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viernes, febrero 08, 2008

Matar con bala. Matar sin bala.

Hace unas fechas, recordarán ustedes que hubo un secuestro de unas cooperantes españolas que trabajaban en Somalia para MSF (Médicos Sin Fronteras). Al final, el asunto acabó bien y las españolas pudieron volver. Gran parte de culpa de esta liberación estuvo en manos de Javier Fernandez, Coordinador General de MSF en Somalia, y amiguete con el cual me une algo más que los colores del RCD Espanyol. Nosotros le llamamos "Improving" por su obstinada idea de ir allí donde más putas las están pasando del mundo e intentar "mejorar" las terribles situaciones humanitarias que se encuentra (para que después digan que los "pericos" somos fascistas).

Javier, tan pronto está en Honduras, como en Angola, como en el Yemen, como actualmente en Somalia. Bueno, no... ahora no, porque los hijos de puta de los "Señores de la Guerra" somalíes, han visto en los trabajadores de MSF una forma de hacer la guerra: jodiendo a toda la población civil al anular la ayuda exterior, joden también a sus contrincantes. ¿Resultado? Otros tres cooperantes médicos asesinados. MSF ha tenido que repatriar su contingente y dar por acabada su faena. Atrás quedan miles de personas inocentes sin ayuda sanitaria mínima que acabarán muriendo irremisiblemente. Hijos de Puta con kalashnikov lo impiden.

A continuación transcribo un artículo escrito por Javier que fue publicado en el diario El Mundo, ayer día 7 de febrero, aunque ya era conocido por nosotros unos días atrás y esperábamos su permiso para publicarlo en nuestros blogs.

Improving, cuídesemele mucho y no haga tonterías, ande. Háganos caso por una vez.




Un contrato hecho añicos


JAVIER FERNÁNDEZ, Coordinador General De MSF-España en Somalia

7 de febrero.- Son dos los motivos por los cuales Alfonso Verdú no firma esta entrega de su blog. El primero es que ha tenido que dejar el proyecto de Mogadiscio para incorporarse a la misión de Yemen. Quizás, con un poco de suerte, en breve podamos leer en algún foro como este cómo es la vida al otro lado del Golfo de Adén.

El segundo motivo es porque dos trágicos, categóricos e irreparables acontecimientos han sacudido nuestras ilusiones y esperanzas en Somalia; las han golpeado, las han zarandeado y finalmente las han esparcido por el suelo. Mi nombre es Javier Fernández, soy el Coordinador General de MSF en Somalia, y hemos considerado que, como tal, me corresponde a mí el dudoso honor (o llamémoslo responsabilidad) de enviar esta semana este texto para el blog.

A finales de diciembre, dos compañeras que trabajaban en Bossaso, en el norte del país, fueron secuestradas durante una semana por un grupo de hombres armados. La noticia fue especialmente terrible además de terriblemente mediática, por lo cual todos vosotros probablemente hayáis estado enterados. Menos mediático pero más dramático, por lo irremediable y por lo rotundo, fue el asesinato de tres compañeros el pasado 28 de enero en la ciudad de Kismayo, en el sur del país.

Tengo poco más que añadir a la descripción de los hechos de lo que ya ha aparecido en los medios de comunicación, y tampoco puedo aportar nada nuevo para reforzar ni las virtudes humanas de nuestros compañeros ni su vocación humanitaria, vocación que les hizo salir de sus hogares para venir a Somalia a aliviar el sufrimiento de nuestros semejantes. A mí me gustaría hablaros hoy de Somalia.

De izquierda a derecha, el cirujano keniano Víctor Okumu, el logista francés Damien Lehalle y el confuctor somalí Mohamed Abdi Ali (Bidhaan), miembros de MSF asesinados en Kismayo.

De izquierda a derecha, el cirujano keniano Víctor Okumu, el logista francés
Damien Lehalle y el confuctor somalí Mohamed Abdi Ali (Bidhaan),
miembros de MSF asesinados en Kismayo.

Porque, al contrario de lo que pueda parecer por lo que nos explican en los medios de comunicación una vez al año, o cada vez que un expatriado es secuestrado, Somalia no son los milicianos armados hasta los dientes que aparecen en las fotografías. Somalia tampoco son las pintorescas imágenes de un Mogadiscio destrozado tras más de quince años de conflicto interno. Y por supuesto Somalia dista mucho de ser el origen de los problemas del cuerno de África.

Somalia son ese 15% de niños que no completarán su primer año de vida por falta de una asistencia pediátrica decente. Somalia son los miles de mujeres que mueren durante el embarazo por ausencia de servicios prenatales de calidad. Somalia son las caras de los 800.000 desplazados internos que hay en el país debido a los conflictos bélicos, las de los enfermos de cólera, las de los tuberculosos, las de los hambrientos.

Y es por esa segunda Somalia que nuestros compañeros dejaron sus casas y vinieron a esta punta del continente. Aquí se encontraron con gente que los recibió con los brazos abiertos, con agradecidas sonrisas y con miradas esperanzadas... en su mayoría.

Llegué a Somalia por primera vez en agosto de 2006. Desde entonces me he visto retratado en todos y cada uno de los textos que Alfonso ha colgado en su blog: las interminables reuniones con los ancianos, las caras de escepticismo de los trabajadores nacionales cuando nos ven llegar a este país, la alegría de las parturientas que encuentran un clavo ardiendo al que agarrarse, las caras de los niños a punto de la muerte por inanición que tras una semana de tratamiento empiezan a sonreír y a inflarse... todo el romanticismo que difícilmente volverá a ser el mismo.

Ahora nos enfrentamos a la perversa dicotomía de elegir con qué Somalia nos queremos quedar: ¿con la que necesita hoy más que nunca del humanitarismo, o con la que nos pone en peligro, a nosotros y a nuestros pacientes? ¿Con la que muere o con la que mata? En toda actividad de ayuda humanitaria tiene que haber un intercambio, ese implícito contrato en el que nosotros apoyamos a una población que sufre y ella a cambio nos protege y respeta. Ahora este contrato se ha roto, han sido solamente unos cuantos los que lo han roto, una brutal y violenta minoría, pero el caso es que está hecho añicos y nunca más podrá volver a ser igual, porque nunca más volveremos a estar todos.

Por el momento esta va a ser nuestra última entrega en este blog, pues iba a resultar muy difícil escribir sobre un país al cual los trabajadores internacionales no podemos acceder. Quién sabe si en el futuro habrá de nuevo una puerta abierta para que podamos regresar, quién sabe si en un futuro cercano os podremos contar que nuestro hospital pediátrico, el único gratuito de todo Mogadiscio, se ha convertido en un hospital materno-infantil. Hasta entonces, un fuerte y cordial saludo.

Ahora sí, permitidme mandar desde aquí un fuerte abrazo a Pilar y a Mercedes , y mi más sentido recuerdo para Victor , Damien y Bidhaan . Es por vosotros.