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domingo, octubre 30, 2016

La Antártida o cuando tocar los cojones a los pingüinos se vuelve estratégico

Pareja de pingüinos rey
Los pingüinos, con sus andares torpes sumados a su curioso plumaje blanco y negro, que le dan un aspecto cómico y entrañable, desde siempre han sido uno de los animales que más simpatías se han granjeado entre pequeños y grandes. Esta simpatía, que ha hecho que, a pesar de vivir en los fríos y lejanos mares antárticos, sean especialmente cercanos y queridos para todo el mundo, los ha hecho un blanco fácil de todo tipo de estudios e investigaciones científicas; más que nada porque siempre es más fácil despertar la curiosidad por un ave atractiva que por un bicho repelente. Con todo... ¿qué es lo que puede llevar a unos investigadores a tocar lo que no suena a una tranquila colonia antártica de pingüinos, haciendo ruidos de más de 100 dB durante 80 días cada 5 horas? Pues aunque le pueda parecer mentira, la política geoestratégica de las potencias mundiales está detrás de esta tontería. Si me permite unos minutos, intentaré explicárselo.

Simpáticos y útiles
Estudiar el mundo que nos rodea es, desde el punto de vista ecologista, imprescindible para poder conocer todas las relaciones -muchas de ellas inauditas- que existen en el planeta y que afectan directamente a nuestras vidas. Es en el pensamiento de que solamente podemos amar lo que conocemos que los estudios científicos se demuestran básicos para poder aprovechar los recursos que necesitamos obtener de nuestro entorno a la vez que aseguramos la protección de la fauna, flora y sus ecosistemas. Ecosistemas que, con el cambio climático, están siendo directamente afectados por la actividad humana, tal y como pasa en los ambientes polares, lo que les lleva a ser el objetivo de un sinfín de experimentos e investigaciones encarados a monitorizar la influencia del ser humano en el planeta. Aunque, en el caso de la Antártida, con más de 80 bases científicas, tanta preocupación por su entorno resulta, como mínimo, llamativa.

Antártida y zonas subantárticas
Durante los primeros años del siglo XX, la Antártida pasó a ser la última zona inexplorada del planeta, por lo que todas las potencias mundiales hicieron ingentes esfuerzos para poder ser los primeros en poder poner el pie en los nuevos territorios que se descubrieran. No tan solo por el honor de haber sido los primeros (que siempre es un plus) sino porque ello les daría derechos territoriales posteriores una vez que se conocieran las posibilidades que se escondían bajo los inmensos casquetes glaciares antárticos.

De esta forma, la Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, la Unión Soviética, Noruega, Argentina, Chile, Australia y Nueva Zelanda (entre otros) empezaron una pugna por los derechos territoriales que se volvió tanto más dura en cuanto que las dos guerras mundiales destaparon la importancia estratégica de la Antártida a nivel planetario. Sin embargo, tantas reclamaciones había, tantos eran los follones (algunos armados) que se derivaban de las reclamaciones territoriales y tan pocas eran las ganas de liarla en un período ya demasiado convulso como era el de la Guerra Fría que, al final, decidieron que lo mejor sería dejar los territorios por debajo del paralelo 60 como tierra de nadie.

Tanto interés "científico" abruma
Así las cosas, en 1959 se firmó lo que se dio a llamar el Tratado Antártico, en el cual, 12 países se pusieron de acuerdo en transformar los territorios antárticos en un fideicomiso en que los países litigantes se comprometían a utilizar la Antártida sólo con fines meramente pacíficos, dedicando el paraje a la investigación científica. El tratado, que en la actualidad ha sido firmado por 52 países aunque sólo 29 tienen poder decisorio, entró en vigor en 1961. Aunque con un sutil detalle: sin perjuicio de los derechos territoriales reclamados por cada uno, los cuales simplemente quedaban congelados. Y aquí reside el quid de la cuestión.

Ubicación del Polo Sur (2009)
Esta nueva situación significaba que, si bien las reclamaciones de cada uno no se anulaban sino que quedaban en suspenso, durante el tiempo que dure en vigor el Tratado Antártico, aunque estarían prohibidas las ocupaciones militares o colonizadoras, sí se permitirían la instalación de bases destinadas a fines científicos. Y allí que se liaron a poner bases de investigación científica como si no hubiera un mañana porque, como se dice en catalán “A casa d'en Bernat, qui no hi és, no hi és comptat” (En la casa de Bernardo, quien no está, no está contado).

Hasta España se ha apuntado
De este modo, todos los países que pretenden tener alguna opción en la Antártida cuando el Tratado Antártico se levante, han de poder justificar su presencia de alguna forma, por lo que los experimentos y estudios científicos se han vuelto claves para preservar intactas las opciones futuras y, a su vez, asegurar la posesión de las tierras que se encuentran en las cercanías del continente helado. El único inconveniente es que, tal es la necesidad de los gobiernos de que se hagan estudios científicos del tipo que sea en aquellas bases que, a veces, el listón de filtrado de la calidad de los experimentos que justifiquen la inversión ante la opinión pública se ha de bajar estrepitosamente, como lo han podido comprobar los pingüinos de la francesa Isla Possession, en el archipiélago de las Cruzet, a tiro de piedra de la Antártida.

