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sábado, junio 15, 2019

Las uñas del hoacín, el eslabón perdido entre aves y dinosaurios

Hoacín adulto
Hoacín adulto
Cuando vemos la belleza y delicadeza de un canario, de un jilguero o de una golondrina en vuelo, cuesta horrores llegar a imaginar que estos auténticos prodigios de la naturaleza puedan proceder, evolutivamente hablando, de los dinosaurios. Más de uno puede llegar a ponerlo en duda y, dados los tiempos que corren, en que la gente, imbuidos en su ignorancia infinita de ideas preconcebidas, creen que la tierra es plana, que nos bombardean con químicos desde 15 kilómetros de altura o que reenviando ese mensaje a 200 personas le regalarán un iPad, demostrar según qué cosas puede llegar a ser cansino. Sin embargo, la misma naturaleza muestra a quién quiera verlas, pistas que nos indican que ese lindo pajarito está más emparentado con los velocirraptores del Jurásico de lo que le pueda parecer. Y una de estas pistas extraordinarias la encontramos en uno de los pájaros más raros que existen: el hoacín.

Reproducción de Archaeopteryx
Reproducción de un Archaeopteryx
A mi, que me gusta la cocina, cuando tengo en las manos una pata de un pavo o de un pollo, no puedo, por menos, que pensar en un reptil. Esas uñas... esas escamas... retrotraen mi mente a la época de los dinosaurios y, aunque la pepitoria me devuelve a la realidad, no dejo de ver claro que los ancestros de estas aves se movían entre brontosaurios, triceratops y helechos arborescentes. En otras ocasiones ya he hablado de este raro emparentamiento (ver La letal belleza emplumada del casuario) pero el caso del hoacín es especial ya que, a parte de otras particularidades, cuando es una cría, tiene garras en sus alas. Detalle que solo se conoce en aves fósiles (es el caso del Archaeopteryx) y lo convierte en un auténtico eslabón perdido de la evolución entre pájaros y dinosaurios.

Aspecto desaliñado
Aspecto desaliñado
El hoacín (Opisthocomus hoazin), también conocida como chenchena o pava hedionda, es una curiosa ave que vive en las zonas pantanosas del Amazonas (ver Caño Cristales, el río donde se derritió el arco iris) y que, si se la tengo que describir, sería como un faisán "punky" después de correrse una juerga gitana de tres días. O dicho de otra forma, rolliza, con los ojos rojos, con una cresta enhiesta y con un plumaje multicolor de aspecto desaliñado. Como podrá fácilmente imaginar, la tal ave tampoco es que sea muy buena voladora, pero tampoco es que lo necesite demasiado porque el bicho que la ataque ha de estar muy apurado para hacerlo. Y es que, como el hoacín es vegetariano, tiene un singular sistema digestivo muy parecido al de una vaca, en el que hace fermentar su alimento con una serie de bacterias que le hacen parte de la digestión y cuyo fétido olor inunda todo su cuerpo. ¿Comprende ahora por qué lo de "pava hedionda" y por qué tiene pocos enemigos? No obstante, no acaban aquí sus originalidades...

Las crías se agarran con sus uñas
Las crías se agarran con sus uñas
Este curioso pájaro, que pesa cerca de un kilo, hace unos nidos igual de desaliñados que su apariencia donde incuba dos o tres huevos de los que salen unos polluelos grises -muy feuchos también- pero que tienen la particularidad de tener dos uñas en las alas que, como si fueran las patas de un mono, utilizan para trepar entre las ramas de los árboles que les sirven de soporte para el nido. Lo gracioso del asunto es que el hoacín es el único pájaro que dispone de estas curiosísimas garras delanteras, las cuales son totalmente funcionales durante su infancia, si bien las van perdiendo conforme que alcanzan la vida adulta.

Uñas de hoacín infantil
Uñas de hoacín juvenil
Estas uñas, según los científicos, corresponderían a vestigios de cuando las aves eran cuadrúpedas y aún no habían deformado sus patas delanteras en beneficio de desarrollar unas potentes alas que les permitieran conquistar el más seguro (al menos a priori) espacio aéreo. Una adaptación que, si bien en general ha hecho que las patas delanteras se perdieran durante los millones de años de la evolución (ver Las ballenas de 4 patas o cuando la Evolución se manifiesta tercamente), en algunos pocos casos, como en el del hoacín, se vuelven una ventaja evolutiva y se han mantenido hasta la actualidad. Tal vez sea por eso que este pájaro desgreñado, desde que fue descrito por primera vez en 1776 por el zoólogo alemán Statius Müller, no ha habido quien lo clasifique y esté incluido en un género (el Opisthocomus) en que está representado él solo, correspondiendo a uno de los linajes aviares más antiguos existentes.

