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domingo, diciembre 09, 2018

El arte del Bonsai, un Arte viviente

Armonía viva
Es muy difícil que la vista no se sienta atraída por esos pequeños árboles llenos de flores de poco más de un palmo que algunas veces tenemos la ocasión de ver en exposiciones al aire libre. Estos arbolitos nos producen una mezcla de sensaciones, unas veces de admiración ante una obra de arte viviente y otras veces de respeto -por no decir miedo- ante la dificultad intrínseca que el gran público intuye tras un pequeño bonsái. En parte es cierto, pero como todo lo que se desconoce -y yo llevo desde los 14 años cultivándolos- le puedo asegurar que no es tan fiero el león como lo pintan.

Belleza, arte y filosofía -Acer buergerianum
Belleza, arte y filosofía
El bonsái, originario de China ya hace más de 2.000 años, posteriormente desarrollado por los japoneses durante nuestra Edad Media, y llegado a Europa a finales del siglo XIX es, simplemente, un árbol plantado en una maceta y cultivado de forma tal que el resultado nos evoque sentimientos como los que nos produciría un viejo pino en un acantilado o un majestuoso roble en medio del bosque. En el bonsái se entrelazan la biología, la agricultura, el arte y la filosofía para conseguir armonía viviente.

Los árboles utilizados en bonsái no son árboles preparados, ni modificados genéticamente, ni de razas artificiales. Son árboles y arbustos como los que puede encontrar en cualquier jardín o bosque, que necesitan luz, sol, agua y viento como cualquier otro. Eso sí, se acostumbra a utilizar especies que por sus características ofrezcan facilidades a la hora de miniaturizar hojas y ramas: los castaños o los nísperos no se utilizan dado que tienen hojas demasiado grandes, es preferible utilizar otras especies de hojas ya de por sí pequeñas, tal es el caso de los pinos (ver El pino de Yamaki, 400 años de bonsai antinuclear), los enebros o los olmos.

Cuidados periódicos -Trasplante
Cuidados periódicos
El proceso de miniaturización es el proceso más delicado de un bonsái, al cual se llega a través de podas repetidas tanto de las ramas como de las raíces. Hemos de tener en cuenta que un árbol en el campo utiliza un espacio ilimitado para desarrollarse (ver El árbol del Pastor: modestia por arriba, récord mundial por debajo), pero en el caso del bonsái, las raíces están confinadas en un espacio muy reducido. Es entonces que, si queremos que el árbol se desarrolle en un espacio tan reducido, hemos de cortarle el exceso de raíces generadas y proporcionarle cada cierto tiempo más espacio para poder desarrollar más raíces. De otra forma, moriría.

Tradición y respeto por los árboles -Pino Blanco Japonés
Tradición y respeto por los árboles
En las ramas el proceso es similar. Debido a las características fisiológicas de los árboles -más cercanas a las de un coral que a las de un perro-, los brotes más fuertes tienden a “chupar” la energía que absorben de las raíces, creciendo más que los brotes más débiles. Es el trabajo del bonsaista el que ha de equilibrar el vigor de las diferentes partes para que el árbol se desarrolle perfectamente y, a la vez, consiga la forma que él mismo ha diseñado.

Es con la poda, el pinzado de los brotes tiernos y por el alambrado de las ramas, que el árbol va tomando la forma deseada, sin descuidar en ningún momento su nutrición. Vale la pena remarcar que -al contrario de lo que mucha gente piensa- a estos árboles no se les mantiene pasando hambre, y ni mucho menos sed. Un buen árbol está siempre abonado y en perfecto estado de salud ya que un árbol débil no se puede trabajar, acabaría muerto en poco tiempo.

El bonsái es una bella afición que nos permite disfrutar en nuestro propio hogar de la armonía y equilibrio de un trocito de Naturaleza. Ahora que el hombre ha emprendido una insensata lucha a muerte contra la Madre Tierra (ver Réquiem por un mar: El pavoroso desastre ecológico del Mar de Aral), cultivar un árbol en casa tal vez sea lo mínimo que podamos hacer para intentar revertir la tendencia.