Un pastel muy codiciado
Vaya por delante que estudiar el impacto del ser humano en el entorno, siempre es algo muy interesante (ver Lago Vostok, el inmenso lago bajo el hielo de la Antártida) aunque, claro, cuando los resultados que vas a sacar te los sabe predecir cualquier niño de primaria desde su casa, hacer según qué experimentos lo único que pueden hacer es que se te vea el plumero a la legua. Y aquí no es que se viera el plumero, sino que parecía la cola de un pavo real desplegada.

En 2011, cuatro investigadores de la universidad de Estrasburgo dedicaron tres meses a estudiar cómo afectaban las actividades humanas en una colonia de pingüinos rey que se encontraban en las inmediaciones de la base Alfred Faure de la isla Possession. Hasta aquí, pudiera parecer todo normal, pero la cosa comienza a torcerse cuando vemos lo que pretenden investigar: ver si los pingüinos se alteran cuando los molestan. La metodología, ya les aviso, que parece sacada de un chiste de Jaimito.

Con lo tranquilos que están ellos...
El estudio implicaba coger a 20 parejas reproductoras (es decir 40 individuos), colocarles unos aparatos de unos 100 g de peso en la espalda con los cuales medirles la presión sanguínea y unas bandas de plástico en las alas para distinguirlos a una cierta distancia. Una vez equipados, 10 de estas parejas escogidas serían instaladas cerca de la base y las otras 10 en una zona, de la misma colonia, pero más alejada de las actividades humanas de la base. Una vez cada pareja ubicada, comenzaba la “investigación”.

Científicos, pero con la banderita
Los investigadores, a partir de entonces, se dedicaban a someter a la colonia (ergo a los individuos monitorizados) a 3 tipos de estímulos “estresantes”. Primero uno de “baja intensidad” que se trataba de estarse de pie durante un rato a unos 10 metros de la colonia, después uno de “media intensidad” consistente en coger dos tubos de metal y golpearlos entre ellos tres veces (produciendo un sonido de 102 decibelios), y una última de “alta intensidad” que consistía en cazar a los individuos marcados, ponerles una capucha e inmovilizarlos durante tres minutos. Todo ello repetido de forma aleatoria cada 5 horas, durante 80 días.

Mapa de las islas Crozet
Imagínese el papelón de los pingüinos. Un tío que se pone allí a lo lejos, se está un rato y se va; un tío que viene y empieza a hacer un ruido del copón durante tres segundos y otro que viene a pillarte. ¿Cual le alteraría más a usted? Los resultados, efectivamente, fueron concluyentes: los pingüinos se alteraban poco o nada con los estímulos de baja y media intensidad (a los cuales se llegaban a acostumbrar), mientras que se alteraban ¡y mucho! cuando los “cazaban”. ¡Ole la investigación científica!

El que se mueva, no sale
La idea, según el equipo investigador, era simular la visita de turistas, la actividad normal de la base y las actividades de reconocimiento de los biólogos, para ver cual era el nivel de estrés de la colonia de pingüinos rey para, de esta forma, estudiar el grado de molestias que hace la actividad humana en un ambiente prácticamente virgen. Aunque, claro, el nimio detalle de que la base Alfred Faure está ubicada donde está desde el año 1962, y que la colonia formada por miles de pingüinos llevaban ¡50 años! soportando la actividad humana -por lo que el mismo experimento se podía haber hecho en una granja de ocas cualquiera de la Dordoña- no fue tomada en demasiada consideración. Al fin y al cabo, lo de menos es lo que se estudia en aquella base, sino que aquella base estudie.

En definitiva que, en el contexto de la Antártida, la investigación científica se ha convertido en la nueva forma de colonizar territorios incluso antes de que estos estén disponibles a la libre colonización. Por una vez y sin que sirva de precedente, el conocimiento general del ser humano se está beneficiando directa o indirectamente de la ambición de poder sin límites de las grandes -y no tan grandes- potencias mundiales, aunque, para su desgracia, se tenga que tocar los cojones cada 5 horas a los verdaderos propietarios de aquellas tierras australes: los pingüinos.

La base Alfred Faure y su colonia de pingüinos rey

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miércoles, octubre 26, 2016

La US Navy, la Armada y la bochornosa buena puntería española

Maniobras UNITAS.
Que los tiempos en que la Armada Española mandaba en los océanos hace mucho que han pasado, mal que le pese a los recalcitrantes más nostálgicos, es algo incontestable a día de hoy. Los imponderables, los recortes presupuestarios y las chapuzas de todo tipo, han tenido durante los últimos siglos la tendencia a encarnizarse en los buques de guerra españoles con una cierta recurrencia (ver La Corbeta Narváez, el barco español que se comieron las termitas). En la actualidad no hay ningún imperio que defender por el mar por lo que, con el fin de la dictadura y la profesionalización del ejército, la Armada ha debido reinventarse y adaptarse a las nuevas necesidades de la realidad naval del país. Pudiéramos pensar por ello que los antiguos vicios y fantasmas se han dejado atrás, pero no se lo crea demasiado, ya que de vez en cuando surgen con todo su esplendor poniendo en un serio compromiso a la diplomacia española. Tal fue el caso del incidente de la UNITAS XXXV en 1994.

