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La inaudita historia de Hans Staininger, el alcalde muerto por su propia barba

¡Eres más desgraciado que el que se cae y se mata!”. Este jocoso dicho castellano que se ha espetado desde siempre cuando el que tienes delante te ha hecho una trastada o le sale todo torcido en la vida, ha servido durante generaciones para ilustrar la máxima expresión de la mala suerte humana. El hecho de caerte y matarte (andando, se entiende), aunque pueda tener consecuencias dolorosas, difícilmente son de un carácter tan grave como para perder la vida por ello. Sin embargo seguro que no era eso lo que pensó Hans Staininger cuando un mal día tropezó y se mató. Hasta aquí podríamos considerar que el hombre tuvo mala suerte, pero es que, cuando sabemos con lo que tropezó, podemos decir que la mala suerte iba con majorettes y banda de música: con su propia barba. Ahí es nada.

Que el ser humano es capaz de hacer tonterías muy gordas por simple estupidez y ganas de destacar respecto los demás, es algo que he tratado largo y tendido en estas líneas. Esta obcecación por ser más que nadi…

El extraordinario caso de los herrerillos ladrones de nata

Herrerillo (Cyanistes caeruleus)
Herrerillo (Cyanistes caeruleus)
El ser humano, en su infinita soberbia, ha acabado por creerse que la Tierra le pertenece por derecho divino. Esta falta de humildad del hombre, fruto de la estupidez congénita de la especie y el egoísmo enfermizo que demuestra continuamente, le ha llevado a pensarse que el único ser que piensa sobre la faz del planeta es él, y que ello le da derecho de pernada para hacer absolutamente lo que le plazca con el resto de seres que comparten con él esta piedra flotante en el espacio. De hecho, si nos tapamos los ojos y no queremos ver nada de lo que nos rodea, posiblemente sea así, pero en cuanto los abramos, veremos cómo hay una infinidad de seres vivos que, tal vez, no hagan trascendentales tertulias deportivas, pero que de tontos no tienen ni un pelo (ver El caso de los árboles asesinos). Y un ejemplo de ello lo conocen bien los ingleses, que durante el siglo XX se dieron cuenta que unos pequeños pajaritos habían aprendido a beberse la crema de la leche... ¡abriendo ellos las botellas! Es el caso de los inteligentes herrerillos británicos.

La nata complementa su dieta de semillas
La nata complementa su dieta de semillas
En Inglaterra, a principios de siglo XX, en el periodo entre la primera y la segunda guerra mundial, había la costumbre de repartir diariamente la leche de puerta a puerta en botellas de vidrio de boca ancha sin ninguna tapa. Consideraciones higiénicas a parte (ver La Gripe Española, la mortífera historia de la peor epidemia de la Humanidad) las cuales no estaban ni mucho menos generalizadas en aquellos días, el reparto puerta a puerta de este tipo de producto pronto llamó la atención de los pequeños pajarillos de jardín que, de una forma inesperada, se encontraban con un suplemento alimenticio con el que complementar los duros días invernales: la nata de la leche.

Leche con toda su nata
Leche con toda su nata
Ahora resulta muy raro poder obtener leche cruda, pero hasta bien entrado el siglo pasado, la leche de vaca se compraba y se consumía sin tratar (con el consiguiente peligro de contraer enfermedades potencialmente peligrosas) de tal forma que la leche llevaba intacto su contenido de materia grasa, es decir, la nata. Esto hacía que la grasa láctea formase una capa que flotaba en la superficie de la leche y que era susceptible de ser utilizada en infinidad de recetas de cocina.  Hoy, en que la leche está pasteurizada, homogeneizada, uperisada y exprimida hasta que se extrae el último grumo de nata para su uso por la industria láctea, no podemos imaginar lo que era, pero los herrerillos y petirrojos británicos de los años 20 sí lo sabían bien, y aprovechaban las botellas dejadas en la puerta de las casas para tomarse una buena ración de nata por las mañanas.

Unos muy inteligentes herrerillos
Unas aves muy inteligentes
Durante los años 30, las empresas repartidoras, ante las quejas de la gente y el desarrollo de los nuevos métodos de higiene, comenzaron a tapar las botellas con un precinto de aluminio que tendría que poner fin a los desmanes lácteos de aquellos pequeños pájaros. Sin embargo, algo falló: los petirrojos habían dejado de absorber la nata de las botellas como se esperaba, pero los herrerillos habían aprendido a romper el precinto metálico de las botellas y a seguir tomando la nata directamente de los envases depositados en la puerta de las casas. Pero no solo eso, sino que eran capaces de escoger las marcas que tenían más nata en función del color de la etiqueta. Diles tontos.

Los petirrojos no trasmitieron su saber
Los petirrojos no trasmitieron su saber
Este comportamiento, lejos de ser un hecho aislado, se extendió por la colonia de herrerillos británicos hasta pasar, a finales de década, a otras zonas del continente europeo en el que también se tenía la costumbre de servir la leche a domicilio y dejarla en las puertas de las casas, tal el caso de Holanda o los países escandinavos, aunque allí la “costumbre” se perdió al haberse suprimido el reparto puerta a puerta como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial. Por el contrario, a principios de los 50 la conducta de los herrerillos británicos se había expandido por todo el Reino Unido, hasta ser una pauta que dominaba el millón de individuos en que estaba estimada aquella colonia. Sin embargo... ¿qué era lo que había pasado para que todos los herrerillos ingleses supieran el truco del precinto, pero no los petirrojos? ¿Eran más listos unos que otros? 

