para que su hija Isabel pudiera reinar y, de rebote, en tres guerras de sucesión -las Guerras Carlistas- que sembraron el caos y destrucción en la España de la primera mitad del siglo XIX.

Para que después digan que el tamaño no importa.

Dormitorio de la Reina del Palacio Real de Aranjuez
Webgrafía

jueves, enero 07, 2016

La historia de las ciberestafas de origen español

Ciberdelitos "Made in Spain"
A aquellos que, como yo, lleven unos cuantos días (ejem) de experiencia navegando por Internet, seguro que no les resultarán extraños los correos que, provenientes de Nigeria o cualquier país africano y bajo la apariencia de directores de banco o ministros en apuros por aquellas guerras de Dios, solicitan la ayuda -recompensada- del receptor del mensaje para evadir una impresionante cantidad de dinero. Estos mensajes, a poco que tengas un dedo de frente se ven a la legua que son más falsos que un euro de plástico pero, aunque parezca mentira, hay gente que confía en ellos y caen de cuatro patas presas del timo que hay detrás, desembolsando cantidades de dinero más o menos importantes según la candidez y/o avaricia del receptor. Sea como sea, estos mensajes "spam" han inundado nuestros correos electrónicos desde el principio de Internet, pero no son exclusivos de ella. De hecho ya en el siglo XIX corrían cartas similares por toda Europa sólo que no provenían de Nigeria... sino de España.

La llamada Estafa Nigeriana, es un clásico entre los mensajes fraudulentos que corren por Internet. La situación convulsa del África subsahariana y la imagen que de ella tenemos, convierten a Nigeria en el foco principal de este tipo de timo del toco-mocho al estilo moderno. No obstante, el origen de este engaño lo hemos de buscar en España, a principios del siglo XIX, donde las continuas guerras fratricidas hacían de éste país la base ideal para una estafa como esta.

Aviso del Banco de Nigeria informando de la estafa en su nombre

La Guerra de la Independencia, las guerras de independencia hispanoamericana o las Guerras Carlistas, fueron algunos de los conflictos bélicos que asolaron España durante la primera mitad del siglo XIX. Tantos follones armados y políticos afectaron al (antaño) Imperio Español que el resto de países europeos -sobre todo los más ricos, es decir, Inglaterra y Francia- veían a España como un caos total y absoluto. Esta situación caótica hacía que los estafadores enviaran cartas a gente normal a las cuales camelar y poder sacar un dinerillo a costa de la empatía con los sufrimientos de un desgraciado prisionero atrapado por el caos español.

Por aquel entonces no existía la facilidad de comunicación que hay hoy con las nuevas tecnologías, de tal forma que, para conseguir su objetivo, los estafadores tenían que utilizar un argumento bastante convincente y los medios del momento, es decir el correo postal.

Una vez determinado el objetivo, es decir, el llamado "panoli" (del cual obtenían sus datos por las esquelas o por las noticias de los diarios), la imaginación y "savoir-faire" de los timadores se ponían en acción.

Primero de todo hacía falta empatizar con el objetivo, por lo que se buscaba que conectara con las desdichas de alguien que, supuestamente, se encontraba encarcelado en una prisión española y cuya única y desesperada opción era ponerse en contacto con un particular más o menos anónimo. De esta forma, se inventaban auténticas novelas de ficción que, basadas en hechos reales, estaban protagonizadas unas veces por prisioneros ingleses o franceses apresados por los españoles, otras por prisioneros españoles que huían de la guerra y otros por políticos españoles opositores a los "malos" del momento que habían sido apresados injustamente. Eso sí, todos tenían un nexo en común: mantenían secretamente una sustanciosa cantidad de dinero escondida, por la cual pagarían al "panoli" una parte de ella aunque, eso sí, ellos no podían acceder por estar presos. Por tanto necesitaban la colaboración de él... y de su dinero. Sobre todo su dinero.

Carta fechada en 1905 de un tal Luis Ramos a un incauto inglés

De esta forma, comenzaban a lanzar la caña, haciendo llegar una carta explicando su "trola" al incauto, unas veces en un correctísimo inglés o francés y otras lleno de extranjerismos. Todo ello encarado a crear un vínculo sentimental y -porqué no decirlo- interesado, con el pretendido prisionero.

Tras contactar con él, se transmitían toda una serie de documentos -más falsos que Judas-  con los cuales se probaba la historia explicada (certificados de penales, noticias de diarios...) y, de paso se explicaba que el engañado debía aportar una cantidad, ya fuera para dar la libertad al preso para poder ir a buscar el tesoro escondido con el cual pagar la ayuda del ciudadano, o, en una de sus versiones, a la hija del preso, la cual estaba en un internado y que era la única que sabía donde se encontraba el tesoro. No fueron pocos los que cayeron en el truco, por lo que se les dieron el nombre de Estafa del Prisionero Español o de Timo del Entierro -por estar el tesoro prometido enterrado.

Carta enviada supuestamente desde el penal de Ceuta

En España, estas mismas cartas también corrían, pero no tenían tanto éxito como en Francia o Inglaterra (los españoles eran más pobres y desconfiados), hasta el punto que los diarios se hacían eco de las estafas e informaban que los servicios diplomáticos del gobierno español se habían puesto en contacto con los gobiernos galo y británico avisando de la falsedad de dichas cartas y circunstancias. Con todo, pocas veces se podía atrapar a los embaucadores, de primeras por su escurridiza inteligencia y, de segundas, por la prácticamente nula denuncia de los hechos ya fuera por simple vergüenza de los afectados o por haber querido, a su vez, participar de un negocio claramente ilícito.

Típico ejemplo de estafa por Internet
Sea como sea, este timo, el cual se puede considerar el predecesor del actual "spam" (correo no deseado, para los puristas) se ha mantenido en el tiempo desde el siglo XIX, variando los nombres, ubicaciones y circunstancias hasta llegar a la actualidad, en que adaptados a las nuevas tecnologías y a nuevos lugares de conflicto, los estafadores intentan -y consiguen- enganchar en sus ficticias telas de araña a los más incautos, en un claro ejemplo de que, tal y como pasa con la energía, la picaresca y las malas artes de los que viven de enredar al prójimo ni se crea ni se destruye, sino que simplemente se transforma.

Que se lo pregunten a los preferentistas.

Los diarios de principios del siglo XX se hacían eco del engaño

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