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jueves, febrero 25, 2016

Una carretilla, una alcachofera y un anuncio de espárragos desconcertante

¿Qué esconde este anuncio?
Quien me conoce, sabe que tengo una especial predilección por los anuncios televisivos, los cuales, lejos de molestarme, escudriño con mi mirada de hombre curioso y amante de los detalles. Fue, justamente, practicando este "deporte" promocionado por las cadenas de televisión con pasión y ahínco, que me di cuenta que el anuncio de espárragos Carretilla, en que un fornido y agraciado agricultor nos vende las virtudes de este auténtico manjar de reyes, estaba rodado en medio de un campo de alcachofas y no en medio de un campo de espárragos, como tenía que ser.  ¿A qué era debido este desfase, que si no eres muy ducho en botánica pasa totalmente desapercibido? ¿Por qué, si en un anuncio de un producto derivado del tomate te salen tomateras, o en uno de calabazas te salen calabaceras, en uno de espárragos te salen alcachoferas? Aunque pueda parecer mentira, todo tiene su sentido y más si sabemos que, en el mundo de la publicidad, no se da nunca puntada sin hilo. Acompáñeme un ratito, por favor, que se lo explicaré con mucho gusto.

Cultivo de espárragos
Los spots televisivos, debido a su naturaleza de moscas cojoneras que han de caer simpáticas a quien las está padeciendo, juegan a mezclar en los escasos 20 o 30 segundos que duran una historia interesante, una estética atractiva y un mensaje comercial que incite al público objetivo a consumir aquel producto o servicio (ver Una de anuncios: Light Blue de Dolce & Gabanna.). En el caso de los espárragos Carretilla, la premisa no cambia, pero igual que una tomatera puede ser estética, un campo de cultivo de espárragos es lo más desangelado que un publicitario se pueda echar al objetivo de su cámara.

Esparragueras crecidas
Para comenzar, ese espárrago que se come usted con la ensaladilla o en el vermut es, simplemente, el brote inmaduro de la esparraguera (Asparagus officinalis), un arbusto mediterráneo que -aunque en realidad sea una hierba- hace entre 1 y 1,5 m de altura y se reproduce por rizomas. Ello hace que, como las cañas, la esparraguera emita brotes desde la raíz que cuando salen al exterior dan lugar a una nueva planta que dura unos cuantos años. Considerado un manjar afrodisíaco, se cocinan y cultivan desde la época de los romanos. Pero... ¿cómo se cultivan para que no sirvan para salir en un anuncio?

Método de plantado
Como he comentado antes, al ser el brote que sale desde la raíz de la esparraguera, el cultivador, para que ese brote sea grande y grueso, siembra el rizoma (la llamada garra) en zanjas a una cierta profundidad. Pasado un tiempo, la raíz comienza a emitir brotes en busca del sol de cara a formar una nueva planta. Sin embargo, si dejamos que dichos brotes alcancen rápidamente la superficie de la tierra, enseguida se harán duros y sacarán ramas, por lo que no obtendríamos más que un palo incomestible.

Recolección de espárragos verdes
De esta forma, el productor, controlando el crecimiento de los brotes -conocidos como turiones-, va amontonando tierra encima de ellos (aporcar, que le dicen) para que se estiren, engrosen, y, debido a la falta de insolación, mantengan su color blanco característico. Es entonces que, una vez alcanzada la medida deseada, se desentierran los turiones, se cortan y se manipulan convenientemente para llegar a la mesa de los consumidores, ya sea fresco o en lata. 

Blancos y verdes son lo mismo
En el caso de los espárragos verdes -los cuales son exactamente la misma planta-, el turión no se "aporca", y se deja crecer un tiempo prudencial al sol para que la clorofila tenga tiempo de hacer su aparición sin que se endurezca ni empiecen a desarrollarse las ramas, cortándose y vendiéndose usualmente en manojos frescos. No obstante, la esparraguera necesita desarrollarse para "recargar" de energía el rizoma por lo que, una vez pasada la temporada de recolección -primavera, principios de verano-, se deja que algunos brotes se espiguen y lleguen a formar la planta, la cual se poda a ras de suelo durante el invierno para que vuelva a brotar al llegar la primavera siguiente.

