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viernes, febrero 24, 2017

Hoy, salimos: Font de Les Planes

Les Planes de Vallvidrera, en pleno corazón de Collserola, ha sido desde hace más de un siglo, un espacio de asueto para la clase popular barcelonesa, que encontraba en sus merenderos y en su excelente comunicación con los Ferrocarriles Catalanes, el perfecto lugar donde pasar un domingo en plena naturaleza. En la actualidad sigue siendo un espacio muy concurrido, donde las familias y grupos, por poco dinero, pueden alquilar las barbacoas y organizarse una comilona al aire libre. Si no es de los que les atrae el autoservicio de las brasas, en uno de sus establecimientos más emblemáticos, podemos tomar una excelente calçotada a un precio razonable: el Restaurante Font de les Planes

Restaurante Merendero Font de Les Planes


  • Nombre: Font de Les Planes
  • Dirección: Ctra. de Vallvidrera a Sant Cugat (BV-1462) Km. 6,5 (ver mapa)
  • Población: 08017- Barcelona



Puntuación: 7/10

  • Servicio: Amable y atento, aunque un poco estresante.
  • Ambiente: Familiar
  • Tipo de comida: popular catalana.
  • Precio: Menú Calçotada (pan con tomate, calçots, alcachofas, carne, postre, bebida y café) entre 27 y 31 €

Opinión:

El restaurante Font de Les Planes, es un local grande y acogedor que ha crecido en paralelo al enorme merendero que ha dado fama a la zona. Es justamente por la gran afluencia de gente a los merenderos que el restaurante también se pone hasta la bandera durante los fines de semana. Apto también para grupos, el servicio se divide en dos turnos, que intenta absorber de la forma más organizada y rápida posible la gran afluencia de comensales de todo tipo y condición. Si va en grupo, conviene reservar con antelación. Si son menos de 4 no aceptan reservas, pudiendo tener que esperar un rato hasta tener mesa disponible.

La comida, con el sabor más auténtico de la cocina popular catalana, sin ser raciones pantagruélicas en el menú calçotada más barato (3 medias alcachofas y una docena de calçots, seguidos de unas judías con butifarra), está bien hecha y muy sabrosa, por lo que la relación calidad-precio es bastante correcta. No hay que preocuparse por mancharse con la salsa romesco en la que se untan los calçots, ya que se suministra el correspondiente babero, guantes de plástico y su toallita de limón para hacer de la calçotada una experiencia muy agradable y divertida. Eso si, le recomiendo quitarse los guantes para hacerse las típicas fotos con el móvil, más que nada porque la pantalla táctil no funciona con los guantes (a parte de dejarla hecha unos zorros, claro).

En el platillo negativo de la balanza tenemos que la gran afluencia de personal hace ir a los camareros auténticamente de cráneo para atender a todo el mundo correctamente. El servicio, correcto y atento, se consigue ampliamente, pero con el inconveniente de estar demasiado encima de los clientes transmitiendo con ello cierta presión y atosigamiento innecesario fruto del estrés de los camareros, situación que puede llegar a incomodar. Todo sea el decirlo, los defectos del servicio -en todo momento muy amable y simpático- no invalidan para nada la magnífica experiencia gastronómica del local.

En definitiva, un local muy recomendable para ir en familia o grupos de amigos, donde la diversión y la buena experiencia culinaria está más que asegurada. Asimismo, totalmente recomendable para los turistas extranjeros que visitan Barcelona y quieran disfrutar de un ambiente gastronómico auténticamente catalán a 15 minutos de la Plaza Catalunya.

Diversión y buena experiencia culinaria

domingo, febrero 19, 2017

Hoy, salimos: El Magraner Boig

En el barrio de El Raval barcelonés, el crecimiento desmesurado del turismo ha hecho que el interior de lo que antaño se llamaba Barrio Chino esté en proceso de perder sus pobladores de peor calaña, en beneficio de una oferta de restauración cada vez más variada y cosmopolita. Es en una de las calles de más mala fama de la zona, la calle Robadors, donde encontramos uno de estos nuevos colonizadores del distrito de Ciutat Vella: El Magraner Boig.


