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sábado, septiembre 22, 2018

Las bon bon terre, las infames galletas de tierra contra el hambre

Comiendo lodo
Comiendo lodo
El problema de la desnutrición en los países del Tercer Mundo es un tema que, de tan repetido en los medios de comunicación y redes sociales, al final se ha convertido en un ruido de fondo inaudible al que no hacemos el más mínimo caso a no ser que pase algo bien gordo. Hambrunas producidas por desgracias naturales y guerras las ha habido desgraciadamente desde siempre, pero el desarrollo de los mass-media e internet ha llevado las impactantes fotos de niños esqueléticos moribundos hasta los comedores del mundo avanzado y nos las ha metido hasta en la sopa con tal fruición y constancia que las hemos convertido en un ingrediente más de nuestros platos al cual ya no damos importancia. Esta lejanía “moral”, que tendría que ser impropia del ser humano, necesita cada vez estímulos más bestias para llegar a romper la línea Maginot (ver La Línea Maginot, el inexpugnable fiasco militar francés) que defiende nuestra empatía. Alguien podría pensar que poner imágenes “gore” del hambre al más puro estilo “Viernes 13” podría dar algún resultado, pero nada más equivocado. Y es que pocas cosas hay más duras que la realidad y saber que hay humanos que, ante la falta acuciante de comida, no tienen otra opción que comer... tierra. ¿Se imagina llegar hasta ese extremo? Pues lamento decirle que no es ninguna broma. Es muy real y se denomina geofagia.

Desnutrición desesperada
Desnutrición desesperada
Seguro que en un momento u otro habrá utilizado la expresión tener un hambre que se comería las piedras. Este dicho que usamos en sentido figurado (para algún tragaldabas, seguro que no tan figurado), por desgracia es una situación muy real en la que se encuentran muchísimos miles de personas para las que una hamburguesa es tan prohibitiva como una tienda de Dior. Y es que cuando no hay que comer, la necesidad obliga a hacer muchas barbaridades, y una de ellas es la de comer lo primero que pillas, en este caso, el suelo que pisamos.

Tabletas de tierra bendita (Mexico)
Tabletas de tierra bendita (Mexico)
El hecho de comer piedras o tierra no es una cosa excesivamente rara en el mundo que nos rodea, ya que hay una gran cantidad de animales que las comen para ayudarles en las digestiones o como complemento vitamínico de una dieta pobre en según qué minerales. Sin ir más lejos, mascotas como los periquitos se deleitan royendo bolas de yeso, las gallinas y las codornices picotean pequeñas piedras con las que llenar sus mollejas y ayudar a la digestión, o los humanos mismo, utilizan la sal directamente (que no deja de ser más que una piedra) como formas de obtener una serie de elementos. Sin embargo, una cosa es comer ciertos tipos de tierra como complemento a una alimentación sana o que te dé una neura y te pongas a comer piedras como un descosido, y otra verse obligados a comerla porque no haya nada más que llevarse a la boca.

La infancia, la principal afectada
La infancia, la principal afectada
Si bien, durante la historia del ser humano el recurso de ingerir tierra en momentos de hambruna y de desesperación total, ha sido documentado desde tiempos inmemoriales (en China tenían la llamada “tierra de misericordia”), el hecho de que ello ocurra en la actualidad no deja de sorprender a propios y extraños. Y uno de esos episodios trágicos que dejó en evidencia esta práctica absolutamente aberrante fue el desastroso terremoto de Haití de 2010.

Haití, semanas después
Haití, semanas después
Haití, que ocupa la parte oeste de la isla caribeña de La Española (la parte este está ocupada por la República Dominicana), con más del 80% de su población -unos 11 millones de personas- por debajo del umbral de la pobreza, es el país más pobre de América y uno de los más pobres del mundo. Pues bien, en esta situación calamitosa y de estado prácticamente fallido gracias al “savoir faire” (ejem) de sus élites gobernantes, el 12 de enero de 2010 se produjo un terremoto de grado 7 (escala de Richter) con epicentro a menos de 30 km de la capital Puerto Príncipe. Si semejante sacudida -sin ser extrema (ver Valdivia 1960, el terremoto del Fin del Mundo)- ya produciría el caos en cualquier país mínimamente organizado, en un país en caída libre como Haití, significó el desastre más absoluto.