Espárragos verdes
Así las cosas, el cultivo de los espárragos es eminentemente subterráneo, por lo que, a parte de un campo de tierra acaballonada, a menudo con plásticos por encima para evitar que salgan malas hierbas, o un campo lleno de plantas que nadie relacionaría con los espárragos y que, encima, de lejos, parecen plantas de marihuana, los publicitarios no tienen más que un auténtico papelón. Pero no acaba aquí.

Un cultivo subterráneo
Para más inri, debido a la competencia extranjera, el cultivo del espárrago en España ha caído en picado, haciendo que sea muy poca la cantidad de tierra dedicada a la esparraguera en la actualidad. De esta forma, Carretilla, la cual importa la inmensa mayoría de sus espárragos de China y Perú, tendría serios problemas para rodar un anuncio en sus tierras y con su producto, por lo que ha optado por poner como paisaje de fondo una planta baja, estética y que inconscientemente se relaciona con verduras, como es la alcachofera. Eso sí, con las alcachofas convenientemente recolectadas para que no sea muy evidente que no tienen nada que ver con los espárragos, claro.

En conclusión, que detrás de un sutil detalle en un anuncio de televisión se esconden problemas de estética, de creatividad, de producción, de marketing e incluso de globalización, que nos pasan totalmente desapercibidos en el breve lapso de 20 segundos que dura el spot.

¿Quién dijo que los anuncios no tenían interés?


Las alcachoferas no tienen nada que ver, pero son estéticas

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martes, febrero 23, 2016

La inteligente solución de una cama calentada a base de estiércol

Una calefacción un tanto peculiar
Ahora tal vez nos suene a poco menos que a la prehistoria, pero hasta no hace tanto (abuelos o bisabuelos como mucho), los grandes animales domésticos formaban parte de la vida cotidiana de las personas. Bueyes, vacas, burros, mulas, caballos... eran compañeros inseparables de la gente, tanto del campo como de la ciudad. Esta cohabitación era tan estrecha que los chavales, en los fríos días de invierno, no dudaban en dormir junto a las bestias en los establos para así estar más calentitos. Pero no solo eso, sino que, incluso, las masías y las casas de campo que se construían con los establos en los bajos, alojaban en el piso inmediatamente por encima de éstos la alcoba principal de la vivienda. Era una forma sencilla de mantener la habitación caliente aprovechando el calor que desprenden los animales. No obstante, y a pesar del calor irradiado por los propios animales, éstos también agradecen estar en un sitio caliente, sobre todo con tiempo frío, y los ganaderos, para mejorar el rendimiento del ganado, no dudan en proporcionárselo con lo que se conoce por "camas calientes". Eso sí, el sistema de calefacción de estas camas calientes es un tanto peculiar, porque duermen, literalmente, sobre su propio estiércol. ¿Lo mejor? ¡Que encima les gusta!

Sala de ordeño
El bienestar de los animales de granja, a pesar del trato demencial que sufren en algunos procesos (por ejemplo en el del paté, tema que ya tocaré en otra ocasión), es algo que preocupa cada vez más a los productores.

Cáscara de arroz para camas de pollos
Las enfermedades que se derivan de la permanencia en unos establos deficientes, donde los animales no se encuentran en óptimas condiciones, no pocas veces pueden comprometer los beneficios de las explotaciones agrarias, y ello hace que se busquen soluciones imaginativas y económicas que ayuden a mejorar las condiciones de hospedaje del ganado.

Los purines son un problema
Por otra parte, el tratamiento de los purines se ha convertido en un serio problema medioambiental que provoca que su almacenamiento, transporte y posterior procesado se lleven buena parte de los beneficios que generan las granjas. Así las cosas... ¿cómo conseguir aumentar la producción, el bienestar del ganado y reducir el tratamiento de los purines? Sencillo: las camas calientes.