El Magraner Boig. Cuina grega

  • Nombre: El Magraner Boig
  • Dirección: Robadors, 22 (ver mapa)
  • Población: 08001- Barcelona



Puntuación: 7/10

  • Servicio: Amable y atento, aunque un poco caótico
  • Ambiente: Joven e internacional
  • Tipo de comida: Cocina griega
  • Precio: Principales entre 8 y 11 euros; tapas, unos 6 euros; postres, unos 4 euros; cerveza mediana por 2,50 €

Opinión:

El Magraner Boig ocupa los bajos de un edificio de nueva construcción que, con su techo alto y su superficie diáfana, permiten ubicar una gran cantidad de grupos gracias a la flexibilidad de disponer de un gran número de mesas y sillas de estilo rústico. Su decoración es minimalista con toques mediterráneos, mientras que el poema "El Granado Loco" del premio Nobel Odysseas Elytis y un retrato suyo, presiden la, a priori, fría estancia. Lugar de reunión de los "erasmus" griegos (y no tan griegos) de Barcelona, se pone a rebosar los fines de semana con una clientela eminentemente joven e informal. Conviene, por ello, reservar con cierta antelación... a no ser que no le importe cenar en la barra, claro.

La comida, cocinada al mejor estilo casero (nada que ver con los platos de las franquicias griegas), utiliza los ingredientes típicos mediterráneos que conocemos por estos lares, por lo que encontraremos una cocina muy cercana, de calidad, pero exótica a la vez. Los platos, servidos con mucha diligencia, son de raciones generosas, por lo que la relación calidad-precio nos es netamente favorable. Especialmente recomendables son el kolokithokeftedes con tzatziki (albóndigas de calabacín frito con salsa de yogur) y la musaka vegetariana. El kokinisto (estofado de ternera con patatas fritas), si bien tiene muy buen sabor, peca de tener algún trozo de ternera un poco fibroso.

A pesar de todo, el restaurante también tiene algún defecto, sobre todo derivados del ambiente bullicioso típicamente mediterráneo al cual los griegos no son ajenos. El ruido, prodigado por los numerosos grupos y por la reverberación de los techos altos, puede ser de tal volumen que puede llegar a apabullar, dándote la noche. Si lo suyo es ir en pareja y pasar una velada tranquila charlando, este local no va a ser su mejor opción.

En definitiva, El Magraner Boig es un buen restaurante donde disfrutar de una buena cocina casera al mejor estilo griego, a buen precio, y en un ambiente auténticamente mediterráneo.

Buena cocina casera al mejor estilo griego

sábado, febrero 18, 2017

12 años de aventura. 12 años de Memento Mori!

Bueno... este es mi primer post en este mi primer blog. A ver si tengo suerte, y alguien lo lee (cosa altamente improbable si no son amigos y familiares varios).

Así, con esta breve introducción, empecé el 18 de febrero de 2005 la gran aventura personal en que se ha convertido mi querido e inseparable blog "Memento Mori!". En estos 12 años (en que el mundo ha cambiado lo que no está escrito y no lo conoce ni la madre que lo parió), y desde estas páginas cibernéticas he querido dar rienda suelta a mis pensamientos, opiniones, inquietudes e indignaciones, hasta el punto de llegar a la impresionante cantidad de 1.185 entradas publicadas. Cantidad que ni en mis más remotas expectativas habría imaginado poder llegar. Sin embargo, aquí están. Aquí estamos.