Adulto incubando en su nido
Adulto incubando en su nido
En definitiva, que si quiere seguir creyendo que el ser humano tiene algo de especial en este universo (a parte de su capacidad infinita de depredación) y que hace 4.000 años que apareció por ciencia infusa, por mí, siéntase libre de hacerlo. Eso si, los hoacines seguirán naciendo -si no nos los hemos cargado antes- con sus uñas reptilianas para recordarle que el ser humano no es ni un dios, ni una obra divina, sino un vulgar animal que en lo único que nos destacamos del resto es que hemos desarrollado un músculo diferente para sobrevivir. Aunque, viendo el poco uso que hacemos de él y cómo estamos destruyendo nuestro medio ambiente con alegría e impunidad, más pronto que tarde acabaremos por sucumbir.

Al hoacín, créalo o no, le va a dar absolutamente lo mismo.

Anatomía comparada de dinosaurios y aves (entre ellos, los hoacines)
Anatomía comparada de dinosaurios y aves (entre ellos, los hoacines)

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domingo, junio 02, 2019

Las rayas de la cebra, el repelente de insectos más eficaz de la sabana

Unas vistosas rayas antipicaduras
Unas vistosas rayas antipicaduras
Cuando llega el verano y el calor, a parte del molesto sudor llegan con él nuestros queridísimos amigos los mosquitos, con sus ganas locas de hacer de nuestros rollizos cuerpos unos incomparables alfileteros de sastre. Sea como sea, y aunque sintamos que somos una diana con patas para ellos (o mejor dicho, ellas), estos adorables bichitos no solamente nos atacan a nosotros, sino que todo bicho viviente -sobre todo mamíferos- más grandes que ellos somos susceptibles de sucumbir a su picadura, algunos literalemente (ver Una solución al mosquito tigre). Y hasta tal punto son molestos o peligrosos que algunas especies han desarrollado técnicas para evadirse de ellos, es el caso de las cebras y sus vistosas rayas.

El picotazo del tábano es temible
El picotazo del tábano es temible
Quien haya tenido oportunidad de “disfrutar” del picotazo de un tábano, seguro que lo recordará durante una buena temporada. No por nada, sino porque este moscardón del tamaño de una avispa, cuando te pica, te pega un castañazo aún más fuerte que el de la avispa, roncha aparte. Por suerte, en las ciudades no son muy habituales, y acostumbran a concentrarse en las zonas rurales, donde los grandes animales, sobre todo los caballos, tienden a atraerlos como si fueran la miel. Ahora, imagínese tener que soportar decenas de estos bichos, junto a moscas piconas y otros mosquitos, todos ellos sedientos de sangre día sí y día también; por muy dura que sea tu piel, al final la vida se te hace imposible. E igual que los domésticos, los salvajes.

Caballo rascándose las picaduras
Caballo rascándose el lomo
En el caso de las cebras, lo que siempre ha atraído de ellas han sido sus curiosas rayas blancas y negras, las cuales han llevando de cráneo a los investigadores para adivinar cual era la finalidad de dicho “discretito” estampado. La teoría de que era para equivocar a sus enemigos parecía ser la que tenía más éxito -aunque tampoco tenía demasiado sentido “camuflarse” con unos colores tan llamativos- , pero en 2014, un equipo de investigadores de la Universidad de California llegó a una curiosa conclusión: eran para espantar a los tábanos y las moscas tse-tse. Pero... ¿cómo llegaron a semejante conclusión? La estadística y la geografía tenían mucho que decir en este asunto.

Profesor Tim Caro
Profesor Tim Caro
Conocido el serio problema que tenían los caballos y otros equinos en todo el mundo a cuenta de los tábanos, el equipo comandado por el biólogo norteamericano Tim Caro, se dedicó a cruzar los datos estadísticos entre las zonas del mundo con mayor concentración de moscas picadoras, y las zonas de mayor profusión de equinos salvajes rayados (subespecies de cebras, asnos y caballos). Los resultados fueron sorprendentes.

Las moscas son un serio problema
Las moscas son un serio problema
Efectivamente, el estudio dio como resultado que la gran mayoría de caballos con rayas se concentraban en las zonas más expuestas a las picaduras de grandes moscas, extrapolándose que los equinos salvajes de aquellas zonas habían desarrollado aquellos estampados como forma de evitar el picotazo continuo de aquellos insectos. Y es que, a una mayor proporción de picotazos, no solo era mayor la molestia, sino también la posibilidad de morir por el contagio de una enfermedad transmitida por esos molestos animales, por lo que la evolución (ver El curioso trampantojo biológico de la pata de un caballo) se dirigió hacia la dirección en que las cebras se ahorraban un tanto por ciento importante de posibles picaduras mortales. No obstante... ¿cómo puede afectar el color del pelaje de las cebras en las moscas, aún sabiendo que el pelo es más corto que el pico del tábano?

