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martes, noviembre 14, 2017

El extremeño, crónica de un idioma al borde de la extinción

Cartel bilingüe castellano-extremeño
Cuando en 1988 me tocó ir a la “mili” por obra y gracia de haber nacido un día más tarde de lo que salía de cuentas mi madre (no me salvé de ir justo por ese día) fui destinado al campamento militar de Santa Ana en Cáceres. Allí, catalanes éramos pocos -había más valencianos-, pero no pasábamos desapercibidos porque siempre que podíamos hablábamos en “llengua de cosins germans” (lengua de primos hermanos, como decían los valencianos); cuestión de rebote, evidentemente. Sea como sea, en mi grupo de amigos teníamos un cacereño -de Plasencia creo recordar- al cual le hacía cierta gracia que hablásemos entre nosotros en catalán/valenciano y que decía que ellos también tenían idioma propio. ¿Idioma propio en Extremadura?¿Estaba de cachondeo? Pues no, no bromeaba. Se refería a un lenguaje cuya existencia me era absolutamente desconocido y que su existencia fosiliza la historia de la Reconquista de la Península: el castúo o extremeño. ¿Lo conocía?

José María Gabriel y Galán
Mi jiedin los jombres que son medio jembras”, este fragmento del poema “Varón” de José María Gabriel y Galán declamado por mi compañero de servicio militar y que pueden encontrar completo en la webgrafía al pie de este artículo, fue mi primer contacto con la lengua extremeña (palra estremeña, como dicen ellos). Una lengua tan desconocida como denostada y que está en serio peligro de desaparecer, fruto del desdén, la ignorancia de los forasteros y por la vergüenza de los propios hablantes a expresarse en ella más allá de los círculos familiares (ver El occitano o la inducida vergüenza de hablar tu propia lengua). Y es que, al ser un habla que se ha mantenido por transmisión oral en las partes más aisladas y rurales de Extremadura (Las Hurdes, por ejemplo), la sensación de estar delante de un castellano “paleto” es muy fuerte. Sin embargo tiene una historia que no desmerece a ninguna de las otras lenguas de la Península.

Ubicación del extremeño
Nos hemos de remontar a la Alta Edad Media. Por aquel entonces, los reinos cristianos de la península Ibérica se habían reducido a una estrecha franja al norte y noreste de ella, donde, a la vez de la religión, se conservaba un latín vulgar plagado de localismos, germen de las actuales lenguas peninsulares. Al pasar de los años, los diferentes reinos cristianos comenzaron una lenta (lentísima diría yo) expansión hacia el sur a cuenta de los territorios musulmanes, llevando con ellos su propia cultura y lengua. En el norte de la península, el Reino de León -que englobaba a Castilla y Galicia- partía el bacalao y talmente como los catalanes o los aragoneses en la vertiente mediterránea, expandieron sus propios idiomas.

Expansión del reino de León
El Reino de León, encorsetado entre los terrenos conquistados por los castellanos y por los gallegos (que se habían desvinculado de los leoneses), llevó el idioma astur-leonés de norte a sur, al repoblar las provincias de Zamora, Salamanca, Cáceres y Badajoz hasta lo que hoy es la provincia de Huelva. En este punto, el Reino de León paró su progresión al unirse en 1230 con Castilla, la cual se había convertido en potencia dominante del interior peninsular. Esta situación de poder hizo que, con el tiempo, el idioma castellano se expandiera por territorios que no eran castellanos (caso de Salamanca, gracias a su universidad), dejando la zona de difusión del antiguo idioma leonés reducido y dividido. Por el norte, ocupando Asturias y las partes occidentales de León y Zamora, estaría el astur-leonés propiamente dicho -conocido también como bable- y al sur, aislado en las sierras de  Cáceres y Badajoz, el extremeño.