El uso de camas calientes se extiende
Las vacas lecheras, por ejemplo, padecen mucho de las pezuñas cuando están sobre pavimentos de cemento, por lo que un suelo más blando, que se asemeje al natural, es algo que redunda en la calidad de vida del animal. Paralelamente, tener un espacio abierto suficiente para comer, descansar, y que ellas mismas se vayan a ordeñar, es otro plus, pero las necesidades de ventilación hace que los establos, si bien pueden estar cubiertos, tienen que estar relativamente a la intemperie. Es obligatorio entonces tener algo de calefacción, so pena de gastarse más dinero en antigripales para las vacas que en otra cosa.

Es en esta situación que los suelos de los establos se cubren con serrín o paja hasta hacer una capa que puede llegar a tener un metro de altura. En este substrato, que ya es más amable para sus pezuñas, las vacas van haciendo su "cosas" y se van acumulando. No obstante, el serrín o la paja van absorbiendo los orines y la fracción húmeda de las defecaciones, lo que permite que se genere un microclima favorable a la fermentación de la materia orgánica en el substrato de paja.

Una vaca durmiendo como un tronco
De esta forma y con ayuda del ganadero, el cual irá removiendo la cama de paja de vez en cuando, la fermentación que se produce es aeróbica, convirtiendo el substrato en compost y desprendiendo una gran cantidad de calor. Calor que, además de matar buena parte de las bacterias del sustrato, es aprovechado por las vacas para acostarse todo lo largas que son bien calentitas y a gusto. El ganadero por su parte, ha revalorizado los residuos y la paja convirtiéndolos en un tipo de tierra vegetal nitrogenada  -compost orgánico- que se puede a usar en jardinería.

Una mejora de su calidad de vida
En definitiva, que tener los animales sobre camas de paja llenas de sus propios excrementos produce una mejora de la calidad de vida del ganado. Ello redunda, de rebote, en la calidad del producto final, en un aumento de los beneficios de la explotación pecuaria al generar un producto secundario valorizado y, encima, en la reducción del problema de contaminación y tratamiento de los residuos. Todo un ejemplo -poco apto para escrupulosos- de aprovechamiento inteligente de unos residuos, los ganaderos, que de otra forma serían un auténtico quebradero de cabeza.

Una solución inteligente que gusta a los animales

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viernes, febrero 19, 2016

La Giralda de L'Arboç, un homenaje a una cultura admirada

La Giralda de L'Arboç
Si hacemos caso a los medios de comunicación, las relaciones entre catalanes y andaluces no es que pasen por su mejor momento. Posiblemente el secuestro de la identidad andaluza por el españolismo castellano más rancio -sobre todo desde la Guerra Civil- ha hecho que se tenga por estas tierras una cierta aversión a un folklorismo impostado y tópico que poco o nada tiene que ver con la impresionante riqueza cultural andaluza. No obstante, si tenemos en cuenta que buena parte de la actual sociedad catalana tiene raíces andaluzas, veremos como este "odio" a lo andaluz que azuzan los medios de forma partidista es, intrínsecamente, falso. Y no solo en los últimos tiempos, sino que ya, en el siglo pasado, aún antes de la llegada masiva de inmigración del sur de España, había una auténtica y sincera admiración por la cultura andaluza. Si no fuera así, no se entendería que en L'Arboç, un pequeño pueblo tarragonés, exista la mejor réplica que existe del icono andaluz por antonomasia: La Giralda.

Sky-line característico
Normalmente, cuando los vemos de lejos, lo que más llama la atención de los pueblos de España es la silueta inconfundible del campanario de su iglesia. Sin embargo, cuando pasamos por la N-340 dirección a Tarragona provenientes de Barcelona, y llegamos a la altura de la pequeña población de L'Arboç, el rasgo que domina su "sky-line" es una torre cuyo parecido a la torre de La Giralda de Sevilla es, simplemente, espectacular. Y no es para menos, ya que es un homenaje particular al conocido alminar sevillano.