El obsoleto Dédalo
Con la llegada de la democracia a España, todo el organigrama del Ejército sufrió una profunda reestructuración tendente a su inclusión en los organismos internacionales y a obtener una profesionalización que difuminase la huella de las estructuras castrenses franquistas, que aún mantenían una fuerte presencia entre las fuerzas armadas españolas (como se pudo comprobar en el  golpe de estado del 23-F). Esta necesidad de modernización hizo que los diversos cuerpos militares participaran cada vez más en maniobras y operaciones internacionales que, a la vez que permitían entrenar a los soldados y ponerse al día con el contacto con ejércitos de otros países, mantenían a las tropas entretenidas haciendo lo que más les gusta, esto es, jugar a la guerra. Y la Armada Española, no era una excepción.

Parche de la Unitas 35
En este contexto, uno de los ejercicios navales internacionales en que participa España con cierta asiduidad, son los UNITAS, unas maniobras que Estados Unidos realiza anualmente desde 1959 con diversos países sudamericanos y con los cuales reafirma su posición de potencia naval dominante en las aguas atlánticas y, porqué no, a nivel mundial. Así las cosas, en 1994, en la 35ª edición, España participó en la Fase III que se llevaría a cabo entre el 9 y el 21 de septiembre en aguas del Atlántico Sur, junto a las armadas de EE.UU., Brasil, Argentina y Uruguay. Por parte española, la Armada envió a las corbetas Infanta Elena e Infanta Cristina... y se hicieron notar.

El Infanta Elena
Antes de nada hay que remarcar que ambas corbetas corresponden a un tipo de barco que, siguiendo la planificación “typical spanish”, se proyectaron a finales de los 60, pero no entraron en funcionamiento hasta el año 1980. En principio estaban diseñados como barcos de guardia costera (88,90 m de eslora, 10,40 m de manga), pensados para las aguas interiores españolas o, como mucho, para navegar por el Mediterráneo. No obstante, los recortes presupuestarios hicieron que la construcción de lo que se dio a llamar “clase Descubierta”, de 12 corbetas originarias, se acabasen por botar 8 y, encima, debido al cambio de necesidades del momento tuviesen que cumplir misiones oceánicas para las que no estaban diseñados. Mal empezamos.

Martita Olé en el Golfo
Sea como sea, el diseño de las corbetas era bastante bueno -de hecho estaban basadas en un diseño germano-portugués muy avanzado- lo cual permitió que las embarcaciones equiparan más armamento del que era preceptivo para sus características (las tripulaciones los llamaban las “Hormigas Atómicas” por ello), pero necesario para misiones internacionales. De hecho, tanto el Infanta Cristina como el Infanta Elena, se enviaron en misiones de bloqueo durante la Guerra del Golfo, siendo el Infanta Cristina uno de los barcos en que Marta Sánchez dio uno de sus míticos “conciertos” a la soldadesca española desplazada al Golfo Pérsico. No obstante el buen resultado en estas misiones, el tiempo, en el mar no pasa en balde... y los tripulantes, en cuanto que los presupuestos de guerra desaparecen,  no siempre están a la altura.

El USS Stump
Así las cosas, en 1994, durante las maniobras UNITAS, el Infanta Cristina tuvo que pasar 4 días fondeado en el puerto de Buenos Aires debido a los daños que se produjo al embestir por las buenas a la fragata estadounidense USS Stump (172 m de eslora). Por suerte, fueron daños de poca importancia pero, evidentemente, maldita la gracia que les hizo a los yanquis. Aunque no iba a ser lo que más molestase a la US Navy...

En el transcurso de las susodichas maniobras, la fragata USS Samuel B. Roberts (135 m de eslora) era la encargada de remolcar otro barco que tenía que ser el blanco de los participantes en un simulacro de ataque naval de superficie. En este caso el turno era del Infanta Cristina. La sorpresa se la llevaron los tripulantes de la fragata americana cuando, de repente, recibieron el fuego de la nave española.

Puntería tenían, pero...
La tripulación del Infanta Cristina, en vez de apuntar a la diana, estaba apuntando al barco que lo remolcaba y se dedicó a "ahorquillar" (disparos de fuego real destinados a calibrar la puntería de los cañones) el Samuel B. Roberts con toda su artillería. Obvia decir que los yanquis quedaron de pasta de boniato al notar el ataque, ya que, para más inri, la tripulación española parece que demostró una muy buena puntería. El jefe de las fuerzas americanas, el contralmirante Wirt Fladd, como no podía ser menos estaba que reventaba de gozo con el sutil "errorcillo" español.