Diasistema asturleonés
Justamente este aislamiento del tronco leonés, hizo que se desarrollara una lengua con un léxico y unas características gramaticales bien particulares. La existencia de un acento diferenciado y tan especial (haches aspiradas y palabras acabadas en -i) ha hecho que los castellanoparlantes que la escuchen tengan la sensación de estar delante de un castellano mal hablado y que no hay forma de entender. Excusa que, junto a su origen estrictamente rural ha dado pie a que el extremeño se haya denigrado en grado sumo rebajándolo a nivel de “patois” o “chapurreado” cuando, en realidad, lo que demuestra es un origen muy próximo entre ellas.

Este menosprecio por un habla tan campesina y que no se ha mantenido en ninguna ciudad importante por la presión del cercano castellano -no se conoce ni el número de hablantes, las estimaciones más favorables los cifran en 200.000-, ha hecho que los propios extremeños que la tenían como propia (excepto en los territorios donde no es nativa, ver Olivenza, el Gibraltar español.), la hayan dejado de lado progresivamente.

Texto en "estremeñu"
Así las cosas, en el centro y sur de Extremadura, el extremeño (denominado alto-extremeño por los lingüistas) ha dejado paso a un castellano “extremeñizado”, tanto más castellanizado cuanto más al sur de la comunidad autónoma. Situación que ha liado aún más la troca ya que se ha mezclado la denominación “extremeño” con la de “castúo”, cuando ésta última fue acuñada en los años 20 del siglo XX y se refería al castellano hablado en Extremadura con más o menos substrato extremeño. En la actualidad, en muchos ámbitos ambas denominaciones son sinónimas, perdiéndose la conciencia de estar hablando una lengua independiente.

Las Hurdes, refugio del extremeño
Hasta tal punto ha sido menospreciado el extremeño, que la propia administración autonómica, en vez de velar por la preservación de su patrimonio lingüístico ha hecho caso omiso a las solicitudes de los pocos colectivos que intentan mantenerlo y se ha negado en redondo a fomentarlo, dando toda la preferencia a la enseñanza del castellano. Cuestiones políticas partidistas, ligando lengua con nacionalismo cuando no existe ninguna conciencia nacional ni similar en Extremadura, están permitiendo que el extremeño muera agónicamente.

Patrimonio cultural en peligro
En definitiva, que el caso de la lengua extremeña, es el caso paradigmático del pez grande que se come al chico con el beneplácito del propio pez chico. En un mundo globalizado, en que estamos perdiendo todas las particularidades en beneficio de una uniformidad que solo favorece a unos cuantos, el hecho de perder algo tan profundo y rico como son las raíces culturales no puede dejarnos indiferentes. Hoy es el extremeño, el occitano o el bretón los que se encuentran en peligro, pero cuando una lengua se pierde, se pierde para siempre una forma de entender el mundo, una experiencia milenaria, una realidad humana. Una realidad que, aunque haya ejemplos de éxito en la recuperación artificial de lenguas muertas (ver El cornuallés, la resurrección milagrosa de una lengua perdida), una vez perdida nunca, nunca, será la misma.

Vale la pena recapacitar al respecto.


Ejemplo vivo del uso del "estremeñu"

Webgrafía

10 comentarios:

Nancy Núñez Ortiz dijo...

Excelente, realmente es una pena que se pierdan las lenguas en el mundo, yo soy mexicana, y tengo amigos de tu región, y se debe luchar por preservar las lenguas, que son patrimonio de la humanidad, la diversidad nos enriquece.
Nancy Núñez

Abdó dijo...

Mi bisabuela la hablaba, era de Las Hurdes (Jurdes como decía ella). A mi abuelo no lo conocí, pero mi padre dice que también lo hablaba.

morilloca dijo...

Con esto de las lenguas, las tonterías que se dicen
son incontables.

Ismael Rivas dijo...

https://www.youtube.com/watch?v=VE-LCPnarsQ
Un alistano.

Roberto Bahamonde Andrade dijo...

Tengo ideas encontradas con el alto extremeño. Históricamente sí forma parte del astur-leonés, pero tengo la impresión de que la convergencia con el castellano es tal que hoy en día mi propio dialecto del castellano o muchos otros son más divergentes del "castellano promedio" (que no existe, pero podría representarse con el acento panameño o costarrricense tal vez) que el alto extremeño.
Me dio gusto oír "jadi", que muestra justamente sus orígenes distintos, porque esa evolución de las sibilantes es completamente diferente.
Hoy conocí este blog, porque en Menéame salió el artículo sobre el occitano y ahora este. Felicitaciones por el trabajo y saludos.

