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miércoles, mayo 23, 2012

El pez que nada entre el Diablo y la Muerte


El pez de Devil's Hole
La vida, si algo tiene, es que es obstinada y tenaz. Por más dificultades que se encuentra, siempre continua adelante, adaptándose de la mejor forma que puede a las precarias condiciones de su entorno y asegurando la siguiente generación. Un caso extremo de esta capacidad de supervivencia es el caso de un pequeño pez que ha sido capaz de sobrevivir en el secarral más extremo del oeste americano, en pleno Valle de la Muerte, a un paso de Las Vegas. Se trata del pez de Devil's Hole (el Agujero del Diablo).

Todo su hábitat, en una foto
El pez de Devil's Hole (Cyprinodon diabolis) es un pequeño gobio endémico de la zona que difícilmente llega a medir tres centímetros de largo y que destaca sobretodo por lo precario y curioso de su hábitat, ya que habita en un agujero de tan solo 1'80 x 5'50 m. de abertura avenado por aguas freáticas termales a 33ºC, pero rodeado del desierto más absoluto y despiadado. Alguien pudiera decir que el hecho de que sea una caverna de hasta 90 metros de profundidad le da ventaja al pobre pececillo, pero si tenemos en cuenta que todo su ciclo vital se produce en una laja de piedra de 4 m. de largo, sumergida tan solo un par de palmos,  y que la zona está expuesta a terremotos y repentinas inundaciones típicas de las zonas desérticas, podremos empezar a tener una idea de la fragilidad extrema de su ecosistema, el cual, a pesar de todo, ha sido capaz de aguantar desde hace más de 22000 años.

Las primeras noticias de este pequeño pececillo, la población del cual se reducen en la actualidad a unos 100 individuos, se remontan al 1890, pero no fue hasta el año 1930 en que se catalogó como una especie a parte y propia del Agujero del Diablo. En el año 1952 la zona entró a formar parte del Parque Nacional del Valle de la Muerte y se empezó la protección en serio de toda la fauna que en él se desarrollaba. Los problemas llegaron a finales de los 60, cuando las extracciones de agua para explotación agrícola en las zonas aledañas al Devil's Hole hicieron bajar dramáticamente el nivel del agua, poniendo en serio peligro a sus minúsculos habitantes.

Parte exterior de Devil's Hole
En 1967 se incluyó dentro de la lista de especies en peligro de extinción, en 1969 se fundó el Desert Fish Council (el Consejo de los Peces del Desierto), en 1972 se hicieron refugios que imitasen el medio ambiente original para minimizar riesgos (sin mucho éxito) y se iniciaron litigios contra los derechos de riego que esgrimían los agricultores, los cuales acabaron en 1976 dando la razón a los conservacionistas del Parque Nacional y permitiendo que los niveles se recuperaran de nuevo al ser prohibidas las extracciones. Sin embargo, no iban a acabar aquí las vicisitudes de nuestros pequeños amigos.

En 1992 se produjo un terremoto y el nivel bajó de forma crítica, iniciando un periodo en que la población declinó fuertemente. Pero a perro flaco todo se vuelven pulgas y cuando ya se estaba recuperando, con tres años seguidos de crecimiento de efectivos, un segundo terremoto, esta vez en 1999, hizo variar el nivel de nuevo y disminuir el numero de gobios. ¿Y saben que pasó cuatro años después, cuando había vuelto a subir la población? Efectivamente: parió la abuela.

En 2004, se produjo una inundación y la corriente de agua, cargada de sedimentos como iba, tiró al interior del agujero el material que los científicos tenían en el borde -sobretodo trampas-, matando a 80 peces, o lo que es lo mismo, una tercera parte de los pececillos existentes. Para recuperar el hábitat se sacaron 1'7 m3 de detritos de dentro del Devil's Hole y se iniciaron nuevos esfuerzos en la creación de refugios (incluso alguno en el Strip de Las Vegas) que siguieron sin funcionar. En 2006, los efectivos se reducían a 38 ejemplares en libertad ya que las poblaciones de dos refugios se habían perdido.

Vista de todo el Devil's Hole
En vista del éxito, finalmente se decidió dejar de tomar ejemplares para estudios o para refugios como mínimo hasta que se llegasen a los 200 individuos, así como se procedió a alimentarlos artificialmente para asegurar la viabilidad biológica de la población, controlar las visitas así como monitorizar el nivel freático. Los resultados no se hicieron esperar y el numero de peces aumentó a la par que lo hizo el nivel del agua, ya que en 2008 éste alcanzó su nivel máximo desde 1993, y llegando a los 104 individuos reportados a finales de 2011, que si bien es importante, está lejos de los 553 individuos censados en su momento más álgido.

Por suerte, las instituciones de protección de la fauna salvaje del estado de Nevada trabajan duro para arrebatar a las garras de la extinción -ya sea natural o humana- esta pequeña población acuática que no ha tenido otra mejor idea que sobrevivir durante milenios en la zona más árida y más inhóspita de los Estados Unidos.

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