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domingo, mayo 19, 2019

Eurovisión 2019: la venda que no cae

Los 22. Nada nuevo bajo el sol
Los 22. Nada nuevo bajo el sol
He de reconocer que esta edición del festival de Eurovisión, que le ha tocado celebrar a Israel, me ha dejado bastante frío. La calidad de las canciones presentadas era muy bajo y habían pocas que salieran del marasmo general. De hecho, he tenido verdaderos problemas para escoger cuáles serían las posibles ganadoras, pero es que, cuando he visto la favorita del público y la de las casas de apuestas, poco menos que me he echado a temblar. La española, saliendo en el número 26 y último (la cosa ya prometía), por simple contraste me ha hecho pensar que quedaría entre el 10 y el 13. Finalmente ha quedado el 22 con 60 puntos; nada nuevo bajo el sol.

John Lundvik (Suecia)
John Lundvik (Suecia)
Dentro de una edición mediocre, en que había demasiada cosa insulsa y mala de solemnidad (Grecia, Eslovenia, Israel, Malta, Alemania...) pocas canciones destacaban de la tabla rasa general del festival. Los suecos más negros que Legrá, el guaperas amante del flamenco de Azerbaiyán, el musulmán italiano y el grupo de Noruega con un rapero lapón nieto de un onubense de Ayamonte, eran de lo poquito que se salvaban, aunque ninguna llegará a quedar en el olimpo de las eurovisivas inolvidables.

La australiana... pinchada de un palo
La australiana... pinchada de un palo
En el sector “friki” tan solo han aparecido el "tecno-punk anticapitalista" de los islandeses -que han provocado la ira del público durante las votaciones cuando han salido con sendas banderas palestinas-, el inclasificable representante francés con bailarina obesa incluida, las australianas colgadas de un palo y, como destacable, la representación española, que con el pegadizo ska “La venda” interpretada por Miki, encandiló al público pero, visto lo visto, no a los jurados ni votantes. Si la venda no cae y nos entestamos en llevar productos de consumo interno, pasan esas cosas. Por suerte, ya ni se dignan a comentar la jugada en el "postpartido". Como diría el juez Marchena, mucho mejor.

Duncan Laurence (Países Bajos)
Duncan Laurence (Países Bajos)
Esta mediocridad se ha hecho patente en el momento de las votaciones, en que los 6 primeros han ido muy a la zaga, siendo al final el televoto el que ha decantado el ganador, dando la victoria al favorito y, para mi gusto, soso representante de Países Bajos. Televoto que ha permitido sacar a España del último puesto en que estaba -los 41 jurados profesionales solo le han dado 7 puntos- y meter a Alemania con sus “hermanas Sister” -al no darle ni un punto el televoto- en el farolillo rojo. El ser del Big Five siempre es un handicap (ver Eurovisión 2016: el handicap de ser del Big Five).

Madonna...¿o Sara Montiel?
Madonna...¿o Sara Montiel?
Curiosamente, la máxima expectación estaba fuera del escenario israelita, no solo por las amenazas yihadistas, sino por la presencia en directo de la sexagenaria e incombustible Madonna. Una Madonna que, sin despeinarse y con su nuevo look de parche en el ojo al estilo pirata, ha cantado (como una graja, todo sea el decirlo) el "Like a Prayer" y, ya un poco más en su línea, una nueva canción de su último trabajo Madame X. Los años no pasan en balde, aunque resulta curioso que cada vez más se parezca a Sara Montiel.

En definitiva, una edición que no pasará a la historia, pero que, seguro no olvidará este verano cuando, en todas las ferias de pueblo y bares musicales salte hasta la extenuación la canción española. Eso de ganar Eurovisión, si acaso, ya se lo dejamos a otros países.

Mejor.

Divertida, pero no gustó en Europa
Divertida, pero no gustó en Europa

martes, abril 23, 2019

Sant Jordi 2019, Día del Libro y de la Rosa

Hoy, 23 de abril, es Sant Jordi (San Jorge para los hispanoparlantes), y en Catalunya -como ya sabéis todos- es tradición que los hombres regalen una rosa a las mujeres y las mujeres, a su vez, regalen un libro a los hombres. Ello ha sido óbice para que este día se haya convertido en el Día del Libro. Y aunque el día se ha levantado pirriosillo por estos lares, la gente está cumpliendo con la tradición. Tradición que cada uno se toma como mejor les parece, y así, como hay tantos tipos de familia como personas, hay parejas que se regalan libros, rosas, lo uno y lo otro, o lo que mejor les venga en gusto... sin olvidar a los más "siesos", los cuales, "desaboríos" como ellos solos, no se regalan nada.