"Cocinando" las bon bon terres
"Cocinando" las bon bon terres
Más de 300.000 muertos, la ciudad destruida de arriba abajo, sin ningún servicio, sin agua potable… sin nada, fue lo que se encontraron las ONG’s que se lanzaron al auxilio de aquella desgraciada gente. Sin embargo, por mucha ayuda que se enviase en aquel momento, la falta de alimentos, sobre todo para la clase más pobre, rápidamente se convirtió en acuciante. La gente se moría de hambre y de sed por las calles, añadiéndose a la macabra estadística de víctimas producidas por el terremoto.

En esta situación de falta total de alimento salió a la palestra informativa cómo, los habitantes haitianos hacían uso de un tipo de arcilla para hacer unas “galletas” con aceite y sal con las cuales combatir la desesperación del hambre y a las que llaman "bon bon terres". Lo más grave del asunto es que el consumo de estas galletas ya era tradicional en el país, la cual cosa habla -y muy mal- de la situación de hambruna crónica que afectaba (y aún afecta) el país. Obvia decir que el daño para el cuerpo humano del consumo de este producto es tremendo.

Necesidad acuciante
Necesidad acuciante
Más allá del gusto a tierra que según los que las han probado deja en el cuerpo, estas tortas -que no dejan de ser más que bolas de barro secas- absorben el agua del cuerpo y producen obstrucciones intestinales graves si el consumo es masivo. No obstante, no es el peor efecto, ya que esta arcilla está cargada de parásitos (al fin y al cabo, es tierra) y de elementos contaminantes (en un país en ruina, no les vengas con exquisiteces de higiene), la cual cosa produce a su vez desde anemias, pasando por intoxicaciones por metales pesados (plomo, zinc…), ceguera, o infestación por lombrices, tenias y otros parásitos del suelo, llegando a poder coger incluso el tétanos en caso de ingestión prolongada de este “alimento”. Todo un elenco de efectos secundarios que, en el fondo, no tienen importancia cuando intentas evitar el efecto principal que es la muerte.

Injusticia humana
Injusticia humana
En definitiva, que el ser humano, ante la necesidad imperiosa de sobrevivir, no duda en alimentarse con lo que buenamente pueda, ya sea animal, mineral o del McDonald’s (ver El Happy Meal Project o cómo documentar la incorruptibilidad de una hamburguesa). Esto, en sí, no es malo, ya que indica que tenemos capacidad para obtener alimento de debajo de las piedras con los que seguir viviendo en épocas de hambruna grave. Lo que sí es intolerable es que, en una sociedad humana como la actual, en la que se desperdicia alimento a mansalva por intereses comerciales, en la que la gente comemos hasta reventar por gula, en la que la obesidad mórbida es una epidemia (ver La infalible dieta portuguesa de La Puerta de los Gordos) y en la que nos morimos de hambre por estética, que millones de personas tengan que recurrir a comer tierra para no morir es simplemente pornográfico.

Es posible que saber que hay gente que tiene que comer barro para sobrevivir no haga que concienciemos a los estados para luchar seriamente contra el hambre en el mundo, pero, al menos, seamos conscientes de que ello ocurre.

Después no podremos alegar ignorancia.