Cuenta la leyenda que el propietario de la casa donde se ubica la torre estaba casado con una sevillana y que, como ésta tenía "morriña" de su patria chica, el marido, con todo su amor, le construyó una réplica de su estimada Giralda. A pesar de tan romántica historia, la cual, simplemente por su belleza merecería ser cierta, la realidad es bastante diferente y, aunque parezca mentira, no tiene ningún personaje andaluz de por medio.

Candelaria Negrevernis y Joan Roquer
En 1885, Joan Roquer i Marí, el tercer hijo del farmacéutico de L'Arboç, da el "braguetazo" casándose con Candelaria Negrevernis i Lasala, hija de un acomodado piloto de navío de la burguesía de Sarriá, por aquel entonces pueblo a las faldas del Tibidabo aún no asimilado a Barcelona. Y digo lo de "braguetazo" -que me perdonen sus familiares si me leen-, porque Candelaria tuvo la suerte de heredar de su tía una gran fortuna y una casa en Barcelona, además de que su padre le diera parte de la fortuna familiar (solo tuvo dos hijas) en concepto de dote por su boda. Riquer, por su parte, dicen los mentideros que de joven, como no tenia un duro, le llamaban "el cagarrina". Cada uno que piense lo que quiera.

Un Patio de los Leones calcado
Sea como sea, en aquel entonces el cabeza de familia era el que gestionaba la fortuna familiar -para eso era el hombre de la casa-, ya viniera por parte suya o, como era el caso, viniera por la parte de la mujer. De esta forma, Joan Riquer se encontró al mando de una gran fortuna la cual, en parte y con el beneplácito de su mujer, invirtió en promoción cultural, pasando a ser propietario, entre otros, del Teatro Arnau del conocido Paralelo barcelonés, el cual le daba unas suculentas rentas. Pero no nos despistemos...

Cúpula y Giralda
La pareja de recién casados, como viaje de Luna de Miel, decidió hacer un tour por Andalucía, y tan sorprendidos quedaron de las maravillas arquitectónicas que encontraron por allí que, a su vuelta, decidieron que recrearían fielmente aquellos monumentos que tanta huella les habían dejado en su ánimo. Para ello, compraron unos terrenos cerca del centro urbano de L'Arboç y, aprovechando los estudios de arquitectura de Riquer y su afición a la fotografía -que le permitió quedarse con testimonios gráficos de su visita- empezaron a levantar la espectacular casa que ha llegado hasta la actualidad.

En 1889, el constructor Antoni Feliu i Ventosa, con la supervisión de Joan Riquer, dio comienzo a las obras las cuales culminaron entre 1907 y 1908. Los trabajos duraron casi 20 años, pero es que la casa, llamada "La Giralda" por razones obvias, no es sólo la réplica del famoso minarete hispalense, sino que es un auténtico "Pueblo Andaluz" en su interior.

30 kg de papel de oro
Aparte de la réplica a escala 1:2 de la Giralda (tiene 52 metros de altura respecto los 94,69 m del original) la casa, cuyas habitaciones están decoradas con motivos de arte califal inspirados en la Mezquita de Córdoba, contiene también una réplica con todo lujo de detalles del Patio de los Leones de la Alhambra de Granada y una reproducción del Salón de Embajadores de los Alcázares de Sevilla,. Salón que destaca por estar ornamentadas con todo tipo de arabescos de inspiración árabo-medieval. No obstante, y por si pareciese poco, rematando esta sala se puede admirar su cúpula, la cual, forrada con 30 kilos de papel de oro en su interior, tiene un estilo bizantino muy característico en su parte exterior.

Detalles arabescos
Así las cosas,  a pesar de ser una casa de segunda residencia -la pareja vivía habitualmente en Barcelona en la casa heredada por la mujer- "La Giralda" se convirtió en un auténtico símbolo de L'Arboç. Su singularidad y belleza espectacular la hizo famosa, hasta el punto que sus propietarios organizaban en ella todo tipo de actividades culturales, aprovechando sus contactos con el mundo de la farándula y la cultura.