En la cebra, las moscas atacan menos
En la cebra, las moscas atacan menos
Según estudios efectuados a posteriori con moscas y mosquitos, a parte de que se puedan sentir atraídos por nuestros cuerpos por el CO2 expelido con la respiración o por nuestro calor corporal, estos simpáticos amiguitos alados se ven atraídos en un primer momento por lo que ven. De esta forma, maniquíes de color marrón atraían a primera vista a los “chupópteros” hasta 10 veces más que sus homólogos rayados, por lo que se demostraría la eficacia del estampado del pelaje de las cebras para garantizar un mayor grado de supervivencia de la especie.

Así, que ya lo sabe, cuando en verano se sienta el foco de atracción de moscas, mosquitos y bichitos picadores varios, vístase a rayas blancas y negras para emular a las cebras. Igual no evitará que le dejen hecho un cristo (aunque yo he comprobado empíricamente que con ropas blancas, los mosquitos tigre atacan menos), pero siempre podrá decir que el “animal print” es tendencia: las rayas de las cebras lo demuestran y millones de años las avalan.

Una forma de evitar los picotazos imitando a las cebras
Una forma de evitar los picotazos imitando a las cebras

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sábado, mayo 25, 2019

El impuesto sobre las barbas o la forma de modernizar Rusia a la fuerza

El zar no gustaba de las barbas
El zar no gustaba de las barbas
Aunque ahora parece que ya va de bajada, hace no mucho que se puso de moda que los hombres lleváramos barbas pobladas, convirtiéndose poco menos que en una obligación social. El fenómeno, conocido como "hipster" hizo que allí donde se mirara que había un hombre, las barbas fueran las reinas. Barbas por aquí, barbas por allá, barbas por acullá... el hecho de calzar una poblada melena en el mentón se convirtió en algo que superaba la opción personal y, bien al contrario, era el síntoma evidente de la falta de criterio de la masa frente a las interesadas modas que marcaban los cuatro "influencers" del momento. Personalmente gasto una permanente perilla desde el 2010, pero cuando el rebaño masculino empezó a dejarse las barbas sin ton ni son, yo mismo hubiera rapado las barbas al cero a más de uno. Sea como sea, esta fobia por las barbas (también conocida como pogonofobia) no es cosa nueva, y el mismo zar Pedro el Grande llegó a estar tan en contra del pelo facial que puso un impuesto a aquellos que llevaran barbas. No obstante, aunque el asunto puede parecerle una banalidad, le puedo asegurar que tan conocido zar tenía sus poderosas razones para hacerlo.

Popes ortodoxos
Popes ortodoxos
La Rusia del siglo XVII, si bien era casi tan grande como lo es en la actualidad, la realidad era que, a nivel internacional, su peso específico era poco, por no decir nulo. El hecho de ser un país en que las tradiciones asiáticas se mezclaban sin solución de continuidad con las europeas hacía que la sociedad rusa, eminentemente rural y pobre, fuera tradicionalista y religiosa hasta el extremo. Esta situación, propiciada por el aislamiento secular de los pueblos perdidos en la inmensidad de las grandes estepas rusas, acabó creando un país de espaldas a la modernidad y alejado de los escenarios donde se disputaba la geoestrategia mundial.

Pedro I de Rusia
Pedro I de Rusia
Cuando Pedro el Grande accedió al poder en solitario en 1696 (desde 1682 había sido zar junto con su hermano, Iván V), él, que había viajado por Alemania, Francia e Inglaterra y había visto la grandeza de las culturas de esos países, decidió que ya estaba bien de tanta tontería. Quería que Rusia formase parte de los países más desarrollados de Europa, pero para ello tenía que actualizarse de forma urgente, tanto a nivel de administración del estado como social (ver La Tsar Kolokol, la campana más grande del mundo). Evidentemente, una sociedad cerrada, neofóbica y tradicionalista hasta la nausea como era la rusa de aquel entonces, no iba a poner las cosas fáciles. Y lo sabía.

Boyardos rusos
Boyardos rusos
En el convencimiento de que el hábito no hace al monje, pero ayuda a hacérselo creer, Pedro el Grande impuso a su corte toda una serie de reformas en el vestir tradicional de esas élites, con la intención de dar una imagen más occidental de lo que estaba dando hasta el momento. La idea era que la aristocracia, en tanto que “vip's” de la vida social rusa, sirviesen de ejemplo para sus súbditos y, por mimetismo, éstos modernizasen sus vestimentas hacia un estilo más “civilizado”, dejando de lado la imagen de mongoles de las estepas que llevaban por costumbre. Los jóvenes, más abiertos a cambios y novedades que los mayores, enseguida adoptaron los nuevos estilismos, pero los adultos no estaban tan dispuestos a ceder ante las nuevas tendencias. Una de esas costumbres ancestrales que los refractarios nobles rusos no estaban dispuestos a admitir era la de raparse las tradicionales y largas barbas. Barbas que los hombres mantenían en sus caras desde que se casaban debido a que, para aquella gente era algo sagrado. Según ellos, había muchos ejemplos en la Biblia sobre las barbas y, sobre todos ellos, la historia de Sansón, el cual perdió su fuerza con el corte de su pelo.