Soy consciente que este blog me ha cambiado la vida -no es la primera vez que lo digo (ver ...y 1000) y no será la última- pero lo que creo que no llegaré a ser nunca consciente es de hasta qué nivel soy un auténtico pelele en manos de Memento Mori. Y es que, de un tiempo a esta parte, todos los proyectos en los que estoy metido y que -como habréis comprobado- me impiden publicar todo lo frecuentemente que quisiera, están relacionados directamente con él. Talmente como si el blog tuviera vida propia y me condujera allí por donde él quiere que me dirija.

1.975.000 visitas, entre 1.500 y 2.000 visitas diarias sostenidas, y provenientes de todos los rincones del mundo, son estadísticas que asustan, que responsabilizan. Responsabilizan, porque significa que la gente se interesa por lo que escribo. Responsabilizan porque la información que reciben todos esos lectores ha de ser lo máximo de veraz posible. Responsabilizan porque enseñan muchas cosas, entre ellas, Historia. Una Historia que, explicada desde mi particular punto de vista, utiliza las anécdotas históricas para introducir al lector de forma entretenida en épocas y situaciones que, de otro modo, sería un auténtico peñazo: coincidirán conmigo que no es lo mismo estudiarse las relaciones entre Castilla, León y las Taifas del siglo XI a palo seco, que conocer el porqué se mató a un rey mientras cagaba (ver Sancho II de Castilla, el rey que murió cagando). 

Sea como sea, Memento Mori aquí sigue. Hoy cumple 12 años, y como un niño preadolescente, comienza a tener criterio propio. Un criterio que hace que yo, su padre, me vea arrastrado a atender sus necesidades y designios so pena de quedar atrapado en su absorbente, sacrificada, pero siempre dulce tiranía.

Felicidades, y... ¡que cumplas muchos!


Memento Mori se está haciendo mayorcito

sábado, febrero 11, 2017

Hoy, salimos: Urban Roots

Sant Boi de Llobregat es una ciudad a unos 10 km escasos de Barcelona que si bien no destaca por ser una zona turística (más de uno la tildaría de dormitorio), dispone de unos cuantos locales de restauración con una notable calidad. Y hoy me centraré en un restaurante que he tenido el gusto de probar: el Urban Roots.

Urban Roots Restaurant


  • Nombre: Urban Roots
  • Dirección: Ronda Sant Ramon, 145 (ver mapa)
  • Población: Sant Boi de Llobregat -08830 (Barcelona)



Puntuación: 8/10

  • Servicio: Amable y atento
  • Ambiente: Adulto, informal
  • Tipo de comida: Hamburguesería, con tapas y comida mediterránea
  • Precio: Hamburguesas entre 8 y 10 euros; postres, unos 4 euros; cerveza Free Damm por 1,80 €; Coca Cola por 1,80 €; menú mediodía 9,95 €

Opinión:

El Urban Roots es un restaurante de aforo reducido (aunque engaña debido a su decoración beige y blanco y sus numerosos espejos) que podemos encontrar en una de las grandes arterias de Sant Boi de Llobregat, aunque si no fuese por su llamativo letrero luminoso, pasaría totalmente desapercibido ya que no se encuentra en una zona especialmente concurrida de la ciudad bajollobregatina. Sea como sea, algo tendrá el agua cuando la bendicen, y el hecho de que, pese a su cierto aislamiento, esté lleno los fines de semana, no es gratuito.

Una cantidad más que correcta para el precio y el especial cariño de los ingredientes que utilizan (el pan de las hamburguesas, por ejemplo, es hecho expresamente para ellos por un obrador), hace que el tapeo y las comidas ligeras tengan una calidad muy elevada que se nota en el momento del bocado. No en vano, las croquetas caseras tienen sabor a croqueta casera. Especialmente destacable son sus tapas de berenjena rebozada, nada aceitosas y con un gran sabor.