Una auténtica maravilla
La extraordinaria mansión arbosense, de esta forma, permaneció en manos del matrimonio a pesar de la muerte de Joan Riquer en 1934. No siendo hasta los años 40, y tras salir indemne de una bomba que explosionó a 20 metros escasos de la casa durante la Guerra Civil, que la propiedad fue vendida, habida cuenta la muerte sin hijos de Candelaria Negrevernis.

Interior de una habitación
En la actualidad, y después de pasar por varias manos que la dejaron en estado de abandono, la casa "La Giralda" ha sido restaurada completamente, devolviéndole su antiguo y arrebatador esplendor. Ahora, por suerte, vuelve a estar abierta -previo alquiler, evidentemente- a la sociedad y la cultura del país. Una sociedad y una cultura, las catalanas, que lejos de aborrecer la cultura andaluza, la de verdad, la de calidad, la del sentimiento, la ha absorbido y la ha hecho formar parte intrínseca del particular código genético de la sociedad actual de esta parte de la península.

La Giralda, un homenaje a una cultura admirada

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jueves, febrero 11, 2016

El enfado catalán que puso de moda la palabra "cabreo"

Filemón, cabreado
Domingo por la tarde. Tu equipo de fútbol ha perdido -cosa habitual- pero no sólo ha perdido, sino que le han metido goles hasta en las taquillas del vestuario. ¿Qué hacer ante semejante papelón? Pues lo lógico: cabrearse. Esto que para muchos futboleros les sonará a muy habitual, sin embargo no ha sido siempre así, ya que el significado de la palabra cabreo, como sinónimo de enojarse o de enfadarse en grado sumo, tiene menos de dos siglos. Eso sí, tiene que darle las gracias a los labriegos catalanes los cuales, tras una serie de atropellos a manos de los terratenientes del momento, pusieron la palabra "cabreo" y su verbo "cabrearse" de moda. ¿Lo sabía?

Cabreo de 1694
La palabra "cabreo", aunque hoy tenga un significado que remite a un enfado de más o menos intensidad, proviene del latín capibrevium, nombre con el que se denominaba durante la Baja Edad Media a los escritos administrativos que, a modo de antiguo registro de la propiedad se hacían de las fincas. Estos escritos, conocidos por cabreos o cabrevaciones (capbreus en catalán), a parte de dar fe de las propiedades, servia para poner al día los diezmos y los impuestos que los señores feudales imponían a sus vasallos. Los siglos fueron pasando, y los cabreos no cambiaron su significado administrativo, pero a principios del s.XIX, el escenario iba a dar un vuelco dramático.

Los movimientos liberales y humanistas que, a partir de la Revolución Francesa comienzan a extenderse por Europa, hicieron que el plácido statu quo que el clero y la nobleza mantenía desde la Edad Media se viera fuertemente zarandeado. España, si bien tarde, no fue una excepción, aunque los movimientos liberales que abogaban por la abolición de los derechos feudales que aún se hacían efectivos en el país, encontraron en Fernando VII un duro defensor de las prebendas de las élites aristocráticas. Y es que, si tu (lucrativo) modo de sustento es la explotación de quien trabaja tus tierras, verlo como tu igual no tiene más que inconvenientes.

Fernando VII
La invasión napoleónica, y la retención de la familia real en Francia, dio pie a un periodo de desgobierno que fue aprovechado por las fuerzas políticas resistentes a los franceses para instaurar un régimen liberal y, con él, la Constitución de Cádiz de 1812. Constitución que, entre otras medidas modernizadoras, abolía los derechos señoriales que permitían cobrar todo tipo de tasas y cargas -muchas de las veces abusivas- que daban pingües beneficios a la Iglesia y a la aristocracia rentista. La vuelta en 1814 de Fernando VII, echó al traste cualquier intento de modernización (ver ¡Muera la Libertad!...y no era una broma).

