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La inaudita historia de Hans Staininger, el alcalde muerto por su propia barba

¡Eres más desgraciado que el que se cae y se mata!”. Este jocoso dicho castellano que se ha espetado desde siempre cuando el que tienes delante te ha hecho una trastada o le sale todo torcido en la vida, ha servido durante generaciones para ilustrar la máxima expresión de la mala suerte humana. El hecho de caerte y matarte (andando, se entiende), aunque pueda tener consecuencias dolorosas, difícilmente son de un carácter tan grave como para perder la vida por ello. Sin embargo seguro que no era eso lo que pensó Hans Staininger cuando un mal día tropezó y se mató. Hasta aquí podríamos considerar que el hombre tuvo mala suerte, pero es que, cuando sabemos con lo que tropezó, podemos decir que la mala suerte iba con majorettes y banda de música: con su propia barba. Ahí es nada.

Que el ser humano es capaz de hacer tonterías muy gordas por simple estupidez y ganas de destacar respecto los demás, es algo que he tratado largo y tendido en estas líneas. Esta obcecación por ser más que nadi…

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