Eloy García Torre dijo...

Fijaos en el hueco que queda en el mapa en el rincón noroeste de Extremadura, sin pintar de verde. Ahí hay tres pueblos que mantienen cada uno su propio dialecto: en Eljas, Valverde del Fresno y San Martín de Trevejo se habla lagarteiru, valverdeiru y mañegu, respectivamente. O fala, si se quiere llamar así. Al contrario que el castúo, estos tres dialectos sobreviven, y gozan de buena salud. Por cierto, la foto de los carteles que ilustra este artículo muestra textos en mañegu. Los habitantes de estos tres pueblos siguen hablando su dialecto, así como muchos que emigraron a distintas partes del mundo. Para quien guste de hacer turismo idiomático, le recomiendo que se acerque a estos tres «lugaris» de la sierra de Gata.

Ana Beatriz dijo...

Buenas.

No soy extremeña pero vivo desde hace un tiempo en la Sierra de Gata.

Quería comentarte que en una foto de las que has puesto en tu entrada, en concreto, de San Martín de Trevejo, no es el castúo el que está escrito además del español, si no Fala.

En San Martín de Trevejo, al igual que en Valverde del Fresno y Eljas se habla Fala. Es por eso, que los carteles están escritos en castellano y en Fala. Es muy curioso porque tanto jóvenes como mayores siguen conservando tal lenguaje, pero éste tiene un origen galaico- portugués.

https://es.wikipedia.org/wiki/Fala_(valle_de_J%C3%A1lama)


Espero que sirva de aportación.

Un saludo.

Roka JC dijo...

Me gustaría recalcar lo que ha dicho Ana Beatriz.

Hay 3 pueblos en Extremadura (San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno), en Sierra de Gata concretamente, donde se cuida y fomenta una lengua propia. Alli se llama "fala" o "chapurrao".

Se estudia en las escuelas y si vais de visita a alguna de estas tres poblaciones (que por otro lado son maravillosas), se puede observar que se habla bastante por todas partes (incluidos los niños), y los textos son casi todos en "fala".

Por lo visto tiene sus peculiaridades en cada pueblo. Y es muy curioso oirlo hablar. Es bastante dificil de entender, no solo es acabar las palabras en u o en i.

Un patrimonio que no se debe perder. Y una visita muy recomendable.

David Elices dijo...

Puntualizar que "A fala" de los tres pueblos comentados es una mezcla de gallego-portugués y leonés, de ahí su peculiaridad y contraste con las hablas bajoleonesas circundantes, que se extienden por el norte de Extremadura, pero también por el sur de la región leonesa, concretamente en las comarcas salmantinas de la Sierra de Francia y El Rebollal (de donde es la primera foto que ilustra la noticia, en el pueblo de Robrea/Robleda). Todo el diasistema leonés languidece despreciado por las instituciones autonómicas, que son las competentes en este tema. Queda un hilo de esperanza para el idioma en Asturias, pues parece que allí se acerca por fin la oficialidad. En las regiones leonesa y extremeña el idioma está prácticamente sentenciado.

JF RR dijo...

Agraecíu por esti endilgu a tentu dela nuestra lengua :) Solo una precisión: el estremeñu (a veces llamado castúo) no se habla solamente en el cuadrante noroeste (si bien allí el habla está más viva y se mantiene más pura), se habla tradicionalmente en todo el territorio no lusoparlante y varias comarcas colindantes de las provincias de Salamanca, Ávila, Castilla-La Mancha y Andalucía. En mi opinión de investigador no creo que venga exactamente del leonés, yo lo planteo de otra manera: entre el gallego y el castellano había y hay cuatro hablas. El estremeñu procede de la más oriental de estas (correspondiente hoy con el cántabro o montañés).