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viernes, julio 13, 2007

Hoy, cuento: La entrevista.

Pero...¡Que pesados! ¡Madre de Dios! Todo el santo día molestando, ya sea por teléfono, por e-mail, por carta, por la vecina,... ¡Que no! ¡Que no estoy interesado! ¡De verdad!

Día tras día la misma cantinela. ¿Es que no pueden entender que lo único que uno quiere es ejercer su derecho de vivir en tranquilidad? No y mil veces no. No estoy interesado en ser una víctima de su afán desesperado de llenarse los bolsillos a mi costa. Jamás cederé, ya estoy bien como estoy. Esas empresas de selección de personal no paran de solicitarme que me apunte a sus ofertas; jefes desesperados me acosan a todas horas para que les ayude a rellenar sus paupérrimas cuentas.

Y no. No quiero. Quiero disfrutar de mi vida, de mi dolce-fare-niente... ver como pasan las horas. Ver como crece un geranio; estar en equilibrio conmigo mismo y con la naturaleza que me rodea. Ya bastante tuve con ese puesto de peón de albañil y por eso lo dejé. No necesito para nada un sueldo. ¿Para qué? Para comprarme un piso? No me hace falta. ¿Para el móvil? ¿Y eso que es?. ¿Para comprarme un coche? ¡Si no hay!. ¿Para comer? El comer es cuestión de costumbre.

Pero hoy me siento magnánimo, mira tu por donde, y le concederé la oportunidad a uno de esos pobres diablos que tanto insisten en que trabaje junto a ellos. La verdad es que lo voy a tener difícil, porque no necesitan a alguien que tenga siete carreras, ni que hable suahili, chino y ruso a nivel nativo. Eso era antes, hace ya muchos años. Yo no he ido a escuela, ni lo he necesitado nunca. Eso de pelearme, luchar, enemistarme o engañar por un trabajo, jamás ha sido de mi agrado... y esto ya nadie lo hace. Nadie tiene interés en un dinero que lo único que proporciona es dolores de cabeza y pérdida de calidad de vida. Toda la sociedad hizo un ejercicio de razonamiento colectivo y decidió eliminarlo. Solo quedaron un puñado de “nostálgicos” que quisieron continuar moviendo dinero... y los tengo todos pidiéndome que les ayude.

Es duro que, por una vez que ayudé y vi de lo que iba (decidí dejarlo rápidamente debido a tanto elogio desmesurado), se han pasado la voz de unos a otros y cada día vienen a verme a solicitarme que les ayude... y lo comprendo: No hay nadie que quiera colaborar con ellos. Yo lo probé... ¡y una no más Santo Tomás! ¡Tanto “buen” trato envilece!

Por cierto... aquí tenemos a un traje a una sonrisa pegada...

-Sr. Doe... De verdad, ¡Colabore con nosotros! ¡Le regalamos un coche!

-Que nooooo...¡Pesado! ¡Y deja el higo tranquilo en su rama!.

A ver si puedo seguir la siestecita...

-Ireneu Castillo-

¡Qué pesados!¡Joer!

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