El USS Samuel Roberts se veía más
El asunto, que no se filtró hasta 8 meses más tarde, motivó una investigación interna que determinó que el incidente del Infanta Elena se había producido por un fallo en la propulsión de la nave y que el del Infanta Cristina se había producido por "un fallo de material" y porque -según parece- el blanco al que tenían que disparar era demasiado pequeño. Lógicamente, como no lo veían (se supone que los aparatos utilizados por la tripulación española no estaban preparados para la distancia establecida), abrieron fuego a lo que se veía, es decir, al barco remolcador. ¡Ole tú!

Primer ataque desde lo de Cuba
A parte de las versiones oficiales más o menos estrafalarias para minimizar el asunto (de hecho, aunque fuese por accidente, fue el primer ataque directo de la Armada Española a la estadounidense desde la Guerra de Cuba) lo que no se le escapaba a nadie dentro del mundillo era que las naves españolas, fruto de los continuos recortes presupuestarios, tenían un mantenimiento deficiente y siempre pecaban de hacer corto de combustible. Ello hacía que no participasen en tantas maniobras conjuntas internacionales como debieran, por la cual cosa, las tripulaciones no tenían experiencia en este tipo de ejercicios, supliendo la falta de práctica con mucho voluntarismo que no siempre era suficiente para salir airosos, como pudieron comprobar de primera mano las naves yanquis.

En definitiva, que mientras el USS Stump (en funcionamiento desde 1978) fue dado de baja el 2004, y el USS Samuel B. Roberts (en funcionamiento desde 1984) fue dado de baja en 2015, tanto el Infanta Cristina como el Infanta Elena, a día de hoy, con 36 años a sus espaldas y debido a la crisis que ha impedido su recambio, aún están ambos en activo... y lo que te rondaré morena

Una muestra más de que, un ejército desconectado absolutamente de las necesidades reales de la sociedad que lo sufraga, en la actualidad, en que las guerras se hacen con drones cómodamente pilotados desde miles de kilómetros de distancia, es una carga insostenible. Una carga insostenible que, encima, como no se hagan bien las cosas -y en meteduras de pata la Armada Española tiene el Cum Laude (ver La idiota batalla naval de Algeciras)- en vez de orgullo lo único que puede provocar es un profundo y lastimoso sentido del ridículo ajeno.

La corbeta Infanta Cristina, el terror de... sus amigos

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viernes, octubre 21, 2016

Quimerismo, la travesura genética que produce frankensteins

Dos gatos en uno.
Los seres humanos y, en general, todos los mamíferos, se dividen en género masculino y género femenino, división que es la base de la muy exitosa reproducción sexual. Hasta aquí, todo seguiría los cánones tradicionales comunmente establecidos por lo que la sociedad, en su anquilosamiento secular, no admite a lo que se sale de la norma -es decir, homosexualismos y hermafroditismos varios- tildándolos en los casos más reaccionarios como enfermos que han de ser curados. No obstante, conforme que los estudios científicos de la genética humana avanzan, esta simplista dualidad se revela como algo muchísimo más complejo de lo que parece a simple vista. Y es que, por mucho que nuestra mente piense más cómodamente en blancos y negros, los genes se obstinan en hacer de su capa un sayo, rompiéndonos constantemente nuestros patrones mentales. Usted que me lee, por ejemplo, puede tener un gemelo suyo en su interior y no haberse dado cuenta nunca. ¿Que no se lo cree? Pues créaselo. Este lío genético se produce en realidad y se llama quimerismo.

Lydia Fairchild
Año 2002. Lydia Fairchild es una madre blanca con dos hijos y otro en camino que, como tantas otras, ha visto cómo el marido ya no podía con la expectativa de un tercer churumbel en casa, salía a buscar tabaco y de él nunca más se supo. La mujer, ante el panorama que se le viene encima, decide solicitar ayuda económica a los servicios sociales estadounidenses los cuales le piden una prueba de maternidad de sus hijos para evitar picarescas. La sorpresa salta cuando, tras los resultados, resulta que, si bien los dos son hijos del mismo padre, ninguno de ellos es hijo de su madre, por lo que le deniegan la ayuda. Tras la estupefacción de los análisis, Fairchild, que está segurísima de ser la madre de los dos chavales, reclama, y su abogado, que tiene la mosca tras la oreja, pide que le hagan unos nuevos análisis de maternidad.

Al final se le dio la razón a la madre, habida cuenta que los hijos (incluso el último, al cual se le siguió en su nacimiento) a pesar de que su ADN no coincidía ni con los cabellos, ni uñas, ni saliva de la madre, sí correspondían con los de su abuela materna y, lo más increíble... ¡con los de las células del útero de Fairchild! Los estudios consiguientes dieron el veredicto de que Lydia Fairchild, genéticamente, no era una única persona, sino dos: padecía quimerismo. Pero... ¿qué es eso de quimerismo? A ver si se lo puedo explicar...

León, Cabra y Serpiente: Quimera
Para empezar, una quimera era un animal de la mitología griega el cual consistía en un león de cuyo cuerpo salía una cabeza de cabra y tenía una cola de serpiente. Y es justo por este “collage” de monstruo que atemorizaba a todo el mundo sacando fuego por las cabezas y por el trasero (ejem), por lo que se da el nombre de quimerismo a la malformación genética que padecía Lydia Fairchild. Una malformación que implica que dentro de un solo cuerpo convivan con más o menos armonía células con dos tipos de ADN diferentes y que, en circunstancias normales, habrían constituido dos individuos diferentes.