Un "alimento" absolutamente vergonzoso
Un "alimento" absolutamente vergonzoso

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martes, agosto 21, 2018

Buigas y la olvidada "fuente mágica" de L'Hospitalet

Fuente Mágica de Santa Eulàlia
Fuente Mágica de Santa Eulàlia
Una de las más conocidas y populares atracciones para los visitantes de Barcelona es el fascinante espectáculo de luces y colores de las Fuentes de Montjuïc. Construidas por el arquitecto e ingeniero Carles Buïgas como gran atracción para la Feria Universal de 1929, el hipnótico show de luminotecnia, agua y música que aquella magnífica fuente ejecuta con chorros que se elevan hasta los 40 metros, ha sido desde entonces uno de los más potentes atractivos de la capital catalana. Sin embargo, viendo esta imagen icónica de Barcelona y lo que llega a transmitir (aún me acuerdo de tener los vellos como escarpias cuando la veía funcionar durante las Olimpiadas del 92), es casi obligatorio despertar una sana envidia y pensar que cualquiera querría tener un monumento como este en su pueblo o ciudad. Lo más gracioso es que, en el mío, en L'Hospitalet de Llobregat, lo tenemos y, para más inri, construido por el propio Buigas. ¿El problema? Que no la conoce ni el tato. Acompáñeme un minuto y se la presento.

Una fuente excepcional
Una fuente excepcional
Circulando por la Carretera de Santa Eulalia (oficialmente calle, pero es conocido de forma popular como "carretera") y a tocar del paso subterráneo que salva las vías del tren, destaca la iglesia parroquial de Santa Eulàlia de Provençana. Esta monumental iglesia neorrománica de dos torres construida a mediados del siglo XX a costa de cargarse el ábside de la ermita homónima del siglo XI que aún mantiene detrás -se ve que el cazurrismo imperante no permitía moverla tres metros en el momento del diseño- dispone de una plaza pública delante de su escalinata. Pues bien, en este espacio donde lucir palmito en las fotos de las bodas y comuniones siempre que no llueva, hay una fuente la cual, para ver encendida, has de haber pedido una instancia anteriormente. Una fuente que, si bien hoy no llama la atención para nada, fue construida a imagen y semejanza de su hermana grande de Montjuïc, por Carles Buïgas en 1969.

63 fases de agua y 24 de luces (foto nocturna)
63 fases de agua y 24 de luces
La fuente, formada por un estanque principal de 15 metros de diámetro, dispone en su centro de un vaso de 5 metros de diámetro y elevado un poco más de un metro, donde se ubican los chorros principales. Conjunto que, rodeado -dentro del vaso principal- por 6 juegos de surtidores secundarios, permitía 63 combinaciones de diferentes formas del agua, que se complementaban con las 24 combinaciones de diferentes luces de colores que hacían de esta Fuente Mágica de L'Hospitalet la segunda fuente más importante de este estilo en Catalunya tras la de Montjuïc. Pero...¿cómo llegó a construirse una fuente de semejante belleza en un sitio tan propicio al arte (nótese la ironía, ver El castillo de Santa Eulalia, la historia de amor de un barrio de L'Hospitalet) como L'Hospitalet?

Carles Buïgas
Carles Buigas
Durante la Navidad del año 1964, el local de la Agrupación de Amigos de la Música de la ciudad acogió una exposición en la que se mostraba la extensa obra de Carles Buïgas. En este contexto, el día 8 de enero de 1965, Buïgas dio una conferencia en la sala de plenos del Ayuntamiento donde expuso sus trabajos y proyectos que tenía en mente. Ello permitió que el consistorio, por aquel entonces presidido por el alcalde franquista Matías de España-Muntadas, entrara en contacto con el afamado ingeniero catalán. Contactos que fructificaron en forma de 2 fuentes luminosas, una sin colores ni formas cambiantes ubicada en la plaza Mestre Clavé (donde aún permanece) y una segunda, espectacular, con luces de colores y cambios de forma, que se instalaría en la nueva plaza que se estaba construyendo delante de la iglesia de Santa Eulalia de Provenzana.