En la parte de la cruz, sólo se tendría que remarcar una cierta falta de simultaneidad en el servicio de los platos, sobre todo en el caso de servicio a grupos, así como algún problema con el punto de cocción de la carne de las hamburguesas solventado con mayor o menor acierto. Asimismo, el hecho de ser un local pequeño y el exceso de ruido producido por los grupos -e inherente a muchos locales populares de nuestras latitudes-, puede llegar a ser un inconveniente para aquellos que buscan un lugar donde charlar tranquilamente.

En conclusión, el Urban Roots es un buen local donde han querido destacar de la competencia dando un enfoque sabroso y de calidad a un tipo de cocina popular y cercano. Ciertamente recomendable.


Cocina popular que destaca por su calidad

lunes, febrero 06, 2017

Silvestre II, el genial papa que trajo las matemáticas árabes a Europa

Gerberto de Aurillac
Parece mentira cómo, a pesar de que los niveles de analfabetismo en el mundo son los más bajos de toda la historia de la humanidad, la mediocridad y la ignorancia de la población en general se ha vuelto la norma, pasando de ser analfabetos por falta de educación a ser igual (o más) analfabetos pero sabiendo leer y escribir. Esto, que parece un contrasentido, está ocurriendo en la actualidad en amplias capas de la sociedad, ya que si bien hemos enseñado masivamente a leer y a escribir, no hemos enseñado a qué hacer con esa información que hemos aprendido a “decodificar”; es decir, la sociedad no ha aprendido a pensar, no ha aprendido a razonar. Esta carencia ha hecho que en un mundo sobreinformado hasta la nausea, no tengamos la más mínima idea de cribar esa información, creyendo a pies juntillas cualquier cita atribuída a Claudio Coelho (ver La historia de las ciberestafas de origen español) y dejando el campo abonado a lecturas parciales e hipócritas que lo único que hacen es fomentar los extremismos y las fobias a todo lo “diferente” hasta extremos realmente alarmantes. Y fruto de ello tenemos la actual oleada de islamofobia occidental, en que se relaciona el mundo musulmán con fundamentalismo y terrorismo, mientras que el mundo cristiano se identifica con cultura y democracia. No obstante, si miramos la historia podremos comprobar cómo nada es tan evidente como parece y más si conocemos que hubo un Papa católico de origen francés que, para alcanzar el culmen del saber de su época tuvo que estudiar durante 3 años, no en París, ni en Roma... sino en Al-Ándalus.

Borrell II de Barcelona
El saber y la cultura, en tanto que necesidades del ser humano que se obtienen una vez colmadas las necesidades básicas físicas, ha tendido a prosperar en las sociedades más ricas, avanzadas y, por ende, más estables. En la actualidad, los países occidentales (con permiso de las potencias emergentes, claro) en tanto que son los más ricos económicamente hablando, disponen de los mayores y mejores centros académicos en los que asegurar el desarrollo de la técnica y el conocimiento humano. Universidades como Yale, Harvard, Oxford, Cambridge, Sorbona... y tantas otras se han convertido en mecas del estudio para todo aquel que, independientemente de su lugar de nacimiento, quiera acceder a los niveles más altos del saber disponibles hoy día. Mecas académicas que dan, de rebote, un estatus de superioridad a los pobladores de los países que disfrutan de estos recursos intelectuales de primer orden (ya sean catedráticos o no sepan hacer una “o” con un canuto).

Mezquita de Córdoba
De esta forma, en el siglo XI, el mundo era radicalmente diferente de lo que lo es hoy día, de tal manera que los países europeos, en vez de tan ricos y cultos como son ahora -espectadores de telebasura no incluidos-, eran los talibanes del momento (ver El Krak de los Caballeros, el espíritu de los cruzados en Siria), mientras que la cultura, las artes y la intelectualidad prosperaban ampliamente en los territorios musulmanes. O dicho de otra forma, que mientras en Al-Ándalus se prodigaban maravillas como la Mezquita de Córdoba, en el resto de Europa se desarrollaba el austero y simplón arte románico. Y las cosas no pasan porque sí.