Sea como fuere, no quisiera, en tanto que un servidor es perteneciente al gremio de los ajuntaletras, dejar de felicitaros este día con las pertinentes rosas...

Manojo de rosas
Para ellas o ellos, al mejor gusto

...y el pertinente libro que, para qué nos vamos a complicar, os ofrezco mi última obra "1001 Curiositats del Baix Llobregat i l'Hospitalet" y que os invito a leer.

1001 Curiositats del Baix Llobregat i l'Hospitalet
Para todo el mundo

Eso sí, mi especial recomendación para los 4 jinetes de la "poca leche" del debate electoral de TVE1 de ayer -y que tendremos el inmenso disgusto de volver a padecer hoy en Antena 3-, es el siguiente libro...

Libro "Me tenéis hasta los cojones"

Que, aunque parezca mentira, no es un meme, sino un libro verdadero que, como el mío, podréis encontrar en la FNAC.

¡¡¡Feliz Sant Jordi!!!

miércoles, abril 10, 2019

Hoy, cuento: El refresco

La necesidad de aquella empresa era acuciante. Las ventas de aquellos refrescos, que antaño tenían tanta tirada, habían bajado estrepitosamente y, si no eran capaces de remontarlas, acabarían por tener que cerrar. Toda la gente que trabajaba allí, caso de no variar el negro rumbo de colisión que se preveía en el horizonte, se verían sin su única forma de vida. Se tenía que hacer alguna cosa.

Ante la perspectiva de echar el negocio al traste, los "capos" decidieron poner el grupo de científicos encargados del I+D de la empresa a mover sus neuronas para, así, conseguir mejorar los resultados de sus ventas. Los agentes comerciales ya hacían su trabajo con fruición y ahínco, pero el producto también tenía que tener una calidad suficiente que facilitase su venta. Y la que tenía en aquel momento no era suficiente.

Así las cosas, aquellos científicos, presionados por sus superiores y por el peligro de verse en la calle de la noche a la mañana, decidieron poner toda su alma, todo su conocimiento, toda su diligencia, en conseguir la perfección hecha refresco.

Trabajaron mañana, tarde y noche durante días. Mezclaron todo tipo de hierbas buscando la excelencia en aquella bebida. Una bebida tan buena, refrescante y adictiva que consiguiera enganchar a quien lo probase.

Agua de aquí, agua de allá, este aditivo, aquel otro, esta mezcla de raíces, aquella infusión de cortezas, aquella receta, aquella otra...

De improviso, en una de aquellas miles de catas, vomitivas unas, mediocres otras, se encendió la luz. Una de las combinaciones, forzosamente estrambóticas de puro desespero por no poder hallar la piedra filosofal de los refrescos, tenía la proporción áurea del éxito. ¡La habían encontrado!

La bebida era tan efectiva, tan especial, que todo aquel que la probaba quedaba prendado por su olor, por su sabor, por su textura... por todo. Maridaba con cualquier alimento que se comiera e incluso era el complemento ideal para muchos perfumes. Era un auténtico milagro de la naturaleza que los jefes de aquella empresa, prendados como estaban de su propio refresco, no vacilaron un momento en ponerlo a la venta de forma masiva. Las ventas se dispararon.

Tal fue el éxito, que la fábrica no solo no expulsó a la gente, sino que amplió la plantilla, amplió la planta embotelladora y hasta agotó la fuente de agua que suministraba el líquido elemento base del refresco. Una mañana, sin previo aviso, un tremendo ruido invadió el edificio. La policía, armada hasta los dientes, había penetrado en el interior de las oficinas y, apuntándoles con sus armas automáticas, a gritos hicieron tirarse a todo el mundo al suelo. Detenidos, fueron juzgados y encarcelados de por vida.

Sin pretenderlo, habían dado con la droga más potente del mundo.


Tenían que conseguir la perfección hecha refresco
Tenían que conseguir la perfección hecha refresco