Una fuente monumental (foto diurna)
Una fuente monumental
Las obras de la "fuente mágica", que se llevarían a cabo durante el primer semestre de 1969 y que estaban presupuestadas en 1.778.377 pesetas (que al final superaron los 2 millones, ¡qué casualidad!), culminaron con la inauguración y puesta en marcha durante la primera semana de agosto de aquel mismo año. Una inauguración en la que, si bien funcionó todo el mecanismo hidráulico de maravilla, con castillo de fuegos artificiales y concierto a cargo de la banda municipal incluidos, al final quedó algo deslucido. No por nada, sino porque se pretendió hacer una sardana que abarcara todo el perímetro de la fuente, pero resulta que en el barrio no habían suficientes bailadores de sardanas. En fin... cosas de ser una ciudad de "acogida".

Convertida en parterre. ¡Si Buigas levantase la cabeza!
Convertida en parterre
La fuente, que pasó a formar parte del paisaje habitual del barrio (con todo lo que ello conlleva), poco a poco fue reduciendo sus "actuaciones" lumínicas y cayendo poco menos que en el olvido. El colmo llegó en 2010, cuando debido a la sequía, las piletas de la fuente fueron rellenadas de tierra y sembradas de lirios. La fuente había dejado de existir como tal. Por suerte, en 2012, tras una remodelación que cambió las luces por bombillas leds de menos gasto y la creación de un pozo que aprovechaba el agua freática para alimentar la fuente, se volvió a poner en marcha... aunque modificada y desvirtuada.

Funciona, pero desvirtuada. Día de san Patricio (2017)
Funciona, pero desvirtuada
Ahora, por más que saque agua y haga luces -en fechas señaladas, no nos vayamos a acostumbrar- buena parte de los mecanismos de impulsión del agua, sobre todo los 6 juegos de toberas del vaso inferior, han desaparecido, siendo reducidos a un chorro cada uno y poco más. Ello ha convertido el magnífico espectáculo de luz, agua y color ideado por el genial Carles Buigas para L'Hospitalet en una mera sombra de lo que fue. Se puede aducir que el gasto de agua y de electricidad era elevado, pero las técnicas de ahorro actuales permiten hacer sostenible una obra de arte de estas características sin mermar la maravillosa belleza que, un día, imaginó Buigas para deleitar los sentidos de la sufrida población de la segunda ciudad de Catalunya.

Visto está que los responsables consistoriales consideran que no la merecemos y por ello no está ni tan solo catalogada.

Definitivamente, debemos de haber sido malos.

La belleza perdida de una fuente anteriormente mágica
La belleza perdida de una fuente anteriormente mágica

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lunes, julio 30, 2018

La Línea II, la pionera pero frustrada línea de Metro Sin Conductor de Barcelona

Serie 600. Uno de los primeros automatizados
Uno de los trenes automatizados
Por mucho que tengamos siesta, tortilla de patatas y un clima envidiable para los extranjeros (que se lo pregunten un 15 de agosto a las 3 de la tarde), la verdad es que este país siempre ha destacado más por lo malo que por lo bueno. Algunos "talibanes" -siempre "no nacionalistas", faltaría más- piensan que es una leyenda negra promocionada por envidia del resto del mundo hacia España (aquí se podría aplicar el chiste del "un kamikaze, no; cientos") pero, la verdad es que, si dais un repaso a los artículos de este blog, podréis comprobar que… hombre… en algo hemos colaborado. Con todo, y si somos francos, también se ha de reconocer que sus gentes han hecho lo posible para que no fuera así, pero la creatividad, las buenas intenciones y las mentes privilegiadas siempre han chocado de bruces contra el muro de cemento armado de la envidia, los intereses, el amiguismo y la estulticia de sus clases dirigentes. Y uno de estos ejemplos lo podemos encontrar en el Metro de Barcelona, donde se implementó por primera vez en el mundo una línea automática que no necesitaba conductor y que inspiró al resto de ferrocarriles metropolitanos del planeta… hasta que se quitó y no volvió hasta casi 40 años después. Tal y como se lo cuento.