El amor del bonsaista el árbol lo devuelve en belleza -Azalea florida
El amor del bonsaista el árbol lo devuelve en belleza


Art. Rev. 22/01/08 0.39 61 v

viernes, diciembre 07, 2018

Isabel II, Espartero y los heroicos garbanzos guardaespaldas

Improvisados garbanzos antigolpistas
Improvisados antigolpistas
Tenemos la impresión que la historia la escriben los grandes hechos, las grandes hazañas o los grandes nombres. No obstante, hay veces que algo tan pequeño como un garbanzo puede hacer que la historia sufra un giro de 180 grados en su errático devenir. Tal fue el caso en que estas pequeñas legumbres impidieron un golpe de Estado.

Corría octubre de 1841 y España estaba inmersa en una convulsa situación política y social fruto de las luchas internas entre las tendencias absolutistas y liberales que conllevaba numerosos alzamientos y revoluciones de todos los signos posibles. María Cristina había abdicado de la Regencia, abandonando el país debido a las presiones de los progresistas, y el general  Baldomero Espartero había tomado la jefatura del Estado en espera de que la infanta Isabel adquiriera la mayoría de edad y fuera nombrada Reina de España (ver El rey de España llamado Paquita).

Baldomero Espartero
Baldomero Espartero
Los liberales, que habían elevado a Espartero al poder en búsqueda de una democratización de la vida política,  se encontraron traicionados por las tendencias dictatoriales del general regente, por lo que se rebelaron contra él. En medio de esta sedición, un par de batallones del regimiento de infantería de la Princesa, se dirigieron  el 7 de octubre de 1841 al Palacio Real de Madrid con la intención de secuestrar a la princesa Isabel -que por aquel entonces tenía 11 años- y su hermana, y propiciar el retorno de María Cristina a la Regencia.

Los encargados de este golpe de mano fueron los generales Manuel de la Concha y Diego de León, pero no contaron con la férrea defensa de los Alabarderos encargados de la escolta personal de Isabel, que en principio tenían que estar a favor de la revuelta y los cuales les desbarataron todos los planes (ver La Devotio Ibérica o la costumbre hispana de seguir al líder hasta la muerte).

Mª Cristina de Borbón
Mª Cristina de Borbón
Sobre las 8 de la noche llegaron los rebeldes al Palacio Real, y cuando llegaron a las escaleras de acceso a los pisos superiores, fueron repelidos por el fuego de los 17 alabarderos que, comandados por el coronel Domingo Dulce, se encargaban aquella noche de la vigilancia de las princesas, las cuales se encontraban en plena clase de canto en aquellos precisos instantes. Las hostilidades se prolongaron durante buena parte de la noche debido a la estructura de la escalera, la cual la hacía fácilmente defendible.

El general Diego de León, popular héroe de las guerras carlistas, se propuso doblegar el tenaz proceder de los alabarderos ya que si bien eran muy superiores en número a los defensores, el tiempo corría en su contra, y decidió ordenar el alto el fuego y subir con sus hombres pacíficamente por aquellas suntuosas escaleras de mármol a tomar a las princesas. El general confió en su oratoria y apelando al patriotismo de los defensores para poder conseguir sus objetivos se dirigió hacia arriba.

Escalinata del Palacio Real
Escalinata del Palacio Real
El coronel Dulce, ante un alto el fuego que no pretendía romper (los historiadores dicen que ambos bandos no tiraban a matar, a pesar de lo cual hubo una baja), ordenó recoger todos los sacos de garbanzos que hubiera en la cocina y que fueran esparcidos escaleras abajo. Dicho y hecho.

Los asaltantes, debido a la suela lisa de sus lustradas botas, al intentar subir por las escaleras, resbalaban de mala forma al pisar las legumbres. Ello impidió que los sublevados pudieran acceder por la escalinata, ya fuera por las buenas o por las malas, y así, sin romper el alto el fuego, Dulce ganó un tiempo vital que evitó que las princesas fueran raptadas.

Diego de León asaltando la escalera.
Diego de León asaltando la escalera.
En vista de la imposibilidad de culminar su acción antes del amanecer, y de que los refuerzos fieles a Espartero se acercaban al Palacio Real, los cabecillas tuvieron que huir sin su "botín" pero fueron apresados poco después y juzgados en consejo de guerra. El general Diego de León, a pesar de su popularidad y la solicitud de clemencia de la misma Isabel -cabe recordar que no quería atentar contra ellas, sino conseguir que su madre volviera-, fue condenado a muerte por el propio Espartero, lo que le hizo caer en desgracia ante la población española. Los Alabarderos que defendieron a la futura reina Isabel II, por su parte, fueron condecorados por su heroica acción.

