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domingo, mayo 20, 2012

El inquietante caso de los renos de Saint Matthew

En relación a lo que comentaba el otro día de la crisis alimentaria que se nos echa encima, existen algunos ejemplos, estudiados científicamente, de lo que podría ocurrir con la población humana en caso de llegar a un colapso de los recursos naturales como el que estamos estamos en camino de cometer. Uno de esos claros e inquietantes casos, ocurrió en la pequeña isla de Saint Matthew (San Mateo), situada en el Mar de Bering, en pleno Océano Glacial Ártico.

La historia comienza en agosto de 1944, cuando en plena Segunda Guerra Mundial, los americanos deciden instalar en esta isla perdida del Pacífico una emisora de radio, por lo que envían un contingente de los guardacostas a proceder a su construcción. En previsión de que la guarnición enviada no sufriera una rotura de abastecimientos por el desarrollo de la guerra, se llevaron un total de 29 renos procedentes de la cercana (325 kms) isla de Nunivak para que sirvieran de ganado de carne en un momento dado. La guerra acabó al año siguiente y la guarnición militar abandonó la isla, pero los renos quedaron y se encontraron con que, para ellos solos, tenían toda una isla rica en líquenes -el manjar preferido de los renos- y en la que, encima, no tenían ningún depredador natural. Si había algún paraíso en la Tierra para los renos, este era el suyo.

La población de estos rumiantes empezó a crecer de mala manera aprovechando las excepcionales disposiciones de alimentos de la isla y, en 1957, los investigadores descubrieron que la población de renos había aumentado a 1350 individuos. Había tanto alimento y de tanta calidad, que los renos se habían multiplicado por 45 en tan solo 13 años y eran notablemente más grandes que los renos domésticos de la población de origen. La progresión era imparable.

En verano del año 1963, los científicos volvieron a controlar el censo de renos y descubrieron que la población había seguido multiplicándose hasta llegar a los 6000 individuos, más de 200 veces la población inicial. Después de estudiar todos los parámetros biológicos de la comunidad de renos, se abandonó la isla y se dejó que siguieran su crecimiento desorbitante. En el año 1966, volvieron los investigadores a ver hasta qué punto se había desarrollado el registro de los parientes de los renos de Papá Noel y la sorpresa que se llevaron fue mayúscula: de los 6000 que habían tres años atrás, en aquel momento tan solo quedaban 42. ¿Qué había pasado para semejante aniquilación? Se empezaron a buscar respuestas.

Efectivamente, en 1966 se descubrió que tan solo quedaban 42 renos supervivientes en toda la isla, de los cuales todos eran hembras excepto un único macho que, para más inri, era estéril. Tras cruzar todos los datos, se llegó a la conclusión de que fue la combinación de dos inviernos excepcionalmente duros (los del 63 y el 64), junto con el agotamiento de las reservas de líquenes por la sobreexplotación producida por la exagerada población de renos la que provocó el desastre. Si a eso le añadimos que, en condiciones adversas, los machos presentaron una mortalidad mucho mayor que las hembras, se explica entonces el porqué del colapso total del censo de los renos de la isla Saint Matthew.

Este caso es un ejemplo claramente documentado de las consecuencias que tiene el impacto de la presión de las poblaciones sobre los recursos naturales y la importancia del mantenimiento de una población equilibrada respecto sus fuentes de alimentos. En estos momentos en que la especie humana está consumiendo sus recursos naturales como si nunca fueran a agotarse, convendría muy mucho acordarnos de este paradigmático suceso, porque, al fin y al cabo, la Tierra es nuestro (aún) paradisíaco Saint Matthew particular.

El que quiera ver, que vea.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

és molt clar, l´exemple, Ireneu.
el mateix pot passar a escala gran.
per la part que em toca, et puc explicar que en moltes espècies de peixos es produeix el hermafroditisme podriem dir, circunstancial. en indrets castigats neixen moltes femelles i, segons l´amenaça per depredadors, pot variar el nombre de femelles que esdevenen mascles. la natura és sabia... diuen.
però l´esser humà és estúpid. llàstima!
gràcies per regalar-nos un bon blog.

david fluxà

Ireneu dijo...

David, l'home és estúpid i morirà per la seva pròpia estupidesa. Esgotarem tots els nostres recursos i acabarem com les plagues de llagosta, morint per milers quan no hi hagi res què menjar. Gràcies a tu per la visita.