Lineas de metro en 1925
Lineas de metro en 1925
Durante los años 50 del siglo XX, Barcelona había empezado a recibir un gran número de inmigrantes de otras partes de España debido a la cronificación sin esperanza de mejora de las calamitosas condiciones de posguerra tras la Guerra Civil (ver La corrupta historia de los coches llamados "Gracias Manolo"). Ello hizo que los diferentes barrios de la Ciudad Condal empezaran a crecer de forma desordenada, aumentando la presión sobre los transportes públicos que comunicaban las zonas residenciales periféricas con el centro de la ciudad. Esta presión llevó a los responsables franquistas del momento a tomar cartas en el asunto para implementar una ampliación de la red de Metro de Barcelona, habida cuenta que no se había hecho ninguna extensión de las líneas de tren suburbanas desde 1933 y desde entonces la población había aumentado en medio millón de personas.

Construcción cocheras Vilapicina
Construcción cocheras Vilapicina
Así las cosas, y tras municipalizar las dos empresas que gestionaban las dos líneas que había hasta entonces (el Metro Transversal -actual L1- y el Gran Metro -actual L3-), en 1951 entró en vigor el conocido como Plan de Metros, con el cual se daba carta blanca a toda una serie de ampliaciones, extensiones y construcción de nuevas líneas encaradas a llevar la red de Metro a los barrios y poblaciones de la periferia barcelonesa. Los presupuestos eran los que eran, pero se pusieron a ello.

Estación de Virrei Amat
Estación de Virrei Amat
Una de las nuevas líneas a construir era la Línea II, una línea de nuevo cuño -primera tras la contienda- que tendría que llevar el metro desde el barrio de Horta a la Avinguda del Paral·lel (por aquel entonces, Avenida Marqués del Duero), pasando por la recién construida estación de Sagrera (L1, 1954) y rodeando el centro de Barcelona por la Gran Vía y la Ronda Sant Antoni.  En 1955, mediante la técnica del "despanzurre de calles que te crió" -las tuneladoras no se estilaban en la España de la Posguerra- se daba inicio a la construcción de esta línea que culminaba en 1959 con la inauguración por el ínclito alcalde José María de Porcioles (ver Los Huevos de Porcioles, un símbolo de un pasado demasiado presente) de 5 estaciones que llevaban desde la Sagrera a Vilapicina, que sería la estación término a falta de la construcción de la estación de Horta.

Inauguración de la Línea II
Inauguración de la Línea II
Paralelamente, los ingenieros del Ferrocarril Metropolitano de Barcelona S.A. (empresa pública que, después de la municipalización, administraba el Metro) decidieron desarrollar un sistema con el cual gestionar la circulación de los trenes de forma automática entre las 5 estaciones que formaban la nueva línea (a la sazón, Sagrera, Viviendas del Congreso, Maragall, Virrey Amat y Vilapicina). En junio de 1960, se empezaron a hacer las primeras pruebas en trenes de la serie 600, en una iniciativa que era pionera en el mundo, habida cuenta que, hasta aquel momento, todos los metros del mundo circulaban de forma manual, es decir, con un conductor que gestionaba el paso de los trenes por las paradas y la apertura y el cerrado de las puertas.

Automatismo fotoeléctrico
Automatismo fotoeléctrico
El sistema era sencillo y económico, pero efectivo. Los trenes disponían de una serie de células fotoeléctricas en los bajos de los convoyes que, al pasar por una serie de balizas (entiéndase como placas metálicas fijas que cortaban el haz de luz) situadas entre las vías, hacían que los trenes acelerasen o frenasen en un momento determinado de su viaje entre las estaciones. De esta forma, los convoyes, en el momento que cerraban las puertas, se ponían en marcha y circulaban por su trayecto sin intervención humana hasta la siguiente parada. El único inconveniente era que, si bien no necesitaba conductor, sí que tenía que tener alguien que abriera y cerrara las puertas a los viajeros, habida cuenta que la marcha automática se iniciaba de nuevo en el momento en que el "supervisor" cerraba de nuevo los portones.

