Publi-5

jueves, marzo 07, 2019

El Charrán ártico, 22.000 km en busca del sol eterno

Charrán ártico
Charrán ártico
Las migraciones de los animales son un espectáculo natural que muy frecuentemente podemos ver en nuestras pantallas debido al especial atractivo que produce a nuestros profanos y urbanitas ojos. Todo tipo de animales, desde ñus a palomas o de golondrinas a tortugas nos ofrecen una exhibición de esfuerzo y constancia que les hace desplazarse miles de kilómetros en busca de mejores terrenos donde criar o alimentarse. No obstante, entre todos los animales que se dedican a viajar por el planeta periódicamente, hay uno que es, con diferencia, el rey: el charrán ártico.

Charrán alimentándose
Charrán alimentándose
El charrán ártico (Sterna paradisaea) es un pájaro mediano de la familia de las gaviotas que, con sus 100 gm de peso, 35 cm de largo y 80 cm de punta a punta de las alas, ostenta el récord mundial de migración anual más larga por encima de cualquier otro animal (ver El mito no tan mito del suicidio masivo de los lemmings) sobre la superficie de la Tierra. Y, la verdad, que no es para menos, ya que para esta pequeña bola de plumas el planeta se le queda pequeño.

El hielo es su medio ambiente
El hielo es su medio ambiente
Nuestro pequeño héroe, como bien dice su nombre, acostumbra a vivir en las orillas del Océano Glacial Ártico, por lo que se puede encontrar en las costas boreales de Siberia, Canadá, Groenlandia o Escandinavia (ver El curioso efecto de las aguas muertas). Sin embargo, en cuanto se acaba el verano, coge la familia, el hatillo y se va a buscar tierras más benignas para él. En el caso del charrán, esto significa irse a las costas de... la Antártida.

Nidos pequeños y poco elaborados
Nidos pequeños y poco elaborados
Efectivamente, el charrán cuando acaba el verano boreal y ha terminado la temporada de reproducción en el gran norte, se va en busca del verano austral, donde tiene sus territorios de invernada, haciendo la friolera de más de 22.000 km en un viaje que le lleva unos dos meses. Lo más asombroso del caso es que, en cuanto acaba el verano austral, el charrán vuelve a su terruño de origen en las tierras árticas, lo que comporta hacer una vuelta completa a la Tierra cada año. Y es que, parece que le guste tanto el sol, que va constantemente buscando aquellos sitios donde no se llega a poner nunca el astro rey.

Polluelo de charrán ártico
Polluelo de charrán ártico
Justamente por el hecho de vivir en las zonas circunárticas el camino que tome para ir hacia la Antártida le es un poco igual, si bien al ser un ave marina, utiliza el Atlántico y el Pacífico para dirigirse a sus "pastos" de invierno. Ello implica que una gran parte del trayecto los pase sobre mar abierto, por lo que su migración es una auténtica proeza biológica, y más si tenemos en cuenta la extrema precocidad de los polluelos de estas aves para comenzar a volar y emigrar.

Rutas de migración
Rutas de migración
En 1928, un pequeño charrán anillado en las costas de Labrador (Canadá) el 23 de julio, fue encontrado en las costas de Natal (Sudáfrica) poco más de 3 meses después. Pero no es el único ejemplo; un charrán anillado en las islas Farne (al sur de Escocia) durante el verano de 1982 cuando todavía no había emplumado, se encontró en Melbourne (Australia) en octubre de ese mismo año. Tanta distancia recorrida anualmente hace que durante su larga vida (puede vivir hasta 34 años), este animalejo pueda recorrer perfectamente la distancia Tierra-Luna de ida y de vuelta, o lo que es lo mismo, casi 800.000 km. Ahí es nada.

Se emparejan para toda la vida
Se emparejan para toda la vida
Sea como sea, el pobre bicho no hace los 22.000 km de una tacada, sino que después de una serie de jornadas por mar abierto, aprovecha las ricas aguas costeras del trópico para hacer un pequeño receso. Así las cosas, se han encontrado charranes en la costa del delta del Níger en África, donde se alimentan a base de pequeños peces y recargan las pilas para poder acabar el viaje, el cual, para más inri, no hacen en linea recta norte-sur. Ello es debido a que aprovechan las zonas de mejores vientos para hacer el gasto mínimo de energía y aprovechar, de paso, la riqueza biológica de las aguas por donde pasan. Auténtica ingeniería viajera.