Al-Andalus (año 1002)
En esta circunstancia, en que el saber y la intelectualidad, en la Europa cristiana, se circunscribía exclusivamente a los monasterios, la Iglesia sabía que los musulmanes disponían de unos conocimientos en ciencia, filosofía y tecnología muy superiores a los suyos. Unos conocimientos a los cuales no tenía acceso todo el mundo (tenías que saber árabe como mínimo) y que se sabía de ellos de refilón por el trajín de personas en las zonas fronterizas de ambas culturas. El condado de Barcelona -y en él, el monasterio de Ripoll- era una de estas zonas de frontera especialmente agraciadas.

Santa María de Ripoll
Así las cosas, en 967, un joven y espabilado occitano llamado Gerbert d'Aurillac, destacaba especialmente entre los alumnos del monasterio de Saint-Géraud d'Aurillac (en la actual región francesa de Auvergne). El abad del monasterio, aprovechando la visita del Conde Borrell II de Barcelona -que estaba de camino para casarse en Rodez y había parado para visitar las reliquias de San Geraldo- y conociendo tanto las capacidades intelectuales del joven como la especial excelencia académica del monasterio de Ripoll -donde se traducían al latín los escritos eruditos árabes-, consiguió convencer al conde catalán para que se llevase a Gerbert para seguir con su formación. Tras haber estudiado las siete artes liberales (gramática, dialéctica, retórica, aritmética, geometría, astronomía y música) como quien pasea por la Rambla, la abadía de Aurillac se le había quedado pequeña. Y se fue a Ripoll.

Miniatura escolástica
Una vez en Catalunya, Gerbert fue apadrinado por Ató, obispo de Vic, que lo introdujo en el mundo de los conocimientos de los clásicos griegos y romanos que, perdidos en gran parte por el cristianismo debido a ser considerados paganos en su momento, llegaban a las meninges de la reducidísima intelectualidad cristiana gracias a la traducción al latín de las obras de los filósofos árabes que llegaban al monasterio de Ripoll.

De esta forma, Gerbert pasó 3 años por estas tierras empapándose de todo el saber disponible en aquel momento, ya fuera a través de lo disponible en el monasterio o por contacto directo con maestros musulmanes. Se especula incluso -las fuentes no lo aclaran- que viajó a Córdoba y a Sevilla, donde aprendió de primera mano las últimas novedades de la ciencia y la matemática árabes. No por nada, Córdoba era un centro intelectual de primer orden internacional, llegando a ser más potente que Bagdad o Damasco. Poca broma.

El primer papa francés
Después de esos tres años de formación extensiva e intensiva, Gerbert de Aurillac se trasladó a Roma en 969, donde destacó como erudito en teología y, sobre todo en ciencias y matemáticas, rifándoselo en las mejores abadías cristianas para dar clases. A tal punto llegó de erudición, que Gerbert inventó un ábaco, un globo terráqueo, un sistema taquigráfico, una anotación musical, diversos relojes e incluso un órgano. Pero no solo eso, sino que, encima, introdujo el sistema decimal y el uso del número cero en los estudios de matemáticas de los monasterios -hasta entonces solo usado por los matemáticos árabes-, la cual cosa permitió revolucionar los conocimientos matemáticos cristianos. Una matemática cristiana que había quedado enquistada, ya que hacer cualquier operación usando solamente los números romanos era un auténtico quebradero de cabeza. No obstante, hay que recordar que estábamos en la oscura y supersticiosa Edad Media.

Aristóteles en una ilustración árabe
Efectivamente, el hecho de que una persona cristiana fuera capaz de tener una brillantez de mente de semejante nivel hizo que el grueso de la sociedad ignorante, supersticiosa y analfabeta, incapaz de comprender nada que no saliera en la Biblia, viera en Gerbert un ser misterioso que obtenía su inteligencia, no del estudio y del trabajo, sino directamente de Satanás. El odio y, porque no decirlo, la envidia le hizo foco de todo tipo de leyendas negras en una Europa atemorizada hasta el extremo por el cambio de milenio, sobre todo a partir del 18 de febrero del año 999 cuando Gerbert de Aurillac, hasta entonces arzobispo de Ravena, accede al papado con el nombre de Silvestre II, convirtiéndose en el primer papa francés y en el “diabólico” papa del año 1000.