Estación de Horta y una baliza entre las vías
Estación de Horta
Pese a que era un mecanismo rudimentario y algo delicado -un papel en mal sitio inutilizaba el sistema- este sistema llamado ATO (Automatic Train Operation) funcionaba correctamente, despertando el interés de gran cantidad de redes de Metro de otros países por el desarrollo de este dispositivo. En vistas del éxito, el 28 de enero de 1961 y de forma provisional, se ponía en circulación entre las estaciones de Sagrera y Vilapicina, el primer tren metropolitano que funcionaba sin conductor en el mundo. Todo un logro del I+D español del momento.

Detalle del mecanismo equipado bajo los coches
Detalle del mecanismo equipado
El sistema ATO funcionó en pruebas hasta el 8 de octubre de 1962, en que la División Inspectora de Ferrocarriles dio el visto bueno a la implantación de tan novedoso sistema, obligando al operador a una comunicación diaria de kilómetros y posibles incidencias. Implantación que acabó el 23 de diciembre de 1963, equipando todos los convoyes -7 trenes de dos coches- que circulaban por los poco más de 2 kilómetros que formaban aquella corta línea y reportando toda una serie de ventajas para la empresa (disminución del 10% del consumo de electricidad, de personal, de averías, de desgaste de ruedas…). En mayo de 1965, el sistema ATO había hecho más de 1,5 millones de kilómetros, demostrando una gran fiabilidad y ganando el reconocimiento mundial en el 37º Congreso UITP (Unión Internacional de Transportes Públicos) celebrado en Barcelona en 1967. Sin embargo, tantos esfuerzos duraron poco.

Cuando llegó Franco, se acabó todo
Cuando llegó Franco, se acabó todo
Debido a los problemas en la construcción de la prolongación de la Línea II hasta el Paralelo por encontrarse con los cimientos de la muralla medieval de Barcelona y, en viendo que la cosa se eternizaba, se decidió unir el tramo existente a la reciente Línea V. Ello significaba que, en vez de que la Línea V fuera en un trayecto transversal desde Cornellà a Badalona y la Línea II fuera en un tramo vertical desde Horta al Paralelo (ver La Torre del Rellotge de Barcelona, donde paralelos y meridianos se dan la mano) cruzándose ambas en Sagrera, la Línea V giraría hacia el norte absorbiendo la antigua Línea II, la cual se había ampliado en 1967 con la nueva estación de Horta. El 26 de junio de 1970, en un acto presidido por Franco, se inauguraba la unión de las dos líneas y, con ella, el final del funcionamiento del ATO que tanto reconocimiento había dado al Metro de Barcelona. Y es que la Línea V no era automática, circulaban coches de diversas series y daba demasiado por saco implementarles la novedad de la Línea II. Ley del mínimo esfuerzo en estado puro.

Automatismos, 39 años después
Automatismos, 39 años después
En definitiva, que con la ampliación del metro se eliminó, una vez más (ver Isaac Peral y la envidia que logró frustrar un prodigioso submarino), la posibilidad de poner a España en cabeza del desarrollo técnico mundial. Por excusas técnicas y/o presupuestarias (absolutamente superables a poco que hubiera habido cierta voluntad política) el metro perdió una tecnología inspiradora que sirvió para que las grandes redes de Metro mundiales implementaran y desarrollaran mejoras con una tecnología que se había gestado en Barcelona. Una tecnología eficaz y revolucionaria que no volvió a la Ciudad Condal hasta 39 años después, con la inauguración el 13 de diciembre de 2009 de la L9/L10, primera línea totalmente automática desde la experiencia de la Línea II.

Unamuno dijo… “¡Que inventen ellos!”.

Y en ello seguimos.

Detalle de una baliza del sistema ATO de la Línea II

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