Todo comienza en el momento en que un par de óvulos se ven fecundados por espermatozoides independientes y, en vez de formarse dos individuos -creando, por tanto, gemelos- por un proceso que no está del todo conocido, los dos cigotos primigenios se fusionan generando un único individuo que posee células de un tipo y de otro mezclados en el mismo cuerpo, muchas de las veces sin dar síntomas evidentes de esta diferencia genética en sus células. Síntomas que, de todas formas, no siempre pasan desapercibidas, al variar en función de la proporción que haya de unas y otras.

Mezcla genética de dos cigotos
Al ser una mezcla de células, la proporción que haya de los dos tipos de ADN producirá todo un abanico de posibilidades genéticas, encontrándose desde las más leves -en que unos pocos tejidos son diferentes respecto al resto- hasta los de proporciones más equilibradas, en que los diferentes órganos están formados por uno u otro grupo de células. O, si lo explico más gráficamente, que entre cada “hermano” implicado se reparten los órganos a desarrollar, formando una especie de “frankenstein” natural, pero perfectamente organizado y totalmente viable reproductivamente hablando, como le pasó a nuestra madre quimérica. Desgraciadamente, no siempre es así.

Periquito quimérico
En algunos casos, cuando los cigotos de origen son de sexos diferentes (que habrían generado gemelos de diferente sexo, vaya) el individuo “quimera” puede llegar a tener órganos internos femeninos y masculinos a la vez. Y no sólo pueden salir casos de hermafroditismo genital, en que hayan los dos aparatos sexuales en el mismo cuerpo, sino que puede llegar al extremo de tener los riñones -o lo que sea- masculinos (con cromosomas XY), pero los pulmones -o lo que sea- femeninos (con cromosomas XX). Situación que puede llegar a provocar un aspecto exterior híbrido entre un macho y una hembra y un serio problema ante la sociedad como tenga que pasar algún test de sexo (en el caso de los deportes de élite), porque, en este caso, determinar si el individuo es de uno u otro género es prácticamente imposible

Bizzarria: medio limón, medio naranja
Sea como sea, el quimerismo (el estudio del cual puede ayudar a evitar los problemas de rechazo en los trasplantes) es algo que no es raro en la naturaleza, donde las mezclas de individuos diferentes en el mismo individuo, a veces son necesarios para el desarrollo de la misma especie (tal el caso de los Diablos marinos, ver Diablos marinos, una especie no apta para machistas). No obstante, el ser humano, de donde saca partido del quimerismo -en este caso artificial- es en la agricultura, en que a base de injertos de diferentes especies, se crean árboles que  mezclan dos o más individuos, pudiendo disfrutar de una serie de productos que, de otra forma no tendríamos (el caso de las naranjas sin pepitas).

En definitiva, que con el ejemplo del quimerismo, el mundo nos muestra que es mucho más complejo de lo que nos creemos y, sobre todo, de lo que nosotros mismos nos hemos hecho creer. Es por ello que reducir el mundo a un blanco/negro, a un buenos/malos, a un tigres/leones o a un chica/chico y no querer ver más allá, es simplemente taparnos los ojos a una realidad diversa en que lo socialmente establecido no es que sea “lo normal” sino, bien al contrario, es la forma de defendernos de la diferencia. Una diferencia que desconocemos y a la que tenemos miedo.

Demasiado.

Dos ratones en un único ratón

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jueves, octubre 20, 2016

La Venganza Catalana o cuando la palabra "catalán" aterrorizaba a todo el mundo

Almogávares catalanes
Una de las principales reivindicaciones que se ha hecho durante los últimos siglos desde Catalunya, ha sido el poco respeto que se tiene a las peculiaridades catalanas desde los órganos de gobierno del Estado Español. Este poco respeto a la realidad catalana, que se refleja constante y repetidamente desde todos los ángulos posibles, empezando desde el cultural, pasando por el político y acabando por el económico, ha hecho que los catalanes tengan la sensación de ser tomados por el pito del sereno desde España, la cual cosa ha dado alas a un independentismo que hasta hace poco era meramente residual. Con todo, esto es en la actualidad, pero... ¿conocía que hubo un tiempo y un lugar en que sentir la palabra “catalán” ponía los pelos como escarpias al más osado? Pues aunque le parezca mentira, así fue, llegando al punto de que su recuerdo transcendió los siglos fruto de lo que se ha dado a conocer como “Venganza catalana”.

Roger de Flor en Constantinopla
Hoy en día, tal como está la cosa de revuelta a nivel político, el decir que eres catalán, en según qué ambientes, no está exento de cierto riesgo (en unas partes moral, en otros, directamente físico) en tanto que, los prejuicios y los ataques parciales de todo tipo que se lanzan contra los catalanes desde los medios de (des)información, han calado con más o menos profundidad en la sociedad española. No obstante, si esta situación hubiese sucedido durante el siglo XIV, les puedo asegurar que los despectivos “polacos” o “catalufos” con que se nos obsequia ahora desde según qué rediles, se iban a quedar de una candidez digna de la Madre Teresa de Calcuta habida cuenta las verdaderas barbaridades que un grupo de catalanes se dedicaron a hacer allí por donde iban: los almogávares.