Saint Géraud d'Aurillac
En conclusión, que hoy, en que creemos que el Islam es oscurantismo y fanatismo, prejuzgando a cualquiera no por la calidad de la persona que es, sino por el simple hecho de ser musulmán, tendríamos que recordar el pasaje histórico de Gerbert d'Aurillac, el papa Silvestre II, el cual  necesitó entrar en contacto con los musulmanes de Al-Ándalus para encontrar el saber y el conocimiento que no encontraba en la oscura, supersticiosa y fanática Europa cristiana de la Edad Media. Una Europa la cual, sin el concurso de Silvestre II y de sus adelantados conocimientos procedentes de la ciencia y pensamientos árabes, habría tardado en levantar cabeza muchos más siglos de lo que lo hizo.

Ni sirvas a quien sirvió, ni pidas a quien pidió. Qué frágil es la memoria humana.

Silvestre II y el diablo (1460)

Webgrafía

domingo, febrero 05, 2017

Hoy, salimos: The Juice House

Salir de vez en cuando a comer por ahí es una actividad que, por placentera, debería hacer todo el mundo siempre que pudiera. Los presupuestos no están para tirar cohetes, pero ello no impide que tengamos a nuestro alcance todo un surtido de bares y restaurantes que, sin gastar una barbaridad, nos permitan gozar de vez en cuando de un buen plato que no has tenido que cocinar tú.  

Es justamente por el hecho extraordinario de ir a comer fuera, y para saber lo que nos podemos encontrar que, a partir de ahora y siguiendo el lema de cabecera del blog, publicaré en Memento Mori mis vivencias particulares en esos restaurantes de Dios. 

 Espero que os sea de utilidad.


The Juice House- Clean Eating Restaurant

  • Nombre: The Juice House
  • Dirección: Parlament, 12 (ver mapa)
  • Población: 08015- Barcelona



Puntuación: 9/10

  • Servicio: Muy amable y atento
  • Ambiente: Joven e internacional
  • Tipo de comida: proximidad, biológica y vegetariana (con algún plato de pescado). Estilo caribeño. 
  • Precio: Principales entre 6 y 10 euros; postres, unos 4 euros; cerveza mediana por 2,50 €; tes por 2,20 €

Opinión:

El The Juice House es un restaurante pequeño y austero (no apto para grupos numerosos), pero de ambiente muy acogedor, que podemos encontrar en el entorno del Paral.lel barcelonés. El hecho de un servicio ininterrumpido de comidas y tentempiés a partir de las 13h. hasta las 23h. lo hace un sitio muy apropiado para extranjeros o para quien, como yo, en vez de horario estricto de comida, tiene una auténtica locura horaria.

La comida, con raciones muy correctas para el precio, ha sido un auténtico descubrimiento, tanto por el servicio rápido, amable y agradablemente honesto (el camarero nos ha avisado ante nuestra intención de pedir más platos de lo que ha creído que podíamos comer) como por la calidad de los productos empleados en hacer unos platos basados en la cocina caribeña, ligeros, coloridos y llenos de sabores muy interesantes.

Un local especialmente recomendable para aquellos que disfrutan con una cocina sana de calidad (las chips de col rizada han sido una sorpresa y la tarta de zanahoria estaba espectacular) que no tienen prisa en levantarse de la mesa (amplia carta de tes servidos en teteras de fundición) y que disfrutan de la filosofía “slow food”.

Sin duda, volveremos a visitarlo.


Un pequeño restaurante para pasar un gran rato