En definitiva, la vida del charrán ártico es un auténtico ejemplo de constancia y determinación (ver La inaudita proeza de Shackleton), en la cual, por buscar su mejor opción en la vida, no duda en recorrer el mundo entero para alcanzarlo. Un ejemplo a tener en cuenta la próxima vez que se queje porque tiene que desplazarse 20 minutos a su lugar de trabajo.

Un incansable buscador del sol eterno
Un incansable buscador del sol eterno
Art. Rev. 23/12/13 15.47 261v

Webgrafía

domingo, marzo 03, 2019

Hoy, cuento: El bulevar

Aquella plomiza mañana me pesaba en el alma como sólo la soledad sabe hacerlo: con una aplastante frialdad. Pensaba que tomar un poco el aire me permitiría salir, al menos un rato, del agujero negro en que se había convertido mi vida, pero no. El gris asfalto, la contaminación tóxica de los tubos de escape y las macilentas plantas del desértico parterre, no colaboraban a despejarme. Al contrario, me arrastraban a un marasmo de patetismo y decrepitud que me angustiaba. Me asfixiaba.

Sin saber hacia dónde dirigirme, ni si valía la pena seguir adelante, me encontré arrastrando mis pies y mi alma por una larga avenida jalonada de árboles pelados y llenos de cicatrices que tenía los carriles de circulación a los lados. Extrañamente estrecha, si mi melancolía me lo hubiese permitido, hubiera podido tocar ambas hileras de árboles con solo poner los brazos en cruz. Bastante calvario llevaba, como para, encima, haberlo hecho patente para los demás... Caso de que hubiera habido alguien, claro.

Una explosión detrás mío, me extrajo de golpe de mi tupida nebulosa mental. ¿Qué había pasado?

El estallido, que se había producido a un centenar de metros en medio de aquel desolado bulevar, había provocado que el pavimento saltase por los aires levantando una columna de agua de varios metros, tal como si fuese una mina en el mar. Quedé flipando.

Todavía no estaba repuesto del shock que, una segunda explosión se produjo unos metros más adelante, en mi dirección. A los pocos segundos, una tercera, una cuarta y una quinta. Las explosiones se dirigían a toda velocidad hacia mi. Mis ojos no creían lo que estaban viendo; querían huir, pero mi paralizado cuerpo no reaccionaba. Una nueva detonación a menos de cinco metros me hizo reaccionar al final. Huir. Huir a todo trapo. Huir.

Mis cortas piernas no corrían lo suficiente como para dejar atrás aquellas explosiones que me pisaban los talones y una de ellas, de tan cerca, me dejó empapado. Y corrí. Como nunca lo había hecho. Corrí en busca de una salida entre aquella jaula de árboles y setos que dejara zafarme, pero sólo la huida hacia adelante estaba permitida. Correr o morir. No había más escapatoria.

Una eternidad pasó a la vez que mi corazón latía hasta salirse por la boca. Finalmente, un paso cebra me permitió girar y cruzar la calle. ¡Mi salvación! Pero no fue más que un espejismo. Las detonaciones cruzaron por el mismo sitio por donde lo había hecho yo. ¿Qué endemoniada pesadilla estaba viviendo? Estaba muerto en vida, pero tenía que seguir corriendo. Un paso más, un metro más, una pulgada más.

Tomé una calle, tomé otra, giré a izquierda, giré a derecha, pero no podía escapar. Aquellas malditas explosiones que me perseguían de aquella forma tan inmisericorde, me acabarían por coger y volaría por los aires borrando mi triste existencia de este valle de lágrimas. Un exhausto e inoportuno tropezón dio con mis huesos en el suelo. Ya no podía levantarme y rompí a llorar. Un estallido a mis pies que me llenó de miedo, agua y cascotes me dijo que allí se acababa todo. Era el final. Pero...

Había cerrado los ojos y estaba temblando esperando la detonación que me despanzurrara, cuando me di cuenta de que algo raro pasaba. Aquella explosión temida estaba tardando más de lo que debiera. No es que la deseara exactamente, pero me extrañó. Primero el uno y después el otro, abrí los ojos y pude ver que los estallidos habían cesado. Una oleada de alegría nerviosa recorrió mi extenuado y dolorido cuerpo, dándome fuerzas para levantarlo.

Una vez incorporado, me di la vuelta y pude ver algo maravilloso: me encontraba delante de un canal por el que discurría una corriente de agua tan límpida y cristalina que se veían los numerosos peces que nadaban dentro de ella. Un sentimiento de felicidad me llenó el alma.