Las crónicas no dicen si hubo alguna condecoración para los "heroicos" garbanzos, pero fueron una pieza clave para el fracaso del alzamiento. Tampoco sirvió de mucho, debido a que los tumultos, abdicaciones, golpes de estado y revoluciones fueron moneda de cambio habitual durante todo el siglo XIX (ver La insólita estafa oficial de los falsos duros sevillanos) pero, al menos, dejar constancia de que todo el mundo forma parte de la historia, hasta los humildes garbanzos.

Fusilamiento del General Diego de León (1841)
Fusilamiento del General Diego de León (1841)
Art. Rev. 10/12/10 22.34 466 v

sábado, diciembre 01, 2018

El maloliente incidente del lavabo de la Estación Espacial Internacional

Gases hediondos y problemáticos
Gases hediondos y problemáticos
Quien más, quien menos, ha tenido el placer de "disfrutar" de los inefables efluvios que quedan en un lavabo en el que previamente alguien ha dado solaz a sus inquietudes intestinales. Estos gases, por mucho que molesten, son un subproducto natural de todos los seres vivos, cuya expulsión trasciende incluso a nivel climático (ver Cuando el hombre y los pedos de mamut produjeron una glaciación: el Dryas Reciente). Y es que, por mucho que sea poco glamuroso hablar de flatulencias, la realidad es que hasta el más reprimido ha dejado en algún momento un "regalito" gaseoso que ha hecho abrir puertas y ventanas al más pintado. Sin embargo, un gesto tan simple como es el de abrir la ventana para no asfixiarte tras ir al váter, no es posible hacerlo en el espacio, pudiéndose encontrar en un serio problema si se diera el caso. Lo peor es que este "catastrófico" supuesto se ha producido realmente, tal y como ocurrió en julio de 2011 cuando la controladísima atmósfera de la Estación Espacial Internacional se vio, de golpe, invadida por un hediondo olor proveniente de uno de sus lavabos.

Estación Espacial Internacional
Estación Espacial Internacional
Cuando te haces astronauta, lo que menos te puedes pensar es que, además de saber conducir naves espaciales, te va a tocar meter la mano en un retrete como si fueras un fontanero cualquiera. No obstante, esto es justo lo que le tocó hacer al astronauta estadounidense Ron Garan, cuando se reportó un olor insoportable que se extendía por los alrededores del lavabo ubicado en el módulo Tranquility de la Estación Espacial. Después de hacer historia siendo el último astronauta que dio un paseo espacial en la última misión del transbordador Atlantis el martes 12 de julio de 2011, es de suponer que tampoco le haría demasiada gracia liarse a arreglar un albañal, pero de la Tierra no iba a venir nadie a arreglárselo. Cosas de estar en el espacio.

Módulo Tranquility
Módulo Tranquility
Por mucho que en estas misiones espaciales se muevan miles de millones de dólares y que, por ello, el asunto de pegar una meada o hacer de vientre parezca una frivolidad, el asunto de los residuos es uno de los principales dolores de cabeza de la humanidad en general (ver Las mareas que afectaban Madrid a pesar de no tener mar) y la astronáutica en particular, sobre todo en el caso de vuelos o misiones tripuladas. No por nada te puedes gastar una auténtica millonada en aparatos carísimos de medición de la radiación gamma al tresbolillo que, como el astronauta que tenga que montarlo o gestionarlo no pueda orinar o defecar en condiciones, aquello no va a servir para nada, por lo que montar una infraestructura para el adecuado alivio de los cosmonautas, no es un lujo, sino una necesidad de primer orden.