Entierro de los serviles (absolutistas)
A pesar de que Fernando VII intentó deshacer todo lo andado por los liberales en cuestión de derechos individuales y de modernización del estado, los liberales se opusieron con todas sus fuerzas y consiguieron, en 1820, volver a instaurar un régimen liberal. Fernando VII, puesto en jaque por su propio ejército, se vio obligado a aceptar la Constitución de Cádiz, en un trágala que duró tres años (1820-1823) y que se dio a llamar el Trienio Liberal. Pero ni el rey, ni los nobles lo iban a aceptar de buen grado.

Hubo un súbito interés por los cabreos
Los nobles (condes, marqueses, duques...) empezaron a elevar quejas a las Cortes por impagos de los diezmos, laudemios y tasas diversas que no estaban cobrando y que ellos consideraban que eran de ley. Y donde más guerra daban era en los campos catalanes, ya que muchos de los agricultores que trabajaban la tierra desde hacía siglos se negaban a pagar amparados por la Constitución, por una dura crisis económica que imponía unos precios bajos y una fiscalidad estatal elevada. Pueblos como el de Altafulla, tenía que pagar hasta el 23% del producto bruto de la población al Marqués de Tamarite, el cual se lo llevaba todo calentito, calentito. A los nobles se los llevaban los mengues.

Los 100.000 hijos de S.Luis
El mismo 1823 se promulgó una ley que abolía los señoríos en España, la cual impedía a los nobles seguir chupando del trabajo de los agricultores, pero poco duró la alegría en casa del pobre. Y es que los Cien Mil Hijos de San Luis (el ejército absolutista francés restaurado tras la caída de Napoleón) en aquel mismo año, hacía su entrada triunfal conquistando todas las ciudades controladas por los liberales y devolviendo a Fernando VII su estatus de Rey Absoluto. Evidentemente, el clero y los aristócratas recuperaron todas sus prebendas... para dolor, sobre todo, del campesinado catalán.

Fusilamiento de Torrijos
La represión de la aristocracia contra los liberales fue brutal y, a parte de abolir todas las leyes que les iban en contra, hubo fusilamientos sumarísimos de buena parte de la élite liberal. Por su parte, en el campo catalán, la batalla para forzar a los labriegos a pagar todo lo que no habían pagado desde 1811, fue igualmente brutal, solicitando permiso al rey para proceder a "cabreos". De esta forma, actualizaban todas sus posesiones -para que nadie pudiese poner en duda la pertenencia al señor de turno- y todas las tasas que hubieran, por tontas y olvidadas que fueran, reclamando con todo el peso de la ley las tasas adeudadas. El acoso era tal, que se llegaba a enviar al ejército a los campesinos para cobrar -con costas, daños y perjuicios, faltaría más- so pena de desahucio de unas tierras que algunos llevaban varias generaciones trabajando.

El campo era prácticamente feudal
Como es fácil de comprender, la gracia que hizo a los agricultores esta ofensiva reaccionaria, fue de las que hicieron impresión. Y más si tenemos en cuenta que se prolongó durante 10 años (la llamada Década Ominosa), llegando a afectar a una gran parte del campo de Catalunya. No obstante, a todo cerdo le llega su san Martín, y la muerte de Fernando VII, junto con la llegada de nuevos tiempos, hicieron que en 1834 se prohibiera expulsar a los campesinos de sus tierras por impagos al señor, y el 1837 se promulgara una ley que abolía definitivamente los derechos de señorío y con ellos, hacía desaparecer los últimos restos de feudalismo de España.

Así, de esta forma, el enfado y la impotencia social fue tan monumental ante la prepotencia de los nobles que invocaban sus desfasados derechos mediante los cabreos que, a partir de entonces, la palabra "cabreo" y su verbo "cabrear" se relacionan con cólera e ira. Un ejemplo más (ver La insólita estafa oficial de los falsos duros sevillanos) de como, la lengua, es capaz de fosilizar la historia en pequeñas cápsulas de memoria que, como si quisiera que no la olvidásemos, nos tomamos diariamente.



El cabreo de los agricultores catalanes dio el sentido actual a "cabreo"


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