Equipamiento básico
Durante la Reconquista, uno de los cuerpos de élite del ejército de la Corona de Aragón eran los conocidos como almogávares. Este cuerpo de infantería ligera lo formaban mercenarios catalanes y aragoneses que con un mínimo de equipación, mucha disciplina, mucha contundencia y pocos escrúpulos, eran unas reputadas fuerzas de choque contra los ejércitos musulmanes, viviendo básicamente de los botines que pillaban allí por donde se les mandaba luchar. Sin embargo, en llegando al río Segura, la reconquista por la parte catalano-aragonesa se paró, dejando a los almogávares compuestos y sin moros, lo que les llevaba a ir enredando allí por donde estaban.

Andrónico II
Así las cosas, y dado que las cosas pintaban bastos entre Aragón (con su aliado, Bizancio) y Francia (con su aliado el Papa) por el control del Reino de Sicilia, el príncipe Federico de Aragón -pretendiente al trono siciliano- decidió, para acabar con el problema, contratar en 1296 a los almogávares comandados por el capitán de origen alemán Rutger von Blum, más conocido por el nombre catalanizado de Roger de Flor. Su trabajo acabó en 1302 quedando de nuevo en el paro, cosa que aprovechó el emperador bizantino Andrónico II para contratarlos, ya que los otomanos les estaban dando la del pulpo en la península de Anatolia. Los almogávares, organizados en la que se llamó Magna Societas Catalanorum (Gran Compañía Catalana), tal como contratados, hicieron.

Constantinopla
Apostados en Galípoli, en el lado europeo del estrecho de los Dardanelos, los 7.000 efectivos almogávares (4.500 infantes, 1.500 caballeros y 1.000 marineros), durante los 2 años siguientes se dedicaron a luchar contra los otomanos, los cuales aspiraban a llegar a Constantinopla. La brutalidad que desplegaban al grito de Desperta Ferro! o Aragó! Aragó! los hizo temibles, venciendo a ejércitos muchas veces superior en número, al no dejar títere con cabeza por allí por donde pasaban. El problema era que, por un lado, la convivencia con la población civil no era muy buena (acostumbrados a cortar cabezas a diestro y siniestro, no les pidieses delicadezas) y, por otra, que tanta victoria tenía que ser pagada y los bizantinos estaban más arruinados que don Pepito. ¿Y cual era la forma más rápida de arreglar ambos problemas? Eliminando la Compañía. Fácil, ¿no?

Asesinato de Roger de Flor
Los bizantinos, atacados por todos los flancos posibles -la cual cosa implicaba unos gastos tremendos- necesitaba quitarse a los almogávares de Roger de Flor de en medio como fuera. Así que, en enero de 1305 el hijo del emperador (de hecho coemperador) Miguel IX Paleólogo llamó a Roger de Flor a Adrianópolis donde lo invitó, junto a 150  almogávares de su guardia, a cenar. El único inconveniente es que, llegado un momento, los bizantinos pasaron a cuchillo a toda la expedición catalana, no dejando ni uno vivo. Asimismo, el ejército imperial junto efectivos mercenarios alanos e incluso civiles, hicieron un ataque conjunto a todas las posiciones almogávares del país a fin de acabar con ellos de una vez por todas, llegando a sitiar la plaza fuerte de los catalano-aragoneses en Galípoli. La reacción de los almogávares dejó en bragas a los ejércitos bizantinos, mucho más numerosos.

Murallas de Galípoli
Tras la traición, los mandos almogávares declararon la guerra a Bizancio, y tras ver cómo sus mensajeros eran descuartizados (literal) por los mandos bizantinos, en vez de resistir indefinidamente y esperar de brazos cruzados su fin, decidieron hundir sus barcos -para evitar la tentación de huir- y salir de las murallas de Galípoli a acabar con los asediadores... y vaya si acabaron con ellos.

La crónica de Ramón Muntaner (que era, además, uno de los capitanes de las tropas aragonesas) dice que con menos de 3.000 efectivos, los almogávares acabaron con 20.000 infantes y 6.000 caballeros bizantinos. También dice que bajas propias sólo fueron un caballero y dos infantes... aunque se ha de reconocer que es un poco difícil de creer.

Ruta de los almogávares
A partir de entonces, y durante los siguientes dos años, los almogávares se dedicaron a ir de “ruta” macabra por lo que hoy conocemos como Grecia, vengando el asesinato de Roger de Flor y de sus compañeros, acabando con todo ejército bizantino que les saliera al paso y haciendo una política de tierra quemada allí por donde pasaban. Ello significaba no hacer ni un prisionero, arramblar con todo lo que pillaban y acabar con la vida de todo el mundo que se les pasaba por delante, ya fuera soldado, mujer, anciano o niño, sembrando el caos más absoluto a su paso y marcando el acervo de los pueblos de aquella zona, llegando hasta la actualidad. No en vano, “catalán” en albanés significa  monstruo, y en búlgaro y griego forma parte de insultos de la más baja estofa. Pero... ¿qué pasó con los almogávares?