Barba tradicional boyarda
Barba tradicional boyarda
Pedro I, ante la negativa de una parte de su corte (los boyardos) a admitir ningún cambio modernizador -eran eslavos y rehuían de cualquier contacto con el occidente europeo- decidió ponerlos a la moda por fuerza, imponiendo toda una serie de gravosos impuestos a los que se entestaran en seguir con su estilo “garrulo”. Y uno de ellos, implantado en 1698, fue destinado a gravar las barbas. No hace falta decir que, en cuanto les tocaron el bolsillo, las pelambreras faciales cayeron como las hojas en otoño. La verdad es que, calzar una barba, fueras o no noble (el impuesto valía tanto para los pobres como para los ricos), no era exactamente barato.

Moneda acreditativa del pago del impuesto sobre las barbas
Moneda acreditativa del pago
Según la documentación que nos ha llegado hasta la actualidad, los ricos empresarios tenían que pagar 100 rublos al año, la gente de la corte y militares, 60 rublos, los ciudadanos de Moscú, 30 rublos y los campesinos, que no tenían para pagar una tasa anual, tenían un peaje de 2 medios kopek (un kopek, vamos) cada vez que entraban ¡o salían! de las ciudades. Si tenemos en cuenta que un rublo de aquel entonces valdría hoy unos 12 euros y un kopek valdría 0,12 euros, hagan ustedes cuenta del pico que les costaba mantener la barba a los ricos y a los pobres de solemnidad.

Cosacos tradicionalistas (1899)
Cosacos tradicionalistas (1899)
De esta forma, a las puertas de las ciudades más grandes de Rusia -más que nada Moscú- los funcionarios del zar controlaban que la gente vistiera según la etiqueta impuesta por Pedro el Grande y los barbudos se dejaran su peludo peaje. Los que habían pagado su impuesto, enseñaban  una ficha especial en plata que demostraba que estaba al corriente de pago ¿Y si se negaban a pagar? Sencillo... se les rapaba la barba quisieran o no. Para algunos era tan doloroso desprenderse de ellas, que las recuperaban cuidadosamente para que fueran incluidas en sus ataúdes ya que, según cuentan los cronistas, pensaban que no entrarían al cielo si no tenían sus barbas con ellos en el momento de su entierro. La medida, como puede comprender, funcionó a la perfección pese a la oposición frontal de algunos barbudos recalcitrantes. Tal fue el caso de los aguerridos -y muy tradicionalistas- cosacos.

Estatua de Pedro I en San Petersburgo
Estatua de Pedro I en San Petersburgo
El impuesto a las barbas se mantuvo hasta 1772 y sirvió para que el zar Pedro I forzara a la población a modernizarse, así como para minar el poder de los aristócratas más reaccionarios que se oponían a su acercamiento hacia las potencias occidentales. El zar, además de la vestimenta y las barbas, dio la vuelta a Rusia como si fuera un calcetín, haciendo una renovación total de la administración rusa, la educación impartida, la economía, el ejército y la estructura de la corte, modificando incluso los títulos nobiliarios. La occidentalización forzada por Pedro el Grande llegó hasta la creación de una ciudad a orillas del Báltico, San Petersburgo (también conocida durante muchos años como Leningrado), para poder tener una comunicación directa con las potencias europeas.

Antigua estatua de Pedro I en Riga
Antigua estatua de Pedro I en Riga
El zar Pedro I, de esta manera, está considerado el gran modernizador de Rusia, ordenando su reino respecto los estándares más avanzados que se daban en aquel momento. No obstante tanto avance, si algo no avanzó en nada fueron los derechos y libertades de la ciudadanía, ya que, lejos de suprimir barreras, Pedro el Grande quiso remarcar las diferencias de clase para asegurar su poder. Sus siervos, sin barbas y vistiendo a la moda occidental, fueron acogotados aún más si cabe, condenados a vivir unas vidas miserables que se diferenciaban bien poco de las de los esclavos. Una situación que, tiempo a venir, formaría el explosivo caldo de cultivo (ver Khodinka 1896, cuando hambre y postureo se unieron mortalmente) que acabó en una de las revoluciones más famosas y trascendentes de la Historia: La revolución rusa.

Caricatura de la época sobre el corte de barbas
Caricatura de la época sobre el corte de barbas

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