Sin gravedad, todo flota
Sin gravedad, todo flota
Para empezar, un váter cósmico no funciona como uno en la Tierra, ya que la falta de gravedad hace que una taza al estilo de tu casa no sirva para nada. Imagínese por un momento haciendo sus cosas en gravedad cero igual que lo haría a nivel del mar. Si orina, se va a bañar con ella porque el líquido va a flotar por la habitación con total libertad; y si hace caca, también... el espectáculo, en ese caso, se lo dejo a su (más o menos sucia) imaginación. Sea como sea, la solución terrestre no es una buena opción y, por ello, los sanitarios espaciales son más parecidos a aspiradoras que a un lavabo al uso.

Váter de la Estación Espacial
Váter de la Estación Espacial
Efectivamente, para evitar que vaya usted bostezando por su nave y se encuentre comiendo o bebiendo algo que no debiera, la orina y las heces se absorben mediante una corriente de aire que recoge ambos productos directamente desde su fuente de emisión. Es decir, que para mear, un embudo adaptado a la forma de los genitales del astronauta (más cónico para los hombres, más ancho para las mujeres) y conectado a la manguera de un aspirador, recoge la orina y la traslada a un sistema de filtrado que separa el aire del líquido, a la vez que extrae el agua que contiene. Agua que es depurada y que, dada la dificultad de asegurar un suministro continuo en el espacio, se reutiliza para beber u otros menesteres.  Y ahora se preguntará... ¿y para cagar? La respuesta es sencilla: en vez de utilizar la manguera, se sienta directamente en el agujero de la aspiradora. Literalmente.

Esquema de funcionamiento de un váter espacial
Esquema de funcionamiento
Cuando llega el momento de hacer aguas mayores, los y las astronautas han de sentarse en una especie de pequeño bidón metálico con una boca de unos 10 cm de ancho y atinar a poner el ano centrado en ese agujero. De esta forma, la corriente de aire aspira lo que salga de "ahí" y, talmente como la bolsa de un aspirador, el mecanismo recoge sus "adabelardos" en unas bolsas especiales en las cuales se queda el residuo sólido y líquido, pero no el gaseoso, que es absorbido y transportado a un filtro que depura el aire. La bolsa, así estando, se cierra y se guarda en cajones especiales que, cuando están llenos, se lanzan hacia la Tierra, se desintegran al reingresar en la atmósfera como un meteorito y forman parte del polvo que se le pone en los muebles. Al principio de la era espacial (ver Belka y Strelka, unas perras de ida y vuelta), tanto los líquidos como los sólidos se lanzaban directamente al espacio, hasta que en 2001 vieron que el 40% de los paneles solares de la estación rusa Mir estaban dañados por el impacto a gran velocidad de la orina y heces congeladas. De los errores se aprende, claro.

Ronald J. Garan
Ronald J. Garan
Así las cosas, en julio de 2011, un fallo de los sistemas de filtrado de gases -se comentó que tal vez unas burbujas de aire hubiesen quedado en el conducto de recogida de orina- obligó al coronel Ron Garan a pasar varias horas del 13 de julio haciendo mantenimiento de distintos filtros del lavabo "averiado". Esta fue la explicación oficial que se dio para justificar la intervención en el lavabo y la peste asociada (todo está monitorizado por la NASA), pero algo no cuadra en esta historia dado que el "olor" desapareció por sí solo mientras que estaban haciendo el paseo espacial, bastante tiempo antes de arreglar la supuesta avería... ¿qué pasó entonces?

Lavabo espacial soviético
Lo que pasó en verdad difícilmente lo llegaremos a saber nunca -lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas-, pero, más allá de la versión oficial, algunos autores apuntan a que alguien de la tripulación atascó el váter (los "bates de béisbol" siempre son complicados de gestionar) o bien no acertó a ponerse correctamente en él, lo que provocó que los gases de sus intestinos no fuesen correctamente absorbidos por la maquinaria de filtrado y se esparcieran libremente por la estación orbital, haciendo que se lo "comieran" sus compañeros, a la vez que activaba todas las señales de alarma. Una alarma que, en el fondo, no habría sido tal, sino la confirmación fehaciente y rotunda que, por mucho que seamos reyes o plebeyos, ricos o pobres, hablemos una lengua u otra, estemos en tierra o en el espacio, no somos más que unos corrientes y molientes animalejos pedorros.

Naturaleza en estado puro, vamos.

Retretes espaciales rudimentarios de las naves Soyuz
Retretes espaciales rudimentarios de las naves Soyuz


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