Territorios de la Corona de Aragón
A partir de entonces, la Compañía Catalana de Oriente se dedicó a sus "mercenariados" habituales y luchando unas veces contra unos y otras contra otros, siguió con su “tournée” griega, hasta que, en 1311, habiendo sido contratados por el Duque de Atenas, Gautier V de Brienne -de origen franco- para luchar contra los bizantinos, se le ocurrió no pagarles el salario y, como respuesta, los almogávares arrasaron con los francos tomando el poder en la zona. Ello significó la sedentarización de la Compañía y, de rebote, su propia desintegración, aunque a su vez implicó la incorporación de los ducados de Atenas y Neopatria a la Corona de Aragón durante casi un siglo.

Ramón Muntaner
En definitiva, un episodio sangriento y truculento que no se ha de olvidar, no tanto para estar orgulloso de él -que no es el caso- sino para que nadie olvide que todos los pueblos, todas las culturas, todas las personas, tienen una historia tan honorable (o abominable) como las demás y que, por tanto, merecen todos el mismo respeto. Un respeto y una igualdad que, demasiadas veces, los poderosos se olvidan de que existe.


Rutger von Blum, alias Roger de Flor

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jueves, octubre 13, 2016

El Coro, el edificio donde la Historia está en extinción

Fachada de El Coro
Por mucho que moleste al actual consistorio, si en algo destaca la ciudad de L'Hospitalet de Llobregat es por ser la ciudad con mayor densidad de Europa (y casi mundial, ver Una lata de sardinas llamada Hospitalet) y por ser el paradigma de la especulación urbanística, con la brutal destrucción de patrimonio cultural e histórico que ello ha comportado. No por nada de las más de 300 masías que había en el territorio de Hospitalet hasta bien entrado el siglo XX, a día de hoy, tan solo quedan 25; del resto de patrimonio, créanme, mejor ni hablar. Es por esta obsesión “patrimonicida” que ha invadido constante y reiteradamente esta ciudad hasta la actualidad que choca al propio y al extraño el ver cómo el ayuntamiento intenta “vender la moto” de hacer de L'Hospitalet el centro de producción cultural metropolitano, cuando no es capaz ni de proteger -y ni mucho menos promocionar- su propio patrimonio cultural e histórico. Y como ejemplo, vivo, real y actual del nulo interés por conservar el legado de nuestros antepasados, tenemos un edificio que, inmerso en la ciega cotidianidad del día a día de una ciudad tan atolondrada como L'Hospitalet, parece que tiene sus días contados: El edificio de El Coro.

Ubicación del inmueble
En el número 24 de la muy céntrica calle de Baró de Maldà, al lado del solar que ha quedado después del derribo de la antigua sede de Aguas de Barcelona, se puede observar una fachada de una planta de altura que destaca por su arquitectura peculiar, sus ventanas enrejadas, su gran persiana metálica roñosa y desvencijada, por su solitario mástil que corona el tímpano de la fachada y porque en la parte de arriba pone 1925, su año de construcción. Hasta aquí puede parecer un edificio antiguo cualquiera, y para los miles de personas que pasan por delante diariamente así es, ya que, de tan visto, es prácticamente invisible para todos ellos. Sin embargo, pocos pueden imaginarse que, tras esa gris fachada, la Historia que esconde este edificio es simplemente brutal.

Año de fundación: 1925
La historia de El Coro se inicia en 1925 cuando la Sociedad Coral “La Campestre” -asociación creada en 1882 que se dedicaba a la promoción del canto coral y de la cual recibe el nombre de “El Coro”- decide construir su nueva sede en el solar que había entre la calle Barón de Maldà y la Riera de la Creu. En este espacio, que era propiedad de La Campestre, se construyó un edificio de unos 50 metros de largo por unos 12 de ancho rematado por un tejado a doble vertiente con varias alturas, el cual, levantado por albañiles del pueblo que voluntariamente aportaron su mano de obra, fue inaugurado el 23 de mayo de 1926, con la asistencia de todas las fuerzas vivas de la ciudad.

Vista aérea antes del derribo parcial
El edificio, construido en estilo Noucentista popularista, estaba formado por una amplia cafetería ubicada en la entrada del local, seguida de las dependencias en donde vivía la familia que regentaba el bar de la asociación. Una vez traspasada esta zona, se daba acceso a un teatro con un escenario que era donde hacían los ensayos y los conciertos de la coral o de otras agrupaciones de Hospitalet que encontraban en este espacio social un lugar para sus ensayos. Destacar que los altos techos estaban adornados con motivos florales modernistas y que el del escenario era más alto que los demás a fin de ubicar las tramoyas. El escenario estaba rematado con diversas florituras en yeso con el escudo de La Campestre en su parte superior.