Ese canal reseguía exactamente el recorrido de mi desesperada huida y, cuando deshice el camino, vi que todo había cambiado. El día, como por arte de magia, se había abierto y lucía un sol despampanante, pero no solo eso, sino que todo aquel gris y mortecino bulevar se había convertido en un canal lleno de vida, donde los antaño mustios árboles flanqueaban el curso de agua henchidos de salud y verdor. Los pájaros revoloteaban y cantaban hasta quedarse roncos, atrayendo un numeroso público que se sentaba a orillas del canal y se bañaba, y pescaba, y se reía... y vivía.

Aquel canal que, en su grito de escape, a punto estuvo de matarme, irónicamente me devolvió a la vida. Una vida que llenó toda la ciudad. Una vida que, jamás, jamás, tenía que haber sido enterrada bajo la ignominiosa lápida del cemento y el asfalto.

¿Qué endemoniada pesadilla estaba viviendo?
¿Qué endemoniada pesadilla estaba viviendo?

jueves, febrero 28, 2019

Devil's Marbles: el desierto donde el diablo juega a las canicas

Las canicas del Diablo
Las canicas del Diablo
Australia, medio isla, medio continente, es una de las regiones más especiales del mundo. El hecho de ser tan grande y tan aislado han desarrollado en ella toda una fauna endémica y una serie de paisajes que difícilmente se pueden encontrar en otros parajes en el mundo. Una de estas zonas curiosas y poco conocidas en pleno centro de Australia, en el medio de la nada más absoluta, a 100 kms del pueblo más cercano, podremos encontrar el paisaje de Las Canicas del Diablo.

Rocas sagradas
Rocas sagradas
Las Devil's Marbles (Canicas del Diablo, en inglés) o Karlu Karlu en idioma aborigen ocupan una extensión de unos 18 km2 en el interior del llamado Territorios del Norte, a unos 100 km al sur del pueblo de Tennant Creek. Esta zona -que recuerda vagamente a La Pedriza de Madrid- se caracteriza porque, repartidas por toda ella, se encuentran una miríada de bloques redondos de granito con una sorprendente forma esférica, con tamaños que oscilan entre los 50 cm y los 6 metros de diámetro, con la característica añadida de que muchas de ellas se encuentran en un equilibrio más que precario.

Las sagradas Karlu Karlu
Las sagradas Karlu Karlu
Estas "canicas" desde antiguo han sido veneradas como sagradas por las tribus aborígenes del centro de Australia (ver El rancho más grande del mundo: Anna Creek Station) ya que, según la leyenda, el diablo Arrange se estaba haciendo una trenza ritual de los hombres aborígenes, cuando se le cayó un mechón de cabello al suelo, dando origen a estas curiosas formas pétreas. Sin embargo el origen de esta formación geológica es un poco menos romántica.

Erosión del paisaje granítico
Erosión del paisaje granítico
Formado hace unos 1.700 millones de años, el escudo australiano está formado por una intrusión de magma desde el manto que no llegó a salir a la superficie, convirtiéndose cuando enfrió en una masa granítica. Los movimientos telúricos del desplazamiento de la Placa Australiana así como la descompresión por la erosión de los sedimentos depositados encima (ver Las bacterias, los fósiles más antiguos y más pequeños del mundo), produjeron el agrietamiento y fragmentación del granito subyacente. Éste, al entrar en contacto con los agentes ambientales se fue erosionando siguiendo las fracturas preexistentes y dando origen, al cabo de los milenios, al curioso paisaje de Devil's Marbles.

"Canica" partida
"Canica" partida
La zona de las Canicas del Diablo, fue declarada Reserva en 1961, y con los años ha ido cambiando de denominación hasta la actual Devil's Marble Conservation Reserve (Reserva de conservación de Devil's Marble), adoptada en 2011. En la actualidad la gestión de la reserva la efectúan al alimón la Traditional Aborigin Owners (Propietarios Aborígenes Tradicionales) y el Servicio de Parques y Fauna Salvaje de los Territorios del Norte.

En definitiva, un paraje insólito en el cual, la tranquilidad está asegurada. Eso sí, llévese usted su agua y su combustible, porque si no, el diablo seguro que se lo llevará a hacer una partida de canicas con él.

Un venerado patrimonio cultural y natural australiano
Un venerado patrimonio cultural y natural australiano
Art. Rev. 29/04/14 19.28 690 v

Webgrafía