Los herrerillos tienen hábitos sociales
Los herrerillos tienen hábitos sociales
Cuando se estudió el problema se observó que este comportamiento había empezado en unos puntos concretos de la geografía británica, a partir de los cuales había ido expandiéndose conforme el tiempo pasaba. Así las cosas, los científicos llegaron a la conclusión que hubieron ciertos individuos que descubrieron el truco de horadar los precintos para beberse la nata y que los demás, por imitación, aprendieron de estos emprendedores, pasando el conocimiento a sus congéneres de generaciones y lugares alejados. No obstante, no solo fue el hecho de ser más o menos capaces de aprender de la experiencia ajena, sino que buena parte de culpa la tuvieron los hábitos sociales de los herrerillos los cuales, durante dos o tres meses al año, forman bandadas familiares de hasta una docena de ejemplares que se desplazan juntos por el territorio, dándoles la opción de aprender de sus padres y familiares (ver El macaco japonés, el eslabón perdido de la inteligencia humana). El petirrojo, por el contrario, es muy territorial e individual (es agresivo con otros individuos) situación que le lleva a no formar bandadas, dificultando enormemente la transmisión de las conductas aprendidas.

Gran inteligencia y capacidad de adaptación
Gran inteligencia y capacidad de adaptación
En definitiva que un pequeño pájaro de 12 cm de largo y 11 gramos de peso es capaz de enfrentarse a un problema, reflexionar al respecto, desarrollar un comportamiento que le sea favorable y capaz de transmitir ese conocimiento aprendido a amigos y familiares, talmente como hace un ser humano. Tal vez los herrerillos no utilicen los mismos códigos que nosotros, pero su cerebro es mucho más complejo y eficaz de lo que llegamos a comprender, cosa que les permite adaptarse con facilidad a las nuevas situaciones que les proporciona su medio ambiente. De hecho, este truco de la nata se está perdiendo entre los herrerillos por la costumbre humana, cada vez más extendida, de comprar la leche en tetra-bricks en el supermercado, en vez del tradicional servicio puerta a puerta. En compensación, se han documentado casos en que atacan a murciélagos para comerles el cerebro como forma de obtener un aporte de materia grasa a su dieta. Detalle tonto por si alguien dudaba de su capacidad innovadora.

Sea como sea, sopesando la inteligencia de estos pequeños seres voladores y vistas las necedades que inundan cada vez más el comportamiento humano actual, estoy seguro que cualquier avispado herrerillo es capaz de dar sopas con honda a más de un energúmeno de dos patas que se cree tocado por la varita de Dios por haberlo puesto sobre la faz de la Tierra.

Y es que, aunque parezca mentira, los herrerillos, además de pensar, vuelan.

¿Es capaz de superarlo?

Reconocen hasta las marcas con más crema
Reconocen hasta las marcas con más crema

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Comentarios

ovetus ha dicho que…
Además de las capacidades del herrerillo que desconocía, me ha gustado el apoteósico final: "cualquier avispado herrerillo es capaz de dar sopas con honda a más de un energúmeno de dos patas que se cree tocado por la varita de Dios por haberlo puesto sobre la faz de la Tierra."
Estas vacaciones he visto naves en llamas mas allá de Orión, he visto playas blanquecinas de protector solar, basura por todas partes (además de la orgánica de dos patas), coches por todos los rincones, papel de aluminio en los montes. He visto tanta barbarie que en algunos momentos se me ha formado un nudo en la garganta y ganas de llorar.
brenllae9@gmail.com ha dicho que…
Me encanta el post, porque he aprendido maravillas que antes desconocía. No es mi pasión la ornitología, porque mi fuerte no es la observación. Sé que hay gente con la que puedes caminar por la montaña y es capaz de darte la clave dicotómica de las hojas de los árboles. En cambio yo, no soy capaz de diferenciar más allá.
Ahora bien, por muy asombrosa que pueda ser la capacidad de adaptación y la inteligencia de los petirojos, los humanos por nuestras características somos superiores. El tema es que en lo humano, cuando más crece nuestra autonomía y nuestra erudición, también crece unuestra estupidez y prepotencia en consonancia. Enhorabuena por el post. Saludos.
Pilar ha dicho que…
Suscribo lo comentado en los dos posts anteriores, totalmente. No sé por qué hemos salido en agosto a ver Mallorca...no volveremos a hacerlo, lo prometo, al menos en agosto, jeje. Nosotros procuramos no ensuciar nada, pero contaminamos gastando gasolina por esas carreteras. Creo que ya somos demasiados los habitantes en este planeta, pero a mi me explicaron de pequeña que la naturaleza se defiende y siempre se transforma. Confiaremos en que sea cierto !

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