Compartimentación interior
De esta forma, los socios y sus familias encontraban en El Coro un espacio social donde pasar los ratos de asueto, siendo el primer sitio de la ciudad donde se proyectaron películas. Desgraciadamente el convulso periodo de entreguerras iba a alterarlo todo.

Fachada posterior (2011)
En 1928, La Campestre, sin solución de continuidad, pasó de ser una sociedad recreativa a una asociación política que se inscribió en la Unión Patriótica, el partido de derecha tradicionalista dirigido por el dictador Miguel Primo de Rivera y al cual pertenecía también el alcalde de aquel momento, Tomás Giménez. Ello significó que, con la caída de la dictadura en 1930 y la destitución de Primo de Rivera, el partido por él fundado se disolviera, dispersándose todas las agrupaciones que la integraban y con ellas, los más de 200 integrantes de La Campestre.

Así las cosas, acabó por desaparecer la actividad asociativa de El Coro, pero no la política, ya que en él pasaron a celebrarse reuniones del sindicato anarquista CNT, el cual pasó a tener el local como lugar de reunión y solaz de los jóvenes anarquistas del pueblo (recordar que Hospitalet tenía poco más de 25.000 personas por aquel entonces). Sea como sea, no ha quedado constancia en qué momento, ni en qué términos cambió la titularidad del inmueble de una sociedad a otra.

Quico Sabaté
A raíz de este cambio de titularidad, la vida social y política de El Coro, durante la II República, se disparó, convirtiendo el local en uno de los focos más importantes de actividad ácrata de la zona. Por él pasaron personajes tan conocidos posteriormente como el maqui Quico Sabaté o su compañera Leonor Castells, siendo éste el lugar donde se conocieron.

Durante la Guerra Civil, El Coro también jugó un papel importante, ya que desde aquí, por ejemplo, el 19 de julio del 1936 salieron columnas de cenetistas hacia Barcelona para parar el golpe de Estado y, más tarde, fue la oficina donde se apuntaban los jóvenes de Hospitalet para ir a luchar al frente. Aunque, claro, las cosas no salieron como se esperaban.

Foto aérea de 1947
La victoria del bando franquista y su durísima represión eliminó de raíz todo atisbo de actividad subversiva que pudiera existir en la ciudad, y El Coro, como foco central de ella, sufrió las consecuencias, siendo expropiada por el régimen para, durante los años 40, ser vendido a una empresa que se dedicaba a una nueva industria muy novedosa: el plástico. Para ello, fue remodelado el interior y convertido en nave industrial, aunque la sensibilidad de quién hizo la reforma hizo que se preservasen algunos elementos. El escenario fue tapiado respetando las decoraciones y el escudo  y el espacio de las tramoyas fue utilizado para hacer diversas habitaciones. La empresa, llamada SAPLAS (Sociedad Anónima de Plásticos) mantuvo su actividad hasta bien entrados los 80, momento, a partir del cual, El Coro cierra sus puertas definitivamente, utilizándose su interior como parking de las contiguas oficinas de Aguas de Barcelona.

Parte derruida en 2015
En la actualidad, el local está medio derruido después de que en 2015 se derribara el techo del escenario por -supuestamente- presentar ruina (a pesar de que, al menos desde fuera, no fuese evidente), la cual cosa ha dejado al edificio histórico en muy mal estado. Un estado que aún podría empeorar definitivamente si prospera la intención de los actuales propietarios de tirarlo abajo y levantar un bloque de pisos “alto standing” (faltaría más, que estamos en L'Hospitalet y en pleno centro), cosa que parece lo más probable dado el secretismo y la obstinada negativa de los propietarios a permitir su visita pese a las reiteradas solicitudes efectuadas por las entidades patrimonialistas de la ciudad (Museu de l'Hospitalet, Perseu, etc...). Y es que, en sus bajos, se sospecha que puede haber restos de un refugio antiaéreo de la Guerra Civil, ya que se han encontrado restos de una de estas defensas pasivas en los subterráneos de edificios adyacentes.

Aún resiste el escudo
En definitiva que, pese a la notable importancia de este edificio para entender la Historia de la ciudad de L'Hospitalet, los intereses especulativos de unos pocos pasarán al galope por encima de los intereses de la comunidad, como tantas otras veces ha pasado por estos lares. Cosa tanto más grave en tanto y en cuanto que fue un edificio levantado por y para la comunidad, actualmente en manos privadas de alguien cuya titularidad es, cuando menos, discutible, al ser fruto de una expropiación por derecho de conquista.

Estructura interior
Esperemos que la cordura lleve al consistorio de Núria Marín a mover ficha en beneficio de la conservación y restauración de El Coro, y no, como siempre ha pasado, a girar la cara a las reclamaciones de la sociedad civil (ver Cal Trabal: el fin de L'Hospitalet?). Una sociedad civil que pide, simplemente, que la Historia y la memoria de la gente que ha levantado esta ciudad con sus propias manos, no sea borrada vilmente a golpe de excavadora y bloques de pisos.

¿Tanto cuesta entenderlo?


Historia en extinción. Fachada 2016

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